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jueves, 18 de julio de 2019

EL PSOE Y EL TONTO ÚTIL

Aunque no lo dicen así, lo que deben pensar los de Podemos es que los socialistas los han utilizado como ‘tonto útil’ para poder sacar adelante su estrategia


Foto: El presidente del gobierno Pedro Sánchez (i) y el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante la nueva ronda de consultas para la investidura. (EFE)

El presidente del gobierno Pedro Sánchez (i) y el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante la nueva ronda de consultas para la investidura. (EFE)


Andan molestos los de Podemos porque piensan que la envolvente del PSOE durante estos dos meses y medio, desde la celebración de las elecciones del 28 de abril, no ha sido más que una engañifa para dejarlos a ellos como responsables de unas nuevas elecciones y traidores de la izquierda. Aunque no lo dicen así, lo que deben pensar es que los socialistas los han utilizado como ‘tonto útil’ para poder sacar adelante su estrategia, que más que táctica será trile si finalmente se disuelve la legislatura en el otoño. Esto debe saberlo, sobre todo, el profesor y politólogo Pablo Iglesias, igual que su colega Juan Carlos Monedero, porque lo del ‘tonto útil’ en política viene de la Rusia comunista de Lenin y es muy propio de la refinada técnica de la izquierda para depurar a los suyos cuando incomodan.

Lenin utilizó la expresión para referirse a los aliados, países o personas, que la URSS utilizaba mientras que iban por el mundo proclamando las bondades del régimen soviético, sin saber que, cuando ellos pensasen que les había llegado la hora de una recompensa, los iban a dejar tirados, ignorados, humillados con el mayor de los desprecios. En ruso se llamaban ‘polieznyi idiot’; en la traducción al español, ‘tonto útil’. Y la verdad es que, si se repasa la secuencia, desde los primeros encuentros y mimos hasta el estallido final de esta semana, con descalificaciones y desprecios, parece muy claro que los dirigentes del PSOE le han aplicado a los de Podemos la misma medicina que usaba Vladimir Lenin con los advenedizos. Si nada cambia, Pablo Iglesias dirá si quiere sentirse como el ‘tonto útil’ de Pedro Sánchez porque hay razones para pensar que lo han utilizado así.

Lo del ‘tonto útil’ viene de la Rusia de Lenin y es muy propio de la refinada técnica de la izquierda para depurar a los suyos cuando incomodan


Es evidente, de todas formas, que para que alguien puede utilizar la figura del ‘tonto útil’ es imprescindible contar con la colaboración de la víctima. En muchas estafas ocurre lo mismo, como la del ‘timo de la estampita’: si no existe previamente alguien engolado, vanidoso y soberbio, no es posible pegársela. El error principal, garrafal, de Pablo Iglesias ha sido el de no haber sabido disimular en ningún momento que se muere por un sillón en la Moncloa. Ese afán desmedido es el que se utiliza, primero para atraer a la victima, y luego para dejarla en evidencia.

Nadie olvidará nunca, tras las elecciones de diciembre de 2015, aquella ronda de conversaciones con el Rey en la que Pablo Iglesias le ‘comunicó’ a Felipe VI su intención de ser vicepresidente de un Gobierno de coalición con el Partido Socialista. Ni siquiera habían comenzado a dialogar, ni se habían sentado a hablar, y Pablo Iglesias ya le había dicho al Rey que él quería ser vicepresidente. Al salir de la Zarzuela, Pedro Sánchez aguantó la risa a duras penas: "El Rey me ha informado de la propuesta de Iglesias... Entré en Zarzuela sin un gobierno y parece que tengo ya todos los ministros nombrados”. Lo que ocurrió después, ya se sabe, fue una investidura fallida de Pedro Sánchez que al PSOE le sirvió para poder achacarle a Podemos que, en vez de apoyar un gobierno progresista, se sumó al Partido Popular para tumbarlo. Exactamente lo mismo que ha vuelto a ocurrir.




En esta ocasión, tres años después, Pablo Iglesias no se ha ofrecido abiertamente como vicepresidente, pero tampoco ha hecho falta porque ya se encargó el PSOE de filtrarlo, aduciendo que era una de las exigencias de las negociaciones. Esta vez, además, el PSOE se ha preparado mejor el terreno porque durante todo este tiempo ha estado halagando a los dirigentes de Podemos con conceptos tan sonoros como huecos, ‘socio preferente’ o ‘gobierno de colaboración’, hasta cinco, dice Pedro Sánchez: “La última, incorporar perfiles cualificados de Unidas Podemos al Consejo de Ministros”.

Cuando ya estaba dispuesto todo el escenario, esta semana, de forma abrupta, sorpresiva, los socialistas se lanzaron con artillería pesada para romper toda negociación. Además de la consabida ‘pinza’ de Podemos con la derecha y con la extrema derecha (“Pablo Iglesias va a votar igual que Santiago Abascal”), los dirigentes del PSOE han incorporado una acusación mucho más grave: le negativa de Podemos a apoyar un Gobierno del PSOE es “un acto antidemocrático” por no permitir que prospere la legislatura y por no respetar que gobierne la fuerza mayoritaria del Congreso. Aunque parezca una enorme 'boutade', porque el PSOE tiene una mayoría pero insuficiente para gobernar y, sobre todo, porque lo menos respetado en España es el partido que gana unas elecciones, los dirigentes socialistas lo repetirán hasta la saciedad.




