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domingo, 25 de julio de 2021

EL TURISTA SÁNCHEZ Y LA DESMEMORIA DEMOCRÁTICA

Estas leyes memoriales, más que reparar el daño del horror de la Guerra Civil, ansían aniquilar al rival, y eso es lo primero que debe vedar la democracia. La libertad o es de todos y para todos o es una quimera

El turista Sánchez y la desmemoria democrática 

ULISES CULEBRO

 Conocida es la anécdota de, cuando en enero de 2015, el entonces jefe de la oposición, Pedro Sánchez, no llegó a tiempo a un encuentro con estudiantes de la Universidad George Mason, al que asistía el embajador en Washington, Ramón Gil-Casares, y obligó a cancelarlo. Su rector, el español Ángel Cabrera, no se cortó un pelo y desfogó su enfado en las redes sociales con una frase de mármol: «Espero que Sánchez sepa dirigir un país mejor que manejar un GPS». Al cabo de un sexenio, en su retorno a EEUU para protagonizar una campaña de imagen personal de exclusivo consumo español guiada por expertos norteamericanos en relaciones públicas, dado el vacío hecho por la Casa Blanca y que ya se exteriorizó en su ridículo simulacro de charla de pasillo con Biden en la última cumbre de la OTAN, Sánchez ha tratado de aparentar en aquellos lares, ya despreocupado del GPS, que sabe dirigir un país que, empero, se le va de las manos a ojos vista.

Incapaces de desentrañar su verdad por su notoria ignorancia de España, sus entrevistadores televisivos se han quedado con su beldad de Narciso ante el espejo de canales de segundo orden. A él le han servido, además, para hacerse el presumido a un precio aún por averiguar en un país en el que lo que no es información pasa por caja. No obstante, un agradecido coro patrio (¿o tal vez matrio?) ha reverberado tales apariciones con bochornosas loas al hot president. Lo afrentan más que lo ensalzan. Desde aquel caliginoso «Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo» de los mítines de la libertad recién estrenada, no hay parangón y lleva a aseverar, parafraseando a una de las protagonistas del episodio nacional galdosiano de Los duendes de la camarilla, que, en España, pasan cosas que, si se cuentan, nadie las creería.

No en vano, Sánchez asiste a un momento crítico en el que, salvo para el inasequible Tezanos y a costa de malversar caudales públicos con un CIS que acierta menos que las escopetas de feria, su imagen cae en picado y sus negligencias como gobernante originan requisitorias de los tribunales. Sean éstas tanto por soslayar su independencia como por el gatuperio de esa aerolínea sin casi aviones llamada Plus Ultra, privilegiada con 53 millones de vellón, pese a contravenir el reglamento que regula las ayudas. Con la juez parando los desembolsos por injustificados, el cesado Ábalos y la ratificada María Jesús Montero, adalides de la operación, quedan comprometidos con una resolución judicial que pone en jaque los rescates de empresas en crisis por el coronavirus y acrecienta la desconfianza de la UE sobre el uso de los fondos comunitarios.

A la par, la campaña turística se va al garete por segundo verano, sin atender a los anuncios de quien pregonó el fin de la Covid-19 lanzando al aire tres hurras: «salimos más fuertes», «hemos vencido a la pandemia» y «fuera mascarillas para mostrar la sonrisa». Todos esos alardes siempre coincidiendo -oh casualidad- con bretes como las elecciones de Galicia y el País Vasco en 2020 o los indultos a sus socios golpistas en este 2021. Entre tanto, el recibo de la luz multiplica la factura de los días en que abroncaba a Rajoy acusándole de ser un presidente demasiado oneroso para los españoles, por lo que debía irse. Ahora, al dispararse la electricidad como un cohete sin saberse cuándo bajará, el Gobierno se limita a lamentarse como si fuera cosa de terceros y finge afectación de plañidera. Nada que ver con la «pobreza energética» denunciada en la oposición pancarta en mano y amistosa concurrencia televisiva.

En esa encrucijada, sus socios y aliados no dejan de apretarle las clavijas. Así, después de buscar tranquilizar a los inversores norteamericanos por la falta de certezas y de seguridad jurídica de su gabinete de cohabitación con Unidas Podemos, su vicepresidenta segunda y cabeza gubernamental de esta formación, Yolanda Díaz, desautoriza al presidente. En paralelo, sus aliados parlamentarios se las hacen pasar canutas bloqueando decretos-leyes hasta forzar al Gobierno amigo a transigir con la decisión nada constitucional de hacer funcionarios a los interinos sin oposición y sin atenerse a los principios de igualdad, mérito y capacidad exigidos.

Esta vuelta de tuerca a la Memoria Histórica de Zapatero de 2007

Ante este alud de circunstancias, y aunque no haya manta suficiente que cubra todo ello de pies a cabeza, se puede entender que concurran opiniones que interpreten como mera cortina de humo que el último Consejo de Ministros haya dado la venia al proyecto de Ley de Memoria Democrática, pero conviene no errar en la apreciación. Esta vuelta de tuerca a la Memoria Histórica de Zapatero de 2007 -ya ensayada en Andalucía en el periodo de gobierno socialcomunista de Susana Díaz- no sólo desarrolla la estrategia de Sánchez desde que accediera a La Moncloa con la moción de censura Frankenstein contra Rajoy y que lo sostiene en ella con el menor número de escaños propios que jamás lo hiciera antecesor alguno desde la restauración democrática, sino que se reafirma en ella para toda la legislatura. No se sabe si persuadido de que es lo que más le beneficia o de que ya le es imposible dar marcha atrás sin caerse del caballo.

Pese a todo, socialistas con fe de carboneros albergan la esperanza de que, llegada la ocasión, engañará a sus socios Frankenstein como les mintió a ellos. Si persistir en esa política le lleva a hundir su suelo electoral y no suma con escaños tan menguantes para renovar su alianza Frankenstein, Sánchez tendría que dar un volantazo que lo devolviera a la carretera en una posición central. El problema es si, para entonces, podría convencer de ello al electorado al que ha dado gato por liebre todo este tiempo.

Lo cierto es que, de la misma manera que el presidente al que nadie cree, tras llegar a La Moncloa haciendo todo lo que negó, se ha definido en su periplo americano -«¡Átense los machos!»- de «político que cumple», el proyecto de Ley de Memoria Democrática se ajusta como anillo al dedo a su devenir político. Así, haciendo bueno el adagio latino de excusatio non petita, accusatio manifesta, esta norma orwelliana declara que nace para «evitar la repetición de los episodios más trágicos de la historia», cuando aviva el enfrentamiento y encizaña la reconciliación nacional que propició el mayor y mejor periodo de libertad y de bienestar de la Historia de España.

No es ya que se busque que el pasado nunca muera, sino que se pretende que sea el futuro que aguarde, como se persigue desde el destartale de Zapatero con la Memoria Histórica -un oxímoron- y ahora con su prolongación -como recuelo- de la Memoria Democrática. Merced al nuevo proyecto, el Gobierno que quiere imponer su verdad sobre lo acontecido hace casi un siglo, trata de hacer olvidar la auténtica índole de sus socios. Llega al punto obsceno de condenar con cárcel la humillación a las víctimas de uno de los bandos de la Guerra Civil, mientras deja que sus socios exalten a los criminales de ETA a los que, en pago del tributo parlamentario, han acercado a cárceles vascas sin arrepentir y con menoscabo de la memoria de los inocentes a los que mandaron al otro mundo. Como le reveló Goethe a su confidente Eckermann, «la memoria llega hasta donde alcanza el verdadero interés».

Sánchez persiste en el radicalismo del PSOE de los años 30 que desató la Guerra Civil

Bajo el marchamo de la «memoria histórica», Sánchez persiste en polarizar la política y confirma, a las primeras de cambio, que la descabalgadura de Calvo, Ábalos o Redondo es un mero refresco de la caballería para seguir a galope tendido por igual ruta. Si González, tras sus derrotas en el referéndum de la Reforma Política de 1976, luego de optar por la ruptura democrática, y en las citas con las urnas de 1977 y 1979, siendo particularmente dolorosa esta última cuando ya descontaba su triunfo sobre un maltrecho Suárez, optó por la moderación renunciando al marxismo y a otras premisas maximalistas, lo que le permitió alcanzar tres años después el hito de los 202 escaños, Sánchez persiste en el radicalismo destructivo del PSOE de los años 30 que desató la Guerra Civil y que hubiera imposibilitado la exitosa democratización registrada al morir el dictador Franco.

Visto con perspectiva, se colegiría que el socialdemócrata González es una excepción en la historia de un PSOE que media entre el largocaballerismo previo a la Guerra Civil y el zapaterismo que, mandando al desván de la historia al refundador del partido en Suresnes y a la misma Transición en la que éste jugó un papel clave, quiso erigirse, como ahora Sánchez, en prolongación de la fallida II República mediante artefactos como el de la «Memoria Democrática» que cuajen aquel delirio confeso de José Bergamín a Fernando Savater: «Desengáñate, la única solución es otra guerra civil y que esta vez ganen los buenos».

Leyendo su contenido, esta nueva ley memorialista evoca hasta en la prosa la pesadilla distópica de 1984 y cobra visos aquel mundo de ficción en el que impera el adoctrinamiento y el control político bajo la autoridad del Gran Hermano con el aparato omnipresente del Partido que, a través de telepantallas, proyecta la imagen del «enemigo del pueblo», Emmanuel Goldstein, del que nadie sabe si existía, había existido o llegaría a existir, para que la masa desfogue contra él su ira y su miedo en el oficio diario de los Dos Minutos de Odio. El afán de estos aspirantes a ingenieros de almas, según la acuñación de Stalin, es dominar el futuro mediante el pasado -el eslogan del partido único en 1984 rezaba «quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado»- haciendo que la historia se elabore desde la perspectiva de lo que debía haber acaecido.

Con los políticos administrando la memoria, solo cabe tergiversación y sectarismo. Ningún gobierno puede decidir sobre la verdad histórica. Como si la libertad no tuviera quien la defendiera, secundando la sentencia de Chaves Nogales sobre la agónica II República, tratan de expropiar la memoria con esa lógica perversa por la que todo fanatismo persigue supeditar la historia a la memoria impuesta. En la España del fracaso escolar, unos políticos onagros quieren imponer su memoria particular como asignatura de obligado estudio y de visión constante por las telepantallas de una TVE tras el convenio suscrito con el nuevo director general. Como instrumentos de adoctrinamiento y propaganda con los que modelar a conveniencia el hombre nuevo Frankenstein que preserve la actual hegemonía política hacia un cambio de régimen político. No cabe mayor esclavitud que, como indica Eurípides en Las fenicias, no poder decir lo que se piensa.

Estas leyes memoriales, más que reparar el daño causado por el horror de la Guerra Civil, ansían aniquilar al rival, y eso es lo primero que debe vedar la democracia. La libertad o es de todos y para todos o es una quimera que usa en falso el nombre de la libertad para prostituirla. Estos aprendices de brujo sin escrúpulos desatienden la advertencia de Dante: «No te quemará el fuego que no encendiste». Estos antifranquistas a deshora demuestran que lo más vivo hoy del franquismo es el antifranquismo sobrevenido para echar tierra a los problemas de los vivos, mientras España adquiere esa «sensación de cementerio» descrita por Canetti sobre Cuba.

Por eso, en la desmemoria democrática del turista Sánchez, la cuestión no es ya si ha aprendido a manejar el GPS, ni siquiera a dónde va, sino a dónde arrastra España quien sólo mira por sí mismo y a sí mismo. Nunca nadie dispuso de tanta suerte como tan mala estrella ha tenido un país fiado a quien se presenta con aires hollywoodienses con los que embelesar a necios e incautos.

 

                                                                    FRANCISCO ROSELL  Vía EL MUNDO

ADICTOS A LAS RESTRICCIONES

Generar miedo constituye una decisión política peligrosa e irresponsable, especialmente en el marco de una pandemia

Adictos a las restricciones 

Dos personas con mascarillas en una terraza. Europa Press 

 El pasado 19 de julio era el día señalado para levantar definitivamente todas las restricciones Covid en el Reino Unido. Sin embargo, el freedom day se sirvió finalmente descafeinado. Ante la enorme presión ambiental, el gobierno de Boris Johnson decidió levantarlas… pero a medias. Y ello a pesar de ser uno de los países con mayor porcentaje de vacunados.

Para defender el fin de las prohibiciones, el Gobierno apeló a la libertad, a la devolución de la soberanía al pueblo para que cada ciudadano tomase responsablemente sus propias decisiones, un discurso que debería haber suscitado un arrebatador entusiasmo en Gran Bretaña, la cuna del liberalismo. Sin embargo, gran parte de la opinión pública respondió con espanto, animadversión, casi con lanzamiento de tomates. La población parecía mostrarse más partidaria de la supresión de libertades y derechos ciudadanos que el propio gobierno.

Una encuesta de Ipsos revelaba que no solo existía una mayoría favorable al mantenimiento de las restricciones (tabla 1); un porcentaje significativo declaraba que las medidas coercitivas debían permanecer para siempre… con independencia del Covid. Es un estado de opinión que también se palpa en otros países. ¿Cómo se ha llegado a semejante distopía?

Un irresponsable recurso al miedo

En marzo de 2020, para garantizar que la gente cumpliera con el confinamiento, muchos gobiernos decidieron recurrir al miedo. Se trataba de exagerar el riesgo del virus, haciéndolo extensivo a toda la población, no solo a los vulnerables. Este mensaje justificaba el encierro generalizado, en lugar de optar por una protección selectiva a los grupos de riesgo, que hubiera sido lo razonable.

Pero este llamamiento al miedo desencadenaría un devastador efecto bola de nieve, completamente inesperado. Como el discurso fue rápidamente amplificado por los medios, y reforzado por el rumor, el miedo escaló paulatinamente hacia un pánico generalizado. Nunca una campaña había creado un terror tan atroz y duradero. Una vez asentado el estado de pánico, se estableció una malsana interacción entre gobiernos y público. En ocasiones era la opinión pública la que iba por delante presionando hacia un régimen más restrictivo, como en la Gran Bretaña del freedom day. En otras, eran las autoridades las que realimentaban la espiral del miedo al considerar que la caldera necesitaba algo más de presión para conseguir ciertos fines como, por ejemplo, un porcentaje de vacunación más elevado en ciertos segmentos.

Aunque se había recurrido al miedo en el pasado para desanimar ciertas conductas (fumar, conducir imprudentemente, consumir drogas) nunca se había utilizado para afrontar una catástrofe. Al contrario, ante cualquier desastre, las autoridades siempre difundían mensajes tranquilizadores, precisamente para evitar que el pánico provocara un quebranto mayor que la propia catástrofe. Pero el mundo de hoy valora muy poco la experiencia del pasado; actúa como si la civilización hubiera comenzado hace 20 años.

Actividades cotidianas como reunirse con familiares o amigos, salir a dar un paseo o llevar la cara descubierta se convertían de pronto en ilegales, perseguibles por las autoridades

En lugar de explicar al público que una pandemia es un fenómeno recurrente, al que la humanidad se ha enfrentado en muchas ocasiones, los gobernantes actuaron como si la situación fuera inédita, casi la antesala del Apocalipsis, un problema completamente desconocido para el que se improvisarían soluciones originales. Y las medidas fueron tan insólitas, tan divergentes con lo estipulado, tan radicales, que asustaban por sí solas. Actividades cotidianas como reunirse con familiares o amigos, salir a dar un paseo o llevar la cara descubierta se convertían de pronto en ilegales, perseguibles por las autoridades. Era la primera pandemia cuya resolución no se encomendaba a los médicos… sino a los policías.

El peligro sigue igual

Aunque el miedo es una respuesta útil porque protege de muchos peligros, resulta muy dañino cuando es intenso, persistente y paralizador. Puede generar ansiedad, fomentar el abuso de alcohol y drogas, desembocar en depresión, idea de suicidio. O debilitar el sistema inmunitario. Y, sobre todo, impide actuar con libertad, convirtiendo al ciudadano libre en esclavo. Por ello, los seres humanos desarrollaron diversos mecanismos para mitigarlo, para evitar la angustia permanente. Desgraciadamente, debido al carácter insidioso de la propaganda, casi todos estos mecanismos quedaron bloqueados en esta pandemia.

Ante una campaña de terror, la primera opción para rebajar el miedo es abstraerse de la propaganda. Para un fumador no era difícil desoír los mensajes antitabaco; pero es casi imposible sustraerse a un relato covid tan prominente, agresivo y abrumador. Aquí se explicaría el fenómeno de la negación de la pandemia como un mecanismo psicológico de evasión, una vía para reducir la ansiedad.

Otra opción consiste en cumplir las normas sugeridas por la campaña de miedo, una vía que resulta muy eficaz en otros casos: "Dejo de fumar y los mensajes de terror ya no me conciernen". Pero el relato covid no permite esta salida al insistir constantemente en que, aun cumpliendo todas las normas, el peligro sigue igual. Aunque usted luzca una mascarilla tan gruesa y ajustada que le impida respirar, se inyecte todas las vacunas o mida el CO2 con el mismo afán que los desdichados astronautas del Apolo 13 comprobaban su reserva de oxígeno, los medios pregonarán que igualmente puede contagiarse y perecer.

La sucesión de dos mensajes, a) “es imprescindible que adoptes esta medida” y, poco después, b) “buen chico, pero sigues siendo tan vulnerable como antes”, genera una percepción de absoluta ausencia de control, un sensación tan miserable que favorece una indefensión aprendida, conduciendo a una adicción a las medidas restrictivas del gobierno. Algunos sujetos suplican otra prohibición en un intento de aliviar momentáneamente su ansiedad pero, como cualquier adicto, necesitan cada vez mayores dosis de restricciones tan solo para obtener una rebaja pasajera de su nivel de pánico.

El tortuoso camino a la libertad

Generar miedo constituye una decisión política peligrosa e irresponsable, especialmente en el marco de una pandemia. Y no sólo porque se trata de un enfoque paternalista que considera a los ciudadanos como niños a los que asustar con la presencia del monstruo para se coman toda la cena. También porque el pánico duradero acarrea consecuencias sociales y políticas muy graves en el largo plazo. Causa trastornos psíquicos y acrecienta el egoísmo y la intolerancia de los individuos, reduciendo considerablemente su respeto hacia los derechos de los demás. Y pone en peligro la democracia pues las constituciones se convierten en papel mojado cuando una mayoría social, presa del miedo, apoya la supresión de derechos y libertades.

Especialmente preocupante es la frivolidad con la que ciertas administraciones introducen nuevas restricciones de un día para otro, casi como ocurrencias, generando enorme inseguridad. Esos vertiginosos vaivenes normativos refuerzan el círculo vicioso del miedo porque el baile de prohibiciones es el estupefaciente que alimenta a los adictos.

El virus no va a desaparecer por muchas restricciones que se decreten: se trata de generar inmunidad suficiente para adaptarse a él

Cada vez se alzan más voces denunciando el uso de los “positivos” como inyección diaria de adrenalina pues, una vez vacunados los vulnerables, la relación numérica entre contagios y enfermedad grave se debilita considerablemente. El virus no va a desaparecer por muchas restricciones que se decreten: se trata de generar inmunidad suficiente para adaptarse a él, igual que la humanidad aprendió a convivir con patógenos mucho más peligrosos. Para ello hay que dominar el miedo (un buen paso es dejar de ver la televisión), comenzar a basar nuestra protección en medidas voluntarias y responsables, siendo conscientes de que el riesgo cero no existe, de que todas las enfermedades matan gente cada día. Nos encontramos en una encrucijada, es hora de recobrar definitivamente la libertad… o de perderla por mucho tiempo.

 

                                                                  JUAN MANUEL BLANCO  Vía VOZ PÓPULI

viernes, 23 de julio de 2021

Ahora comienza la Construcción de la Alternativa Cultural Cristiana en ForumLibertas

 

 

Como se dijo en la I Asamblea virtual de ForumLibertas, el 13 de julio, sobre la Alternativa Cultural Cristiana, la tarea empieza el día siguiente. En ello estamos.

El encuentro era una gran incógnita que resultó un éxito. Lo era, porque reunía a personas que en su inmensa mayoría se desconocían, y su único vínculo era ForumLibertas y su interés por la Alternativa Cultural Cristiana (ACC), si bien como subrayó el editor Josep Miró i Ardèvol “sobre todo lo que nos une es el seguimiento de Jesucristo Dios vivo y Señor del tiempo y de la historia.”

Durante la sesión se planteó la necesidad y la urgencia de articular la ACC, cuáles eran sus principales ejes, y cómo se concretaba en torno a ForumLibertas.

Se subrayó la guerra cultural de la que somos víctimas y el crecimiento del estado policial rosa que amenaza la libertad y al estado de derecho, al transformarlo en un estado de leyes, donde el ejercicio de los derechos es asimétrico, debido a si estás alineado con el poder y la cultura hegemónica o no.

El resultado de estas oleadas crecientes contra la cultura y concepción cristiana, es que las fichas del dominó caen cada vez con mayor rapidez a causa de nuevas leyes, se precipitan y establece nuevos y extraños derechos, como el aborto como derecho humano y la eutanasia. Crean figuras penales como la que pretende prohibir la objeción de conciencia y reprime penal, administrativa, profesional y económicamente; cancelan la vida civil a quienes nos oponemos.  Adoctrinan en la enseñanza, cambian las instituciones naturales y consuetudinarias, y transforman el sentido de las palabras, ocultan la desigualdad económica bajo la perspectiva de género, y crean una nueva clase privilegiada por el poder.

De ahí la necesidad y urgencia de construir la alternativa. De lo contrario nuestras sociedades serán irreconocibles y el cristianismo quedará proscrito, cancelado, reducido al espacio doméstico. Habremos retrocedido al siglo II.

La alternativa a todo esto y para un mundo mejor existe, lo sabemos. Es concreta, surge de la concepción cristiana.

Queremos convertir ForumLibertas en una aportación decisiva para la construcción de la alternativa

En términos concretos definieron unas líneas de compromiso de dos tipos:

De participación aportando contenidos, divulgando ForumLibertas en las redes sociales.

Y lo que resulta necesario para desempeñar el proyecto, de participación y corresponsabilización, contribuir con:

15 euros mensuales, o bien 50 euros. Lo que hace posible en la primera opción, formar parte de la  asamblea bimensual y participar en  un chat interno para mantener la comunicación. Y con la segunda: formar parte del Consejo de Redacción mensual y acceder a su  WhatsApp para mantener la comunicación.

Si no pudiste participar en la Asamblea puede seguirla aquí:

https://bit.ly/3eg4XBY

Y si quieres participar y apoyar este nuevo proyecto puedes descargar el cuestionario adjunto y enviar a montsescola@forumlibertas.com

CUESTIONARIO PARTICIPACIÓN

 

ForumLibertas.com

El declive del Estado de derecho en Cataluña y en España

Todas las instituciones de contrapeso en Cataluña (a excepción de los órganos judiciales) están prácticamente anuladas

El declive del Estado de derecho en Cataluña y en España 

SEAN MACKAOUI

Hace apenas unas semanas que se concedieron los indultos a los presos del procés y ya nadie se acuerda prácticamente del pequeño revuelo mediático/político/jurídico levantado. Y es que las cosas van muy deprisa, desgraciadamente, en lo que se refiere al declive de nuestro Estado democrático de derecho. Ya expuse en su momento las razones por las que consideraba muy perjudicial para el Estado de derecho una concesión de indultos no condicionada a ninguna rectificación (no digamos ya arrepentimiento) por parte de los indultados en torno al fundamento de una democracia liberal representativa: el respeto a las reglas del juego, en nuestro caso las establecidos en la Constitución y en el resto del ordenamiento jurídico. Más bien parece que el indulto era una especie de trámite enojoso que había que superar para seguir con lo de siempre: derecho a decidir (el placebo utilizado para defender el inexistente derecho a la autodeterminación de una parte del territorio en un Estado democrático), la mesa de diálogo fuera de las instituciones (lo que supone considerar que las existentes no son idóneas para encauzarlo), la exclusión sistemática de los catalanes no nacionalistas (considerados como falsos catalanes, en el mejor de los casos, o como colonos o invasores en el peor) y la utilización partidista y sectaria de todas y cada una de las instituciones catalanas.

El objetivo último, declarado públicamente, es el de alcanzar una independencia que consagraría un Estado iliberal y profundamente clientelar porque -aunque esto no se declare públicamente- este sería el resultado del viaje, como ya reflejaron las leyes del referéndum y de desconexión aprobadas los días 6 y 7 de septiembre de 2017. Se trata, en suma, de garantizar el statu quo, es decir, el mantenimiento del poder político, económico y social en manos de las élites de siempre, puesto a salvo de las pretensiones y aspiraciones legítimas de los catalanes no independentistas consagrados no ya de facto, sino ahora también de iure como ciudadanos de segunda. Nada que parezca muy envidiable, salvo para los que detentan el poder, claro está.

