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domingo, 5 de febrero de 2017

ESPAÑA, ANTE SU AÑO DECISIVO

Todo amenaza con venirse abajo en este año crítico 2017. Mariano Rajoy es muy consciente de que, salvo milagro de última hora, concretado en un súbito ataque de sensatez del independentismo, no tendrá más remedio que apretarse los machos y aplicar el Artículo 155 de la Constitución del 78.
Artur Mas y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, a su llegada al Parlament de Catalunya este jueves. EFE


“Superada la incredulidad inicial, la mayoría de la gente que conozco ha reaccionado pensando que ya es hora, porque estamos hasta los cojones, para ser explícitos, de esta mafia que lleva 40 años sangrándonos, que ha arruinado la imagen de la Cataluña prospera de siempre, que ha prostituido lo que éramos: la zona más europea y avanzada de España. La más rica. Sacando dinero de las comisiones, ¿quién se arriesga a montar una empresa? En los años 20, los abuelos de todos esos a los que hoy ha detenido la Guardia Civil abrían sus fábricas a la 6 de la mañana… Pregunta a los Rodés, los Carulla, los Sumarroca, los de Sehrs, a todos los que jugando con la ensoñación de un nou país se han forrado sacando el dinero fuera. Y todo por el puto parné. Es nuestro régimen clientelar. Modelo de mafia en el mundo. Y los Pujol burlándose de la Justicia, del CNI y de todo, con su escudero Mas todavía dirigiendo la fiesta. Que investiguen a fondo, caiga quien caiga, por una cuestión de higiene pública y para recuperar un mínimo de dignidad como sociedad. Y puedes estar seguro que el caso Pujol se acabará convirtiendo en un juicio global a la Transición, con nombres propios muy claros en Barcelona y en Madrid”.
Habla un empresario catalán, harto del espectáculo de impudicia protagonizado por el régimen clientelar fundado por Jordi Pujol. Si quiere conseguir obra pública en Cataluña, debería usted catalanizar su empresa” (Sergio Lerma, presidente de la constructora Oproler, a la Guardia Civil). Y pagar la correspondiente mordida. Todo amenaza con venirse abajo en este año crítico 2017. Mariano Rajoy es muy consciente de que, salvo milagro de última hora, concretado en un súbito ataque de sensatez del independentismo, no tendrá más remedio que apretarse los machos y aplicar el Artículo 155 de la Constitución del 78 (“Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno… etc.), para tomar el control de la Comunidad Autónoma de Cataluña. Lo sabe Rajoy y su Gobierno entero. Es el famoso choque de trenes, en realidad un tren ligero que avanza desbocado y dispuesto a estamparse contra las bases de un Estado cuya pesada estructura podría convertir en astillas humeantes al insensato que corre sin frenos.
La rajada de Santiago Vidal ha precipitado el proceso de toma de conciencia en el Gobierno y en las instituciones del Estado sobre la gravedad de la situación y la inevitabilidad del 155. Todo el mundo sabe que el nacionalismo catalán está vulnerando la ley para conseguir sus objetivos, pero ha tenido que venir un juez lenguaraz para poner de manifiesto, en Barcelona y en Madrid, lo que era un secreto a voces: que el Rey está desnudo y que el Govern se está ciscando en la Constitución con total desenfado. Vidal le ha metido una quinta velocidad al prusés, una tal aceleración que es incluso posible que el nuevo referéndum ilegal se celebre antes del verano. El propio Carles Puigdemont lo confirmó el lunes, en reunión con los cónsules acreditados en Barcelona: “convocaremos un referéndum de independencia en septiembre de 2017 como muy tarde y lo haremos con o sin el permiso del Estado”, para remachar, desafiante, que “superaremos las amenazas” del Gobierno central.
Y esto apareció por Barcelona la Guardia Civil dispuesta a recordar a tirios y troyanos esa condición propensa al ladronicio de la elite del Estadito fundado por don Jordi y tan bien gestionado por sus hijos y herederos. Como ha escrito Vidal-Qadras, “si en el resto de España la corrupción ha sido parte del sistema, en Cataluña ha sido el sistema mismo. Es el auténtico hecho diferencial”. De acuerdo con el principio de acción-reacción, la redada ordenada por el juez Josep Bosch de El Vendrell contra el régimen del 3 por ciento provocará una automática subida del suflé independentista, cuyo reflejo se visualizará en la concentración que para mañana lunes se anuncia en torno al Arco del Triunfo con la intención de bloquear el acceso de Artur Mas al TSJC, donde debe prestar declaración por el referéndum del 9N. Nuevo “día histórico” para un independentismo plagado de “días históricos”. Este chicle, sin embargo, ya no puede estirarse mucho más. Es ahora o nunca. El entorno internacional, UE incluida, rema en contra de la aventura secesionista. El nacionalismo romántico crecido a la sombra de una lengua, una tradición y un folclore -la sardana-, ha sido sustituido por un identitarismo de orden reaccionario y xenófobo que busca reforzar los Estados–nación existentes frente a la amenaza exterior. La Liga Norte ya no habla de romper Italia, y otro tanto ocurre con corsos, bretones, vascos y tantos otros. Los herederos de don Jordi están ante su última oportunidad. O eso parece.