Cuando se iban a celebrar las primarias del PSOE en 2015, se reunieron en un hotel de Pozuelo de Alarcón, según documentó en un libro el periodista Jesús Maraña, varios líderes del PSOE para pactar una estrategia. Allí estaban Zapatero, Susana Díaz, Tomás Gómez, Ximo Puig y Pedro Sánchez, el entonces desconocido Pedro Sánchez. La reunión era para garantizarle a Pedro Sánchez que todos ellos le iban a apoyar en las primarias, aunque en realidad lo único que buscaban era neutralizar al otro aspirante, Eduardo Madina. Querían utilizarlo y luego dejarlo tirado. Tan falsa era la apuesta por Pedro Sánchez que, a la salida de la reunión, Susana Díaz le dijo al oído a uno de ellos: “Este chico no vale, pero nos vale”.

Lo que ha pasado después con “este chico” ya es de sobra conocido. Y parece, además, que ese día, cuando lo quisieron utilizar como un 'kleenex', Pedro Sánchez aprendió a utilizar la técnica del ‘tonto útil’ con la maestría del mismísimo Lenin.


                                                                       JAVIER CARABALLO   Vía EL CONFIDENCIAL

MUERTE DIGNA


Opinión

Juan Manuel de Prada


Se nos avecina en los próximos años una campaña formidablemente virulenta en favor de la legalización de la eutanasia que, en puridad, sus promotores podrían ahorrarse. Pues la legalización de la eutanasia es la consecuencia inevitable del derecho a la autodeterminación consagrado por el liberalismo. El hombre endiosado por el liberalismo reivindica el pleno derecho de propiedad sobre sí mismo, el derecho a gozar y disponer de sí mismo sin cortapisas. Este derecho de autodeterminación le permite, por ejemplo, romper su familia, vaciar sus entrañas de intrusos gestantes o cambiarse de sexo según le susurre al oído su fantasía penevulvar de temporada. Y, por supuesto, le permite también expulsar de su vida el sufrimiento; o, si no puede hacerlo, expulsar del sufrimiento su vida, matándose o exigiendo que otros le maten. Para el liberalismo, la verdadera naturaleza del hombre es -citamos a Hegel- la «libertad del querer»; o sea, la voluntad soberana imponiéndose sobre la naturaleza de las cosas.

Así, el hombre autodeterminado puede dictaminar que una vida que comporta sufrimientos no es una vida «digna»; pues, según su voluntad codiciosa de bienestar, todo lo que nos aleja del placer no es «vida digna». E, inevitablemente, exigirá que el ordenamiento jurídico le garantice el «derecho» a esa «vida digna», permitiéndole deshacerse de su consorte, del hijo que crece en sus entrañas, de su pene o vulva y hasta de su misma vida, cuando no reúna las condiciones de «calidad» exigidas por su voluntad. Para el hombre autodeterminado hay, por supuesto, un «derecho a la vida», pero no una correlativa «obligación de vivir». Y allá donde los derechos no tienen obligaciones correlativas ya se ha instalado el más absoluto nihilismo filosófico, moral y jurídico.

Pero no quisiéramos convertir este artículo en una mera execración del liberalismo. Quisiéramos denunciar también la colaboración del catolicismo pompier en la progresiva aceptación social de la eutanasia a través de la doctrina llamada «personalismo», que entiende que lo constitutivo de la persona es la libertad de elección y su actividad autocreadora. De este modo, el hombre se «hace» digno actuando libremente de un modo personal, mediante obras o actos a través de los que conquista su personalidad. El personalismo no se cansa de invocar, a modo de disco rayado, la «dignidad humana» que se realiza a través de actos libres, en lugar de distinguir -como hacía la filosofía clásica- entre una dignidad «ontológica» (la que tiene cualquier ser humano por el mero hecho de ser) y una dignidad «moral» (la que el ser humano adquiere o pierde según la naturaleza de sus acciones). Pero el personalismo borró esta diferencia fundamental, fundiendo en una la dignidad ontológica del hombre con su dignidad moral y convirtiendo la libertad humana (en sí misma, independientemente del fin hacia el que se ordena) en «digna». La persona, de este modo, se convierte en un valor absoluto desde el punto de vista moral, con independencia de la naturaleza de sus acciones. Así, el personalismo católico se convirtió en el tonto útil del liberalismo, que pudo encumbrar la «dignidad de la persona humana» como fundamento de los ordenamientos jurídicos y de los programas políticos. Y así se abrió la puerta a que la eutanasia fuese calificada de «muerte digna»; pues es una muerte libremente elegida por el hombre.

Y con estos presupuestos falaces, en los que el liberalismo y el personalismo católico van juntitos de la mano, la legalización de la eutanasia será coser y cantar. Aunque, por supuesto, liberales y católicos pompier nos dirán, una vez legalizada, que se trata de una nueva aberración del «marxismo cultural».


                                                                                              JUAN MANUEL DE PRADA
                                                                                              Publicado en ABC.


HUMILLACIÓN O ELECCIONES

Iremos a nuevas elecciones salvo rendición completa y humillante de Podemos o derrota de las tesis de Iván Redondo frente a Ferraz

Sánchez e Iglesias

Sánchez e Iglesias


 En el PSOE hay dos estrategias diferentes pero convergentes sobre cómo afrontar el pacto de investidura. Por un lado están quienes consideran que es mejor ir a elecciones. El panorama es óptimo para esta opción, ya no solo por las encuestas de Tezanos, sino porque son rentables las imágenes de Sánchez como hombre presidencial y del PSOE como partido refugio de las izquierdas.

La moderación del líder socialista, su tono pretendidamente elevado, sus paseos internacionales, en medio del ruido que Unidas Podemos genera a su izquierda y la crisis de Ciudadanos a su derecha, está siendo de gran utilidad a sus intereses, máxime si tenemos una ciudadanía hastiada de politiqueo.