El problema es que para que suceda se necesita básicamente no solo que el Estado, sino que el Estado de derecho desaparezca de Cataluña o, para ser más exactos, que desaparezca su componente esencial, los contrapesos que permiten controlar el Poder, con mayúscula, y que son básicos en una democracia liberal representativa pero que brillan por su ausencia en las democracias iliberales o plebiscitarias. Efectivamente, la diferencia esencial entre una democracia como la consagrada en nuestra Constitución, y las que se están construyendo a la vista, ciencia y paciencia de la Unión Europea en países como Polonia y Hungría (y en menor medida en otros países), es la eliminación material de estos contrapesos esenciales, aunque se mantengan formalmente. Ya se trate de la separación de poderes, de los tribunales constitucionales, defensores del pueblo, tribunales de cuentas, administraciones neutrales e imparciales, órganos consultivos o cualquier otra institución contramayoritaria diseñada para controlar los excesos del poder la tendencia es siempre la misma: se mantienen formalmente para cumplir con las apariencias, pero se las ocupa y se las somete al control férreo del Poder Ejecutivo. Lo mismo cabe decir de los medios de comunicación tanto públicos como privados.

Creo que no resulta difícil ver cómo en Cataluña todas las instituciones de contrapeso (salvo, por ahora, los órganos judiciales que no dependen del Govern) están prácticamente anuladas. Esto no quiere decir que el ordenamiento jurídico no rija, que todas las leyes se incumplan o que no protejan suficientemente las relaciones jurídicas privadas de los ciudadanos, el problema es que no hay una protección real (salvo la judicial) frente a posibles arbitrariedades del poder político. En definitiva, los catalanes están desprotegidos cuando invocan sus derechos frente a las instituciones autonómicas en temas sensibles para el independentismo, ya se trate de la inmersión lingüística, del sectarismo de TV3, de la falta de neutralidad de las universidades públicas, de las denuncias contra la corrupción y el clientelismo o de la falta de imparcialidad de las administraciones públicas. Sin que, al menos hasta ahora, hayan tenido mucho apoyo por parte de las instituciones estatales, que con la excusa de su falta de competencia o por consideraciones de tipo político tienden a inhibirse.

En conclusión, son los propios ciudadanos disidentes los que, al final, tienen que luchar con los instrumentos jurídicos a su disposición, pagándolos de su bolsillo durante años o décadas en los tribunales, lo que supone un tremendo desgaste personal, profesional y económico. Incluso así, cuando finalmente consiguen una sentencia favorable pueden encontrarse con una negativa por parte de la Administración a ejecutarla, lo que las convierte en papel mojado. No parece que sea una situación sostenible y pone de relieve una falta de calidad democrática e institucional muy preocupante.

Por eso, convendría reconocer de una vez que la construcción nacional en Cataluña pasa necesariamente por el deterioro o incluso la desaparición del Estado democrático de derecho y la construcción de una democracia iliberal de corte clientelar en la que el poder político no está sometido a ningún tipo de contrapesos y donde los gobernantes están por encima de la ley, tienen garantizada la impunidad y pueden otorgar prebendas de carácter público a su clientela. La razón es, sencillamente, que no hay ningún otro camino ni en Polonia, ni en Hungría ni en Cataluña para convertir la sociedad auténticamente existente, que es plural, diversa y abierta en una nación homogénea política, lingüística y culturalmente. Ya se trate de utilizar la vía rápida (la empleada en otoño de 2017), la intermedia (el famoso referéndum pactado) o la lenta (la conversión al credo independentista de los renuentes o/y el desistimiento de los no independentistas), se trata siempre de la utilización partidista y clientelar de instituciones, recursos públicos y medios de comunicación y de la desactivación de los mecanismos de control. Que este tipo de proyecto identitario (apoyado principalmente por los catalanes con mayores medios económicos en contra de los que menos recursos) pueda considerarse como progresista es incomprensible. Se trata de un proyecto populista de corte ultranacionalista muy similar a los desarrollados por los gobiernos de extrema derecha de Polonia y Hungría.

Podemos comprobar que esta es la situación escuchando lo que dicen los propios líderes independentistas, que no se cansan de manifestar su falta de respeto por las instituciones contramayoritarias en general y por el Poder Judicial en particular, un día sí y otro también. Son declaraciones que ponen de relieve que el modelo deseado es la democracia plebiscitaria, donde la mayoría arrasa con todo y los gobernantes no están sujetos a rendición de cuentas. Dicho eso, es comprensible la fatiga de muchos catalanes de buena fe que desean volver a tiempos mejores o que piensan que es posible desandar lo andado y girar las manecillas del reloj 10 o 15 años hacia atrás para recuperar la supuesta concordia civil entonces existente.

Por último, lo más preocupante es que este rápido deterioro del Estado de derecho se está extendiendo al resto de España. Son numerosos los ejemplos de políticos con responsabilidades de Gobierno haciendo declaraciones que hace unos años hubiesen sido impensables en público. Ya se trate del "empedrado" del Tribunal de Cuentas poniendo obstáculos a la concordia en Cataluña (como dijo el ex ministro Ábalos) o de las críticas al Tribunal Constitucional por no haber convalidado el primer estado de alarma durante la pandemia (en el que la ministra de Defensa invoca nada menos que "el sentido del Estado") se nos trasmite la idea de que la existencia de contrapesos institucionales es un lastre para "hacer política". Se les olvida que su existencia es esencial precisamente para «hacer política» en una democracia liberal representativa. Aunque no deja de ser el signo de los tiempos, me temo que cada vez estamos más lejos del constitucionalismo de Hans Kelsen y más cerca del antiliberalismo de Carl Schmitt.

 

                                                                    ELISA DE LA NUEZ*  Vía EL MUNDO

*Elisa de la Nuez es abogada del Estado y coeditora de ¿Hay derecho?

miércoles, 21 de julio de 2021

LOS VALOIS: UNA FAMILIA UNIVERSAL DE ORIGEN FRANCO


 

 

 


 


                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              

 

 

A MIS HIJOS:

 

Marta, Miguel y Luis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                Í N D I C E

                                                                                                                                                                PÁGINAS                          

 

 

INTRODUCCIÓN     

                                                                                                                     

I.- De los Francos  y de sus reyes Merovingios a los Carolingios pasando por

 los Pipínidos:     

 1) Origen y unificación de los Francos............................................................................

               2) Los Merovingios reyes de los Francos.......................................................................        

 3) El ejercicio del poder real por los mayordomos de palacio: los Pipinidos

            

II.- Genealogía e Itinerario histórico de los Valois directos e indirectos:

 1) Los cuatro linajes de Valois sucesivos cronológicamente en la Historia.......

               2) Semblanza personal del emperador Carlomagno, patriarca del linaje de

 los Valois........................................................................................................................................................ 

                3)  Los Carolingios condes de Valois y la pervivencia del condado de Valois

 integrado, con la categoría de 'principado', en la casa real de Francia..............................

   4) Del parentesco entre los Valois y los Capetos hasta la fusión de ambas estirpes en el linaje real de Francia................................................................................

5) Los reyes franceses de la dinastía Valois y los príncipes que fueron

 condes o duques de Valois.......................................................................................................................

6) El principado de Borgoña: de los Valois-Borgoñas hasta el emperador

 Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico.............................................................................

 

III.- El caballero cruzado Vincent de Valoys Crépy, patriarca de los Valois de

España (Rama de los Valois-Crépy-Nanteuil-Javaloyas):

     1) La rama de los Valois-Crépy-Nanteuil y su castillo de Crépy-en-Valois

como casa solariega.......................................................................................................................................

     2) Exposición detallada del linaje paterno de Vincent de Valoys Crépy............    

     3) Algunos antepasados de Vincent de Valoys Crépy por linea materna..........    

4) Guerras en las que participó el caballero cruzado Vincent de

Valoys-Crépy:

 A) La primera guerra en la que participó fue la II cruzada contra los cátaros

 B) La fundación de la población de Jabaloyas

 C) Sus hazañas conquistadoras al servicio del rey Jaime I de Aragón, Mallorca

Alpuente y Valencia..............................................................................................................................................

 

IV.- De los reyes de Francia a los Valois de España:

1) Hugo Capeto y su linaje descendiente hasta los Valois de España..............

2) Los reyes franceses de la dinastía Valois, antepasados de algunos Valois

de España............................................................................................................................................................

 

V.- Relación de los documentos y de los hechos que acreditan que los

apellidados Javaloys, o Javaloyas o Javaloyes, o sus variantes, son descendientes de los franceses condes de Valois:

  1) Cédula o albala de 1 de mayo de 1562 del rey Felipe II de España..............
                     2) 'BLASONES de varias familias españolas': Apellido Javaloyas........................

3) Certificado real sobre la historia de la familia apellidada Javaloyas o Valoyas o Valois, por la equivalencia de esos apellidos..................................................................

4) Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles. Por

Alberto y Arturo García Carraffa. Apellido Javaloyas.......................................................................

5) Libro titulado "La Villa de Alpuente". Por el canónigo de Segorbe don Valeriano Herrero Herrero.....................................................................................................................

6) "El apellido Javaloys o Javaloyas", un artículo publicado en la revista local 'La Taifa de Alpuente' por Rodrigo Cortés Rochina, cronista de la villa de Alpuente.........................................................................................................................................................

7) Isabeau de Senlis, la esposa de Vincent de Valoys Crépy, señor de Jabaloyas y reconquistador de Alpuente y alcaide de sus dos castillos, también fue descendiente de los condes de Valois................................................................................................

 

VI .- Algunos linajes de personas apellidadas Valois que se afincaron en España

o en países de América como emigrantes o exiliados; así como los linajes

descendientes del caballero cruzado Vincent de Valoys Crépy que perviven

actualmente:

A) PRELIMINAR

B) EL ÉXODO DE LOS APELLIDADOS JAVALOYAS O JABALOYAS

C) LINAJES O RAMAS:

     1)Primeros descendientes de Vincent de Valoys Crépy.........................................

     2)Linajes o ramas de los Valois o Valoys o Balois en España..............................

     3) Los Javaloyas-Javaloys de Alpuente y de Valencia...............................................   

     4) Los Javaloyas-Javaloyes de Yátova (Valencia)........................................................   

     5) Los Javaloyes de Elche.......................................................................................................   

     6) Rama ilicitana de los Javaloy de Alhama de Murcia..............................................   

     7) Los Javalois de Guatemala y de México......................................................................

     8) Los Javaloyas-Javaloyes de Orihuela y su rama de Cartagena y Murcia......  

     9) Rama de los Javaloyes de Benejúzar (Alicante)...................................................... 

     10) Una ilustre rama alicantina de Javaloyes................................................................

     11) Los Valois de México..............................................................................................

 

 

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INTRODUCCIÓN

 

Esta es una historia familiar, la singular historia de una gran familia universal de origen franco, que supo dejar fecunda huella en la Historia de Europa, con las actuaciones de sus santos y de sus reyes.

Con esta modesta narración solo quiero recordar, aunque ciertamente con nostalgia, a unos Valois -grandes o pequeños- que forman parte del entrañable "álbum de fotos" familiar, a veces incluso mostrando sus propios retratos o imágenes.

Pertenecen a la extensa y diversa familia Valois los apellidados Valoys o Valois o Vallois, y sus variantes Balois, Devalois, Devallois, Valoyas, Valuas, Javaloys, Javalois, Javaloyas, Jabaloyas, Javaloyes, Jabaloyes, Xavaloyes, Gabaloyes, Javaloy, Jabaloy, Javaluyas, Javaluas,...

 

 


 

 

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Los Francos fueron una comunidad de diferentes pueblos, liderados por jefes guerreros o duques, que se instalaron en la Baja Renania y en los territorios situados inmediatamente al este del Rin (actual Westfalia) que, como muchas otras  tribus germánicas occidentales, entraron  a formar parte del Imperio romano en su última etapa en calidad de 'federados' cuando ya estaban también arraigadas en Bélgica y en el noreste de la actual Francia.  Las más importantes de estas tribus: los sicambrios y los francos salios, suministraban tropas a las legiones romanas que protegían el 'limes' (las fronteras del Imperio). Los poderosos linajes tribales integrantes de los Francos habitaron, en una primera etapa, en una amplia zona que abarca la mayor parte de las actuales Bélgica y Holanda, así como en una parte del noreste de Francia y en la extensa región de Franconia en Alemania.

La dinastía merovingia protagonizó inicialmente la grandeza del reino de los Francos. El origen de los Merovingios es misterioso, pero parece que procedían de los jefes tribales de los sicambrios y, posiblemente, de los reyes de Troya, como concluyó la medieval y famosa Crónica de Fredegardo. Esa dinastía era venerada por su 'sacralidad', pues sus vasallos creían que su halo sagrado los protegía de sus enemigos, a pesar de que finalmente los reyes merovingios dejaron de ser guerreros y delegaban el poder y el gobierno de sus súbditos en sus mayordomos o mayores de palacio, que eran una especie de 'primeros ministros'.  

A partir del siglo VI, la institución real se hizo permanente y los reyes de los Francos fueron elegidos siempre en la familia merovingia, porque estaba dotada de un carisma ligado a su 'sangre real', que les daba capacidad para conducir al pueblo franco a la victoria guerrera, protegiéndolo y asegurándole riqueza y prosperidad por adquisición del botín. En ese carisma se basó la legitimidad merovingia, que se manifestaba en sus reyes portadores de unos largos cabellos. Cuando se iba a elegir al rey franco, entonces se le alzaba sobre el pavés (un escudo grande), de acuerdo con un ritual puramente militar, que reconocía su realeza que, generalmente, era de carácter triunfal o de guerrero victorioso.

Entre los Francos destacó el ilustre linaje de los Pipínidos, que tuvo como patriarcas a dos grandes iniciadores: 1) San Arnoul, obispo de Metz, rico en virtudes y en propiedades, cuyos ancestros, según los principales genealogistas, fueron nobles galo-romanos, quien renunció a todos sus cargos y ministerios, y se retiró a un monasterio al final de su vida, tras haber sido preceptor del príncipe de los Francos, el futuro rey Dagoberto; así como 2) el franco Pépin[1] el Viejo de Landen, quien en el año 623 fue nombrado por Clotario II mayordomo o jefe del palacio real de Austrasia, la Francia oriental, al dejar ese cargo Arnoul de Metz. Ambos patriarcas eran los jefes del partido aristocrático dominante en Austrasia.

Los postreros Pipínidos, a los que también se los incluye a veces entre los Carolingios, gobernaron más bien como continuadores que como liquidadores de sus reales predecesores Merovingios.

G. Bordonove en su biografía de 'Charlemagne: les rois qui ont fait la France' (páginas 24 y 25), ha concluido afirmando que “…cuando se observa el comportamiento de los Pipínidos[2], es posible distinguir, aquí y allá, rasgos que caracterizarán, precisamente, al gran emperador Carlomagno: la actividad incesante, la valentía, la habilidad, la prudencia, el realismo. Pero el más extraordinario es la persistencia en ellos de una voluntad política evidente y de una ambición no disimulada de conquistar siempre el primer puesto".

En cuanto a la estirpe de los condes de Valois, es descendiente de Carlomagno tanto por vía paterna como materna.  El biznieto de Carlomagno, el conde de Vermandois y señor del Valois, Pépin II de Italia o de San Quintín, fue por vía paterna el patriarca de los antiguos linajes carolingios de los condes de Vermandois y/o de Valois. Efectivamente, su hijo primogénito, Herbert, continuó el linaje de los condes de Vermandois, mientras que Pépin III Berenguer de Senlís, su hijo menor, fue el primer conde de la región del Valois, que se separó del Vermandois a finales del siglo IX.  Por lo tanto, los condes de Valois y los condes de Vermandois, al ser del mismo linaje originario carolingio, han estado muy unidos a lo largo de los siglos. El condado de Valois continuó siendo feudo de esa familia, pues lo heredó  Bernard I de Senlis, el hijo de Pépin III Berenguer, y porteriormente Bernard II. La hija de este último conde Bernard, que fue Adela de Senlis, compartió el condado de Valois con su marido Gautier II, conde de Vexin, Amiens y Nantes, quien transmitió a sus inmediatos sucesores, llamados Raúl, la propiedad y el dominio sobre unos  territorios muy extensos y de gran riqueza hasta que, tras el enlace matrimonial de Adela, la condesa de Valois y de Vermandois con el Capeto príncipe Hugo 'el Grande' de Francia, se constituyó el segundo linaje: el de los 'Valois-Capetos'. Finalmente Alienor Capeto y Valois-Vermandois, condesa de San Quintín y señora del Valois, al morir sin hijos, dejó sus títulos y sus feudos territoriales a su pariente más próximo, su primo el rey Felipe II Augusto de Francia; por lo que el condado de Valois se integró entonces en el dominio real y, en adelante, se convirtió en un 'principado', pues sus titulares fueron príncipes de la casa real de Francia.

Ese segundo linaje de los Valois-Capetos tuvo continuidad indirecta en el linaje de sus parientes los reyes Valois de Francia, ya que éstos eran en realidad una rama segundogénita de los Capetos que se denominaron Valois porque el rey Felipe III "el Valiente" de Francia dio a su hijo Carlos el importante condado vacante de sus parientes Valois.  En 1328 un hijo de ese príncipe Carlos de Valois accedió a la Corona de Francia y se convirtió en el rey Felipe VI de Valois, iniciando el 'tercer linaje de los Valois', porque entonces la dinastía de los reyes Valois sucedió a sus parientes los Capetos directos como monarcas de Francia hasta finales del siglo XVI.

De la dinastía de los reyes Valois de Francia; es decir, del tercer linaje de los Valois descienden directamente los Valois-Borgoña, que fueron los integrantes del cuarto linaje de los Valois. Efectivamente, cuando falleció el rey francés Juan II de Valois 'el Bueno' repartió el Reino entre sus hijos varones, y a su segundogénito, Felipe 'el Valiente' de Valois, le concedió el ducado de Borgoña, un rico principado situado entre Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico, que comprendía también el Artois y el Franco-Condado. El ducado de Borgoña acabó convirtiéndose en un principado configurado como nuevo Estado dinástico (del cuarto linaje: el de los Valois-Borgoña) estratégicamente situado.

 

Para identificar a los Valois, desde los primeros miembros de la estirpe hasta los actuales, debe tenerse en cuenta que se caracterizaron por su magnanimidad, como auténticos descendientes de Carlomagno, y que generalmente fueron sobresalientes y ambiciosos, aspirando siempre a lo supremo: para unos, el poder, la gloria y el amor humano; para otros, la caridad, el amor de Dios, la vida eterna, la santidad, pues algunos acabaron renunciando gustosamente al poder y al amor humano.

Además hay que subrayar que, a veces, el apellido Valois ha sido un apellido tan ilustre como peligroso,  porque en ciertas épocas de la Historia, como durante la guerra de independencia de España contra las tropas del invasor Napoleón, iniciada en 1808, apellidarse Valois era mortalmente arriesgado porque indicaba origen francés o, incluso, pertenencia o parentesco con la dinastía que reinó en Francia durante siglos. Por la vecindad de España con Francia, a lo largo de la historia, especialmente en las épocas conflictivas (revoluciones como la francesa de 1789, guerras como la mundial de 1939-1945, persecuciones,...) muchos emigrantes Valois franceses vinieron a España, bien para afincarse aquí, o como país de tránsito hacia otras naciones, sobre todo a las que fueron colonias del antiguo Imperio español.

             Efectivamente, al estallar la Revolución Francesa la mayoría de los apellidados Valois en Europa, incluso en España, ocultaron su apellido o se exiliaron marchándose a algún país de América. Además, al declararse la guerra de España contra las invasoras tropas de Francia en 1808, los Valois exiliados en los países americanos del Imperio español, sobre todo en México, ocultaron su apellido francés Valois para no encontrarse en peligro de apresamiento o muerte. Por ello, en las genealogías de Europa dejaron de aparecer los Valois, incluso en España, a partir de la Revolución Francesa de 1789, mientras que sí aparecieron los de los Valois exilados en algunos países americanos. Este proceso de ocultamiento del apellido Valois se completó en el año 1808 y siguientes en los países americanos del Imperio español, por la existencia de la guerra de independencia de España contra Francia. Entonces, el apellido Valois dejó de usarse en España y en los países americanos de habla española, porque sus titulares se exiliaron o modificaron su apellido para disimular su procedencia familiar francesa. Posteriormente, tras la desaparición del Imperio español en América con la independencia de sus naciones integrantes, y tras la finalización de la guerra de independencia de España contra Francia, afloraron los apellidados Valois en los países hispanoamericanos; pero entonces todavía en España no hubo quien se atreviese a denominarse Valois porque el odio a lo francés duró muchos años. Así podemos comprender cómo y por qué en las genealogías de España y de ciertos países americanos, como México, los apellidos Valois aparecen y desaparecen misteriosamente de los registros, o se convierten en variantes del apellido original. También es comprensible que actualmente haya muchos Valois en las islas Filipinas, porque algunos Valois llegaron allí procedentes de España en el siglo XIX; pero otros Valois emigraron a Filipinas en el siglo XX abandonando su residencia en la antigua Indochina francesa durante la guerra de Vietnam -o tras ella-, en la que lucharon Francia y Estados Unidos contra los comunistas del sureste de Asia, que acabaron consiguiendo la independencia de esa zona.

En las páginas de esta obra se hace una amplia referencia también a los Valois descendientes de ciertos nobles caballeros cruzados que vinieron a España en el siglo XIII para ayudar a los reyes cristianos a reconquistar Mallorca, Valencia o extensos territorios de Castilla que estaban sometidos al dominio musulmán, comenzando por su participación en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa. Con gratitud se recuerda a algunos patriarcas: Gaucher de Valoys Crépy y su hijo Vincent de Valoys Crépy, directos vástagos de los carolingios condes de Valois, en Francia, pertenecientes a la rama de los Valois-Crépy-Nanteuil. Además en esta obra  se trata de especificar en lo posible la filiación de los  diversos Valois que en los últimos siglos se afincaron en la acogedora España.

Esos Valoys-Crépy-Nanteuil, de los familia de los condes de Valois y señores del castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy-en-Valois, de Nanteuil-le-Haudouin y de muchas poblaciones de la región del Valois francés, fundaron el pueblo turolense de Jabaloyas, cooperaron en la reconquista de Mallorca y conquistaron Alpuente y otras poblaciones valencianas; siendo los que iniciaron la rama de los Valois-Crépy-Nanteuil-Javaloyas.  A sus descendientes (apellidados Javaloys, Javaloyas, Javaloyes, etc.), el rey Felipe II de España les reconoció como descendientes de los franceses condes de Valois en su cédula o albala de 1 de mayo de 1562, por la que el rey concedió a don Vicente Javaloyas o de Valoyas, de Alpuente (Valencia), nuevas armas que añadir a las que ya poseía en su escudo, "...en consideración tanto a los servicios prestados a la Corona de España por el mismo y por sus antepasados como a “vuestra ilustre sangre, y que descendéis por línea recta de los Condes de Valois en Francia...".

Los fundadores de la población de Jabaloyas, en Teruel, fueron denominados inicialmente Valoyas; pero, después de que el caballero Vincent de Valoys Crépy conquistara la villa valenciana de Alpuente, fueron apellidados entonces generalmente Javaloyas, porque él y su familia, afincados ya en Alpuente, procedían entonces del pueblo de Jabaloyas (cuyo nombre significa etimológicamente 'monte de los Valoyas').

A partir de ahí, y a medida que la reconquista avanzaba hacia el Sur por los territorios valencianos, los Javaloyas fueron colonizando diversas poblaciones. Como el reino de Valencia era -y es- bilingüe, en las tierras donde se hablaba el valenciano fueron denominados Javaloyes o Jabaloyes o Javaloies o Xavaloyes o Gavaloyes u otra denominación similar, en lugar de Javaloyas o Jabaloyas, como sí que solían ser apellidados en las zonas o poblaciones valencianas de habla castellana. En fin, la grafía exacta del apellido de cada individuo acabó dependiendo del oido o del criterio del sacerdote que hacía la inscripción parroquial correspondiente, o de si ese párroco era de habla castellana o de habla valenciana; o, desde 1872 hasta hoy, del funcionario que hizo la inscripción en su registro civil. Por ello es frecuente incluso que, en una misma familia, los hermanos se apelliden con distintas variantes del mismo apellido, según las diferentes anotaciones de los diversos sacerdotes o funcionarios que hicieron las inscripciones en los documentos correspondientes.

Concretamente, en el linaje de los Javaloyas-Javaloyes de una población de habla castellana fronteriza con otros pueblos de habla valenciana, como es el caso de Yátova (Valencia), existe una variada grafía del mismo apellido, a lo largo de un periodo que va desde principios del siglo XVII hasta casi el final del siglo XIX.

Un caso singular es el de las varias ramas de los Javaloyes de Elche, donde también se observa esta diversidad, pero limitada a grafías parecidas a Javaloyes. Ello es debido a que en Elche se hablaba entonces únicamente el valenciano.

La llegada e instalación de los Javaloyes en Elche se debe a lo siguiente: cuando los Valoyas o Javaloyas se afincaron en las altas tierras serranas de Alpuente, se dedicaron a la ganadería, que les era muy rentable porque eran propietarios de grandes fincas rústicas; pero, como la mayoría del ganado que tenían era trashumante y, dadas las heladas que había en los meses invernales en los altiplanos en que se encuentran las frías tierras alpontinas, los pastores lo llevaban por las cañadas valencianas a invernar en las cálidas tierras alicantinas, donde había abundancia de pastos todo el año, incluso en lo peor del invierno. Por ello, algunos Javaloyas propietarios de ganado, o sus hijos, pasaban la estación invernal en Elche y alrededores, donde los apellidaban en valenciano Javaloyes o algo similar, especialmente cuando se afincaron allí y se casaron con mujeres ilicitanas y tuvieron hijos con ellas, pues entonces los sacerdotes hicieron en lengua valenciana las pertinentes inscripciones parroquiales. Por ello, en Elche nunca fueron denominados Javaloyas, sino Javaloyes en sus diversas grafías o variantes.