Un reto con el PSOE en estado comatoso

Consciente del envite, el Gobierno parece haber perdido el miedo: “cuando el Estado de Derecho está en situación de jaque mate, no tiene más opción que defenderse y ellos lo saben”. El reto llega con un PSOE en estado comatoso. “El primer motivo del PP para ayudar al PSOE a salir a flote reside precisamente en poder contar con él para meterle mano a un problema como el que plantea el independentismo”, aseguran en el Ejecutivo, “porque suspender la Autonomía sin ese respaldo es un envite complicado. Desde luego, si Pedro Sánchez ganara las primarias habría que olvidarse de ese apoyo”. Está por ver, con todo, el cuajo que los intrépidos capitanes indepes van a ser capaces de mostrar a la hora de la verdad. Las contradicciones en el seno de JxSí son tan obvias que es posible que el tren del prusés entre en vía muerta antes del toque de corneta. Oriol Junqueras, el gran tapado de esta farsa, quiere presidir la Generalitat y tiene todas las papeletas para serlo siempre y cuando no cometa el error de firmar, como quiere Puigdemont, el decreto de convocatoria del referéndum. Don Jordi dio la clave en esa fétida conversación (“toda la mierda para mí, en el partido tiene que quedar poca”) publicada el viernes por La Vanguardia: “Homs podría ir a la cárcel, aunque se lo pensarán porque tienen posibilidad de hacer daño sin necesidad de esto, por ejemplo con la inhabilitación (…) Imaginemos que Mas dijera, oye, me quiero volver a presentar y miro de rehacer el liderato. Digo rehacer porque ha quedado un poco tocado. Ahora, si lo inhabilitan, ya está kaput definitivamente”.
“La estrategia de las inhabilitaciones es cómoda para Rajoy. Cuando una decisión contra los sediciosos la toma un juez en aplicación de la ley, las protestas son mucho más atenuadas que cuando procede de un político o se percibe como tal. Y a tenor de lo que arroje la investigación de la Agencia Tributaria catalana podrían terminar todos inhabilitados, incluido el propio Junqueras”. En el PP catalán hay quien lo explica con una sencillez difícil de trasegar: “Ni Guardia Civil, ni tanques, ni historias. Todo será mucho más sencillo: unos cuantos altos funcionarios que viajarán a Barcelona para restablecer el orden -poniéndose al frente de los Mossos, por ejemplo-, una ristra de inhabilitaciones, y a correr”. Antes de mayo sabremos si la pareja Picodemonte-Junqueras sigue adelante con los faroles obligando al Gobierno a fajarse, o si el dúo se rompe y entonces el referéndum desemboca en unas elecciones autonómicas que, con Convergencia reducida a escombros, convertirían a Junqueras en president. La batalla subterránea es tan intensa que el orondo líder de ERC no salió el jueves a defender a los detenidos por la GC, sino, al revés, a aplaudir “que se persiga esa corrupción por todos los mecanismos posibles”, de decir, que se castigue a mis socios en el Govern…
Es el gran desafío que el Gobierno de la nación tendrá que enfrentar en este año crítico, aunque no el único. A pesar de las protestas de Rajoy y del propio Montoro en el sentido de que no contar con PGE para 2017 supondría enviar una mala señal a la UE, el Ejecutivo parece resignado a no disponer de cuentas públicas este año, convencido de que eso no será el fin de mundo, que más se perdió en Cuba. El PSOE ya ha hecho saber que ni harto de vino está dispuesto a aparecer como “las muletas del PP”, con el loco Sánchez de nuevo en la carretera enarbolando ese brioso programa ideológico suyo consistente en decir “no” al PP. Nada que hacer con el socialismo y muy poco con el PNV, que exige condiciones –tal que la política penitenciaria- que ni siquiera un Gobierno tan pastueño como este podría satisfacer sin abofetear a su electorado. Así que no quedará más remedio que prorrogar los de 2016 y empezar a trabajar en el proyecto de PGE para 2018, que esa será la madre del cordero, porque el Ejecutivo volverá a toparse con las mismas piedras en el camino. En mayo se sabrá quién se ha hecho cargo del cadáver del PSOE. Si fuera Susana Díaz la elegida, cabría alguna posibilidad de llegar a acuerdos para la legislatura. En caso de que sea Pedrito, olvídense.

¿Nuevas generales en otoño?

¿Abocados a nuevas generales para el próximo otoño? Bien podría ser así, en un entorno internacional muy adverso, con elecciones que se anuncian decisivas en Francia, Alemania, Holanda y muy posiblemente en Italia. Con un mundo enloquecido por la picadura venenosa de un Trump cuyas últimas intenciones nadie conoce ahora mismo, pero con un cambio de alianzas a nivel geoestratégico que puede dejar Europa reducida a ese bonito Parque de Atracciones y Museos que desde hace tiempo se adivina en el horizonte. No faltan las voces, empero, que piden calma. El futuro inmediato, tan complicado como ahora mismo parece, podría haber sido horrible para España si, como estuvo a punto de ocurrir hace menos de un año, tuviéramos hoy en Moncloa un Gobierno presidido por Sánchez con el apoyo de Iglesias y Errejón, los arcángeles de esa izquierda radical que hoy se apuñala con saña y que ayer venía a salvarnos a todos de las garras del bipartidismo. Y mientras tanto, el vértigo que produce la inminencia del choque entre el Estado y el nacionalismo catalán empieza a provocar escalofríos en Madrid y en Barcelona.

                                                                                JESÚS CACHO  Vía VOZ PÓPULI

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