Esa imagen central, de eje sensato del sistema, de calma frente a la tormenta, sería más que suficiente para llegar a los 140 escaños si se convocan elecciones. Esto pasa por teatralizar la impostura de Podemos en una sesión de investidura fallida, aceptar de buen grado luego un nuevo encargo del Rey, y convocar a los díscolos grupos parlamentarios para septiembre. Mientras tanto, con tanto tiempo por delante, el Gobierno en funciones sería una máquina perfecta de propaganda ante la que los “viernes sociales de Celaá” quedarían como un juego de niños.

No se trataría de repartir culpas, sino de acabar con Podemos. Ese es el objetivo, y no otro. El pacto con la formación de Iglesias solo puede ser desde su humillación, lo que saben que sería letal para un grupo débil, menguante, sin cohesión, y con un liderazgo discutido y gastado. No es difícil echar abajo a un partido recién nacido, porque cinco años no son nada, ya que carece de arraigo, tradición y cuadros. Esto -las barbas del vecino- debería servir también para mitigar las ínfulas de Vox.
Para el sector ‘monclovita’ no se trataría de repartir culpas, sino de acabar con Podemos, un partido débil, menguante, sin cohesión y con un liderazgo discutido y gastado
Esa humillación a Podemos pasa por arrinconar a esta formación con opciones gubernamentales inaceptables para un Iglesias que suplica oxígeno. Así, el PSOE ofrece un gobierno en solitario con apoyo externo de podemitas, o uno de cooperación con puestos de segunda fila para éstos, o uno de coalición con independientes cercanos a Unidas Podemos o gente de perfil técnico, pero nunca con sus dirigentes.

Esto pone a Iglesias en el dilema que no quiere porque destruye su imagen: principios o sillones. Es más, Sánchez anuncia en la prensa que el acuerdo está roto en medio de la votación sobre el pacto entre los inscritos de Podemos. La desautorización del líder podemita es completa. Y no olvidemos el hábil movimiento de sacar ahora a la luz a Errejón y su partido “Más-lo-que-sea”, que restará mucho a Podemos. Jaque mate

Si esto argumentan, en general, los socialistas monclovitas que quieren las elecciones, los otros, los conservadores, apuestan por aprovechar la victoria del 28-A. Los 123 escaños serían suficientes para aguantar tendiendo puentes autonómicos con el PNV y Bildu, judiciales con ERC y JxCAT, y sociales con Unidas Podemos. Son los que están empujando para que María Chivite cumpla su sueño de entregar Navarra al Lebensraum vasquista, y abren la posibilidad de pacto en cualquier sitio y con cualquiera que no sean el PP y Vox.

Esta facción del PSOE, asentada en Ferraz, no en Moncloa, considera que convocar unas nuevas elecciones es un riesgo por varios motivos. El primero de ellos es la desmovilización de las izquierdas; es decir, que el hundimiento de Podemos no suponga el trasvase automático de sus votos al PSOE sino que vayan a la abstención o sigan votando a Iglesias, con lo que, a la postre, no servirían para el reparto de escaños.

Esto es cierto en tanto que existe un izquierdismo irredentista que sostiene que el PSOE es parte del sistema “neoliberal”. De esta manera, los socialistas sufrirían lo mismo que el PP con Vox el 28-A, cuando 800.000 votos voxistas no sirvieron para contabilizar escaños, sino para dar poder al PSOE, Cs y Podemos.

La facción del PSOE asentada en Ferraz ve riesgos varios en unas nuevas elecciones, empezando por la probable desmovilización de las izquierdas
Los socialistas podrían, así, no sumar tanto como creen los partidarios de repetir las elecciones y, por otro lado, las derechas podrían agrupar su voto. El PP con Pablo Casado está subiendo no solo por el poder territorial, sino por la coherencia que está demostrando en su papel moderador entre Cs y Vox. Los populares mantendrían una fidelidad más allá del 90% del voto, lo que es un índice de acierto, y sumarían a electores que optaron por Rivera y Abascal el 28-A pero que se sienten defraudados. Esta es la ventaja de los partidos con tradición y línea recta.

Este panorama asusta en Ferraz porque creen que al estar tan cerca los nuevos comicios no daría tiempo a que Ciudadanos ceda en su veto a Sánchez, por lo que el escenario se podría repetir, o quizá, PP y Cs sumaran más que el PSOE. En Génova son conscientes de esto y ya han soltado un globo sonda a Ciudadanos: la formación de candidaturas conjuntas en Cataluña y Galicia, como en Navarra. El resultado en las urnas sería, piensan esos socialistas de Ferraz, un nuevo bloqueo muy arriesgado, con un Senado quizá en manos de populares y Cs.

A Pedro Sánchez le llegan las dos estrategias, pero por su actitud en la última semana parece que le convence más la primera opción, quizá por el personalismo que supone, ese mismo que alimenta su ego. Iremos a nuevas elecciones, en consecuencia, si no ocurre una de estas dos cosas: una rendición completa y humillante de Podemos, o que las voces de Ferraz sean más convincentes que los argumentos redondos de Moncloa.


                                                                                  JORGE VILCHES   Vía VOZ PÓPULI

miércoles, 17 de julio de 2019

Una presidenta ortodoxa para una Comisión continuista

Confirma una creciente tendencia en las instituciones europeas: los procesos son tortuosos, se fuerzan los tiempos y se llega a soluciones que no se sabe si son imaginativas o desesperadas


Foto: Ursula von der Leyen. (Reuters)

Ursula von der Leyen. (Reuters)


La alemana Ursula von der Leyen, designada para el cargo por el Consejo EuropPero confirma una creciente tendencia en las instituciones europeas: los procesos son tortuosos, se fuerzan los tiempos, se llega a soluciones que no se sabe si son imaginativas o desesperadas -como el nombramiento de la propia Von der Leyen o el de la previsible nueva presidenta del BCE, Christine Lagarde-, pero al final se logran consensos suficientes que permiten afirmar con razón que se han cumplido las reglas, se han conseguido los objetivos y se puede chutar para adelante.