En definitiva, podemos ya concluir que en España se denomina Valois tanto a los franceses apellidados Valois emigrantes como a los descendientes del caballero cruzado Vincent de Valoys Crépy; es decir, tanto los que se apellidan Valoys o Valois o Balois o Vallois o Walois, como los denominados Devalois, Devallois, Valoyas, Javaloys, Javalois, Javaloyas, Jabaloyas, Javaloyes, Jabaloyes, Xavaloyes, Gabaloyes, Javaloy, Jabaloy, Javaluyas... o que se apellidan con otras variantes o grafías similares del mismo apellido inicial Valois, y que residen en España o en otros países.

 

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I)               DE LOS FRANCOS Y DE SUS REYES MEROVINGIOS HASTA LOS CAROLINGIOS PASANDO POR LOS PIPÍNIDOS.

 

 

Para conocer mejor a los Valois es necesario llevar a cabo previamente una breve introducción histórica de sus antepasados Francos y de sus linajes gobernantes: los Merovingios, los Pipínidos y los Carolingios, una información que he extraído, en parte, de mis libros "El origen judío de las monarquías europeas"[3] y "Carlomagno. El carismático fundador de Europa"[4].

 

 

 




 

1) ORIGEN Y UNIFICACIÓN DE LOS FRANCOS

 

Los estudiosos modernos dedicados al período de las grandes migraciones intraeuropeas han concluido que el pueblo franco podría haber surgido de la convergencia unificadora de diferentes grupos germánicos anteriores pequeños, que habitaron en el valle del Rin y en los territorios situados inmediatamente al este del río.

 

En el siglo primero de la era cristiana, unos pueblos venidos de Escandinavia comenzaron a ejercer presión sobre diversos grupos de guerreros-agricultores que habitaban en la Germania occidental. Las tribus instaladas al oeste del delta del río Rin no formaban un pueblo homogéneo  étnicamente, pero se agrupaban para defenderse de sus enemigos o para llevar a cabo razias o incursiones en los territorios pertenecientes al Imperio romano. En efecto, diversas tribus bárbaras, a las que se da el amplio nombre de tribus germánicas por los romanos, que eran originarias de Escandinavia se dispersaron  por vastas regiones de lo que hoy es Europa central y occidental.

 

En realidad, no se sabe mucho de los inicios de la historia de los Francos. Además de la Historia Francorum (del año 592) del obispo e historiador galo-romano Gregorio de Tours, existen también otras fuentes romanas anteriores que se refieren a ese tema, como los autores de hechos históricos Amiano y Sidonio Apolinar. La primera vez que los autores clásicos de la antigüedad nombran al territorio de los Francos es en la colección de relatos laudatorios de emperadores romanos, a principios del siglo IV. En esa época tal territorio se correspondía con el área situada al norte y al este del Rin, en la Renania actual, con unos límites difusos encerrados en el triángulo existente entre las ciudades de Utrech, Bielefeld y Bonn. En el citado territorio habitaban los siguientes pueblos germánicos francos: sicambrios, salios, téncteros, usípetes, vindélicos, brúcteros,  ampsivaros,  camavos y catos.

 

Para conocer el origen más lejano cronológicamente de los Francos hay que acudir  al Liber Historiae Francorum del año 727, de autor anónimo, en el que se habla de los francos  sicambrios como un grupo de refugiados troyanos que desde la costa del Mar Negro iniciaron su emigración a lo largo de las llanuras del Danubio hasta que llegaron a Renania. Esta afirmación del autor, probablemente un monje de Saint-Denis que escribió bajo la influencia de Carlos Martel, se basa en las conclusiones de Gregorio de Tours, pues este obispo escribió extensamente sobre Faramund, supuesto hijo de Marcomir, quien a su vez fue uno de los primeros reyes de los Francos, y que probablemente fue antepasado de Meroveo.

 

En definitiva, los Francos fueron inicialmente un gran agrupamiento de tribus germánicas más o menos desarticuladas por los ataques de las legiones romanas y que se constituyeron como una verdadera liga o coalición guerrera organizada mediante juramentos mutuos. Se localizaban en la parte occidental del bajo río Rin, entre Xanten, que se encuentra en la parte inferior de la Baja Renania en el noroeste de Renania del Norte-Westfalia y que ahora es un municipio de la ciudad del distrito alemán de Wesel; y Nimega, que es una ciudad y un municipio de la actual Holanda, la mayor ciudad de la provincia de Güeldres, localizada al este del país y muy próxima a la frontera con Alemania. 

 

A ese primer grupo de francos del bajo Rin se les fueron uniendo una amalgama de francos del interior de Germania quienes, como afirma Gregorio de Tours, habitaban previamente en Panonia, pero que finalmente se asentaron a las orillas del Rin. Se reagruparon con ellos a pesar de su diversidad, por lo que inicialmente los heterogéneos Francos no tenían un verdadero sentimiento étnico; ya que unos procedían de Escandinavia y otros del sureste de Europa e incluso, probablemente, de Troya.

 

En principio, la palabra franco quiere decir libre. Pero en una lengua escandinava medieval: el viejo norrois, franco significa más bien osado, valiente o intrépido; o sea, 'feroz'.  En todo caso puede concluirse que los francos fueron libres porque consiguieron sobrevivir debido a su ferocidad en la guerra.

 

En fin, los Francos fueron una comunidad de diferentes pueblos, liderados por jefes guerreros o duques, que se instalaron en la Baja Renania y en los territorios situados inmediatamente al este del Rin (Westfalia) que, como muchas tribus germánicas occidentales entraron  a formar parte del Imperio romano en su última etapa en calidad de federados asentándose en la Bélgica y en el norte de la Francia ctuales.  Las más importantes de estas tribus: los sicambrios y los francos salios, suministraban tropas a las legiones romanas que protegían el limes (las fronteras del imperio). Los poderosos y duraderos linajes tribales integrantes de los Francos habitaron en una amplia zona que abarca la mayor parte de los actuales países de Bélgica y Holanda, así como en la extensa región de Franconia en Alemania y en el noreste de Francia.

 

Lo indudable es que los Francos aparecen claramente en la Historia en el siglo III después de Cristo pues, aprovechando una usurpación imperial, los Francos comandados por Gordian III (238-244) invadieron la Galia y atacaron a los romanos, pero fueron aniquilados cerca de Mayence por la sexta legión de Aurelio, futuro emperador.  A partir del año 254 y hasta el 275 los Francos efectuaron sucesivas incursiones o razias devastadoras contra la Renania y contra una Galia que reforzaba su adhesión a Roma. Hacia finales del siglo III, aprovechando la debilidad del Imperio Romano, los Francos tomaron el control de la región del río Escalda (en la actual Bélgica), interfiriendo la ruta marítima con Bretaña. Roma pacificó la región pero no expulsó a los Francos.

 

En el año 288 el emperador Maximiano obtuvo la sumisión de un reyezuelo franco, Gonobaud I de Toxandria, acordando un tratado de paz por el que sus súbditos francos se convirtieron en 'confederados' de Roma. Toxandria es el nombre clásico de una región entre los ríos  Mosa y Escalda en los Países Bajos y Bélgica. Los Francos se convirtieron en el primer pueblo germánico que se asentó de manera permanente dentro del territorio romano. El idioma holandés hablado en Flandes (Bélgica) y Holanda tiene su origen en las lenguas de origen germánico habladas por los Francos.



 

 


Toxandria hacia el año mil

 

 

A pesar de las sucesivas derrotas que sufrieron en el siglo III, los Francos lograron finalmente hacerse dueños de las posesiones romanas en el bajo Rin, estableciéndose en Batavia, Toxandria, Holanda, Zelanda y Brabante. Por entonces apareció la diferenciación de nombres entre los habitantes de las costas principalmente, los Francos salios, y los habitantes en las orillas del Rin, los RipuariosEfectivamente, los Francos estaban divididos en dos grupos principales: 

 

- Los Francos salios que habitaban, a mediados del siglo III d. C., en el delta del río Rin, en los actuales Países Bajos y en el noroeste de Alemania. Su nombre estaría vinculado, según unos, al río Ijssel (forma antigua Isala); según otros, al vocablo germánico «see» (mar).

 

- En cambio, los Francos ripuario habitaban en el curso medio del río Rin, y su nombre derivaría del vocablo latino «ripa» (río), por lo que eran designados como 'gente del Rin'.

 

Los Ripuarios se establecieron en una franja de terreno entre el Rin y el Mosa y, como habitualmente hacían todas las tribus nómadas, nunca formó ninguna alianza permanente con los Salios de Toxandria,  que se asentaron en la región en el siglo IV y que  pasaron a ser conocidos también como toxandrianos. De estas tribus, posiblemente de los Sicambrios, procedían  los reyes de la dinastía merovingia que llegó a dominar, sobre todo, lo que ahora es Francia.

 

En los años posteriores, los toxandrianos no siguieron vagando colectivamente de un lugar a otro como otras tribus germánicas; pues en lugar de ello empezaron a expandir su territorio, pero solo hacia occidente. Posteriormente, ciertos Francos penetraron en la frontera romana alrededor de Maguncia, pero pronto fueron expulsados por el emperador Probo. A pesar de las temporales  derrotas, los enfrentamientos contra los cada vez más debilitados señores romanos dieron lugar a que entre los años 355 y 358, el emperador Juliano se propusiera dominar las vías fluviales del Rin bajo el control de los Francos salios, y una vez más volvió a pacificarlos.

 

El jefe franco Marcomir y su hermano Sunnon hicieron numerosas incursiones en la provincia romana de Germania en torno a los años 380-390. Por aquel entonces, finales del siglo IV, el Imperio romano comenzaba a sufrir un proceso de importante debilitamiento territorial, que tuvo su punto de partida en el siglo anterior, y su culmen en el siglo V. Las incursiones de los pueblos bárbaros en este siglo IV, como fueron la de los Godos y los Francos entre otros, son un reflejo de ello.

 

A pesar de ser aliados de Roma, —de hecho contribuyeron a defender las fronteras tras el paso de las tribus germánicas por el Rin en el 406— desde la década de 420, los Francos salios aprovecharon la decadencia de la autoridad romana sobre la Galia, para extenderse hacia el sur, de manera que fueron conquistando gradualmente la mayor parte de la Galia romana al norte del río Loira y al este de la Aquitania visigoda.

 


 

Los Francos en la primera mitad del siglo V

 

Los Francos salios presionaron hacia al suroeste, más o menos entre el Somme y la ciudad de Münster, y sobre todo avanzaron por la región parisina, donde terminaron con el control romano que ejercía Siagrio en el 486, y prosiguieron hacia los territorios al sur del río Loira, de donde expulsaron a los visigodos a partir del 507.

 

2) LOS MEROVINGIOS REYES DE LOS FRANCOS

 

En el este, separados de los Salios por el bosque carbonífero, un primer reino franco renano se instauró allí, tal vez porque acordasen un tratado con los romanos. A mediados del siglo V estos Francos ripuarios se apoderaron de Colonia y la convirtieron en la capital de su reino, que tenía por eje al Rin. En el reinado de Sigebert, los Francos renanos se convirtieron en un peligroso rival de los Francos salios de Tournai acaudillados por su rey Childérico. Por entonces los Francos salios seguían estando divididos en numerosas tribus, excepto los francos del reino de Tournai.

 

En la Historia Francorum de Gregorio de Tours se hace la primera descripción de la genealogía de Marcomir, pues este jefe franco aparece como padre de Faramund, quien es a su vez considerado por algunos historiadores como el primer rey de los Francos y, por ello, y en tanto que rey, fundador de la dinastía que después sería llamada merovingia. La extensión de los dominios de Faramund comprendía las actuales Bélgica, Países Bajos, y el noroeste de Alemania. Era por tanto un territorio que no se correspondía con la Francia actual. Pero la historiografía moderna lo considera un rey legendario y su historia como carente de base histórica.

 

En todo caso, poco se sabe sobre la vida de Faramund, ya que ni se conoce su fecha de nacimiento, ni sus obras, ni como murió. Parece que Faramund se casó con Argotta (madre de su heredero) y, posteriormente, con Ymbergide. Se cree que hacia 420, cincuenta y seis años antes de la caída del Imperio Romano de Occidente, fue alzado sobre un escudo según la tradición de los pueblos germánicos, presentado a los ejércitos francos, y aceptado como jefe de las tribus.

 

A pesar de lo poco que se sabe sobre Faramund, y de lo mucho de leyenda que se cierne sobre el personaje, adquirió cierta relevancia historiográfica en el siglo XVI coincidiendo con la cristianización de su supuesto descendiente, Clodoveo I, y con el redescubrimiento de la ley sálica. Clodoveo, primer rey cristiano y primer rey sagrado de los Francos, primer titular de la flor de lis, concentró en él todos los aspectos sagrados de la realeza.

 

Faramund, que vivió varias décadas antes que Clodoveo, puede considerarse un antecedente de éste en lo referente a la doble legitimidad, la religiosa y la legal, como primer rey pagano de los Francos y como su primer legislador. Esa doble legitimidad sería una constante en el devenir histórico de ciertas monarquías europeas, y el caso de Francia es un muy buen ejemplo de ello. Si bien no se sabe cómo murió Faramund, se fija su muerte en el año 428, y cuando ésta acontece le sucede quien se cree fue su hijo Clodión el Cabelludo. El reinado del segundo rey de la dinastía estuvo protagonizado por la expansión territorial y por su lucha contra el general romano Aecio, último defensor destacado del Imperio Romano de Occidente.

Gregorio de Tours menciona a Clodión como el primer rey que inició la conquista de la Galia al tomar la actual Cambrai y expandir la frontera hasta el río Somme; esto es, que su territorio incluiría la región de la Toxandria (en el Brabante actual, entre las desembocaduras de los ríos Mosa y Escalda) y tendría como centro la ciudad y obispado de Tongeren.   

 

Sidonio Apolinar relata como Aecio atacó a los Francos por sorpresa, haciéndoles retroceder (probablemente hacia el año 431). Este acontecimiento fue el inicio de una actuación que se prolongaría durante muchísimo tiempo: los Francos germánicos se fueron convirtiendo en soberanos de un número cada vez mayor de súbditos Galorromanos.

 

Hacia 448, después de unos veinte años de reinado el rey Clodión murió, según la leyenda de pena por el fallecimiento de su primogénito caído en el asedio de Soisson. Al igual que pasara con Faramund se desconoce el número de hijos que tuvo, aunque se cree que uno de ellos, el rey Meroveo, fue su sucesor y quién dio nombre a la dinastía. Lo poco que se conoce acerca de los reinos de los primeros jefes francos, Faramuns (aproximadamente entre 419 y 427) y Clodion (aproximadamente entre 427 y 447), parece tener más de leyenda que de realidad, por lo que su relación con la dinastía de los Merovingios es confusa.

 


 

 

Los Francos en la segunda mitad del siglo V

 

Los sucesores de Clodión son figuras poco conocidas. Gregorio de  Tours identificó sin demasiada seguridad a Meroveo como rey de los francos, epónimo de la dinastía, y posible hijo de Clodión. A Meroveo le sucedió en el trono Childerico I, en cuya tumba se encontró un anillo que lo identificaba como rey de los Francos, pues gobernó un reino de francos salios en Tournai, en la actual Bélgica,  como 'federado' del Imperio romano.

 

El nacimiento de Meroveo, de igual manera a lo sucedido con los anteriores reyes francos, es un misterio al no tener certeza absoluta de si era o no hijo de Clodión. Si bien algunos historiadores piensan que era, en efecto su hijo, otros opinan que era de la familia de Clodión pero no su hijo. En todo caso es claro que Meroveo nació en el año 415 y ejerció de rey de los Francos salios desde la muerte de Clodión hasta el año 457, y parece que tuvo como rival al trono a un verdadero hijo de Clodión.

 

 


Meroveo dio nombre a la dinastía de los Merovingios

 

Meroveo se caso con Vérica, además de tener otras muchas mujeres, porque los Merovingios eran polígamos. Ciertos historiadores afirman que Meroveo fue yerno de Clodión, y que se casó con Clodesvinta, hija de Hildegunda de Colonia. Esta hipótesis podría encajar con el hecho de que Meroveo tuviera que enfrentarse a un hijo de Clodión, que bien pudo ser Clodwig o Clodebau. A pesar de todo, la legitimidad de sangre de Faramund continuaría a través de Clodesvinta, siendo además en este supuesto Clodwig abuelo materno de Clodoveo I, por ser la madre de Clodoveo Basina de Turingia, hija de Clodwig.

 

En el Siglo V, la invasión de los Hunos en territorios del Imperio Romano provocó un vacío de poder que aprovecharon los Sicambrios para desplazarse hacia Francia y Bélgica, concretamente a las regiones de las Ardenas y Lorena, creando el reino de Austrasia.

 

Fue en este contexto de final del Imperio cuando el rey franco Childerico I tuvo destacados éxitos militares. Derrotó cerca de Orleans a Odoacro, quien se había proclamado rey de Italia tras la deposición de Rómulo Augusto. Más tarde firmó un tratado de paz con Odoacro y se alió con los Sajones para acabar con los Alamanes, que habían invadido una parte de Italia. La conquista de Alemania sería su último gran hito, ya que poco después murió. Tras la muerte de Childerico I le sucedió su hijo, Clodoveo I, el rey merovingio más famoso, porque en el curso de su reinado tanto la orilla izquierda del Rin y las cuencas del Scheldt y el Somme, como el valle del Mosela, quedaron bajo su poder. Además, su decisiva victoria sobre Siagrio en Soissons en 486 quebrantó el poder romano en la Galia y extendió su autoridad hasta el Loira; y, posteriormente, su victoria sobre los Visigodos en el año 507 le llevó hasta el Garona, mientras que en el este, tras derrotar a los Alamanes (496) y a los Turingios (531) hizo al Neckar y al Rednitz los límites de su reino. En la orilla oriental del Rin los habitantes permanecieron siendo puramente Germánicos, pero en la Galia el elemento franco fue rápidamente absorbido por el romano y los Celtas romanizados.

 

La dinastía merovingia fue protagonista indiscutible de la grandeza del reino de los Francos. Su origen es misterioso y mítico, pero parece que procedían de los jefes tribales de los Sicambrios y, por ello, de los reyes de Troya, como concluyó la medieval y famosa Crónica de Fredegardo.

 

Hay que tener en cuenta que los Sicambrios empezaron a denominarse Francos, cuando se desplazaron hasta la zona norte de la actual Francia. En resumen, la dinastía merovingia fue una familia de estirpe germánica descendiente de Meroveo que, tras el derrumbamiento del Imperio romano,  gobernó la actual Francia,  Bélgica, y una parte de Alemania y de Suiza entre los siglos V y VIII. El primer rey bien documentado en la historia  de la dinastía merovingia,  Childerico I, hijo de Meroveo, dominó la antigua provincia romana de 'Bélgica Segunda'La unidad política del conjunto tribal de los Francos se consiguió bajo el reinado de Clodoveo I (482- 511), verdadero fundador del reino franco y que fue considerado como el primer gran monarca de los Merovingios.

 

 


            

 El reino de los Francos al comenzar su reinado Clodoveo I


Clodoveo I se convirtió en un rey avasallador que añadió, gracias a su poder militar, partes de lo que hoy es Alemania a su Reino y que dominó un extenso territorio que comprendía toda la actual Francia. En efecto, fue Clodoveo I quien por sus exitosas campañas militares agrandó verdaderamente el reino de los Francos  al este en Alemania y al sur-oeste en Aquitania, dominada hasta entonces por los Visigodos. Esta expansión tuvo lugar después de su conversión y bautismo hacia el año 496, cuando contó con el apoyo de la aristocracia galorromana y la Iglesia occidental. 

 

La personalidad del primer rey de todos los Francos se conoce poco, pero todas sus acciones revelan su gran habilidad política. Clodoveo respetó las costumbres ancestrales, pero fue vigoroso y temible, por lo que supo imponerse también guerreando con fortaleza y  brutalidad. Además llevó a cabo una eficaz estrategia matrimonial al servicio de sus proyectos políticos.

 

En el periodo de los años 508 a 511 tuvo lugar la consolidación del gran reino de los Francos. En el año 508 Clodoveo I, al regresar de Aquitania, pasó por Tours donde, según Gregorio de Tours, recibió una carta de Anastasio, emperador de Oriente -quien entonces estaba en guerra contra el ostrogodo Teodorico-, en la que le reconoció como Cónsul y Augusto, por lo que el poder soberano del rey de los Francos fue así reforzado en su autoridad por el entonces legítimo emperador romano. Clodoveo I, en el año 508 estableció la capital del reino de los Francos en París, donde falleció en el año 511.

 

 

 


Clodoveo I y su esposa Santa Clotilde

 

En el decisivo progreso del pueblo de los Francos tuvo gran importancia la  conversión al catolicismo romano  de su rey  Clodoveo I, quien fue bautizado, probablemente en el año 496 en Reims por San Rémi, en una ceremonia grandiosa, sin duda para impresionar a los guerreros francos. Que él no era enemigo del cristianismo desde el principio se demuestra por el hecho de que su esposa era cristiana y que sus hijos fueron bautizados con su permiso. Su propia conversión fue primordialmente impulsada por la creencia de que el paso era necesario para la consolidación de su Reino. Su conversión parece haber sido el resultado de la deliberación y de las exhortaciones de santa Clotilde, su esposa cristiana, siendo por entonces Francia el único reino bárbaro cristianizado, aunque ello tuvo lugar en el año 496; o sea, después de la conversión al cristianismo del emperador Constantino en Bizancio, capital del Imperio romano oriental. Por ello, a Francia se la llamó hija predilecta de la Iglesia.

 

 El obispo de Reims al bautizar a Clovis I tuvo una visión profética: que Clodoveo I y sus descendientes gobernarían siempre. Por lo tanto,  se dedujo que el linaje merovingio de Clovis I fue elegido por la divinidad para regir al primer pueblo cristiano de Europa Occidental. Por su bautismo, Clodoveo se convirtió en el primer rey bárbaro cristiano de Occidente, por lo que asumió la tarea, delegada del emperador, de proteger las iglesias y también a los católicos, en el país de los Francos. En la naciente Europa, los Francos se convirtieron en los mejores aliados de los Bizantinos, aunque la potencia de los Ostrogodos era todavía muy fuerte. Desde entonces, todos los reyes de los Francos fueron ungidos con el santo óleo al ser consagrados por la Iglesia. En su Reino fueron convergiendo así las potencialidades de una incipiente pero fecunda cristiandad occidental.

 


 

Bautismo de Clodoveo I, rey de los francos

La integración  de las regiones conquistadas por Clodoveo en su Reino se hizo por reunión cordial y no mediante su colonización, con el fin de lograr una aceptación positiva de las poblaciones sometidas y de sus aristocracias. Además, al este del Rin, los reyes francos del siglo VI, no impusieron una verdadera administración. Pero, poco a poco, una 'cultura merovingia' se difundió progresivamente en todos los dominios de los reyes francos, a la vez que aumentaban los enlaces matrimoniales entre las diversas aristocracias. La cristianización fue un poderoso factor de integración cultural, y las cortes palaciegas de los reyes merovingios fueron el crisol de la fusión de los diferentes linajes aristocráticos.

 

A partir del siglo VI, la institución real se hizo permanente y los reyes de los Francos fueron elegidos siempre en la familia merovingia, que estaba dotada de un carisma ligado a su sangre real que les daba capacidad para conducir al pueblo franco a la victoria guerrera, protegiéndolo y asegurándole riqueza y prosperidad por adquisición del botín. En ese carisma se basó la legitimidad merovingia, que se manifestaba llevando los reyes unos largos cabellos. Cuando se elegía al rey franco, se le alzaba sobre el pavés (un escudo grande), de acuerdo con un ritual puramente militar.

 

Al morir Clodoveo I, el reino franco fue dividido entre sus hijos según la costumbre de los merovingios: Clotario I, rey de Soissons (511-561), de Reims (555-561) y de los Francos (558-561), Childeberto I, rey de París (511-558), Clodomiro, rey de Orleans (511-524) y Teodorico I, rey de Reims (511-534).


          Otro monarca destacado de la dinastía merovingia fue Dagoberto I (629-639) quien, después de muchos años de divisiones territoriales, volvió a unir los reinos francos bajo su gobierno.

 

Una serie de muertes prematuras de los monarcas merovingios que comenzaron tras el fallecimiento de Dagoberto I en 639 dieron lugar a una sucesión de reyes menores de edad, lo que debilitó la posición y el poder real de los Merovingios, que dejaron el ejercicio del gobierno en manos de los mayordomos o mayores de palacio (una especie de primeros ministros). Fue ese el caso, por ejemplo, de Dagoberto II (rey de Austrasia, 676-679), quien prefirió dedicarse a obras de piedad y de caridad.

 

Durante los siglos VI y VII el reino merovingio pasó por sucesivas etapas en las que se desintegró para volver a unificarse brevemente hasta su total desaparición, dejando paso finalmente a la dinastía de los Carolingios. A pesar de las guerras fratricidas que diezmaron a la dinastía y de unos aparatos de gobierno rudimentarios, los reyes merovingios emprendieron una activa política de cristianización y asentaron las bases de la gran Francia medieval.

