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martes, 6 de febrero de 2018

Un año en la vida de España (y el PP y Cs tendrían la mayoría absoluta según el CIS)

Doce meses, cinco barómetros del CIS. ¿Qué ha ocurrido con el voto de los españoles? Aquí lo tienen





Vuelves la memoria al principio de 2017 y parece mentira que solo hayan pasado 12 meses. En aquel momento, salíamos de un año entero sin gobierno. Rajoy acababa de ser investido gracias a la agónica abstención del PSOE e iniciaba la incierta aventura de gobernar en minoría; los socialistas tenían una gestora y se preparaban para la lucha final de su batalla fratricida; en Podemos las huestes de Iglesias combatían con las de Errejón. Se presentía el choque de trenes en Cataluña, pero nadie quería creer entonces que las cosas llegarían al punto al que han llegado.

Doce meses, cinco barómetros del CIS. ¿Qué ha ocurrido con el voto de los españoles? Aquí lo tienen:


El PP no ha parado de descender a lo largo del año. Cada encuesta, peor que la anterior. Se ha dejado casi siete puntos en el camino, que suponen la friolera de 1,6 millones de votos. Empezó el año anterior con una cómoda ventaja de 11 puntos sobre el segundo (que entonces era Podemos) y hoy apenas le separan tres3 puntos de su inmediato seguidor, que es el PSOE; y eso sin que los socialistas vengan precisamente esprintando. Parece claro que no estamos ante un desfallecimiento momentáneo, sino ante una tendencia sostenida.

El PP empezó 2017 con una ventaja de 11 puntos sobre el segundo (que era Podemos) y hoy apenas le separan tres de su inmediato seguidor, el PSOE


Esto le sucede al PP en el año en que se consolida la mejoría económica y los balcones se llenan de banderas nacionales. Dos fortalezas históricas del PP: la gestión económica y la defensa de la unidad de España. Si en esas circunstancias pierde votos a raudales, no se ve qué tendría que suceder para detener la sangría. 1,4 millones de sus votantes se han pasado a Ciudadanos, frente a apenas 75.000 que han hecho el camino inverso. Un balance desolador.

Si sienten curiosidad, les diré que, según mis cálculos, la estimación de voto del CIS daría una distribución de escaños muy parecida a esta:


El 55% de los españoles valora negativamente la actuación del Gobierno. Eso se podría soportar. Lo peor es que el 78% declara que su confianza en Mariano Rajoy es escasa o nula. Entre ellos, uno de cada tres de los que lo votaron.

En enero del 17, el PSOE pasó por su peor momento. Tras las primarias y la victoria de Sánchez, pareció resucitar; pero desde entonces enflaquece melancólicamente, lento pero seguro. Recupera 350.000 votos de Podemos (apenas un tercio de lo que le entregó en su día); pero eso solo le sirve para compensar los 320.000 que, por el otro lado, se le van hacia Ciudadanos. Que el desplome de su eterno rival no se traduzca en ganancia para los socialistas, da que pensar. Con un agravante: ni siquiera les queda ya el comodín del candidato, que aún podría jugar el PP.


Con el 19%, parecería que no es para tanto el cacareado hundimiento de Unidos Podemos. Pero a los morados se les acumulan las malas noticias: en este año han retrocedido 2,7 puntos (650.000 votos). En el intercambio con el PSOE presentan un balance negativo de 350.000 votos. Sus votantes son los más desmovilizados (y desconcertados) del mapa político. Por si faltara algo, pierden otros 150.000 hacia Ciudadanos. En enero de 2017 eran medalla de plata y ahora llevan el farolillo rojo.

Les van salvando las confluencias, que se mantienen: todas sus pérdidas corresponden a Podemos. Y si Sánchez parece amortizado, Iglesias está completamente abrasado. Es el líder peor valorado por sus propios votantes, que, para mayor escarnio, prefieren claramente a Alberto Garzón.

¿Quién dijo que Ciudadanos solo crece por la derecha? Además del millón largo de exvotantes del PP que huyen al partido naranja (es probable que muchos de ellos apoyaran también en su día a Zapatero), recibe una buena porción de votos procedentes del PSOE de Sánchez y hasta del partido de Iglesias.




Por cierto, más del 30% de quienes votaron a Rivera hace dos años se definen como progresistas, socialdemócratas o socialistas. Empeñarse en encajar el fenómeno de Ciudadanos en la famosa escala ideológica del 1 al 10 es una forma segura de perder el tiempo y errar el análisis. Por ahí no encontrarán el antídoto.




Más interesante me parece volver la atención al factor generacional, que es lo que más determina y explica el voto hoy en España. Veamos:

a) El PP es el último de los cuatro partidos nacionales en todos los tramos de edad por debajo de 45 años. Solo se impone con claridad entre los mayores de 65: de hecho, el 40% de sus votantes pertenece a esa cohorte.
b) Ciudadanos ha tomado el liderazgo en todos los tramos centrales, entre 25 y 55 años. Solo flaquea entre los más jóvenes (por debajo de 25) y entre los mayores, por encima de 55.
c) El autodenominado 'nuevo PSOE' padece también la brecha generacional: el 70% de sus votantes tiene más de 45 años. Mucho tendrá que bregar Sánchez para que se entienda lo de “la Constitución del 15-M”.
d) El caso más extremo es el de Podemos: líder destacado entre los jóvenes entre 18 y 25 años, va descendiendo hasta casi desaparecer (3,5%) entre los mayores de 65. El podemismo se cura con la edad.

Por lo demás, no se ven en esta encuesta cambios espectaculares en los indicadores básicos de opinión:

Se consolida la percepción de mejoría económica. Ya solo la mitad de los españoles la considera mala (llegó a ser el 95%). Solo el 9% cree que su situación personal empeorará en 2018, el 80% no teme perder su puesto de trabajo en este año y casi la mitad de los parados confían en encontrar un empleo próximamente.



El paro sigue siendo la principal preocupación de los españoles (siempre lo fue y lo será), pero disminuye su intensidad, aunque emerge la ansiedad por la precariedad laboral. Respecto al año anterior, aumenta el encabronamiento social por la corrupción y la irritación ante el mundo de los partidos y los políticos profesionales. Y claro, se dispara la preocupación por Cataluña.

En cuanto al modelo territorial, El CIS no confirma la tesis de que la crisis catalana haya provocado una pulsión recentralizadora. Si clasificamos a la población en tres grandes grupos: los centralistas (que quieren suprimir o reducir las autonomías), los autonomistas (que quieren mantener o ampliar la autonomía, pero dentro del marco actual) y los autodeterministas (que defienden el derecho a separarse de cualquier territorio), las cifras son idénticas a las de hace un año: 29% de centralistas, 54% de autonomistas y 11% de autodeterministas.

Mala noticia para Pablo Iglesias: solo el 16% de sus votantes comparte con él la defensa del derecho de autodeterminación. El 22% se identifica más con el centralismo y el 53%, con el Estado de las autonomías (sí, el de 1978).

Para terminar: en 2018, los españoles somos un par de centésimas más felices que hace un año: de 7,44 sobre 10 a 7,46. En todo caso, notable alto.



                                                                       IGNACIO VARELA   Vía EL CONFIDENCIAL

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