En su discurso para cortejar a la cámara, Von der Leyen -todavía ministra de Defensa de Alemania- retomó algunos de los viejos pilares ideológicos centrales de la UE, como la defensa de la ley: “No se pueden hacer cesiones con el Estado de derecho”, dijo, en un mensaje para Hungría y Polonia, pero que dice algo también de lo que los independentistas catalanes pueden esperar de ella. Y recogió también nuevos lemas oficiosos, como la defensa macroniana de 'L'Europe qui protège', un pequeño giro a la izquierda en cuestiones económicas.


En lo que ya se parecía un poco más a un programa electoral, se comprometió a tomar fuertes medidas de protección del medio ambiente y contra el cambio climático -incluso prometió lanzar un 'Green Deal', una expresión que suele utilizar la nueva izquierda estadounidense para paquetes de medidas radicales en ese ámbito-, anunció que pondría fin a las trampas fiscales que los gigantes tecnológicos llevan a cabo en Europa y apoyó un seguro de desempleo para toda la UE, al tiempo que se mostraba osada en su defensa del europeísmo y lanzaba un mensaje feminista.

No parecen los rasgos ideológicos propios de una candidata perteneciente a la democracia cristiana alemana -aunque siempre ha mostrado una cierta heterodoxia- y al Partido Popular Europeo. Pero Von der Leyen necesitaba apoyos muy dispares dentro de la cámara, y esa fue su estrategia para conseguirlos.

Por lo demás, se trata de compromisos endebles: muchas de esas cosas no están en manos de un presidente de la Comisión, y aunque si se empeña puede ponerlos sobre la mesa de las negociaciones, las decisiones finales corresponden siempre a los países miembros. Son compromisos, además, que refuerzan una tónica habitual en las instituciones europeas: la tendencia a hacer discursos grandilocuentes sobre reformas profundas y medidas radicales que luego, precisamente porque las decisiones se toman a partir de negociaciones entre los países miembros, se quedan en medidas insuficientes o deformes.

Nada como la UE ilustra el dicho anglosajón según el cual cuando un grupo demasiado grande de decisores se pone a diseñar un caballo, lo que le sale es un camello. Europa no da para más que eso. Pero a pesar de ello funciona con más eficiencia de la que en ocasiones se le concede.




La presidencia de Von der Leyen será continuista con la de Juncker (también miembro del Partido Popular Europeo). Quizá pondrá más énfasis en la seguridad y las relaciones exteriores, quizá será más dura con China, es posible que esté más dispuesta a enfrentarse a las estrategias fiscales y monopolísticas de las grandes compañías tecnológicas estadounidenses y que realmente coloque la lucha contra el cambio climático en un lugar central de la agenda.

Pero todo esto eran ya tendencias cada vez más asentadas en las grandes maquinarias de pensamiento político de Bruselas y no suponen ningún cambio sustancial. Aunque será la primera alemana en ocupar la presidencia de la Comisión, ello tampoco significa necesariamente un aumento del poder de su país en la UE, vista la lenta retirada y previsible pérdida de influencia de Angela Merkel.

La Unión Europea se rige por un principio poco épico: la consecución de acuerdos que no satisfacen del todo a nadie, pero que se pueden considerar aceptables para una mayoría. Ese principio se repitió ayer. Es posible que eso sea decepcionante para los funcionarios, los 'think tanks' y los europeístas más ingenuos que se empeñan, con buenas intenciones, en imbuir a la UE de ilusión, optimismo y excelencia en los modos.

También decepcionará a quienes afirman creer en el proyecto europeo pero exigen que este cambie. La elección de Van der Leyen es ortodoxia pura, aunque se haya producido de una manera más fragmentada que refleja la mayor atomización política de la Eurocámara y de la mayoría de países europeos. Eso puede dificultar su liderazgo, pero está por ver. Las cosas siempre acaban sucediendo en Europa, la mayoría de las veces simplemente porque no pueden no suceder. Había que tener una presidenta de la Comisión. Y aquí está.eo a principios de mes después de un largo y torpe proceso de negociación entre los países miembros, ha sido ratificada por el Parlamento Europeo con 383 votos a favor, una cifra inferior a la de su predecesor Jean-Claude Juncker, que logró 422. No está claro, sin embargo, que esto condene el mandato a la debilidad.


                                                            RAMÓN GONZÁLEZ FÉRRIZ  Vía EL CONFIDENCIAL


La soledad y el envejecimiento se afianzan en Europa

Uno de cada tres hogares es unipersonal en Italia, Francia, Austria y Holanda; en Alemania, Finlandia, Dinamarca y Suecia superan el 40%. Si no se adoptan medidas, “España está abocada a tener una sociedad solitaria y envejecida”, advierte The Family Watch


soledad y envejecimiento


La soledad y el envejecimiento se están afianzando en Europa. Tanto es así que “30 millones de adultos europeos se sienten solos” y alrededor de 75 millones “se reúnen con familia o amigos como máximo una vez al mes”.

Al mismo tiempo, uno de cada tres hogares es unipersonal en Italia, Francia, Austria y Holanda; mientras que en Alemania, Finlandia, Dinamarca y Suecia el porcentaje de hogares donde vive una sola persona supera el 40%.

Estas son algunas de las conclusiones de un informe del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (CCI) (COMPROBAR ENLACE) del que se hizo eco el pasado mes de junio The Family Watch, que advierte a España de que “está abocada a tener una sociedad solitaria y envejecida” si no se adoptan medidas para frenar la tendencia.