 

 

 

 

 

 

 

CUADRO  GENEALÓGICO DE LOS MEROVINGIOS

 

 


Fuente: Histoire de la France: origines et premier essor 480-1180. Régine Le Jan. Eds. Hachette Superieur. París. 1996. Página 237.

 

 

Los reyes merovingios gozaron de una gran veneración popular porque se les atribuía poderes sobrenaturales y conocimientos mágicos. Sus largas e imponentes cabelleras les hacían muy respetables. Su emblema preferido era la abeja, antiguo símbolo judío de la sabiduría y de la perfecta organización social.

 

En conclusión, la dinastía de los Merovingios gobernó a los Francos durante varios siglos, pues se  consideraba una estirpe sagrada tanto por su origen, como por su consagración religiosa por la Iglesia católica y por las excepcionales facultades de sus venerados reyes taumaturgos, quienes podían curar algunas enfermedades llamadas escófrulas, imponiendo sus manos a sus súbditos. Efectivamente, en la Francia merovingia las inflamaciones ganglinarias y otras enfermedades incurables, conocidas como "mal del rey", llegaron a curarse cuando algún monarca taumaturgo imponía sus manos a los enfermos. Esta potestad real se le atribuye especialmente a Clodoveo I, quien reinó en el periodo 481-511.

Los reyes merovingios afirmaban que pertenecían a la prestigiosa 'sangre real'  correspondiente al linaje del Santo Grial, iniciado por el pariente de Jesucristo José de Arimatea y continuado por descendientes suyos, llamados los desposyni, quienes enlazaron por matrimonio con los Merovingios, fecundando y sacralizando este linaje real.

 

            La consagración por la Iglesia católica de los reyes de los Francos no sólo los hacía personas sagradas, ungidas, sino que, por esa unción, se legitimaba su derecho a gobernar. La consagración de esas personas de estirpe real por la Iglesia católica justificaba y daba sentido a su realeza

 

En la Edad Media la aspiración última de la Iglesia era la implantación de un Estado teocrático, por lo que era necesario que el rey fuese ungido para que, como rey por la gracia de Dios, promoviese la justicia y la paz en la Cristiandad; o sea, en el nuevo “pueblo elegido”. De esta manera, la Iglesia, guardiana de la fe, se apoyó en los reyes de los Francos y les ungió para que guiasen a la Humanidad hacia su redención, transformándolos en renovados reyes-sacerdotes cuyas hazañas fueron narradas en una nueva Historia Sagrada cristiana medieval.

 

El intento de sacralización de la Historia de la Humanidad en la Edad Media, al menos en Occidente, fue consecuencia de las creencias entonces existentes que marcaron y caracterizaron al hombre medieval.

 

             

 

 

 

3) EL EJERCICIO DEL PODER REAL POR LOS MAYORDOMOS DE PALACIO: LOS PIPÍNIDOS. 

 

La dinastía merovingia era venerada por su sacralidad, a pesar de que los reyes habían dejado de ser guerreros y delegaban el poder y el gobierno de sus súbditos en sus mayordomos o mayores de Palacio, que eran una especie de "primeros ministros". Los Francos siguieron venerando a sus soberanos porque todos estaban convencidos de la sacralidad de los Merovingios, y sus vasallos creían que su halo sagrado los protegía de sus enemigos.  

 

Los principales mayordomos de Palacio pertenecieron al linaje de los Pipínidos, antecesores biológicos de los Carolingios.  La dinastía carolingia no puede calificarse de nueva ya que era, al menos en gran parte, una continuación genética de los Merovingios, a través de los Pipínidos.  Carlos Martel, que es el verdadero fundador de su dinastía, era un descendiente del propio rey Clodoveo I. Además el rey de los Francos Pepín “el Breve” se casó con Bertrada de Laon quien tenía sangre merovingia directa, como hija del merovingio Caribert, conde de Laon, por lo que el hijo de ambos, Carlomagno, era indudablemente descendiente de los reyes merovingios. Por si todo ello no fuese suficiente, el emperador se casó con Hildegarde de Suabia que descendía del rey de los francos Dagoberto I a través de Houching o Theutbold, duque de Alemania, por lo que todos los descendientes de Carlomagno tienen ascendencia merovingia.

 

 


 

 

La ilustre dinastía de los Pipínidos tiene como patriarcas a dos grandes iniciadores: San Arnoul, obispo de Metz, rico en virtudes y en propiedades, cuyos ancestros según los principales genealogistas fueron nobles galo-romanos, quien renunció a todos sus ministerios y se retiró a un monasterio al final de su vida, tras haber sido preceptor del príncipe de los Francos y futuro rey Dagoberto; así como Pépin el Viejo de Landen, quien en el año 623 fue nombrado por Clotario II mayordomo o jefe del palacio real de Austrasia, la Francia oriental, al dejar ese cargo Arnoul de Metz. Ambos patriarcas eran los jefes del partido aristocrático dominante en Austrasia.

 


 

 

 Cuando Dagoberto fue coronado como rey, Pepin de Landen dejó de ser mayordomo de palacio, pero recobró ese cargo al fallecer Dagoberto en 639 y lo ejerció durante un año, hasta su muerte.

 

 


Santa Begga de Landen

 

 

Los antepasados paternos de Carlomagno son vástagos del matrimonio habido entre Santa Begga, hija de Pépin de Landen, y Ansegisel, hijo de San Arnoul.

 

 

 


Ansegisel de Metz, mayordomo del Palacio de Austrasia

 

Sigebert III sucedió a Dagoberto como rey de Austrasia pero no designó mayordomo de palacio a Grimoald, hijo de Pépin de Landen, sino a su preceptor Otón, de la estirpe de los Agilolfingos, adversarios de los Pipínidos.

 

 


 

 

Pronto los partidarios de Otón asesinaron a Grimoald, hijo de Pépin, y a Ansegisel de Metz, el heredero de San Arnoul, lo que debilitó sustancialmente a los Pipínidos quienes, sin embargo, mantuvieron sólidas posiciones entre las grandes familias de los francos dadas sus grandes propiedades.

 

Posteriormente Pépin II, el hijo de Ansegisel y Santa Begga, jefe de los Pipínidos, eliminó al duque Gunduin, el asesino de su padre, para vengarlo, y se convirtió en el mayordomo del palacio de Austrasia.                                        

 

El año 687 el ejército real de Austrasia, comandado por Pépin II derrotó en Tertry, cerca de San Quintín, a las tropas de Neustria, la Francia occidental, haciendo prisionero a Thierry III de Neustria, apoderándose de su tesoro real y reunificando el reino de los Francos.

 

Entonces Pépin II se convirtió en príncipe de los Francos ejerciendo, de hecho, el poder real, con lo que se inició la decadencia de la dinastía de los reyes merovingios.

 

El anónimo autor de los Annales de Metz escribió lo siguiente:

 

“Pépin, después de haber reenviado al rey Thierry a su villa real de Montmacq-sur-Oise, para ser guardado allí con honor y veneración, gobernó por sí mismo el reino de los francos: el signo más tangible de ello es que Pépin conservó el tesoro real de Neustria, “esencia y símbolo del poder””.

 


 

 

                  Pépin II de Landen 635-714, mayor del palacio de Austrasia

 

Cuando murió Thierry III en 691 fue Pépin II quien eligió el sucesor, Clodoveo IV,  entre los herederos merovingios. Cuatro años más tarde, al fallecer este monarca, el príncipe pipínido eligió para sucederle a Childebert III, hermano del anterior.

 

En 711, al morir Childebert III, Pépin II hizo pasar la Corona de los Francos a su hijo Dagoberto III. Aunque Pépin II mantuvo su lealtad a la dinastía merovingia, la continuidad en el poder efectivo estaba en manos del Pipínido. El prestigio de los Merovingios se iba difuminando.

 

Sin embargo, paradójicamente, lo que se consolidó entonces fue el derecho a la sucesión en el cargo de mayordomo de palacio, que iba pasando de padres a hijos, siempre en el linaje de los dominantes Pipínidos.

 

Pépin II siguió una hábil política religiosa apoyándose sistemáticamente en la Iglesia a la que procuró favorecer en lo posible. Controló el nombramiento de obispos y de abades, haciendo del juramento de fidelidad un eficaz instrumento de gobierno.

 

Para someter a los levantiscos habitantes del este del reino de los Francos llevó a cabo algunas campañas militares, sobre todo contra los Frisones y los Alamanes. Además, para facilitar la cristianización de los vencidos favoreció la tarea evangelizadora de los misioneros, como harían también posteriormente sus sucesores.

 

 


 

En el año 714 Pépin II, envejecido, designó a su nieto Théudoald, hijo del fallecido Drogón para sucederle, instigado por su esposa Plectrude, lo que no fue aceptado por Charles Martel, el hijo natural que había tenido con su concubina Alpaida.

 

Cuando el 16 de diciembre murio Pépin II dio comienzo una guerra fratricida por su sucesión, que acabó ganando Carlos Martel al convertirse en mayordomo del palacio de Austrasia y apoderarse del tesoro de los Pipínidos, tras lo cual aceptó como soberano al rey Chilperic II.

 

En 724 fue reconocido como príncipe de los Francos, asumiendo prerrogativas de carácter real especialmente la protección de las iglesias. Sin embargo el “protector” Carlos Martel se apoderó, por personas interpuestas, de las sedes eclesiásticas y acentuó la secularización de los bienes de la Iglesia para utilizarlos en favor de sus partidarios.

 

El ascenso de los Pipínidos hacia el poder real fue narrada por un autor anónimo hacia 727, en el Liber historiae Francorum. También lo conocemos gracias a la continuación de la crónica de Frédégaire, redactada por los condes Childebrand y Nivelon, que pertenecían a la familia de los Pipínidos. En ese ascenso influyó mucho el éxito que obtuvo Carlos Martel en sus acciones guerreras. Su enorme vitalidad le permitía mantener una actividad desbordante, parecida a la que tendría posteriormente su nieto Carlomagno. Su mayor gloria fue su victoria sobre los sarracenos de Abderramán, a los que venció en 732 en Poitiers, deteniendo así definitivamente el avance musulmán en Europa.

                              

Este triunfo le dio un inmenso prestigio y lo convirtió en el defensor de la Cristiandad. Como los sarracenos, a pesar de la derrota de Poitiers, continuaban sus campañas guerreras al sur de la Galia, Carloss Martel descendió por el Ródano, los expulsó de Provenza y los derrotó en la ribera del Berre, persiguiéndolos por Septimania, aunque no pudo conquistar Narbonne.

 



 


 

                                                       Carlos Martel

 

 

En el año 737 murió el rey merovingio Thierry IV que había sucedido a Chilperic II. Carlos Martel ejercía de hecho el poder real. Por ello no se preocupó de buscar un sucesor a Thierry IV, si bien tampoco intentó usurpar su título de rey, y continuó ejerciendo un poder soberano absoluto. Todos los consideraban el príncipe de los Francos. Hay que tener en cuenta que, como ha puesto de relieve Jean Favier[5], “príncipe es una potestad superior a cualquier título. Es un concepto político. Príncipe es el primero, el jefe. Ello significa que tiene el poder en su más alto grado, no un poder diferente de los otros como puede ser el de un rey. Dado que está en la cima de la jerarquía el príncipe es un soberano y, porque la jerarquía ha sido querida por Dios, él es el intermediario político entre Dios y el pueblo, en el que reside la fuerza fundamental que se denomina “autoridad”.”

 

En consecuencia Carlos Martel, como príncipe de los Francos, ya no necesitaba estar sujeto a un rey, como sí que lo estaban los mayordomos de palacio.

 


 

En esa época, el papa Gregorio III veía cómo iba en aumento la amenaza de invasión de los dominios pontificios por el rey de los Lombardos, Liutpraud, lo que le llevó a pedir ayuda a Carlos Martel, quien entonces llevó a cabo una alianza con el Papado, pero no se apresuró a enviar los ejércitos francos a Italia, ya que bastó el anuncio de esa alianza para contener al rey de los Lombardos. Para los Pipínidos la alianza con el Papado había de ser muy útil en el futuro, dadas sus ilimitadas ambiciones de poder, pero los frutos de sus ambiciones se materializarían en el fecundo y glorioso reinado de su hijo Pepín el Breve.

 

Cuando en el año 741 murió Carlos Martel fue llorado como el mejor de los soberanos europeos, a pesar de que no llegó a ser rey. Fue inhumado en la abadía de San Denís, junto a los reyes merovingios.

 

Desde luego, como ha subrayado Stéphane Lebecq[6], “…él se había convertido en un verdadero monarca, y el carácter real de su gobierno fue reconocido por sus contemporáneos. Si un siglo más tarde las fuentes carolingias oficiales lo consideran un auténtico rey, mientras vivió fue respetado como virrey o cuasi-rey. Efectivamente este título es el que da a su “eminente hijo” el papa Gregorio III cuando le escribe en 739 para suplicarle su intervención armada contra los Lombardos que amenazan “a la santa Iglesia de Dios y al patrimonio del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles”. A Carlos Martel le sucedieron, de acuerdo con la tradición franca, los dos hijos que había tenido con Rotrude de Treves, llamados Carlomán y Pépin. Como ambos querían mantener la realeza merovingia se pusieron de acuerdo para rescatar de un claustro a un príncipe al que hicieron rey con el nombre de Childeric III y los edictos que promulgaban lo hacían en su nombre. Carlomán era muy piadoso. Dada la penosa situación de la iglesia franca decidió reformarla por lo que encargó a San Bonifacio convocar en su nombre “un concilio para restablecer la ley de Dios y la religión de la Iglesia”.

 

Por su parte también Pépin convocó otro concilio en sus dominios con la misma finalidad, lo que hizo posible que al año siguiente se reuniese una asamblea general de la Iglesia de los Francos, de acuerdo con la petición que el papa Zacarías les había sugerido, con lo que fortalecieron su ya buena relación con la Santa Sede.

 

Carlomán tenía vocación religiosa, por lo que en el año 747 decidió abandonar sus cargos y pedir a su hermano Pépin que atendiese a su familia y al reino de los Francos. En Roma fue ordenado sacerdote por el Papa y fundó un monasterio en el monte Soracte; pero deseoso de retirarse totalmente del mundo se enclaustró en el monasterio de Monte Cassino. Pépin el Breve se dedicó inicialmente a conquistar los territorios de los Francos sobre los que todavía no ejercía su autoridad, especialmente en Septimania y Aquitania.

 

 


En fin, como ha concluido G. Bordonove[7], subrayamos que “…cuando se observa el comportamiento de los Pipínidos, es posible distinguir, aquí y allá, rasgos que caracterizarán, precisamente, al gran emperador Carlomagno: la actividad incesante, la valentía, la habilidad, la prudencia, el realismo. Pero el más extraordinario es la persistencia en ellos de una voluntad política evidente y de una ambición no disimulada de conquistar siempre el primer puesto.”

 

Por mi parte voy a añadir y subrayar que los últimos Pipínidos también se caracterizaron por poseer en grado eminente la cualidad que Leopold von Ranke atribuyó a Carlomagno: “en cada uno de sus actos se percibe el impulso del presente junto al talento para conservar el pasado y una gran perspicacia para penetrar en el porvenir”.

 

 


 

 

Durante el reinado de Carlomagno se confirmaría que los postreros Pipínidos, a los que también se los incluye entre los Carolingios, habían gobernado más bien como continuadores que como liquidadores de sus reales predecesores Merovingios.


 

La ascendencia galo-romana del emperador Carlomagno se especifica en el siguiente cuadro genealógico:

 

 


Cayo Julio César, emperador romano

 

 

LINAJE DESDE LOS ROMANOS A CARLOMAGNO PASANDO POR LOS GALO-ROMANOS Y LOS PIPÍNIDOS

 


Cayo Julio César I de Roma, emperador de Roma -100--44

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Cayo Julio César II de Roma, pretor romano †-84
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Julia Menor de Roma †-51
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Atia Mayor de Roma ca -85--45
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Octavia Menor de Roma -64--11
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Antonia "La Joven" Augusta
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Tiberius Claudius Caesar de Roma, emperador de Roma -10-54
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Venissa Claudia Julia †50 + Arviragus de Bretaña, rey de Bretaña 9-72
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Marius (Meric) de Siluria 50-125 + Penardun, hija de Anna Enygeus de Arimatea y de Bran
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Eurgen ap Meric 100-
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Gladys-I verch Eurgen de Siluria, de Siluria ca 125-
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Gladys-II verch Lleifer Mawr de Bretaña, princesa de Siluria 181-
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Coilus II de Gloucester, rey de Gloucester ca 232-262
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Helena o Elaine de Bretaña, de Camulod (Colchester) 247-330
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Constantino el Grande de Roma Flavius Valerius, emperador de Roma 272-337
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Flavius Julius Constancio II de Roma 317-350
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Constantino III de Roma, emperador de Roma 350-411
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Magna Constantina de Roma 370
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Eparchius Avitus, emperador de Roma en 455-456 ca 397-456
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Papianilla Avitus, hija del emperador romano Avitus 430-
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Tonance Férreol II de Narbonne, senador 455-517
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Férreol o Ansbertus de Narbonne, senador 490-
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Ansbert "el Galo" de Schelde 523-570
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Arnoald x, mq. de Schelde y obispo de Metz 550-611
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Doda de Schelde 590- + San Arnoul, obispo de Metz 582-640
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Anségisel de Metz, mayor del Palacio de Neustria y de Austrasia 615-685 + santa Begga de Landen 615-693

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Pépin II de Heristal, mayor del Palacio de Austrasia 640-714
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Charles Martel, mayor de los palacios de Neustria y de Austrasia 685-741
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Pépin el Breve de Francia, rey de los Francos 714-768

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CARLOMAGNO, emperador y rey de los Francos 742-814

 

Fuentes:

- Geneanet. Árbol de Joaquín Javaloys García.      

gw.geneanet.org/javaloys_w 

 

-  'Davidic Dynasty' . David Hugues.

https://prioratulromano.bss.files.wordpress.com/2012/10/davidicdynasty.pdf

 

 

La continuidad biológica y dinástica de los Carolingios, descendientes de los Merovingios por los Pipínidos, se puede comprobar en los linajes genealógicos siguientes, correspondientes a la rama paterna de Carlomagno:

 

 

 

LINAJE DESDE LOS REYES MEROVINGIOS A CARLOMAGNO - 2

 

Clotario I de los francos, rey de los francos 497-561
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Sigebert I de Austrasie, rey de Austrasia †575
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Childebert II de Austrasie 570-596
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Thierry II de Borgoña 587-613
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Childebert de Bruyeres
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Childebrand de Bruyeres
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Alpaida de Bruyeres 660-705
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Charles Martel, mayor de los palacios de Neustria y de Austrasia 689-741
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Pépin de Francia, rey de los francos 714-768
|
Charlemagne x, emperador y rey de los francos 742-814

 

 

LINAJE DE LOS REYES MEROVINGIOS A CARLOMAGNO - 3

 

 

Meroveo II x, rey de los francos 411-457
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Childéric I x, rey de los francos 436-481
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Clovis I de los francos, rey de los francos 466-511
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Théodoric (Thierry) I de Austrasia, rey de Reims 486-534
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Théodebert x, rey de Austrasia 504-548
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Théodebald x, rey de Austrasia 536-555
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Grimoald de Aquitania 555-599
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Itta de Nivelles, abadesa de Nivelles 592-650
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Santa Begga de Landen 615-693
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Pépin II de Heristal, dq. de los francos mayor de los palacios de Neustria y de Austrasia
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Charles Martel, mayor de los palacios de Neustria y de Austrasia 689-741
|
Pépin de Francia, rey de los francos 714-768
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Charlemagne x, emperador y rey de los francos 742-814

 

Además la descendencia merovingia de los Carolingios también se confirma fehacientemente si se observan los dos linajes de la rama materna de Carlomagno, que se exponen a continuación.

 

 

 


La merovingia Bertrade de Laón, esposa del rey Pepin el Breve y madre de Carlomagno

 

 

LINAJE DESDE LOS REYES MEROVINGIOS A CARLOMAGNO - 4

 

 

Clotaire I de los francos, rey de los francos 497-561

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Chilpéric I de Neustrie, rey de Neustria 523-584
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Clotaire II el Joven de los francos, rey de los francos 584-629
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Dagobert I de los francos , 609-639,casado con Ragentrude de las Ardenas, 610-642
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Ragentrude de Neustrie, 632-..., casada con San Theodard d'Oeren, obispo de Maastrich, 620-673
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Irmina de Oeren 650-709, casada con Hugobert, senescal de Baviera, 650-698
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Bertrada Gisele de Baviera 675-737 casada  con  Caribert II de Laon, c. de Laon 694-747
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Bertrade de Laon, cdsa. de Laon 715-783 casada con Pepin el Breve, rey de los francos 714-768
|
Charlemagne x, emperador y rey de los francos 742-814

 

 

 

LINAJE DESDE LOS REYES MEROVINGIOS A CARLOMAGNO - 5

 

 

Clotaire I de los francos, rey de los francos †561
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Chilpéric I de Neustrie, rey de Neustria 523-584
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Clotaire II el Joven de los francos, rey de los francos 584-629
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Dagobert I de los francos, rey de Austrasie 604-639, casado con Nanthilde de Bobigny 615-642
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Clodoveo II de los francos, rey de Neustria y de Borgoña 635-657 casado con Santa Bathilde 626-680

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Thierry III rey de los francos, 657-691, casado con Santa Clotilde Doda de Héristal 650-699
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Bertrade de Neustria 676-740 casada con Martín de Laon, c.de Laon 655-696

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Caribert de Laon, conde de Laon 696-747, casado con Bertrade Gisele de Baviera 695-745

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Bertrade (o Berthe) de Laon, cdsa. de Laon 726-783 casada con Pepin el Breve, rey de los francos 714-768
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Charlemagne x, emperador y rey de los francos 742-814

 

El traspaso del poder real de los Merovingios a los Carolingios se llevó a cabo mediante el siguiente proceso:

 

Pepin y otros antepasados de Carlomagno detentaron el máximo poder a pesar de que no eran reyes de los Francos sino solamente mayordomos del palacio real; o sea, una especie de primeros ministros del Reino. Pépin el Breve era consciente desde luego de que, como no era rey, el mantenimiento de su poder supremo dependía de su fortaleza, que permanentemente debía imponer o recordar a todos.

 

El rey merovingio Childeric III era sólo un símbolo de una realeza vacía, pues todo el poder sobre los Francos lo ejercía el mayordomo del palacio Pépin “el Breve” quien, ambicioso y pragmático, creyó llegado el momento de sustituir a los inútiles Merovingios. Childeric III no gobernaba, porque se había convertido en una figura meramente representativa que no ejercía ninguna función ejecutiva, y su única aspiración vital era la de poder dedicarse a rezar a Dios en una abadía o en un monasterio. Ante la pasiva actitud de Childeric III, Pépin llegó a la conclusión de que era conveniente para el pueblo franco que él pasara a ser rey titular por derecho, en vez de serlo solamente de hecho.

 

Para conseguir este ambicioso objetivo, compartido por la mayoría de los nobles del Reino, envió a Roma una embajada integrada por dos ilustres prelados: Fulrad, que era el abad de la abadía de San Denis, y Burchard, el obispo de Würzbuerg, para preguntar al papa Zacarías si era conveniente “mantener como reyes en las tierras de los Francos a los que se titulaban así, pero que no tenían ningún poder que ejercer.”. El Sumo Pontífice, que era muy sagaz, antes de responder a tan intencionada cuestión tuvo en cuenta los servicios que los Pipínidos habían prestado a la Iglesia y los que podrían prestar en caso de necesidad. Por ello contestó que “era preferible que fuese rey quien detentara el poder efectivamente, en vez de que se titulase así quien no tenía el verdadero poder”.

 

Con esta aprobación tácita del papa, Pepin decidió seguir adelante en su ansiado designio. Convocó enseguida a los magnates del Reino a una asamblea de notables que lo eligió rey de los Francos por aclamación. Seguidamente accedió al deseo de Childeric III de ingresar en un monasterio, concretamente el de San Bertin; donde no solo fue tonsurado el depuesto monarca merovingio, también lo fue su hijo y probable sucesor Thierry que, más tarde, fue enclaustrado en el monasterio de San Wandrile.

 

Posteriormente el santo arzobispo Bonifacio ungió con aceite a Pépin, una ceremonia solemne y eficaz porque con esa sagrada unción la Iglesia lo reconoció como rey de los francos por la gracia de Dios, en nombre del cual podía ejercer la justicia y, caso necesario, declarar la guerra a los enemigos del pueblo cristiano y, por supuesto, del Papa. Esa unción dio al rey una legitimidad distinta a la que tenían los Merovingios –que eran simplemente coronados, no consagrados-; porque así la Iglesia había sustituido el tradicional derecho de la sangre real instituyendo la realeza sagrada. A la clásica función real de jefe guerrero y justiciero se añadía ahora al rey un carácter semi-divino. En adelante el rey de los Francos iba a ser una especie de rey-sacerdote, aliado fiel de la Santa Sede. La alianza entre el Trono y el Altar quedó formalizada.