Pero, ¿qué caracteriza a las personas que viven en soledad? Según un informe de la BBC publicado el 14 de febrero de 2018, las personas identifican la soledad con cinco aspectos: 1) no tener nadie con quien hablar; 2) sentirse desconectado del mundo; 3) sentirse dejado de lado; 4) tristeza; 5) no sentirse entendido.


redes sociales y soledad

Hiperconectados pero solos: las redes sociales han sustituido a la conversación

Soledad en la era de la hiperconexión


Para demasiada gente, la soledad es una triste realidad de la vida moderna”. Son palabras de la primera ministra británica, Theresa May, a través de Twitter poco antes de anunciar en enero de 2018 la creación de un Ministerio de Soledad en el Reino Unido.
Se trata de una afirmación que viene a constatar una paradoja: en la era de la hiperconexión, la soledad física y psíquica está cada vez más presente.

Así, aunque cabe considerar que la soledad es una opción personal en muchos casos, los llamados ‘singles’, lo cierto es que el envejecimiento de la población tiene una especial incidencia en el considerable aumento del número de hogares unipersonales en toda la Unión Europea.
De los países de la UE-28, el que muestra un mayor porcentaje de hogares unipersonales es Suecia, que supera el 50%, como muestra el siguiente gráfico, reproducido a partir de los datos de 2017 de Eurostat, publicados el 6 de julio del año pasado.

hogares unipersonales
Proporción de hogares unipersonales en 2017 en la UE-28

A Suecia le siguen Dinamarca, Lituania, Finlandia y Alemania, todos ellos por encima del 40% de hogares unipersonales. Otros destacados países con un gran porcentaje de hogares donde solo vive una persona (por encima del 30%) son Holanda, Austria, Francia, Italia, Reino Unido y Grecia.

Entre los países con menor número de hogares unipersonales destacan Malta (por debajo del 20%), Portugal, Polonia, Irlanda y España, todos ellos con más del 20%.

En este otro gráfico se puede observar la creciente evolución que ha seguido en la UE el porcentaje de hogares unipersonales entre 2010 y 2017,

hogares unipersonales
Evolución de los hogares unipersonales entre 2010 y 2017

Morir en soledad


Por otra parte, al igual que aumenta el número de hogares unipersonales en toda la UE, también lo hace el de las personas que mueren solas; es decir que soledad y envejecimiento están íntimamente relacionados.

La información de The Family Watch cita que “la razón que desencadenó la creación del Ministerio de Soledad en el Reino Unido fue el hecho de que es cada vez más frecuente que se hallen cadáveres en casas sin que nadie advierta la muerte de esa persona”.
“En 2005 se contabilizaban más de 60 muertes a la semana de personas que morían solas sin la presencia de ningún familiar o amigo”, añade.
Otros ejemplos a los que se refiere son los de países como Suecia, donde señala que “una de cada cuatro personas muere sola”; o Alemania, donde ya se habla de este fenómeno y solo en Berlín “durante el año 2016, se registraron más de 2.300 de los ya conocidos como ‘funerales de salud pública’”, donde nadie reclama los cuerpos.

En Suecia, “una de cada cuatro personas muere sola”; mientras en Francia “estiman que cinco millones de personas de más de 18 años (12%) vive sin mantener ninguna relación familiar o social, y que un 39% de los franceses no tienen contacto regular con sus familiares”.
En España “no hay estadísticas oficiales, por lo que es muy difícil establecer el número exacto de muertes que se producen en esta situación ya conocida como ‘muertes desatendidas’”, aunque morir en soledad es una lacra en aumento en este país.


soledad y envejecimiento
Morir en casa y en soledad, un fenómeno que va a más en Europa

Más soledad y envejecimiento en España


En ese sentido, The Family Watch advierte de que, aunque en el primer gráfico se puede ver que España “se halla en la media europea de hogares unipersonales”, lo que actualmente parece no significar un problema “acabará siéndolo cuando lleguemos a los porcentajes de países como Francia, Alemania, Reino Unido o Suecia”.

Así, ante el escenario de soledad y envejecimiento que se dibuja en Europa, insisten en que “si no se toman las medidas necesarias, España está abocada a la misma situación que el resto de países vecinos, esto es a tener una sociedad solitaria física y psíquicamente, además de envejecida y con escasas relaciones familiares”.

soledad y envejecimiento

Un indicador de esta tendencia son las previsiones que el Instituto Nacional de Estadística (INE) hacía en 2016 sobre las “personas que vivirán solas” en los siguientes quince años.

Como se puede apreciar en este tercer gráfico, reproducido a partir de los datos del INE, para 2031 la cifra de hogares unipersonales se podría situar por encima de los cinco millones.

“Actualmente, el 24,7% de los españoles viven solos, por lo que se prevé una subida de casi cuatro puntos porcentuales en 10 años”, afirma The Family Watch.

Los últimos datos publicados por el INE en la ‘Encuesta de Hogares 2018’ vienen a confirmar aquellas previsiones sobre los hogares unipersonales: en 2017 se contabilizaron 4.687.400 y un año después 4.732.400.

De hecho, en España están creciendo los hogares monoparentales, los unipersonales y las parejas homosexuales, según esa encuesta.
Al mismo tiempo, un estudio elaborado por la Obra Social “la Caixa” constataba el pasado mes de abril que, en España, 3 de cada 10 personas de entre 20 y 39 años padecen padecen soledad emocional, y que entre los mayores de 65 años el porcentaje llega al 40%.
La soledad es un problema relevante para toda la población, especialmente para las personas mayores, aunque es una cuestión de la que se habla poco, que se disfraza y se diluye en la vida cotidiana”, advertía aquel estudio.

Por otra parte, “la revista American Psychologist ya habla de la ‘epidemia de soledad’, y las razones de ser de esta ‘epidemia’ entiende que son, entre otras: una mayor esperanza de vida, tasas decrecientes de matrimonio, el hecho de que las personas tienen menos hijos, que han aumentado los divorcios significativamente y que muchas personas acaban viviendo solas” concluye Family Whatch.


                                                                              VÍCTOR RUIZ    Vía FORUM LIBERTAS

UNA LEY QUE DEFINE UN RÉGIMEN

El autor reflexiona sobre la importancia de la ley electoral y su influencia en la conformación de la política española. 


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/EFE


Hablar de la ley electoral es hablar de la constitución de un régimen de poder. Junto a la declaración de los derechos y libertades fundamentales y al diseño y control de las principales instituciones políticas, el modo en que se selecciona a lo que en su día fueron élites y hoy simplemente gobernantes constituye materia no solo constitucional sino constituyente.

Quizá no haya nada más determinante de la naturaleza íntima del poder que el modo en que se resuelve el binomio mando/obediencia sobre el que teorizó Carl Schmitt y desarrolló Julien Freund. Pues indica el tipo de legitimidad que el poder obtiene. Simplificando, si el ciudadano es obligado a obedecer, el régimen es autoritario. Si, por el contrario, consiente que le manden, nos encontramos ante un régimen representativo. 

Pero el consentimiento político, desde su concepción lockeana, precisa de libertad y plena autonomía individual. La distancia que separa la democracia de la oligarquía es marcada por el grado de libertad y de igualdad política que el ciudadano tiene a la hora de seleccionar y retirar -no hay consentimiento sin capacidad de revocación del mismo- a sus gobernantes. Es por eso que en un sistema electoral verdaderamente representativo debe garantizar varios principios básicos.

El primero de ellos es la libertad. Que los candidatos no dispongan de igualdad de oportunidades para presentarse a unas elecciones -sufragio pasivo- implica negar a los ciudadanos la libertad plena de elegir -sufragio activo. Dejando de lado la separación de poderes, esta es la principal diferencia entre una democracia y una oligarquía.

En España, el candidato dispone de la clásica isonomía -igualdad ante la ley- pero no de isegoría -igualdad en el ágora, que aquí significaría igualdad en origen. Esa deficiencia merma necesariamente la libertad de elección de los ciudadanos y consagra a las cúpulas de los partidos como los verdaderos amos del poder político.
No es justo ni racional que sean los territorios y no las personas los que influyan en la formación de la Cámara
Los representantes de los ciudadanos son plenamente conscientes de que mantener su puesto depende mucho más de estar en sintonía con la cúpula del partido que lo coloca en la lista que de los propios votantes, quienes no tienen otra opción que votar la lista que representa su ideología y programa de gobierno. La independencia de los representantes, su libertad para actuar en conciencia pensando en sus electores y en la nación, esa síntesis de lo mejor de Burke, Sieyès y Rousseau que equilibraba el mandato imperativo con el representativo, ha quedado relegada por Leibholz y el Estado de Partidos en favor de la identificación de las masas con un programa de gobierno y su integración en el Estado.

Como consecuencia de ello, el control ciudadano queda a merced de los partidos, cuya democracia interna cualquiera que haya leído a Michels sabe que es francamente difícil de lograr. En términos prácticos, la consecuencia de una oligarquía es que, al no ser el ciudadano el eje principal del poder, tampoco es el único receptor de los beneficios.

Hasta la crisis de 2011, España fue una oligarquía perfecta sin que casi nadie la cuestionase. Dos partidos hegemónicos salidos de la Transición se turnaban en el poder, la mayoría de las veces con la ayuda impagable de los nacionalismos, y establecían redes clientelares con las que afianzaban e incluso extendían su dominio.

La crisis convulsionó el sistema al cuestionar a la clase dirigente que había ocasionado el descontrol financiero y el despilfarro público que llevó a cinco millones de personas al paro. Y hasta cierto punto lo transformó, pero no lo mejoró en su esencia. Ha habido reformas positivas; los mecanismos de transparencia son un ejemplo. Pero la oligarquía solo ha mudado de piel por una con más colores que sigue operando bajo las mismas normas.

El segundo principio fundamental es la igualdad. No es justo ni racional, y en nuestro caso es dudosamente constitucional -pues frente al art. 68.2 que consagra a la provincia como circunscripción electoral, se encuentra su predecesor el art. 68.1 que exige que el voto sea igual- que sean los territorios y no las personas los que influyan en la formación de la Cámara que representa la soberanía nacional.
La representación política por cooptación es una fábrica de mediocridades que se retroalimenta conforme pasa el tiempo
Según el ensayo de Jorge Urdánoz y Enrique Del Olmo (+Democracia), un voto en Soria vale 3,6 veces más que en Madrid, y en Teruel 3,8 veces. El mismo informe mantiene que UPyD, en 2008, obtuvo un escaño con trescientos mil votos mientras que el PNV logró seis con los mismos votos.
¿Ha servido esta desigualdad, al menos, para mejorar la vertebración territorial? En absoluto. Los partidos en el poder, conscientes de que sus diputados no son capaces de cuestionar sus decisiones, solo han cedido ante las presiones de los diputados pertenecientes a los partidos que han necesitado para gobernar, es decir, los nacionalistas, dejando de lado a la España del interior.

La mejor muestra es la plataforma Teruel existe, que reivindica, con razón, la ausencia de inversiones del Estado después de cuarenta años de sobrerrepresentación electoral. Es más que obvio que el Congreso debería representar fielmente las distintas sensibilidades de la sociedad española y el Senado a los territorios. Ninguna de estas dos premisas se cumple.