Esta alianza con el Papado fue decisiva para la grandeza del Rey porque, según Jean Favier[8] “sin ella Pepin hubiera sido un simple príncipe de los Francos, como los príncipes de otras naciones. Además tal alianza sirvió para que Carlomagno se diera cuenta enseguida de lo que el debía a la Iglesia y de lo que la Iglesia le debía. Elegido por Dios y no solo por su aristocracia, el rey debía conducir a su pueblo hacia la Salvación eterna. Eso le creó deberes, como el de la rápida evangelización de los pueblos germánicos, lo que suponía una ruda conquista y fuertes coacciones”.

 

 

 


    

Pépin el Breve, rey de los Francos

 

 

 

Cuando los Francos comprobaron la continuidad dinástica entre los linajes reales de los Merovingios y de los Carolingios aceptaron gustosamente la nueva dinastía, pues se convencieron de que, en cierto modo, los Merovingios seguirían reinando en sus descendientes.

 

Al encontrarse el Papa personalmente con el rey Pépin le suplicó que defendiese la causa de San Pedro y de la República romana, a lo que, inmediatamente, accedió Pepín jurando que le libraría de sus enemigos, los anexionistas lombardos. El compromiso se ratificó en una asamblea de los magnates del Reino en el mes de abril del 754 en Quierzy. El Papa, agradecido, quiso consagrarle de nuevo como rey de los Francos lo que se llevó a cabo en un solemne acto celebrado en la abadía de Saint-Dénis el 28 de julio del 754, que Georges Bordonove[9] describe así:

 

“El Papa no se limitó a consagrar a Pépin y a su esposa, la reina Bertrada sino que ungió también a sus dos hijos, Carlos y Carloman. E hizo todavía más, prohibiendo a los Francos, bajo pena de excomunión, elegir un rey fuera de la familia de Pépin elevado por la divina piedad y consagrado, por la intercesión de los santos apóstoles, por las manos de Su vicario, el soberano pontífice”. Esta proclamación solemne borraba definitivamente el derecho de los príncipes merovingios a reinar. Pépin y sus sucesores no serían meros soberanos, sino “reyes por la gracia de Dios” ... Pero esta elevación conllevaba una cierta reciprocidad y engendraba deberes específicos para los reyes de los Francos: la alianza entre el trono y el altar se consolidó este día 28 de julio. El Papa concedió, además, el título de patricio de los Romanos a Pepín y a sus hijos, lo que hacía de ellos los protectores de la ciudad de Roma ... El Papa acababa de modificar la naturaleza misma de esta monarquía y de fundar una nueva dinastía, la de los Carolingios”.

 

Desde luego, Pépin “el Breve” cumplió su promesa guerreando contra Astolf de Lombardía hasta que el italiano cedió a las exigencias del carolingio y devolvió al Papa el exarcado de Rávena y otros territorios, que fueron básicos para la consolidación del Estado pontificio. Pero el nuevo rey franco no se conformaba sólo con guerrear, pues como subraya Georges Bordonove[10] “Pépin no era exclusivamente un conquistador sino un organizador de primer orden, un reformador y un diplomático, manifestando en sus decisiones y en sus actos un pragmatismo ciertamente extraordinario, por lo que era, en la plenitud del término, un jefe de Estado, una cabeza política ... Convertido en el segundo personaje de la Cristiandad de Occidente, tras el Papa, resultaba normal que tuviese relaciones diplomáticas con el emperador de Oriente ... Pero Pépin mantenía también relaciones con el califa Abbasida de Bagdad ...".

 

En efecto, el rey Pépin “el Breve” celebró una asamblea general de los grandes del reino de los Francos en Attigny en el año 765. A esta asamblea y a sus consecuencias se refiere Arthur J. Zuckerman[11] quien llega a unas importantes conclusiones, pues afirma que “... las decisiones de Attigny son desconocidas, aunque pueden deducirse de la actividad diplomática que Pépin realiza entonces, pues en el mismo año envió una misión a Bagdad que, sin duda, estaba relacionada, principalmente, con el peligro que entrañaba la España árabe de los Omeyas e, inevitablemente, con Narbona. En el mismo año también despachó una legación diplomática a Bizancio que volvió a finales del 766 acompañada por una delegación griega. Pepín emprendió entonces una ofensiva general contra Waifar de Aquitania al que derrotó y obligó a prestarle vasallaje y a pagarle excepcionales tributos y ofrendas... Estos éxitos guerreros colocaron, obviamente, a Pépin en una ventajosa posición negociadora frente a Bagdad... Estas negociaciones eran inminentes... A principios del 768 la misión de Bagdad volvió a Marsella después de tres años de ausencia, acompañada por embajadores del califa Al-Mansur. Pepín los recibió en primavera, el 10 de abril, a su vuelta de Aquitania, de la campaña contra Waifar. Los resultados de las negociaciones se desconocen pero su positivo desenlace se concretó en los regalos que les hizo el Rey y que los árabes transportaron por mar a su tierra. En cualquier caso, la intención anti-Omeya y anti-Waifar de tales negociaciones parece obvia”.

 

El mismo Zuckerman[12] menciona la conclusión de F. W. Bucker sobre este asunto, que cita literalmente: “La misión diplomática a Bagdad del año 765 sirvió para completar un círculo de alianzas entre el Papa, el califa Abbasida y el rey de los Francos contra los Omeyas y Constantinopla”.

 

Además, como subraya Arthur J. Zuckerman[13], “la asunción de la dignidad real por Pépin “el Breve” y su posterior investidura como patricio romano estimularon su ambición para alcanzar un status superior al de rey germano. Él y su hijo Carlomagno intentaron conseguir el 'derecho de origen divino para gobernar' mediante el reconocimiento de que eran los sucesores de los indudablemente legítimos reyes de Israel”. Sobre este tema clave Zuckerman precisa[14] que P. Munz[15] ha identificado cuatro puntos de vista diferentes y, en parte, conflictivos respecto al status y a la misión imperial de Carlomagno: la del mismo Emperador, la de Alcuin, la del grupo de Aix-la Chapelle y la de Papa León III. En el propio pensamiento de Carlomagno fue básica la idea de que él era sucesor de los reyes bíblicos del pueblo judío... Los Carolingios fueron sensibles a la acusación de que habían usurpado la Corona y de que habían obtenido el poder mediante conquista. La sucesión de los reyes bíblicos de la antigüedad podría legitimar su autoridad real...Para ello, los Carolingios llevaron a cabo su alianza permanente de sangre con los descendientes de David.

 

El historiador Arthur J. Zuckerman[16]  afirma rotundamente que “...se puede llegar a la conclusión de que el rey Pépin y sus hijos establecieron un dominio en el Sur de Francia como un Principado judío en el 768. Su líder o gobernante (nasi, patriarca) fue Natronai-Makhir, anterior Exilarca de los judíos en Bagdad y erudito príncipe de la real Casa de David...”.

 

 

 


 

                     David rey de Israel

 

 

Para confirmar esta conclusión, Zuckerman reproduce una parte del contenido del Addendum a ShK[17] que literalmente dice así:

 

“ Entonces el Rey Carlos (Carlomagno) envió una petición al rey de Babilonia (el Califa de Bagdad) para que le remitiese uno de sus judíos descendiente de la real Casa de David. Él la acogió y le envió uno de allí, un magnate y sabio, de nombre Rabbí Makhir. Y (Carlos) le estableció en la capital de Narbona y le instaló allí, donde le dió grandes posesiones cuando la capturó a los ismaelitas (árabes). Y él (Makhir) tomó como esposa a una mujer de entre los magnates ... y el Rey le hizo noble. Este Príncipe (Nasi) Makhir se convirtió en el caudillo (de Septimania). Él y sus descendientes emparentaron con el Rey y con todos sus descendientes...

                                 

 



 

 

Munz no aclaró las bases racionales en las que se pudo basar la reivindicación de Carlomagno respecto a su sucesión de los reyes bíblicos de Israel. Sin embargo, obviamente, el matrimonio con uno o más descendientes actuales del linaje de David podía proporcionar el enlace que faltaba, con lo que se puso así la base para la proclamación del derecho a gobernar, de origen divino, que acabó correspondiendo a la dinastía carolingia[18].

 

En todo caso, Carlomagno dedicó su vida a consolidar y a engrandecer con conquistas territoriales un Reino que ya alcanzaba una categoría imperial. Veamos la descripción literal que, a modo de balance, concluye relatando Georges Bordonove[19]:

“Carlomagno había casi reconstituido la potencia tentacular de los Césares, había doblegado a los pueblos del Este, se había anexionado territorios donde las legiones romanas habían conocido sangrientos fracasos. El reino carolingio de dimensiones imperiales no se parecía en nada a aquel de límites inciertos que tenían los merovingios. Existía, además, una diferente naturaleza entre los guerreros francos y las legiones romanas. Estos últimos combatían para aumentar el patrimonio de Roma, sin importarles las creencias religiosas. Los francos eran un nuevo “pueblo elegido”. Ellos combatían por el Cristo Redentor de quien su Rey era el delegado, el representante. No se trataba ya de restaurar el Imperio de los Césares, cualquiera que fuesen los sueños sobre este tema, sino de instaurar un Imperio cristiano de Occidente, del que Carlomagno ya se había declarado “gobernador”...

... La fe cristiana fue uno de los motivos -e incluso el motivo esencial- de la promoción de Carlomagno al Imperio. Pero también existían razones políticas. En los albores del año 800, el reino franco era un Imperio de hecho por sus dimensiones, aunque fuese por yuxtaposición de los pueblos que lo integraban. El Reino que había dejado Pépin “el Breve” se había convertido en una potencia europea, mientras que el Imperio bizantino había decaído y perdido su influencia. Además, Carlomagno había llamado a su Corte a lo mejor de los pensadores, de los administradores y de los soldados. Su Corte era, valga la expresión, “internacional” ... Nuevo rey David, él no tenía ninguna necesidad del título de Emperador para aumentar su gloria o para fortificar su autoridad. El era efectivamente todopoderoso y gozaba, además, de una inmensa popularidad. Pero existía el futuro. Dos hijos de Carlomagno eran ya reyes: Pépin de Italia y Luis de Aquitania. Era, pues, conveniente que el príncipe Carlos, su primogénito, heredase un título superior al de rey .. Una hábil propaganda había llevado a las gentes la oportunidad del coronamiento de Carlomagno. Como soldados de Cristo, los Francos veían en esta elevación de su jefe el fruto resultante de sus sacrificios”.

 

Por ello, el 23 de diciembre del 800 una asamblea en Roma de prelados y magnates presidida por el Papa León III decidió que Carlomagno fuese coronado emperador, lo que tuvo lugar en la Basílica de San Pedro el 25 de diciembre del 800, siendo de hecho el restaurador de la unidad política de Europa.

 

 


 

La coronación del emperador Carlomagno


Carlomagno fue también el restaurador del Imperio, pero no del romano de los Césares, sino del formado por la comunidad de los pueblos cristianos presididos espiritualmente por el Sumo Pontífice de Roma. Por ello, en el nuevo emperador se unieron tanto la realeza ungida característica de los reyes bíblicos como la realeza cristiana expuesta en “la Ciudad de Dios” de San Agustín. En Carlomagno se fundieron el poder político sobrenaturalizado y el poder espiritual temporal.

 

 


El 22 de enero del año 814, el emperador dejó de existir al final de una vida fecunda y gloriosa. Su biógrafo Georges Bordonove[20] dice que “... cuando se consideran los diferentes aspectos de su acción político-religiosa, aparece claramente que, sin haber terminado su obra, era la historia de Europa la que había quedado preparada para un milenio ... Carlomagno intentó, en efecto, en una época en la que la fuerza primaba sobre el derecho, hacer prevalecer el espíritu de justicia y, mediante el universalismo cristiano, regular las relaciones entre los hombres e instaurar una moral social que, todavía, rige algunos de nuestros comportamientos". En este sentido puede decirse que la obra del Emperador pervive actualmente. A los Carolingios les sucedieron sus descendientes los Capetos que fueron también el linaje legitimado para gobernar la Cristiandad en la Edad Media.  

 

En resumen, los Carolingios al unirse matrimonialmente con la Casa de David crearon supuestamente (según las creencias entonces existentes) una dinastía Davídico-carolingia que asumió la legitimidad para gobernar a las naciones que Dios había concedido al rey David de Israel y a sus descendientes. De esta forma, los sucesores del rey Pepín el Breve tuvieron plena potestad de gobierno por derecho divino y ya, concretamente, su hijo Carlomagno pudo ser coronado emperador de los romanos como heredero en Occidente de los antigüos Césares y como caudillo del nuevo pueblo elegido de Dios que era toda la Cristiandad, confirmando y haciendo permanente la alianza entre el trono y el altar que le comprometió a proteger a la Iglesia y al Papa de Roma.

 

La dinastía Davídico-carolingia, que tiene la sangre real de David, ha liderado y gobernado Europa, como el linaje elegido para proteger la Cristiandad.  Efectivamente, cuando los Capetos directos se extinguieron, sus descendientes continuaron como reyes de los principales paises de Europa Occidental ya que las casas reales de esas naciones pertenecían también a la dinastía Davídico-carolingia. Los Capetos y los Valois, e incluso los Austrias y los Borbones, fueron descendientes directos de Carlomagno y de otros reyes carolingios. Todavía hoy, algunos descendientes de esa singular realeza son los soberanos de ciertos Estados europeos, con lo que se pone de manifiesto el carácter perdurable de esa Dinastía.

 

 

 

 

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II) GENEALOGÍA E ITINERARIO HISTÓRICO DE LOS VALOIS DIRECTOS E INDIRECTOS:

 

1) LOS CUATRO LINAJES DE VALOIS SUCESIVOS CRONOLÓGICAMENTE EN LA HISTORIA.

Valois es el apellido de una familia carolingia originaria de la antigua región ducal llamada también Valois, situada en Francia al noroeste de París, en la actual región administrativa de Picardía. Los Carolingios proceden del linaje de los Pipínidos, cuyos postreros miembros gobernaron como mayordomos del palacio de los reyes merovingios hasta que, con autorización del Papa, sustituyeron en el trono al último rey "holgazán" de los Merovingios siendo los continuadores de sus reales predecesores Merovingios. Los Valois son una estirpe descendiente directamente del emperador Carlomagno, tanto por vía paterna como materna. Los Valois han ejercido el poder real a lo largo de la historia de Europa, desde los reyes carolingios; pues han existido cuatro linajes sucesivos cronológicamente de Valois en la Historia:

1) Los Carolingios condes de Valois-Amiens

2) Los Capetos condes de Valois-Vermandois.

3) Los Valois-Capetos, en los que destacan los reyes de Francia de la dinastía Valois y los duques del 'principado' de Valois, y también los reyes Borbones descendientes de Enrique IV, rey de Francia y de Navarra -incluso Felipe VI de España-, porque ese Enrique IV de Borbon era descendiente de la Casa real de los Valois de Francia por su abuela, Margarita de Valois-Angulema, y por su tatarabuela, la princesa de Francia Magdalena de Valois; y además Enrique IV de Francia enlazó matrimonialmente con la Casa real de los Valois cuando se casó con la princesa Margarita de Valois, duquesa de Valois; por lo que el último rey de la dinastía Valois, Enrique III, designó a su cuñado como sucesor suyo en el trono de Francia, marginando a su hermana Margarita de Valois, en aplicación de la Ley Sálica.

4) Los Valois-Borgoñas y sus descendientes los reyes o emperadores de la dinastía de los Austrias.

 

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Fue el abad Claude Carlier el primero en detallar completamente el linaje de los condes de Valois, generación por generación, si bien con algunas imprecisiones y con pequeños errores que otros autores posteriores han subsanado, como Jean-Marie Tomasini, quien dice lo siguiente:

 

"Se ha creído desde hace tiempo que los condes de Amiens, del Vexin y de Valois eran descendientes de Carlomagno por Bernard de Italia. Las recientes investigaciones de los genealogistas han permitido saber que esos condes descienden también de Carlomagno por las mujeres; pues la madre del primer conde identificada, que se llamaba Héluise, fue la nieta de Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno. El primer conde indudable poseedor del condado de Valois fue Raúl de Gouy. Su biografía es mal conocida. Es originario de Gouy en Arrouaise en la frontera del Cambresis. Se casó con Hildegarde, sobrina del conde Hermenfroi de Amiens que debió ser conde de Vexin y de Valois. Hildegarde le dió dos hijos: Raúl y Gautier. Murió en 926. Un conjunto de apariencias lleva a deducir que Raúl de Gouy heredó las posesiones de Hermenfroi...Tras la muerte de Raúl de Gouy tuvo lugar una lucha para apoderarse de sus tierras. Herbert de Vermandois se apoderó del país de Amiens y probablemente también del Vexin. El hijo mayor de Raúl, llamado también Raúl, solo pudo mantener el Valois; pero guerreando por recuperar su herencia falleció en 943...Le sucedió su hijo Gautier I de Valois quien posteriormente recuperó los condados de Vexin y de Amiens...".

Lo que dice Tomasini es cierto para los condes de Amiens y de Vexin, pero ese historiador parece ignorar que los condes de Valois descienden también de Carlomagno pero por vía masculina, como bien afirmó Carlier, porque Adela de Senlis, que se caso con Gautier II el Blanco, era hija de Bernard II de Senlis, conde de Valois y de Senlis, y nieta de Bernard I de Senlis, conde de Valois y de Senlis, y biznieta de Pepin II de Italia o de San Quintin, conde de Vermandois y señor del Valois, y tataranieta del rey Bernard de Italia. Efectivamente el carolingio rey de Italia Bernard era nieto de Carlomagno e hijo del rey Pépin I de Italia. Cuando en 818 murió trágicamente el joven rey Bernard, ajusticiado por su tío el emperador Luis el Piadoso, dejó un único vástago: Pepín II de Italia o de San Quintín, conde de Vermandois y señor del Valois. Para Carlier,  el primer conde carolingio de Valois por vía paterna fue Pépin III Berenguer de Senlis, hijo segundogénito de Pépin II de San Quintin o de Italia, conde de Vermandois y señor del Valois. Pépin III Berenguer de Senlis nació en el año 846 y fue conde de Valois, de Bayeux y de Senlis.

En definitiva, los primeros condes de Valois son Carolingios porque descienden del emperador Carlomagno tanto por vía masculina como por vía femenina. El conde de Vermandois y sr. del Valois Pépin II de Italia y San Quintín fue, por vía directa paterna, el patriarca de una antigua estirpe carolingia que se renovó prestigiosamente en los condes de Vermandois y/o de Valois. En efecto su hijo primogénito, Herbert, prolongó el linaje de los condes de Vermandois, mientras que Pépin III Berenguer de Senlís, su hijo segundogénito, fue el primer conde de la región del Valois, que se separó del Vermandois a finales del siglo IX.  Por tanto, los condes de Valois y los condes de Vermandois, al ser de  la misma estirpe originaria carolingia, han estado muy unidos durante siglos. Pero hay que subrayar también que de los condes de Valois y de Vermandois descienden los primeros Capetos reyes de Francia, como se comprobará más adelante en dos cuadros genealógicos significativos

 

Además, hay que tener en cuenta que, poco tiempo después de que el conde de Valois Simón de Crépy se consagrase a Dios haciéndose monje, falleció su hermana y heredera Adela, condesa de Valois; por lo que su sobrina Adela heredó el título y el dominio del condado de Valois, y posteriormente esta joven condesa, tras heredar también el condado de Vermandois al fallecer su padre, se casó con el Capeto príncipe Hugo 'el Grande', en cuyos vástagos confluyeron dos potentes linajes: Valois-Vermandois y Capetos. Entre los condes de Vermandois y de Valois, y los reyes capetos existieron estrechas relaciones de parentesco, pues algunos miembros de las familias de los condes de Valois-Vermandois y de los Capetos se unieron en matrimonio en varias ocasiones, principalmente a través de los condes de Champagne y de los condes de Vermandois.

 

 

Príncipe Hugo de Francia, conde de Valois, de Vermandois y de París

 

Fuente: Las Cruzadas-WordPress.com

 

Con el enlace matrimonial entre Adela, condesa de Valois y de Vermandois, y el Capeto príncipe Hugo el Grande, conde de París, hijo de Felipe I de Francia y de Ana de Kiev, el linaje de los Valois se integró en el regio de los Capetos y se consumó el fin del carolingio linaje directo de los condes de Valois-Amiens y la historia de su creciente dominio territorial; pero entonces el Valois se convirtió en un rico principado integrado ya en el dominio de los Capetos, enriquecido con los extensos feudos territoriales de los Valois-Vermandois. En definitiva, en el siglo XII el primer linaje de los Valois-Amiens se unió al de los reinantes Capetos, formando el nuevo linaje de los Valois-Vermandois-Capetos. Posteriormente, en 1213, este segundo linaje de los Valois se extinguió por ausencia de sucesión filial;  pero su poderoso condado y sus dominios territoriales fueron heredados por sus más próximos parientes, los reyes Capetos de Francia, que integraron el condado de Valois en su dominio real con la categoría de 'principado'.

 

Un siglo más tarde, el linaje de los Capetos-Valois se engrandecería más aún con un miembro destacado de la casa de Francia, que fue el príncipe Carlos, emperador nominal de Constantinopla y conde de Valois, hermano del rey de Francia Felipe IV porque, cuando en 1328 murieron los hijos de este rey sin descendencia masculina, el conde de Valois Felipe -hijo primogénito del Capeto príncipe Carlos, que también fue conde de Valois-, se convirtió en el nuevo rey  de los franceses, denominándose Felipe VI de Valois, quien inauguró así la etapa de gobierno de la dinastía de los reyes Valois de Francia: el tercer linaje de los Valois, que duró hasta finales del siglo XVI, y de la que descienden los Valois-Borgoña: el cuarto linaje de los Valois, los Austrias y los Borbones, entre otros. La dinastía Valois tuvo 13 reyes y duró hasta 1589, en  que fue sucedida por sus parientes de la Casa de Borbón.

 

 


Príncipe capeto Carlos, conde de Valois

Fuente: Wikipedia.org

 

Como la dinastía real francesa de los Valois ha sido analizada y relatada por muchos historiadores, no es preciso que nosotros hagamos aquí un examen descriptivo de los reyes Valois franceses. Nos limitamos a mencionar  alguna de las excelentes obras dedicadas a la historia de la dinastía de los Valois:

- LES VALOIS Histoire d'une maison royale (1328-1589) por Gaston Dodu. Librairie Hachette. Paris. 1934.

- LES VALOIS. Por Georges Bordonove. Ed. Pygmalion. Paris. 2010.

- THE VALOIS. Kings of France. 1328-1589. Por Robert Knecht. Ed. Hambledon Continuum. Londres. 2007.

- LES VALOIS. Patrick Van Kerrebrouck. 1990.

 

 

 

 

 

2) SEMBLANZA PERSONAL DEL EMPERADOR CARLOMAGNO, PATRIARCA DEL LINAJE DE VALOYS.

 

La obra que realizó el emperador Carlomagno durante su fecundo reinado no fue una improvisación surgida de repente. En efecto, como acertadamente ha puesto de manifiesto G. Bordonove en la página 17 de su ya citada biografía: “Carlomagno no era un hombre nuevo, sino un continuador. Procedía de un ilustre linaje. Sus antepasados, y especialmente su padre, le legaron no solamente un reino e inmensas riquezas, sino también los instrumentos que le permitieron triunfar; es decir, un pensamiento político, una forma de gobernar y unas ambiciones claramente definidas. Los caminos que debía seguir su reinado ya estaban trazados. Él fue suficientemente inteligente para seguirlos y bastante bienaventurado para extender su reino hasta alcanzar la dimensión de un imperio…Carlomagno recogió los frutos de los trabajos realizados por los Pipínidos”.. 

 

 


 

Carlomagno fue un hombre de su tiempo en su ideología y en sus comportamientos. Sin embargo él, que vivió en una época en la que la fuerza primaba sobre el derecho, se impuso la misión de hacer prevalecer la justicia y, tomando como base el universalismo cristiano, reguló las relaciones entre los hombres e instauró una moral social en el continente europeo que todavía rige algunos de nuestros comportamientos. Para conocer bien al Emperador en lugar de centrarnos en su ideología, que hoy está anticuada y superada, expondremos seguidamente su actitud vital y sus comportamientos que, a veces, llegaron a ser heroicos.

 

La vida de Carlomagno es en la realidad mucho más interesante y maravillosa que cualquiera de las ficciones legendarias que se han publicado sobre el emperador “de la barba florida”. El Emperador tenía una personalidad compleja y su figura era multifacética, lo que complica la tarea de sus biógrafos, pues sus facetas eran tantas, tan diversas e, incluso, aparentemente contradictorias, que resulta casi imposible describir certeramente y de forma exhaustiva a este polifacético protagonista. 

 

Carlomagno es el prototipo del fundador carismático. Pero ¿de qué fue fundador?. Él fue el creador de un conjunto de poderes y de instituciones que, a pesar de las discordias y las disensiones que hubiera entre ellos, siempre tenían en el emperador su referencia. Las autoridades y las instituciones que proceden de él abarcan tanto al nivel local –monasterios o condados, por ejemplo- como al nivel de los Estados –Francia, Alemania,…- y al supranacional –la Cristiandad, el Imperio, Europa-. 

 

Carlomagno fue una persona de carne y hueso, con virtudes y defectos; aunque actualmente sea más conocido como personaje que como persona. Era corpulento y robusto, de estatura elevada pero no desproporcionada, pues se sabe que medía siete veces la longitud de su propio pie. Medía aproximadamente 1,92 metros, una estatura muy elevada, sobre todo para su época. Tenía el cráneo redondo, los ojos muy grandes y vivos, la nariz un poco más larga de lo normal, una abundante y hermosa cabellera y el rostro agradable y alegre. Todo ello le confería un gran aspecto de autoridad, majestad y dignidad. 