Otra función de la representación es la selección de élites dignas de tal nombre. Cuando la sociedad se encuentra en su mejor momento de preparación, a la política acuden con frecuencia perfiles que podrían llamarse de cualquier forma menos areté (excelencia). En la representación por elección, sin interferencias, cohabita intrínsecamente ese sano carácter elitista en virtud del cual llegan al poder los más preparados. Bernard Manin lo describe magistralmente.

La representación política por cooptación, sin embargo, es una fábrica de mediocridades que se retroalimenta conforme pasa el tiempo. En los primeros años de la Transición, a la política llegaba lo mejor de la sociedad, personas que tenían mucho que aportar y poco que recibir, al menos económicamente, porque la inmensa mayoría obtenía mayores ingresos en su vida profesional. Hoy, casi ninguno de los políticos tiene vida profesional propiamente dicha. Algunos jamás han trabajado antes y la inmensa mayoría gana más en sus funciones representativas que antes de desempeñarlas.
La estabilidad política está mucho más relacionada con la sensatez que con la proporcionalidad del sistema
Me pregunto en ocasiones qué dirían los Castelar, Pi i Margall, Cánovas, Canalejas, Azaña, Ortega y tantos otros si echasen un vistazo a una sesión parlamentaria actual. Esa intelectualidad, que tenía la defenestrada costumbre de leer, tan imprescindible para poder parlamentar en vez de parlotear, y que desarrollaba su vocación política desde dentro y desde fuera de las instituciones, no tendrían oportunidad alguna en los partidos actuales, en donde la brillantez y la autonomía de criterio son valores que desacreditan a quien los porta.

No es por lo tanto casual el vuelo alicorto que contemplamos en la mayoría. Cuando Churchill dijo que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” parecía estar mirando a hacia la España del siglo XXI. 

Por último, ahora tan en boga, un sistema electoral debe garantizar también la estabilidad política. Pero esta cuestión está mucho más relacionada con la sensatez, el sentido del Estado y el compromiso con los votantes que otorga la libertad política de los representantes que con la proporcionalidad del sistema. Los países nórdicos son un ejemplo.

Una vez expuestos los principios que inspiran todo sistema electoral representativo, cabe hacernos la siguiente reflexión en forma de pregunta: ¿Va a ser la tendencia oligárquica del modelo español modificada por alguna de las tres propuestas que están sugiriendo los partidos? Si EL ESPAÑOL me lo permite, demostraré que no en un segundo artículo y propondré humildemente lo que considero que debe ser la solución.


                                                                   LORENZO ABADÍA***   Vía EL ESPAÑOL

*** Lorenzo Abadía es empresario y profesor de Derecho Constitucional.


lunes, 15 de julio de 2019

¿Para qué políticos? ¿Para qué partidos?

El autor cree que la supervivencia de España y de Europa está en riesgo. Urge a los políticos a pactar excepto con populistas y secesionistas.


LPO


Hace unos años, en una cena, coincidí con uno de los empresarios más importantes de nuestro país, y no solo de este. La conversación fue amena y, ya avanzada la misma, me comentó que hacía poco que había conocido al presidente del Gobierno de aquellos tiempos, por insistencia suya. Enseñándole la fábrica matriz, el político tuvo la ocurrencia de presumir de los miembros de su gabinete. Luego le hizo una pregunta un tanto comprometida e indiscreta: "¿Qué te parecen?". El anfitrión calló la primera vez, calló la segunda y, ante la insistencia, en medio de su silencio, cada vez más espeso, contestó: "Yo no los contrataría". El arte de callar no le correspondía al industrial, sino al político. ¿Es acaso más difícil crear de la nada una empresa multinacional y conducirla exitosamente durante décadas que dirigir el gobierno de una nación secular, repleta de funcionarios? Me hubiera gustado que los protagonistas de mi anécdota me lo contestaran. El caso es que este asunto regresó a mi cabeza a la vista de todo lo que ha estado pasando con los pactos poselectorales y la incapacidad de nuestros políticos (jóvenes y aparentemente bien preparados) para llegar a acuerdos en el Gobierno de la nación, en uno de los momentos más frágiles y complejos de nuestra historia contemporánea. Imaginémonos qué sucedería si los altos ejecutivos de la empresa, antes mencionada, no fueran capaces de resolver problemas semejantes, cuál sería su destino dentro de su organización. Es inconcebible que, por cuestiones partidistas y ante lo malo y lo peor, se abandone al Estado a su suerte. Porque dejar un Gobierno en manos de quienes lo quieren destruir es de una gravedad inmensa. En este momento hay que tenerlo muy claro. El mayor enemigo de España son los nacionalistas, incluso por encima de los populistas. Y apoyar para que esto no se produzca es una obligación constitucional.

Los ciudadanos que no salen de su agitación, después de varios meses de sobresaltos, se hacen preguntas tan sencillas y elocuentes como estas: ¿para qué políticos? ¿para qué partidos? Gandhi decía que los partidos estaban para que las personas no tuvieran ideas propias. El partido -cuando no es tan cesarista como los actuales nuestros- le dice al líder qué línea debe seguir. El partido intenta decirle al votante a qué político debe votar y se interpone entre el pueblo y sus representantes. Los partidos políticos que históricamente más éxito han tenido son los que han generado un verdadero sentido de pertenencia entre sus miembros. Hoy, la caída en picado de la militancia es una llamada de atención. Hoy, a la vista de lo que está pasando, los partidos políticos se han convertido en asociaciones intransigentes e intolerantes. Las coaliciones son siempre una alternativa para no paralizar la gobernabilidad. La democracia española surgió de la tolerancia. En la política de EEUU también se está dando desde la llegada de Trump. Antes, republicanos y demócratas, cada uno en sus propias filas, tenían a grupos más conservadores y progresistas capaces, entre ellos, de llegar a acuerdos en cuestiones importantes para el país. Hoy solo existen bandos enfrentados. Ian Kershaw, en su monumental historia de la Europa del siglo XX, destacaba la importancia que tuvieron los políticos en la posguerra. Líderes que, en medio de la ruina, le devolvieron el carisma y la credibilidad a la política. Hoy todo brilla por su ausencia. Las redes sociales han influido mucho en la caída de los partidos como clubs, lugares de reunión, de debate, de estudio, de reflexión, de familiaridad. El poder de la red los va relegando. También los partidos dejan paso a movimientos sociales más directos e inmediatos. Su mayor peligro es el de conformarse, ellos mismos, en un partido, como le ha sucedido a Podemos. Los partidos jamás pretendieron ser democráticos (a veces lo intentan), mientras que los movimientos sí, pero no les ha ido mucho mejor. Los partidos políticos consuetudinarios están sufriendo derrotas sin precedentes. Por ejemplo, en las presidenciales francesas.