 

Su naturaleza robusta y fuerte se hizo más vigorosa por su continua práctica de diversos deportes y ejercicios físicos, principalmente la natación al aire libre en verano o en piscinas de agua termal el resto del año, la equitación y la caza, siendo ésta su gran pasión.

 

Era moderado en la comida y en la bebida, y lo era especialmente en la bebida porque le horrorizaba la embriaguez en cualquier persona y, mucho más aún, en él o en los suyos. En cambio, en las comidas no se veía capaz de ser tan parco y a menudo se quejaba de lo mal que le sentaba a su cuerpo cualquier ayuno.

 

Para el Rey era muy importante su numerosa familia patriarcal. Él amaba apasionadamente a sus mujeres y a sus hijos. Carlomagno era un hombre dominante y egocéntrico, que quería vivir rodeado de los suyos como si fueran su corona de gloria, y la satisfacción egoísta que obtenía por ello obstaculizaba que tuviera suficientemente en cuenta los sentimientos de sus familiares.  No le gustaba estar solo, tal vez porque necesitaba estar rodeado de las personas amadas, sobre todo de su esposa, sus hijas y sus hijos. Tuvo sucesivamente cinco esposas legítimas y simultáneamente varias concubinas.

 

Necesitaba dormir poco. Por ello, a pesar de sus insomnios, se levantaba casi todos los días a la misma hora. Para compensar su déficit de sueño por el insomnio, solía acostarse y dormir un rato más o menos largo, según lo que necesitase, a mediodía después de almorzar, a veces solo de media hora; pero con frecuencia hacía siestas largas, de dos o tres horas, especialmente en verano, que es cuando tenía más insomnio, tal vez porque entonces hacía más calor y los días eran más largos que las noches. En las siestas largas se quitaba la ropa y el calzado, como hacía al irse a dormir por las noches.

 

En el trato con sus palatinos se mostraba como era: amable, relativamente sencillo y acogedor, pues conversaba con ellos afablemente. Su fama de seductor y de que sabía cómo hacer amigos con facilidad era bien merecida. Además, los que lo acompañaban no se aburrían con él porque era un ameno conversador. Era espléndido y magnánimo, por lo que su generosidad y su munificencia fueron universalmente reconocidas.


                                         


Carlomagno emperador

Practicó escrupulosamente y con suma devoción la religión cristiana. Mientras su salud se lo permitió, acudía regularmente a la iglesia por la mañana y/o por la tarde, y también asistía a los oficios nocturnos. Carlomagno se entregó con gran dedicación a socorrer a los pobres. En la vivencia de su fe actuó auténticamente, sin hipocresías, aunque procuraba dar buen ejemplo.

 

Con las debilidades humanas era indulgente, porque sabía que todos somos pecadores. Sin embargo, aunque no era un puritano, sí que le gustaba que todos fuesen buenos cumplidores de sus obligaciones religiosas, pero sin caer en minucias ni escrúpulos.

 

Estaba dotado de una gran facilidad de palabra y sabía expresar con la mayor claridad todo lo que quería, con tal soltura que incluso podía llegar a parecer algo locuaz. Cultivó con gran entusiasmo las artes liberales y colmó de grandes honores a los que las enseñaban, pues sentía por ellos un profundo respeto.

 

Su curiosidad intelectual y su afán de saber hacían que buscase con avidez la compañía de los doctos para tener el placer de charlar con ellos y escucharlos gustosamente, sin que ello le cansara o hastiase. Además, dándose cuenta de la ignorancia en la que él había vivido inicialmente, hizo un esfuerzo inaudito para salir de su incultura y decidió asistir, a pesar de ser un rey muy atareado, a la escuela palatina de Alcuin como alumno, ¡a los cuarenta años!, y acabó aprendiendo las disciplinas que le hacían falta: la retórica, la dialéctica, la aritmética y la astronomía. Carlomagno no cesó jamás de aprender, a lo largo de su vida.

 

Finalmente consiguió ser una persona muy bien instruida para su tiempo, hablando el latín como su propia lengua, comprendiendo el griego y poseyendo, gracias a sus investigaciones y a los regalos de sus amigos, una biblioteca palatina llena de libros. Carlomagno, un aprendiz escolar de vocación tardía, se convirtió en un rey sabio. Así tuvo autoridad moral para exigir a sus súbditos que ellos fuesen también a la escuela y se dejasen instruir. 

 

Carlomagno fue también el promotor del Renacimiento cultural en su Imperio. El Renacimiento cultural no se limitó a la cultura clásica y a las artes liberales, pues se extendió también a otros dominios, singularmente a la arquitectura.

 

 Los frutos del Renacimiento cultural fueron visibles y duraderos en la vida social y en el funcionamiento de la administración real y de la justicia, pues todos se beneficiaron de la generalización del uso de documentos escritos. Los tribunales impartieron justicia conforme a unas leyes y normas escritas conocidas por todos (de general conocimiento), lo que aumentó la seguridad jurídica en los contratos y en las transacciones comerciales.  

 


 

La semblanza humana de Carlomagno puede resumirse en los siguientes rasgos característicos: una condición física excelente que le permitió desplazarse por Europa activamente durante más de cuarenta años interviniendo en infinidad de asuntos; una piedad sincera que se encuentra en todas las manifestaciones de su comportamiento, público y privado; una cultura general, a la vez profana y sagrada, que no cesa de agrandarse con el transcurso del tiempo hasta alcanzar la sabiduría; y un gran carisma o capacidad de seducción en el que cayeron sus parientes, sus amigos y los numerosos extranjeros a los que recibía en la Corte.

 

Todas estas virtudes son verdaderamente propias de un gran rey; pero, además, hay que subrayar que, en gran parte, fueron queridas y fomentadas por él mismo, pues su virtud dominante era su gran fuerza de voluntad; ya que cuando se empeñaba en algo ningún obstáculo era capaz de disuadirlo, ni siquiera en la adversidad, pues su tenacidad le permitía sobreponerse a las desgracias.

 

Tenía gran dominio de sí mismo y conservaba la calma siempre, porque no se dejaba abatir por los reveses ni embelesar por la fortuna. Por último hay que subrayar una cualidad que distinguía su carácter y que influía en sus acciones: la prudencia o sabiduría práctica.

 

En fin Carlomagno fue también el supremo jefe de la guerra y un devoto servidor de la Iglesia, pero sin exceso de celo; ejercía la prerrogativa judicial en última instancia, y la ejercía de un modo implacable, sin que el derramamiento de sangre le arredrara; al mismo tiempo, gobernaba y administraba un gran reino con una prudencia meticulosa; era tenaz hasta el heroísmo y mostraba para el mando una energía ante la que no valía la contradicción; pero, a la par con ello, sabía ser un patriarca para sus súbditos. Poseía un gran talento de administrador, atento a todos los detalles. 



Escudo del emperador Carlomagno

 

 

En cuanto a su función real Carlos conocía bien su origen, su naturaleza y su alcance. Como soberano absoluto era legislador y juez supremo. Su realeza, además de ser absoluta, era también sagrada porque había recibido la santa unción del papa Esteban II en la abadía de San Denis, por lo que reinaba por derecho divino. Había sido elegido por Dios y su poder soberano le venía de Dios. 

 

La alianza entre la Iglesia romana y el rey de los Francos obligaba a Carlomagno, patricio de Roma ungido por el Papa,  y a su nación, a ser “el brazo armado de la Iglesia”. El Papa dio la primacía entre los monarcas occidentales al rey de los Francos como protector de la Cristiandad y como responsable de su expansión entre las naciones paganas europeas, razón por la que tenía que guerrear para cristianizar a los sajones, a los eslavos y a los musulmanes hispanos, entre otros pueblos.

 

Además de la reconquista de la Marca Hispánica en España, las principales guerras que hizo Carlomagno fueron:

 

-      Las que hizo contra los Sajones (que fueron las más feroces y duraderas).

 

-      La conquista de Lombardía y la pacificación del centro y sur de Italia (el bizantino ducado de Benevento).

 

-      La de la incorporación de Baviera.

 

-      La guerra contra los Avares del Danubio.   

                                    

El papa Adriano I quería que invadiese España y que expulsara violentamente a los moros de las tierras que ocupaban, para restablecer allí el cristianismo. Con esa finalidad en el año 778 Carlomagno invadió España con un ejército 'internacional', porque su reconquista era una empresa común de los cristianos contra los infieles musulmanes en la que, junto a las tropas francas, lucharon también borgoñones, lombardos, aquitanos, provenzales y septimanos.

 

El ejército de Carlomagno se dividió en dos grandes cuerpos: el oriental, que invadió España por la Vía Augusta gerundense, comandado por su valeroso primo Guillermo de Toulouse; y el occidental, que mandó el propio rey personalmente y que entró en tierras hispánicas por los Pirineos navarros. Ambos cuerpos de ejército se reunificaron en Huesca y avanzaron hasta Zaragoza, pero no pudieron apoderarse de esta plaza. En el regreso a Francia por los Pirineos de Navarra, las tropas francas de Carlomagno fueron atacadas en su retaguardia en el puerto de Roncesvalles.

 

            En el año 785 las tropas septimanas y francas se apoderaron de casi toda la provincia de Gerona y crearon gloriosamente la Marca Hispánica. En 801 conquistaron Barcelona. En los años siguientes prosiguió la reconquista franca de los territorios catalanes hasta que en 811, con la caída de Tortosa, se logró la reconquista de casi todo el territorio de la actual Cataluña.

 

En Navarra la primera ofensiva franca se llevó a cabo a finales del siglo VIII con la colaboración de los asturianos. En el 799 el partido pro-franco de los Velascos se hizo con el poder asesinando al gobernador sarraceno de Pamplona. En 802 los aquitanos fundaron el condado de Aragón, que tenía a la pirenaica Jaca como capital y a Oriol como su primer señor.

 

Al morir Carlomagno en 814 la Marca Hispánica se extendía por la mayor parte de la Cataluña actual y por los Pirineos desde el Mediterráneo al Atlántico, pues por allí solamente quedó un foco de resistencia sarracena en Huesca. Su sueño de reconquistar la España musulmana del norte de la cuenca del Ebro ya se había cumplido, en gran parte.

 

 


 

Sus contemporáneos daban a Carlomagno el calificativo de 'pacífico', a pesar de ser un victorioso guerrero. No debemos sorprendernos de ello porque, en la forma de hablar del siglo VIII, 'pacífico' no significaba que fuese enemigo de guerrear, o sea, un pacifista, como se diría actualmente; sino que el emperador era el guardián vigilante de la unión pacífica y justa entre sus súbditos, una de sus preocupaciones esenciales, porque para él la paz debía ir asociada con la concordia y la justicia. Él proclamaba la necesidad de la concordia y de la paz entre todos sus súbditos, y les animaba a que fuesen caritativos, hospitalarios y a que no cometiesen injusticias con nadie.

 

Fue coronado emperador en Roma por el papa León III en la Navidad del año 800 y como tal ejerció una dominación imperial carismática, personalísima. Pero ¿de qué era emperador?. De Roma no, aunque sí en apariencia. En realidad fue titular del Imperio Cristiano, que se concretó en el Imperio de Occidente de Europa (El Imperio de Oriente era Bizancio) al que dio unidad jurídica y social como fundador del núcleo político de lo que sería Europa. Efectivamente, el emperador implantó un modo de convivencia en el continente europeo que pervive en buena parte. Carlomagno, ante la diversidad de los pueblos que integraban aquella Europa, supo llevar a cabo un  proyecto de civilización común, que tenía en cuenta los principios cristianos, desarrollando un ideal colectivo unificador.

 

Además el modelo carolingio de Europa ha configurado la denominada cultura occidental que se extendió a una gran parte del mundo. 

En “Karolus Magnus et Leo papa”, un poema atribuido tradicionalmente a Angilbert, uno de los 'miembros' de la academia palatina de Aquisgrán, Carlomagno es calificado en varias ocasiones de faro de Europa y de padre de Europa. Carlomagno fue un líder carismático capaz de construir una gran Europa civilizada, justa y pacífica.

 

            Carlomagno murió, pero su memoria permanece y su obra sigue vigente por su carácter modélico. Efectivamente, no se puede considerar que su destino se acabó cuando en enero de 814 el anciano emperador se extinguió. Personaje de leyenda, héroe frecuente en los relatos de gesta, él es también un legado que se reparten o se disputan los gobernantes, los clérigos, los principales linajes.

 

El emperador es considerado como fuente de legitimidad, como ejemplo de trayectoria política y como modelo de comportamiento moral, pues incluso fue “canonizado” por el antipapa Pascal III en 1165.


 

Estatua de "San" Carlomagno en el museo de la catedral de la carolingia Gerona

 

El Imperio carolingio fue el núcleo originario de la Europa política, y el emperador -que fue el primero de los europeos-, ha llegado a ser prototipo de rey sabio y ejemplar.  Su obra pervive actualmente.

Al morir Carlomagno, y conforme a sus previsiones sucesorias, le sucedió como emperador su hijo Luis, que sería denominado “el  Piadoso”. Después del año 821, al irse generalizando la anarquía en el Imperio se intensificó la disolución del poder y del concepto imperial. Luis “el Piadoso”, por su pusilanimidad, fue el principal responsable de su derrumbamiento. Finalmente Luis “el Piadoso” murió también el 840, después de un reinado nefasto. Tras su fallecimiento sus hijos intensificaron más aún, si cabe, sus luchas fratricidas con la consiguiente descomposición del Imperio carolingio. En agosto del 843, cerca de Verdún, llegaron a reconciliarse y firmaron un Tratado que consagró el desmembramiento de los territorios que integraban ese Imperio. El Tratado de Verdún puede considerarse como el acta de nacimiento de la Europa de los Estados. 

El Imperio carolingio sirvió de fundamento a otros imperios que habían de abarcar el continente. El poder central fundado por Carlomagno podía desaparecer, pero los pueblos que englobaba y la civilización común europea creada por él estaban llamados a sobrevivirle.

 

En el desmoronamiento del Imperio carolingio se consiguió preservar lo esencial, que eran los valores intelectuales y espirituales que había promovido Carlomagno y que se concretaron en una manera común de ser, de creer y de pensar: la que caracterizaba,  y todavía caracteriza, a lo que llamamos Europa: una fraternidad sin fronteras, basada en una síntesis armónica entre el humanismo, la espiritualidad y el racionalismo.

 

Carlomagno fue tan extraordinario que es reclamado como propio por muchas naciones; pues no perteneció a una sola, sino a todas y a cada una de las existentes en la Europa occidental cristiana de su tiempo.

 

 

 

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3) LOS CAROLINGIOS CONDES DE VALOIS Y LA PERVIVENCIA DEL CONDADO DE VALOIS INTEGRADO, COMO 'PRINCIPADO', EN LA CASA REAL DE FRANCIA.         

 

Los primeros condes de Valois son Carolingios porque descienden del emperador Carlomagno tanto por vía masculina como por vía femenina, lo que se puede observar en el siguiente cuadro genealógico:

 

 

ORIGEN Y GENEALOGÍA DE LOS VALOIS

 

I) LOS CAROLINGIOS CONDES DE VALOIS-AMIENS

 

Carlomagno, emperador y rey de los Francos, 742-814

|

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Judith de Baviera + Luis el Piadoso, emperador, 778-840                          Pépin (Carloman), rey de Italia, 773-810

                                        |                                                                                                                       |                                                                                                                                                         

         Gisela de Francia, 819-876      + Eberhard de Friouli                     Bernard, rey de Italia, 797-818

                                                                     |                                                                                           |                                                                                                                                                            

 Hucbald,c.de Ostrevant,850-890 + Heluise o Helvide de Friouli, -895     Pépin II de Italia o de S.Quintin

                                                |                                                          c. de Vermandois y señor del Valois, 817-878

                                                            |                                                                                                     |

Hildegarde de Amiens +Raúl I sr.de Gouy,890-926    Pépin III Berenguer, c. de Valois, Senlis y Bayeux, 846-893                                                          

hija de Ermenfroi de Amiens,  |      conde de Valois                                                                 |---------------------------|                              

 c.de Amiens, Vexin y Valois   |                                                                                                  |                                                 |

                                                  |-----------------|                       Rollon, 860-933   + Poppa deValois           Bernard I, ...-927

                                                  |                      |                        dq. de Normandía    |                                              c.de Senlis y Valois

                                               |Raúl II, c.de Valois, -943               |------------|                                                              |                                                               

Gautier I, c.de Amiens,Valois y Vexin, 922-995                                 |                     |                                                     |                   

                + Adele de Anjou                Guillermo+Adele (Gerloc)  Guillermo+Sprotta de Senlis-Valois |

                               |               dq. de Aquitania  | de Normandía  dq. de Normandía ca900-942                            |                       

                               |                                       |                                               |                                           |

                               |                                Adelaida   +HUGO CAPETO Adele de  +Bernard II c.de Valois 

                               |                             de Aquitania |   rey de Francia Normandía|               y de Senlis

                               |                                                    |          941-996                            |                       

Gautier II deValois,c.de Valois, Vexin y Amiens 966-1060 |                              +       Adele de Senlis

                                                                                    |                       |

                                     Roberto II 'el Piadoso' rey de Francia Raúl III de Valois  + Adele de Nanteuil

                                                                                      |                                    c.de Valois, de Amiens y  | sra.deNanteuil-le-Haudouin      

                                                                   |                                      sr. de Crépy, 985-1060    |            992-1051                                                                                                                                   

                                           |---------------------------------|--------------------|--------------------------------------|

           Thibaud I de Valois Crépy                |        Raúl IV de Crépy, 'el Grande'           +      Adele

sr.de Nanteuil-le-Haudouin y del castillo de Crépy      |   c.de Valois, Vexin, Amiens y Vitry, 1010-1074      | de Bar-sur-Seine        

                                           |                                  |                     |-----------------------|---------| cdsa.de Montdidier

                                  |      Ana de Kiev+Enrique I              |                                 |                            

Adam 'el Rico' de Valois Crépy             rey de Francia San Simon de Crépy Adele deValois+Herbert IV

sr.de Nanteuil-le-Haudouin y del castillo de Crépy           |                     c.de Valois                       cdsa.deValois      |c.deVermandois

                                  |                                       |                                                                        |-------|                 

Thibaud II de Valois Crépy    + Isabel   Hugo'el Grande'Capeto'+ Adele de Vermandois  Eudes de

sr.de Nanteuil-le-H.y castillo de Crépy  |deChâtillon   c. de Paris y de Chaumont  |         cdsa.de Valois y de     Vermandois

                                                                |                                                          |Vermandois,1062-1124  el insensato,1068-...

                                |-------------|                                               |--------|                                                     

                                        |           2)    LOS CONDES DE VAL|OIS-VERMANDOIS-CAPETOS

                                |                                                                  |                                                                  

     Henri I         + Isabel de       Raúl V Capeto-Valois-Vermandois+Eléonore +Petronila de +Laure

sr.de Châtillon sur   |Valois-Crépy  c.de Chaumont, Valois y Vermandois, ...-1152 | de Blois    |  Aquitania         de

Marne,1080-1116   | sra.de Nanteuil-le-H.        coregente y senescal de Francia            | 1104-1141    |     1123-...            Alsacia             

                          |                                                                                      |                  |-------------|                     

Thibaud III de Valois Crépy         +  Clemence         Hugo de Vermandois    Raúl VI     Alienor Capeto                          

sr.de Nanteuil-le-H.y del castillode Crépy   |de Bar-le-Duc      (S. Felix de Valois)   el Leproso   cdsa. de S. Quintín y

            |------------------------------|                                        1127-1212               ...-1167          del Valois ...-1213

            |                                           |                                                                                                                 |              

            |Helwide-Heilwich de +Gaucher deValoys Crépy     (Al morir la condesa Alienor Capeto sin sucesión, |

            |Ferrette-Bar Mousson|-------|   heredó el cdo. de Valois el rey Felipe II Augusto, su más próximo pariente) |

Felipe I de Valois Crépy                   |                                 3) LOS REYES VALOIS (de Capetos)

sr.de Nanteuil-le-Haudouin        Vincent de Valoys Crépy   + Isabeau de Senlis                                             |               

y del castillo de Crépy    sr.de Jabaloyas (Teruel) y alcaide de Alpuente                                              FELIPE VI de VALOIS                    

         1160-...               caballero cruzado en España, 1185- h. 1250                             rey de Francia en 1328-1350

 

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Como puede observarse en el anterior cuadro genealógico, del carolingio Bernard, rey de Italia, desciende el antiguo linaje de los condes de Valois y de Vermandois, pero no los condes de Amiens y Vexin, pues estos proceden inicialmente por vía materna.  Los Valois, sobre todo en los tres siglos que reinó su Dinastía, fueron protagonistas destacados de la historia de Francia.

 


 

Pépin II de Italia o de San Quintín, conde de Vermandois y señor del Valois

 

 

En el último cuadro genealógico puede verse también que el primer señor carolingio de la región francesa de Valois, por vía paterna, fue Pepín de Italia o de San Quintín, conde de Vermandois. Los siguientes señores o condes de Valois o de Crépy-en-Valois son los que se detallan seguidamente en el linaje que se relaciona a continuación:

 

 

LOS CAROLINGIOS DIRECTOS SEÑORES O CONDES DE VALOIS

 

1)     Pépin II de Italia o de San Quintín, conde de Vermandois y de Valois (817 -878).

2)     Pépin III Berenguer, conde de Senlís, de Valois y de Bayeux (847-893).

3)     Bernard I, conde de Senlís y de Valois (875-927).

4)     Bernard II, conde de Valois y de Senlis (915-956).

5)   Adela de Senlis, condesa de Valois (956-1012), casada con Gautier II “el Blanco” conde de Valois, Amiens, Vexin y Mantes (949-después de 998)

 

 

 


Pépin III Berenguer de Senlis, c. de Senlis, de Valois y de Bayeux

 

 

 

 

6) Raúl II conde de Valois y Crépy, de Amiens, de Vexin y de Vitry (980-1030) c.c. Adela de Breteuil sra. de Nanteuil-le-Haudouin (992-1051), que tuvo tres hijos:

-        Raúl III “el Grande” de Crépy, conde de Valois, Amiens, Vexin y Vitry (1010-1074).

-        Thibaud I de Crépy-Nanteuil.

-        Alice de Valois, esposa de Thibaud III conde de Champagne, Blois y Troyes, antepasado de los reyes de Navarra de la Casa de Champagne.

 

 

 

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De Pépin III Berenguer de Senlis, conde de Valois, de Senlis y de Bayeux, así como de su hija, Poppa de Valois, descienden los Capetos reyes de Francia, como se demostrará más adelante, en el capítulo IV, 1. Por ello, voy a dar seguidamente algunos datos más sobre la distinguida Poppa de Valois, la duquesa de Normandía. Nació en el año 872 y falleció el 11 de agosto de 930, cuando tenía 58 años. Con su esposo el normando duque Rollon Rognvaldsson tuvo dos hijos: Guillermo 'Larga espada', que se casó con Sprotta de Senlis-Valois; y Adela (Gerloc), esposa de Guillermo, duque de Aquitania. Poppa de Valois fue enterrada en la catedral de Nuestra Señora de Ruan, en Normandía.


 

Fuente ornamental coronada con una estatua de la duquesa Poppa de Valois, que se halla en la plaza De Gaulle, de Bayeux, en Normandía

Fuente: flickr.com

Con el enlace matrimonial entre Poppa de Valois y el normando duque Rollon se estableció una firme y duradera alianza de sangre entre los linajes de los condes de Valois y los duques de Normandía que duró varias generaciones, pues se casaban entre ellos: el hijo de Rollon y Poppa, Guillermo, se casó con Sprotta de Senlis-Valois, hija del hermano de Poppa, Bernard I de Senlis, conde de Valois. Despues también se casaron entre si sus respectivos hijos: Adela de Normandía con Bernard II de Senlis, conde de Valois. Por lo tanto, entonces hubo un gran parentesco, amistad y cooperación entre las familias de los duques de Normandía y la de los condes de Valois, fortalecida más todavía por su buena relación con sus parientes Robertinos y primeros Capetos, en una época en la que esos grandes señores feudales eran cuasisoberanos en sus principados y en otros dominios.

Adela de Senlis, la hija de Adela de Normandía y del conde de Valois Bernard II de Senlis,  compartió su condado de Senlis con su marido Gautier II, conde de Valois, Vexin, Amiens y Mantes; quien transmitió a su inmediato sucesor, llamado Raúl, un principado de gran extensión y riqueza.  Además, al casarse con Adela de Breteuil, Raúl III aumento su dominio porque Adela aportó como dote el condado de Nanteuil-le-Haudouin. Al fallecer el conde Raúl III repartió su territorio entre sus dos hijos varones: a Raúl IV le correspondió el condado de Valois, y a Thibaud I le adjudicó el condado de Nanteuil-le-Haudouin y el castillo-fortaleza (donjon) de Crépy-en-Valois.

 

Posteriormente, como ya se ha mencionado anteriormente, la unión familiar entre los reyes Capetos de Francia y los condes de Valois se hizo mayor todavía cuando en el siglo XI se casó Adela, condesa de Valois y de Vermandois con el príncipe Hugo 'el Grande', hijo del rey Enrique I de Francia y de la reina Ana de Kiev; por lo que los siguientes condes de Valois, que también eran Capetos, se integraron jurídicamente y de hecho en la Casa real de Francia. Por ello, cuando en 1213 murió sin sucesión Alienor Capeto y Valois-Vermandois, la condesa de San Quintin y señora del Valois, su herencia pasó integramente a su pariente más próximo, su primo el rey Felipe II Augusto de Francia, y el título de conde de Valois se integró en el dominio real. A partir de entonces el Valois se convirtió en un 'principado', del que fueron titulares generalmente ciertos príncipes de la Casa de Francia.

 

 

 

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El más importante de los Carolingios condes de Valois-Amiens fue Raúl IV de Valois 'el Grande', también conocido como Raúl de Crépy, que fue un conde ambicioso, osado y guerrero; pero también romántico y apasionado, con una personalidad arrolladora.  Su condado de Valois le pareció poca cosa para él, pues su ansia de poder era ilimitada. Un cronista de su época, Guibert, abad de Nogent sous Coucy, le retrató asi: "Tanta fue la potencia del conde Raúl que fue famoso por toda Francia: fue conquistador de muchas villas y de muchos castillos, tras haberlos codiciado astutamente; de lo que son testigos muchas personas que viven todavía y que recuerdan sus gestas. Para evaluar su grandeza, será suficiente tener en cuenta que hasta llegó a casarse con la esposa del rey Enrique I, al quedarse viuda." Raúl fue un vasallo leal del Rey, al que defendió siempre que fue necesario. Por ello el conde acabó siendo uno de los personajes dominantes en la corte real.

 

Raúl IV se casó inicialmente con Adela de Bar-sur-Aube, que le aportó en dote los señoríos de Vitry y de Bar-sur-Aube y que le dio cuatro hijos: Gautier, Simón, Alix y Leonor. Posteriormente, heredó de su tio Dreux, cuando falleció, los condados de Amiens y de Vexin, con lo que se convirtió en un gran señor feudal. Tras enviudar de su esposa Adela, volvió a casarse con Haquenez, perteneciente a la familia de los condes de Champagne, que le aportó una generosa dote. Pero como era un ambicioso y experto guerrero también aprovechó todas las ocasiones que tuvo para anexionarse, violentamente o no, muchas ciudades y castillos señoriales. Como era el más prestigioso de los generales del ejército real, el rey Enrique le convocó a la guerra en Corbie en 1065 y, posteriormente, puso sus tropas al servicio del Rey para, tras la sucesión del conde de Flandes, emprender una campaña contra Balduino donde, desgraciadamente, murió su hijo primogénito Gautier. Por ser el hombre de confianza del Rey estuvo presente en los acontecimientos principales de la corte. Fue encargado por el Rey de acoger a la princesa Ana de Kiev cuando, desde las tierras lejanas de Rusia, llegó a Francia para esposarse con Enrique I. El 23 de mayo de 1059 estuvo en Reims en la consagración real del príncipe Felipe, donde Raúl acabó siendo citado el primero entre los magnates del reino. Efectivamente, en el acta de consagración del príncipe Felipe, el conde de Valois Raúl IV fue mencionado tras el rey de Francia, la reina y el príncipe, como el principal noble del reino. Sus posesiones territoriales eran inmensas y su principado era un dominio muy extenso, superior al que tenía el propio Rey. Entonces, en Francia, el territorio comprendido entre los ríos Sena y Somme se dividía en tres partes que pertenecían a las tres personas más importantes del noreste de Francia: el Rey, el conde de Valois y el conde de Champagne. Pero Raúl fue famoso no solo por la grandeza de sus feudos y sus posesiones; también por su fogosidad y su osadía, tanto en la guerra como en los asuntos amorosos. 

El rey capeto Enrique I de Francia tuvo cuatro hijos de su esposa, la rusa Ana de Kiev: el mayor nació al cabo de un año después de la boda, y por deseo de la reina llevó el nombre de Felipe. Nadie hasta entonces se había llamado así en la corte de Francia. De hecho, no era un nombre usual en todo Occidente. Poco después nacerían otros hijos del matrimonio: Emma, Roberto, y el menor de todos, el príncipe Hugo de Francia, quien se casó con Adela, condesa de Valois y de Vermandois, nieta del conde Raúl IV 'el Grande', uniendo así para siempre el linaje de los Valois con el regio de los Capetos. 



Ana de Kiev, reina de Francia

 Fuente: folcloreucraniano.wordpress.com

El joven Felipe iba a reinar pronto en solitario: su padre falleció al verano siguiente de la consagración de su hijo en la catedral de Reims, y entonces la reina Ana de Kiev se convirtió en regente en nombre de su hijo, que subió al trono como Felipe I. La reina contó con Balduino V de Flandes como co-regente.

Ana de Kiev se retiró con su hijo al castillo de Senlis, un lugar que le agradaba especialmente, donde la reina comenzó a organizar recepciones muy concurridas. Muchos señores de la corte y de alrededores de Senlis iniciaron la costumbre de visitarla, pues ella, que solo tenía 35 años, era todavía joven y muy bella, por lo que los nobles rivalizaban por cortejarla. Pero había entre ellos uno mucho más entusiasmado y osado que el resto, y casualmente era el que ella prefería entre todos. Se trataba de Raúl, el conde de Valois, uno de los señores más poderosos de Francia, quien acabó perdidamente enamorado de ella.     

Finalmente decidieron casarse; pero había un grave obstáculo: Raúl ya estaba casado. Durante el transcurso de una cacería el conde Raúl realizó el que fue seguramente el más osado de sus gestos: se apoderó de Ana y la alzó a su propio caballo y así, juvenilmente entusiasmados, cabalgaron juntos hasta una iglesia, donde el conde ordenó al sacerdote que los casara. El rapto de la reina y su boda clandestina causaron gran escándalo en todo el Reino, pero ellos, enamorados, parecían no darse cuenta de la indignación que crecía en su contra. Entonces Raúl de Valois repudió a su legítima mujer con el pretexto de adulterio en 1062; pero su pobre esposa Haquenez, que no se sentía en absoluto culpable, pidió justicia al papa Alejandro II, quien encargó una investigación de los hechos a los arzobispos de Reims y de Ruan. Resultado: el Papa ordenó al conde Raúl que volviera con su legítima esposa y que despidiera a la reina; pero como su pasión era muy fuerte, el continuó su vida marital con Ana de Kiev, lo que provocó que el Papa dictara su excomunión y la nulidad del matrimonio con la reina. Nada de ello perturbó la eterna luna de miel de la pareja. Juraron no separarse nunca, y mantuvieron su palabra.

Indiferentes a la hostilidad que despertaba su unión, viajaban juntos por el Reino sin esconderse, hasta que al final consiguieron que la gente acabara por aceptarlos. A pesar de esta situación incorrecta, el rey Felipe I conservó un profundo cariño por su madre; por lo que se reconcilió con ellos y volvió a recibirlos en la corte al cabo de un tiempo.

En el catálogo de las actas del reinado de Felipe I de Francia se hizo la mención de 'Reina Ana' hasta 1063, pero a partir de su unión con el conde Raúl IV de Valois, ella firmaba solamente con el título de 'madre de Felipe rey'.

 

La muerte de Haquenez permitió al conde regularizar su situación y hacer que le fuera levantada la pena de excomunión. Sin embargo, el conde de Valois murió excomulgado por segunda vez, por el modo en que se había apoderado de las ciudades de Péronne y Montdidier, que habían pertenecido a su repudiada esposa. Y fue precisamente en Montdidier donde murió el 8 de septiembre del 1074. Entonces Ana de Kiev se refugió en la corte, junto a su hijo el rey Felipe, que la acogió gozosamente; pero ella no intervino ya nunca más en los asuntos de Estado.

La reina Ana falleció en Francia, probablemente en 1076, y se cree que fue enterrada en la abadía cisterciense de Villiers, cerca de La Ferté-Alais, donde se descubrió su tumba en 1682.

 

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Tras la narración de la vida y hazañas del potente y belicoso Raúl IV 'el Grande', conde de Valois, de Vexin y de Amiens, que compartió el poder amistosamente con su pariente el rey Enrique I de Francia; ahora relataré, como contrapunto, la extraordinaria vida y hazañas de Simón de Crépy, otro famoso Valois nacido en 1048, el hijo y heredero del propio conde Raúl IV de Valois quien, en contraste con el proceder de su padre, renunció al poder, a la gloria, a las riquezas y al amor humano, y dedicó su vida a amar a Dios y a servir al prójimo; y lo hizo con tal intensidad que alcanzó la santidad tras una vida consagrada a restablecer la justicia y los derechos quebrantados por los poderosos.  Finalmente murió en Roma, a los 32 años, en brazos del Papa Gregorio VII, quien le hizo los mayores honores funerarios y mandó enterrarlo en el panteón papal. Más tarde, el Papa Urbano II hizo colocar el siguiente epitafio en el sepulcro de San Simón de Crépy-en-Valois: "Del linaje de la sangre real de Francia, abrazó la pobreza y abandonó su patria y el siglo para amar a Dios, prefiriéndolo a todos los tesoros terrenos".

 

Desde luego, la vida de Simón de Crépy, conde de Valois, es tan intensa y sorprendente, como ejemplar. Cuando murió su madre, Adela, en 1053, como solamente tenía cinco años, fue enviado a la corte del duque Guillermo de Normandía -pariente y fiel aliado de su padre, quien por conquista llegó a ser rey de Inglaterra-, para que su esposa Matilde de Flandes, prima de los Valois, lo tutelara y le diera una educación principesca y guerrera. Tras una intensa y sólida educación militar y civil, Simón gozaba de la confianza y los favores del duque Guillermo quien, a pesar de la juventud del conde de Valois, le llevó consigo a las campañas bélicas que mantenía contra Felipe I de Francia, quien había invadido tierras de Normandía. Allí permaneció Simón con el duque hasta que cumplió 16 años, porque a esa edad se incorporó a la corte real francesa donde tenía que ejercer el cargo de porta-estandarte del rey de Francia, un privilegio que correspondía a la Casa de los Valois.

 

Cuando murió en Montdidier Raúl IV de Valois, su segundogénito hijo Simón de Crépy-en-Valois, hijo del conde y de su primera esposa Adela de Bar, que era un juvenil varón pacífico, más inclinado a los ejercicios piadosos y a la vida monacal que a la guerra, se encontró dueño de extensos dominios territoriales y de muchas y aguerridas tropas, como titular de los feudos paternos. Dada su inmensa fortuna personal, Simón era el más poderoso señor feudal de Francia, con un patrimonio superior incluso al real de Felipe I.  El rey de Francia quiso aprovechar la ocasión para apoderarse de los enormes y ricos dominios del conde de Valois, por lo que  entonces el joven heredero tuvo que enfrentarse valerosamente durante tres años a las tropas reales hasta que consiguió derrotarlas; pero sus dominios quedaron asolados y muchas de sus poblaciones destruidas en gran parte.

 

Mientras guerreaba para mantener intacto su enorme patrimonio territorial, Simón reflexionó frecuentemente sobre el destino eterno que tendría su malvado padre, quien murió excomulgado y fuera del seno de la Iglesia. Cuando de nuevo se restableció la paz en el Valois, Simón de Crépy emprendió la penosa pero caritativa tarea de ir a recoger los restos mortales de su pecador padre Raúl III, que habían sido enterrados en Montdidier para trasladarlos a la iglesia de San Arnould en Crépy-en-Valois, donde serían inhumados para reposar allí junto a sus antepasados y a la madre del joven conde Simón. Y sucedió que en el largo trayecto el cadaver del conde entró en descomposición; pero, a pesar de ello, su hijo estuvo velándolo toda la noche en solitaria meditación sobre lo vanidosa y transitoria que es esta vida.  Por entonces, el joven conde de Valois firmó una carta de donación a dicha iglesia de Crépy en la que decía lo siguiente: "Considerando que los días de esta vida no son nada, y queriendo orientar mi alma a la contemplación de la eternidad, por mi propia salud eterna y por la de mi terrible padre el conde Raúl, yo he trasladado su cuerpo desde Montdidier, donde él reposaba, hasta la iglesia de San Arnould, construida por sus antepasados y enriquecida con sus dotaciones y las de los suyos, en Crépy".

 

Las reflexiones que hizo durante este traslado de los restos mortales de su padre y la triste ceremonia final de su definitivo enterramiento convencieron a Simón de la vanidad de las cosas de este mundo y de la conveniencia de retirarse a un claustro monacal para llevar allí una vida contemplativa rezando mucho por el alma de su padre. Con esa finalidad decidió preparatoriamente peregrinar a Roma y  visitar las tumbas de San Pedro y de San Pablo y entrevistarse con el Papa. Sin embargo, cuando visitó al Papa en Roma, el pontífice aconsejó a Simón de Crépy, contrariamente a sus propósitos, que debía continuar administrando sus dominios y que debía parlamentar con su rival y pariente, el rey Felipe I, para acordar la paz duradera que Francia necesitaba.

 

Entonces, el joven y sensato conde de Valois, obsesionado con su determinación de hacerse monje, no sabía cómo renunciar a casarse con su prometida, la hija de Hildebert, conde de Auvergne y de la Marche, hasta que, finalmente, decidió mantener una profunda conversación con ella y convencerla para que también ella ingresara en un convento.   Efectivamente, tras esa larga conversación convenció de ello a su prometida y con tal fin, un buen día, los dos novios huyeron juntos de la corte, pero no para casarse, como lo pensaban todos los cortesanos, sino para entregarse a la vida del claustro. La joven quedó a buen resguardo en un convento con las monjas, pero cuando Simón se dirigía a otro monasterio para hacer lo propio, fue alcanzado por los enviados del Rey, quienes le llevaron de nuevo a la corte. Allí, el que fue su tutor, el duque Guillermo de Normandía, el futuro rey de Inglaterra, le reveló que deseaba que se casase con su propia hija Adela, pues no quería casarla con Alfonso VI, rey de León y de Castilla, que la había demandado. Ante esa proposición, Simón alegó que entre ellos había una estrecha consanguinidad porque era pariente suya en un grado no admisible para la Iglesia y que, previamente, iba a ir a Roma para solicitar personalmente la dispensa al Papa.

 

Efectivamente, enseguida emprendió su viaje a Italia con una escolta de amigos caballeros, pero ni siquiera llegó a recorrer la mitad del camino porque, como relató su biógrafo Aubry des Trois Fontaines, a su llegada a la ciudad de Condal, en el Jura, se hospedó en la abadía de Saint-Claude, y decidió tomar el hábito monacal para inmolarse como Cristo. Posteriormente se retiró al monasterio de San Eugend. El ejemplo de un tan gran señor feudal que despreció poder y riquezas asombró a todos, desde Flandes a Normandía pasando por Francia, e incluso en Alemania.

 

Cuando por fin Simón de Crépy profesó como monje, su hermana Alix, también conocida como Adela o Hildebrante, que se había casado con su primo Herbert IV, conde de Vermandois, entró en posesión del condado de Valois; pero los enormes territorios integrantes de los feudos de Simón se repartieron entre los más cercanos parientes de su hermano el conde. Las tierras de Vitry y de Bar-sur-Aube pasaron al conde de Troyes. En cuanto a la iglesia de San Arnoul la confió a Hugo, el abad de Cluny. El rey de Francia fue el gran beneficiario de la retirada de Simón, porque Felipe se quedó con el Vexin francés que se halla al oeste de Poissy, del rio Oise al Epte, que comprendia las dos riberas del rio Sena, con Mantes y Pontoise. Efectivamente, el rey Felipe I de Francia, hermano mayor de Hugo “el Grande” de Francia, futuro esposo de Adela de Valois, la hija y heredera de la nueva condesa de Valois, adquirió el Vexin francés por herencia de sus cercanos parientes los Valois, según dice Georges Duby[21] porque “lo heredó en 1077 de los condes de Valois cuando su último vástago masculino, Simón (san Simón de Crépy), después de haber rehusado obstinadamente casarse, procrear, prolongar su linaje, se retiró a un monasterio...”.

Lo mismo que a muchos otros monjes pertenecientes a la alta nobleza, los superiores y los familiares de Simón insistieron para que emplease su influencia en arreglar discordias y restablecer derechos. Hugo de Cluny le envió ante el rey de Francia para que recuperase unas tierras que habían sido quitadas al monasterio y, asimismo, intervino activamente para obtener la reconciliación entre Guillermo de Normandía 'el Conquistador' y sus hijos. En Francia visitó Compiègne cuando se transfirió el santo sudario a una nueva caja de oro, ricamente adornada, y seguidamente entró en Normandía. Al paso del buen Simón "los hombres y las mujeres, entusiasmados por la pureza de su rostro y la humildad de su alma, decidieron seguir el mismo camino que él, y numerosísimas personas de ambos sexos acabaron haciéndolo".

 

Cuando el papa San Gregorio VII, en conflicto con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, decidió concertar un acuerdo con Robert Guiscard y sus normandos que ocupaban parte del territorio de Italia, mandó llamar a San Simón para que le ayudase en las negociaciones. Estas concluyeron felizmente en la ciudad de Aquino, en 1080 y, desde entonces, el Papa conservó a su lado a Simón para que, como extraordinario diplomático, le ayudase a resolver contiendas. Simón de Crépy, con su humilde hábito de monje, llegó a prestar muchos más servicios a la sociedad y a la Iglesia que si el conde hubiese permanecido en el siglo rodeado de su numerosa corte francesa de caballeros belicosos compañeros de armas. 

 

 


 

Finalmente Simón murió el 30 de septiembre de 1080, siendo todavía relativamente joven porque, sin duda, ya estaba maduro para alcanzar una merecida santidad. Entonces, por deseo del papa Gregorio VII, fue inhumado en el Vaticano, en el propio panteón de los Papas, con el ceremonial de una sepultura apostólica. Allí recibió infinidad de homenajes, tanto de la realeza europea como de su patria, una Francia que le veneró como uno de sus mayores santos. La reina de Inglaterra, su piadosa prima Matilde, envió a Roma el dinero necesario para costear un soberbio mausoleo en honor del bienaventurado Simón de Crépy. El humilde fraile que, en vida, abrazó la pobreza fue reconocido y venerado por todos como un gran santo.

 

 

 

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Otro personaje extraordinario fue Raúl V Capeto, conde de Valois y Vermandois, nieto del rey Enrique I, quien fue el primogénito de los siete hijos que tuvieron el Capeto príncipe Hugo 'el Grande' y su esposa Adela, la condesa de Valois y de Vermandois. Como Raúl V, el conde de Valois y de Vermandois,  era primo hermano del rey de Francia Luis VI, entre ellos hubo siempre una entrañable amistad y mutua lealtad y confianza; por lo que Raúl V se dedicó exclusivamente al servicio de la realeza capeta pues, incluso al morir Luis VI en 1137, el conde de Valois y Vermandois continuó sirviendo al rey heredero Luis VII, también pariente suyo, con la misma intensidad y fidelidad absoluta que tuvo con su padre, Luis VI el Batallador. Raúl cabalgaba siempre junto al Rey, su primo y amigo inseparable.

 

Además de ser el principal guerrero del Reino, Raúl V fue también un bienhechor piadoso. Efectivamente, leyendo los relatos de su contemporáneos sobre las hazañas del conde de Valois y Vermandois; sobre todo, la vida del rey Luis VI que escribió Suger, el abad de San Denis, quien describe a Raúl V como un valiente guerrero, siempre fiel al Rey, además de ser muy generoso con los centros religiosos; siendo siempre un señor magnánimo y compasivo con sus vasallos.

 

Luis VI, consciente de la valía de su primo Raúl V como guerrero, y teniendo en cuenta su fidelidad absoluta, le nombró senescal de Francia; o sea, segundo personaje del Reino, encargado de mandar el ejército real y de organizar y vigilar a los funcionarios. Desde el comienzo del siglo XII la transformación del armamento hizo necesario el uso de los escudos de armas y uno de los primeros que se conoció fue el del senescal: jaquelado de oro y azul; es decir color real, pues el oro y el azul servían para identificar al rey y a su familia. Como jefe del ejército real francés, el senescal llevaba la bandera roja de San Denis, enarbolada por primera vez en la guerra de 1124 contra el emperador alemán.

 

Cuando la Cristiandad estuvo revuelta por los sucesos habidos en Roma por la muerte del papa Honorio el 3 de febrero de 1130, el papa Inocencio II tuvo que refugiarse en Francia porque Luis VI lo reconoció como legítimo pontífice, y el Papa residió en Francia todo el año 1131, viviendo de forma itinerante, sin apenas recursos. Entonces se instaló en Crépy-en-Valois como huesped de Raúl V y residió allí en su castillo condal durante mucho tiempo.

 

Un gran concilio tuvo lugar en Reims del 18 al 26 de octubre de 1131, con asistencia de 13 arzobispos, de 263 obispos, de Bernardo de Claraval, el futuro San Bernardo; así como el futuro San Norberto y numerosos abades. Bernardo de Claraval había expresado al desplazado Papa, tras el concilio de Etampes, el incondicional apoyo de los clérigos. Por su parte, el rey Luis VI, aprovechando la presencia del Papa, le pidió que consagrase a su hijo el que sería Luis VII, para asegurar la continuidad de la dinastía capeta. El joven Luis fue consagrado por Inocencio II el 25 de octubre de 1131. Pero como el Rey no podía dedicarle todo su tiempo al Papa, a pesar de que era necesario que le atendiese y vigilase  permanentemente el monarca, Luis VI encomendó esa importante misión diplomática a su primo Raúl V de Valois-Vermandois.

 

La gran lealtad que el conde profesaba a su primo no fue obstáculo para que, por el carácter impulsivo y enredador del conde, el Rey decidiese tener también como otro consejero privilegiado suyo a Suger, el abad de San Denis, un hábil negociador, conciliador y pacífico. En 1135, cuando el Rey enfermó gravemente, designó como tutores de su hijo a los condes Thibault de Champagne y a Raúl de Valois-Vermandois; pero como su enfermedad no era mortal Luis VI siguió reinando dos años más hasta su fallecimiento.

 

El 25 de julio de 1137 se celebró en Burdeos la boda del joven Luis VII con Leonor de Aquitania, unos días antes de que el rey Luis VI falleciera el 1 de agosto y dejase el Reino en manos del inexperto Luis VII, que solo tenía 17 años; por lo que comenzó a gobernar con el asesoramiento  de Suger y del conde Raúl, quienes, dada la diversidad de sus caracteres y de sus opiniones, a veces dejaban confuso al Rey; por lo que poco a poco Luis VII fue confiando más en su primo Raúl, quien acabó convirtiéndose en su consejero principal. Todos los diplomas reales de Luis VII en 1131 fueron suscritos como senescal por Raúl, especialmente la carta concedida por el Rey a la provincia eclesiástica de Burdeos. El conde Raúl se mantuvo como senescal de Francia hasta su fallecimiento en 1152.

 

Pero, anteriormente, la corte vino a trastornarse por un acontecimiento inesperado: en 1141 la reina Leonor de Aquitania trajo a la corte real a su bella hermana Petronila, que solo tenía 17 años, y que enseguida fue cortejada por un conde Raúl V que, a pesar de tener ya 40 años cumplidos, se enamoró apasionadamente de ella. Y Petronila se sintió atraida por este valiente guerrero cuya virilidad le recordaba a los vigorosos duques de Aquitania, su padre y su abuelo, tan diferentes del tímido rey Luis VII. El emparejamiento fue bien acogido tanto por el rey como por la reina; pero había un gran inconveniente: Raúl estaba casado desde hacía varios años con Eleonor, sobrina del conde de Champagne, aunque no tenían hijos.

 

La disolución del matrimonio de Raúl V de Valois-Vermandois podría fundamentarse invocando consanguinidad. Tres obispos complacientes defendieron la petición del senescal: su hermano Simón de Vermandois; Pedro, obispo de Senlis y Bartolomé de Jur, obispo de Laon; por lo que pronunciaron la anulación del matrimonio, pues esa consanguinidad era cierta, pero menor incluso de la existente entre Raúl y Petronila. El conde de Champagne, furioso porque su sobrina había sido repudiada injustamente, decidió apelar al Papa, quien nombró un legado instructor del caso que, consciente de la maniobra de los tres obispos, y conocedor de que Bernardo de Claraval consideraba ilegítimo el nuevo enlace matrimonial, excomulgó al conde Raúl. El Rey reaccionó violentamente ante la sentencia contra su senescal y, entonces el ejército real se puso en marcha contra el conde Thibault e invadió su condado de Champagne en 1142. Al principio los combates fueron limitados. El conde Raúl creía que lo mejor era entrar en negociaciones; pero el Rey opinaba que antes de ello era necesario hacer una conminación devastadora. Luis VII, deseoso de afirmar la autoridad real ante uno de los principales magnates del reino ordenó el ataque ante Vitry. La soldadesca destrozó y quemó todo y la enloquecida población se refugió en la iglesia; pero, como la carpintería se incendió, 1.300 personas murieron calcinadas. El Rey, abrumado y anonadado por esta tragedia se propuso hacer penitencia, pues esta catástrofe iba a marcar su vida. El Papa Inocencio II amenazó con un interdicto sobre el Reino. Mientras que la guerra se reanudó, ambos contendientes pensaban que era necesaria la paz, pero la solución era difícil y tardó en materializarse.