Las redes sociales han logrado que la democracia representativa parezca falsa y que las versiones falsas que existen en la red parezcan más reales. ¿Qué fue de aquella revolución democrática que internet traía? Era para vigilar al Estado y a sus representantes, pero hoy son ellos quienes nos vigilan aún más. Ellos y las empresas privadas que están robándonos con complicidad nuestra libertad. La democracia representativa ha consistido en observar y vigilar. Nosotros los vigilamos para asegurarnos de que no se aprovechan del poder que les hemos delegado; mientras que ellos nos vigilan para procurar que no nos aprovechemos de la libertad que nos han delegado. Putin bombardea con desinformación, con bots en twitter que fingen ser personas. Hoy la micromanipulación del electorado es un peligro. Joseph Schumpeter define a la democracia en la que vivimos como una competencia entre equipos de vendedores que tratan que los votantes compren su producto. Las ideologías como producto: marcas, candidatos, partidos. Comenzaron esto las empresas publicitarias. La revolución digital prometía mucho para la política, pero ha sido más lo negativo que lo positivo.

Muchos hablan de hacer del Estado una empresa. Un consejero delegado no elegido por la ciudadanía. Los ciudadanos no serían más que clientes, no tendrían que preocuparse de la política. Es más, cualquier interés por ella sería un delito; y nos tratarían como usuarios de un supermercado. Nic Land, difusor de esta propuesta, la del Gov-Corp, y al que, por supuesto, se le ha acusado de ultrareaccionario, dice que si no fueran rentables nuestros impuestos podríamos reclamar al departamento de atención al cliente. Otros politólogos, desesperados, piensan que la robótica lo resolverá todo. Piergiacomi es de esta opinión: "Los humanos se están volviendo más estúpidos, los políticos más falsos, mientras las máquinas más inteligentes. ¿Acabarán ellas tomando las decisiones?". La ausencia de alternativas paraliza la democracia. El populismo se basa en esto. El autoritarismo resurge siempre en las dificultades. Incluso el autoritarismo "democrático" del húngaro Orbán, él mismo autotitulado como "demócrata iliberal".

¿Vamos camino de la epistocracia? Es decir, la del gobierno de «los que saben», contrario a los presupuestos de la democracia. ¿Es tan importante que todos participen y el peso de cada persona sea el mismo? ¿Sería bueno un autoritarismo pragmático? ¿Acaso a la Grecia actual no le resolvieron su crisis los bancos? Brennan dice que muchas cuestiones políticas son demasiado complejas para el nivel de comprensión de la mayoría de los electores. Yo añadiría que incluso para la mayoría de los elegidos. David Runciman, en su magnífico ensayo Así termina la democracia, escribe: "¿No debería preocuparnos lo mismo proteger a las personas de la incompetencia del demos que protegerla de la arrogancia de los epistócratas? Sí, si fueran la misma clase de poder, pero no lo son. La ignorancia y la estupidez no oprimen de igual forma que el conocimiento y el saber, precisamente por la incompetencia que encierran aquellas". La defensa de la democracia contra la epistocracia viene a ser una variación sobre la defensa de la democracia contra el autoritarismo pragmático. Stuart Mill tenía razón: la democracia viene después de la epistocracia y no al revés.

Una gran empresa tecnológica denominada Kimera Systems anunció que estaba a punto de desarrollar una inteligencia artificial llamada Nigel. Ayudaría a los votantes a dilucidar sus dudas y, supongo, que también a los propios políticos. Evidentemente, disponiendo de todos los datos de cada uno de nosotros. Su propietario, Shita, cuando fue recriminado por semejante cosa se molestó y contestó airado: "Acaso la máquina no ayudaría a la democracia, pues ella sería la única que tomaría en serio nuestros deseos. A los políticos no les importa mucho nuestros deseos, les importa convencernos de que queremos lo que ellos nos ofrecen". Quienes rechazamos este panorama tan desolador y deshumanizado, también antidemocrático, le pedimos a nuestros políticos que sean más sensatos y no den motivos al pábulo. Pacten cuando tengan que pactar (excepto con independentistas y populistas). El nacionalismo es hoy, con mucho, el mayor cáncer de nuestra sociedad. Ayudemos a curarlo entre todos. Está en riesgo la supervivencia de nuestro país y Europa. Está en riesgo también la vida de muchos millones de nuestros compatriotas que en esos territorios no comparten estas ideas totalitarias y que verían en riesgo la permanencia en su propia tierra. Hoy no hay mayores enemigos que Otegi y los suyos. Hoy no hay mayores enemigos que Torra y su recua. ¿Dejaremos que nos ganen por incompetencia?


                                                                              CÉSAR ANTONIO MOLINA*  Vía EL MUNDO

*César Antonio Molina es escritor, ex director del Instituto Cervantes, ex ministro de Cultura. Su último libro, Las democracias suicidas (Fórcola).