 

Pero la superioridad militar del Rey no se tradujo en un avance en su objetivo de validar el matrimonio de Raúl V de Valois-Vermandois y de Petronila; pues el Papa, apoyado por San Bernardo, no quiso reconocer como válido su enlace matrimonial. Hubo que esperar hasta el fallecimiento del Papa en 1144 para que la Iglesia quisiera reconsiderar el asunto. El nuevo pontífice, Celestin II, levantó la excomunión del conde condicionada a que abandonase a su mujer ilegítima. Pero Raúl decidió continuar conviviendo con Petronila. Menos mal que el fallecimiento de su ex esposa, Eleonor, desbloqueó el asunto e hizo posible la regularización del matrimonio. En 1148, el nuevo Papa, Eugene II, durante un concilio celebrado en Reims, legitimó esa unión matrimonial.

 

Entretanto, para expiar sus pecados, el rey Luis VII quiso hacerse cruzado. Y la reina Leonor decidió acompañarlo. Los viejos consejeros del Rey intentaron persuadirlo por los riesgos de la empresa y las incertidumbres que correría el Reino durante la ausencia del Rey, pero no lo convencieron y Luis VII se afirmó en su proyecto. El rey y la reina partieron para Tierra Santa el 14 de junio de 1147. Entonces quedaron como regentes del Reino el abad Suger y el conde Raúl V de Valois-Vermandois, el senescal de Francia; a los que ayudó el arzobispo de Reims. En 1149 Suger escribió al Rey, diciéndole: "vuestra tierra y vuestros vasallos, gracias a Dios, gozan de una paz duradera"; pero posteriormente el belicoso conde Raúl V se alzó en armas contra Renaud II de Clermont porque se había atrevido a casarse con Adela de Vermandois, su viuda madre, en segundas nupcias.

 

Pero, en definitiva, aquellos a quienes el Rey confió la regencia de Francia lograron mantener la paz y la prosperidad en el Reino. En 1149 el rey Luis VI y su esposa regresaron a Francia. La concordia entre ambos había desaparecido; pero a pesar de todo Suger y Raúl V aconsejaron al Rey que no se divorciase de la reina, pues eran conscientes de lo costoso que sería para Francia mantener la paz en sus territorios y temiendo que los feudos de la reina Leonor de Aquitania pasasen a manos enemigas de Francia.

 

Suger murió el 13 de enero de 1151. Raúl falleció en 1152 y San Bernardo en 1153. Los mantenedores de la paz y el orden en el reino de Francia desaparecieron a la vez. Y para colmo de desgracias el Rey, mal aconsejado, promovió el concilio de Beaugency que en marzo de 1152 pronunció la nulidad del matrimonio de Luis VII y Leonor de Aquitania invocando su grado de parentesco. Y entonces, Leonor se casó con Enrique Plantagenet, conde de Anjou y duque de Normandía, que se convirtió en rey de Inglaterra en 1154. Lo peor acabó sucediendo: se inició una rivalidad entre Francia e Inglaterra que iba a durar tres siglos en desaparecer, tras varias fases de intermitentes guerras entre ambos paises, incluso la de los Cien Años, reinando ya los monarcas Valois.

 

En cuanto al vigoroso conde Raúl V de Valois-Vermandois, tras la prematura muerte de su esposa Petronila se volvió a casar con Laure, hija de Thierry de Alsacia. Finalmente, Raúl V falleció el 14 de octubre de 1152.  Durante toda su vida el conde fue muy generoso con las comunidades monásticas del Valois: fue fundador de Lieu-Restauré y de la abadía de Longpont y aportó muchas donaciones a las iglesias de San Arnoul y a las abadías de Cluny y Ourscamp. Tal vez el conde esperase, con estas donaciones, obtener el perdón de sus pecados y salvar su alma. Falleció cuando moraba en su castillo de Crépy-en-Valois, tras haberse arrepentido de sus faltas y de sus fechorías. Los monjes de San Arnoul lo enterraron en su abadía, en el panteón de los condes de Valois. La orden de Cluny, en reconocimiento de sus actos bienhechores y de sus generosas donaciones, le rindió honores semejantes a los reservados para los reyes, y acordó que durante treinta meses se celebrasen misas todos los días en Cluny y en Crépy "a fin de obtener del Todopoderoso que colocase al magnánimo conde entre sus elegidos y predestinados a la vida eterna".

 

 

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Cuando falleció el senescal Raúl V, conde de Valois y de Vermandois, se planteó el problema de saber a quienes correspondía heredar su enorme patrimonio, sus feudos y sus títulos. Inicialmente, el principal heredero suyo debería ser su hijo primogénito, Hugo de Vermandois, que lo tuvo por su primera esposa, Eleonor de Blois. Pero Hugo hacía muchos años que se había hecho monje y que había adoptado el nombre de Félix de Valois, renunciando a todo lo que pudiera corresponderle al fallecer su Padre.

 

Según una tradición que recoge el Breviario de la Orden de los Trinitarios, fue Félix de Valois de sangre real, porque era biznieto del rey Enrique I de Francia. Su padre fue Raúl V Capeto, conde de Valois y de Vermandois, senescal de Francia, y nieto de Teobaldo III, conde de Champagne y de Blois por su madre, Leonor. También se afirma en el Breviario  que Félix habría nacido en San Quintín o en la ciudad de Amiens en el año de 1127. Al  bautizarlo se le dió el nombre de Hugo; un nombre que recibió en recuerdo de su abuelo el príncipe Hugo de Francia —nobilísimo caballero muerto en 1102 a consecuencia de las heridas que recibiera en Tarso de Cilicia durante las Cruzadas— y asimismo por la gran devoción que la condesa, su madre, profesaba a San Hugo, obispo de París y más tarde arzobispo de Ruán.

 

El escudo de San Félix de Valois muestra su pertenencia a la casa de Vermandois, con su ajedrezado de cuadros en azul y amarillo. Hugo fue un niño piadoso y caritativo, que incluso pidió a su padre, primo hermano y senescal del rey de Francia, que concediera el perdón a un condenado a muerte por homicidio, prometiéndole proféticamente que, si se lo concedía, él se haría monje y sería ejemplar. En su juventud ya su corazón ardía deseando estar en soledad para dedicarse a la penitencia y a la oración. En fin, que acabó retirándose del mundo,  y entró en la orden del Císter como discípulo de San Bernardo. Pero como desaba tener una vida todavía  más austera y silenciosa, se hizo ermitaño y se retiró al bosque en Cerfroid (Aisne, Francia). Allí, lejos del mundanal ruido y olvidado de los quehaceres humanos, sintió el ermitaño iluminarse su espíritu con nueva fe e inflamarse su corazón en el más intenso amor divino. Desde entonces desapareció Hugo de Vermandois del mundo para convertirse en un humilde solitario conocido por el nombre de hermano Félix. 

Cuando el fraile Juan de Mata celebró su primera misa el 28 de enero de 1193 en la catedral de París, es creencia general que recibió una visión divina que le inspiró  fundase una nueva orden religiosa en la Iglesia. Entonces Juan de Mata se retiró a un desierto de oración cercano a París, próximo a Meaux, un lugar llamado Cerfroid, en donde encontró a un grupo de ermitaños, encabezados por Félix. Es a estos hombres de oración a quienes contó su proyecto y de los que recibió el impulso que necesitaba y buscaba para hacerlo realidad. En la tradición de la Orden de los Trinitarios siempre se ha considerado a Félix de Valois como el primer compañero de Juan de Mata en la tarea fundacional de la Orden.

Cuarenta años llevaba Félix de Valois en su retiro, plenamente entregado a contemplar las cosas de Dios, cuando acudió a verle Juan de Mata, que era doctor por la Universidad de París, pero que era mucho más eximio aún por la grandeza de sus virtudes y por la santidad de su vida.

También él, olvidado de las promesas con que le tentara el mundo, habíase recogido a un lugar solitario para llevar rigurosa vida eremítica. No bien se conocieron, abrazáronse ambos santos y ya no pensaron sino en compartir las asperezas de la mortificación en aquel estado de penitencia y en cantar juntos las alabanzas de Dios.

Cuenta la leyenda que cierto día en que los dos solitarios conversaban junto a una fuente acerca de la Divinidad, vieron venir hacia ellos un ciervo blanco que traía en la frente una esplendorosa cruz azul y roja. Buscaba Félix el significado de tal aparición, cuando le explicó el futuro San Juan de Mata cómo Dios le había ya manifestado su voluntad, por medio de un prodigio análogo, y cómo los invitaba Dios a fundar, de común acuerdo, una Orden nueva que se denominaría de la Santísima Trinidad, y cuyo fin había de ser rescatar a los prisioneros cautivos de los maltratadores piratas.

Al oír referir Félix tan inauditos sufrimientos de los cautivos, sintió que su corazón se inflamaba en ardientes ansias de libertar a tantos desventurados o, por lo menos, de aliviar su martirio. Mientras ambos santos recapacitaban acerca de los medios de realizar sus propósitos, recibieron en sueños, y por separado, el mandato, reiterado por tres veces, de presentarse al Sumo Pontífice. Abandonaron sin demora su gruta querida y, con el bordón en la mano, encamináronse hacia Roma para presentar al papa Inocencio III  el proyecto de fundación de una nueva orden religiosa, denominada Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos. Los peregrinos Juan y Félix fueron recibidos por el Papa como enviados del Señor. Era a principios del año 1198.

Inspirado por Dios, aprobó Su Santidad los proyectos de Juan de Mata y de Félix de Valois, que iban a darles a sus monjes por hábito el mismo que habían visto al ángel y, después de bendecirlos cariñosamente, enviólos a cumplir la nueva misión para la que el cielo los había designado. El Papa, en varias bulas confirmatorias, reconoció las casas trinitarias de Cerfroid, Fontainebleau y Boug la Reine, y en ellas la presencia de los hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad soñada conjuntamente por Juan y Félix.

Después de su regreso a Francia, Félix de Valois y Juan de Mata vivieron aún juntos algunos días. Al cabo de ellos, volvieron a separarse y ya nunca más se vieron en la tierra. Juan de Mata encaminóse a Túnez, donde pudo libertar a unos trescientos cautivos.

Félix fue ministro de la casa trinitaria de Marsella, la más importante de la Orden, en 1203, mientras Juan estableceía y fundaba más casas. Posteriormente Félix fue encargado del monasterio de Cerfroid, construido en el mismo lugar en que el ciervo milagroso se les apareciera.

El longevo siervo de Dios Félix de Valois, agotado por los años y por los trabajos del apostolado, sumados a las austeridades de la penitencia, cayó enfermo. Supo por revelación celestial la proximidad de su muerte, y la noticia inundó de gozo su alma. En un arrobamiento amoroso exclamó el santo anciano: "¡Oh día feliz aquel en que troqué la corte por el desierto! ¡Benditas las lágrimas que he derramado y las austeridades con que he afligido mi cuerpo: ellas me llevan hoy a la bienaventurada eternidad!…". Tomó después un crucifijo, llevólo por última vez a sus labios y, en prolongado y extático ósculo de divino amor, entregó apacible y dulcemente su alma el 4 de noviembre de 1212, siendo ministro del convento trinitario de Cerfroid. Tenía a la sazón ochenta y cinco años.

La tradición de la Orden Trinitaria siempre ha considerado a Félix de Valois como el complemento de Juan de Mata. Siendo esta la primera Orden aprobada por la Iglesia de carácter no monástico, fundada en ciudades y en casas, Félix representó la dimensión contemplativa y orante de la misión trinitaria mientras que Juan de Mata representó la dimensión activa, redentora, tan característica de la Orden.

 

 


San Félix de Valois

Fuente: Iglesia.info

No se conoce la época de su elevación a los altares. Refiérese que Urbano IV, Papa, le concedió en 1267 los honores de la canonización, así como a San Juan de Mata. Cuesta creer, sin embargo, que un acto de tal importancia no se halle consignado en la historia de la época, y que el documento pontificio relativo a los dos patriarcas de la Orden de la Santísima Trinidad haya podido extraviarse sin dejar la menor huella. En el siglo XVII, emprendieron los religiosos Trinitarios la ardua tarea de probar que ambos siervos de Dios eran ya objeto de un culto inmemorial. En su investigación, encontraron unas Bulas de Urbano VIII, en particular la fechada en mayo de 1632, donde les confiere el nombre de santos; y otro documento pontificio, del 9 de octubre de 1646, que permitió a los Padres Trinitarios de España celebrar la fiesta de ambos fundadores el 17 de diciembre. Por fin, las gestiones de la Orden consiguieron en agosto de 1666, en el pontificado de Alejandro VII, el reconocimiento oficial de su culto.

 

 

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Poco antes de su fallecimiento, el senescal de Francia conde Raúl V de Valois-Vermandois, que tenía tres hijos menores de edad, designó tutor de sus hijos a Ives de Nesle, conde de Soissons, quien se ocuparía tanto de la educación de los tres pequeños como de la administración del extenso patrimonio del conde.

 

Una de las tareas principales del tutor fue, además, la de negociar y aceptar cónyuges adecuados para los tres hijos del conde:  en 1156, la mayor, Elisabeth, se casó con Felipe de Alsacia, hijo del conde de Flandes; Alienor se casó con Godefroid, hijo del conde de Ostrevant y el pequeño Raúl fue prometido a Margarita, la hermana de Felipe de Alsacia. Sin embargo, nunca se consumó este último enlace matrimonial porque Raúl enfermó de lepra, lo que exigió su marginación social. Ante la perspectiva de una muerte cercana de Raúl, el grueso de la herencia: feudos y títulos pasaron a la primogénita, Elisabeth, lo que aumentó la potencia del dominio territorial del conde de Flandes y señor de Artois cuando su esposa heredó las posesiones de Vermandois y de Valois. Felipe se convirtió así en el dueño de una gran parte del norte de Francia. Además el conde de Flandes fue padrino y posteriormente tutor del joven príncipe francés y futuro rey Felipe Augusto, quien se casó con su sobrina Isabelle de Hainaut.

 

Pero la potencia territorial del conde de Flandes se vio pronto en peligro porque el 26 de marzo de 1182 Elisabeth de Vermandois falleció sin dejar hijos. Entonces, Felipe debería devolver el Valois, el Vermandois y otros dominios territoriales que eran propiedad de su esposa. Y, para complicar la situación, el otro Felipe, el joven rey de Francia, que todavía no era Augusto, compareció para reclamar la herencia de su prima Elisabeth, una joya muy apetecible. Y entonces, con pleno derecho, Alienor Capeto y Valois-Vermandois, la hermana menor de Elisabeth, reclamó el Valois y el Vermandois porque pertenecieron a su padre, el conde Raúl V.

 

Como los aspirantes a la herencia de Elisabeth no lograron ponerse de acuerdo, el conde de Flandes pretendio resolver el asunto manu militari, y se levantó en armas contra el rey de Francia. Mientras tenían lugar los enfrentamientos entre los ejércitos de los dos Felipes el rey de Francia llegó a un acuerdo con su prima Alienor, que era esposa de Mathieu de Beaumont, el camarero de la casa real, por el que la reconocía como condesa de San Quintin y señora del Valois a cambio de que su prima le cediera la mayor parte del Vermandois, lo que debilitó las pretensiones del conde de Flandes, quien no aceptó tal acuerdo y continuó su ofensiva guerrera contra el Rey.

 

La lucha entre el Rey y el conde de Flandes concluyó en 1185 por el acuerdo de Boves, que dividió las antiguas tierras del conde Raúl V en tres partes: Felipe de Flandes se quedó con la posesión de las ciudades de San Quintín y de Peronne mientras viviese; Alienor fue reconocida como propietaria del Valois y de lo restante del Vermandois, incluso Ribemont. Por su parte, el Rey se quedó con el condado de Amiens, así como con Montdidier y, además, Alienor enfeudó sus posesiones territoriales a favor del Rey, para el caso de que ella falleciese sin hijos, pues entonces su primo el Capeto Felipe Augusto sería su único heredero. Cuando falleció el conde de Flandes el 1 de junio de 1191, en Acre, dado que estaba como cruzado en Tierra Santa, se concluyeron definitivamente los asuntos de las herencias del conde de Flandes y del conde Raúl V de Vermandois y Valois: Alienor fue reconocida como heredera principal de su padre y una carta real de enero de 1192 reconfirmó el conjunto de sus pretensiones sobre el Valois y el Vermandois, y le dio la inmediata posesión del señorío de Valois y de la ciudad de San Quintin como condesa suya y, además, reafirmó que el Rey sería su heredero si ella falleciese sin sucesión.

 

En efecto, John Baldwin[22] ha relatado y confirmado todo esto escribiendo lo siguiente: "Mientras el rey lleva a cabo la conquista del Auvergne, Felipe Augusto resuelve (también) la sucesión del Vermandois. Alienor, condesa de Valois y de Vermandois muere sin sucesión en junio de 1213, como era previsible. El rey, su primo, heredó en virtud del acuerdo de 1182, sus dominios que comprendían el Valois (con, principalmente, Crépy), y el resto del Vermandois (esencialmente Chauny, San Quintin y Ribemont). La adquisición de los territorios del Nordeste, iniciada por los Capetos desde hacía medio siglo, llega así a su término.". La entrada de los feudos territoriales del conde Raúl V en el dominio real tuvo mucha importancia porque el Rey, como sus Capetos antecesores, poseían pocas tierras.

 

En definitiva, Alienor, "la buena señora de Valois", al morir sin hijos, dejó sus feudos y honores a su pariente más próximo, su primo el rey Felipe II Augusto de Francia, por lo que el condado de Valois se integró entonces en el dominio real y, en adelante tuvo categoría de 'principado' y sus titulares fueron siempre príncipes de la casa real de Francia. En fin, repasando la trayectoria de los Valois y de los Vermandois se observa que ambas familias  pertenecen  al mismo linaje carolingio, y que actúan coordinadas pero separadas durante un par de siglos hasta que ambas ramas,  fundidas en un solo linaje que se integró en el real de los Capetos,  se extinguieron unidas en 1213. 

 

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4) DEL PARENTESCO ENTRE LOS VALOIS Y LOS CAPETOS HASTA LA FUSIÓN DE AMBAS ESTIRPES EN EL LINAJE REAL DE FRANCIA

 

El primer linaje de los condes de Valois, el de los Carolingios condes de Valois-Amiens, se expuso anteriormente en un cuadro genealógico, en el que se puede observar que el biznieto de Carlomagno, el conde de Vermandois y sr. del Valois Pepín II de Italia y San Quintín, fue el patriarca de la antigua estirpe carolingia de los condes de Vermandois y/o de Valois. Efectivamente, su hijo primogénito, Herbert, continuó el linaje de los condes de Vermandois, mientras que Pepín III Berenguer de Senlís, su hijo segundogénito, fue el conde de la región del Valois que se separó del Vermandois a finales del siglo IX. De los condes de Valois y de Vermandois  descienden los primeros Capetos reyes de Francia, como se puede observar en el siguiente cuadro genealógico:

 

 

 

Carlomagno, emperador y rey de los Francos

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Pépin (Carloman), rey de Italia

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 Bernard, rey de Italia

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Pépin de Italia, conde de Vermandois y sr. de Valois y S. Quintin

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|--------------------------I--------------------------|

|                                                                             |

Herbert I conde de Vermandois      Pépin III Berenguer de Senlis, c. de Valois y Bayeux

|                                                                |                                          

Beatriz de Vermandois                                 Poppa de Valois

        + Roberto I  rey de los francos                      + Rollon (Roberto) duque de Normandía

|                                                                |

Hugo 'el Grande' duque de los francos              Adela (Gerloc) de Normandía

+ Hedwige de Sajonia                              +   Guillermo duque de Aquitania

 |                                                                 |                                                   

Hugo Capeto rey de Francia             +         Adelaida de Aquitania

                                                                                             |

                                                                                             |

   Roberto II 'el Piadoso' rey de Francia

+ Constance de Provenza-Arles

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Enrique I rey de Francia

Ana de Kiev

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                 |--------------------------------------------------------------------------------|

Dinastía de los reyes          Hugo 'el Grande' Capeto, conde de París y de Chaumont

Capetos de Francia         + Adela de Vermandois, condesa de Valois y de Vermandois

                 |                                                                     |

                 |                                                                     |

                 |                                          Raúl V Capeto-Valois-Vermandois,

                 |                                            coregente y senescal de Francia

                 |                                    conde de Valois, Vermandois y Chaumont

                 |                                                                      |

                 |                                                                      |

                 |                                    Alienor, condesa de San Quintín y del Valois,

                 |                                   que murió sin sucesión y sus feudos del Valois

                 |                                   y de Vermandois los heredó su primo el rey de

  Dinastía de los reyes                Francia Felipe II Augusto, por lo que se integraron                                  

     Valois de Francia                                          en el dominio real

                                                                                                                                                                

 

 

En este cuadro genealógico se comprueba la veracidad de unas conclusiones fundamentales para la historia de Francia: que los reyes Capetos son también descendientes de los carolingios condes de Valois y de Vermandois y que, además, los primeros reyes Capetos se fortalecieron cuando se fusionaron con los poderosos condes de Valois y de Vermandois, hasta el punto de que el linaje real resultante de la unión de ambas estirpes gobernó Francia durante seis siglos, inicialmente con la dinastía de los Capetos directos y, seguidamente, con los reyes de la dinastía de los Valois, por cuyas venas corría también la sangre capeta. 

En ese cuadro genealógico se observan varios hechos sustanciales: el primero es que la carolingia Beatriz de Vermandois enlazó matrimonialmente con el linaje de los Robertinos al casarse con Roberto, rey de los Francos, abuelo de Hugo Capeto; el segundo es que la hija del conde de Valois y de Bayeux, Pepin III Berenguer de Senlis, la duquesa de Normandía Poppa de Valois, segunda esposa de Rollon, el normando primer duque de Normandía, es la abuela de Adelaida de Aquitania, la esposa del rey de Francia Hugo Capeto; el tercero, que Adele, condesa de Valois y de Vermandois se casa con el príncipe capeto Hugo 'el Grande', por lo que sus descendientes ya son Capetos-Valois-Vermandois; y el cuarto se produce en 1213 cuando Alienor, la condesa de San Quintín y del Valois fallece sin sucesión, por lo que sus feudos y sus posesiones territoriales se integraron en el dominio real porque las heredó su pariente más próximo, que fue el propio rey de Francia, el capeto Felipe II Augusto. A partir de entonces, el Valois se conviertió en un principado cuya titularidad solía darse a un príncipe de la casa de Francia, al que se denominaba conde de Valois, como ocurrió con don Carlos, el hijo del rey Felipe III el Hermoso y padre del rey Felipe VI de Valois, el monarca que inició la dinastía de los reyes franceses Valois que gobernaron Francia hasta 1589 cuando falleció Enrique III de Valois; a quien le sucedió en el trono su cuñado Enrique IV de Borbón, que estaba casado con su hermana Margarita, la duquesa de Valois.

En conclusión, Hugo Capeto fue nieto de la carolingia Beatriz de Vermandois y, por otra parte, de Poppa de Valois y de su padre, el conde de Valois y de Senlis y de Bayeux Pepin III Berenguer de Senlis, descienden todos los Capetos, desde el rey Roberto II 'el Piadoso' en adelante; y los miembros de las dinastías reales que proceden de los Capetos: Valois, Castilla, Portugal, Austrias, Habsburgos, Borbones,...

Desde la época del rey Felipe II Augusto la generalidad de los autores aceptaron que las dinastías merovingia, carolingia y capeta eran tres ramas de un linaje real común, bendecido siempre por Dios como gobernantes de los cristianos.  Por ello, el rey de Francia, que en 1214 en la batalla de Bouvines comandó personalmente el victorioso ejército real, estaba seguro de que Dios lo había elegido a él para que mantuviese al conjunto de la Cristiandad católica y romana en la ortodoxia frente a la actitud del Emperador alemán. La batalla de Bouvines ha sido magistralmente expuesta y analizada por Georges Duby. La profunda y esclarecedora exposición que hace ese historiador de la Batalla y de sus consecuencias termina con este significativo párrafo[23]:

"Del espléndido torneo que había sido Bouvines el rey Felipe II Augusto regresaba rico, mucho más rico que cualquier otro rey de Francia y dispuesto a discutir y negociar como lo hizo con la condesa de Flandes; también a dominar por mucho tiempo los principados más reacios. Bendito sea Dios: de nada priva a los que le sirven bien. Gracias a la victoria conseguida, la monarquía capeta aparece verdaderamente -démosle a la palabra su plena significación- consagrada. El jovencísimo Luis, un bebé de tres meses, ya tiene su santidad preparada."

 

La gloriosa historia del condado de Valois no terminó cuando se integró en el dominio real sino que se fortaleció y engrandeció pues, a partir de entonces, ese ilustre título condal, elevado a la categoría de 'principado', tendría siempre como poseedores a príncipes o monarcas de la realeza francesa, como bien ha relatado Jean-Marie Tomasini[24]:

"Después de la incorporación del condado de Valois al dominio real, los reyes residieron en Crépy-en-Valois frecuentemente. Felipe Augusto, estando en Crépy, concedió una carta en favor de los burgeses de Chauny. San Luis residió muchas veces en el castillo de Crépy, donde firmo varios edictos. Además ese santo rey le concedió a su madre Blanca de Castilla el señorío del Valois, y posteriormente dio a su hijo Jean Tristan el título de conde de Valois para preservar la integridad de su posesión. A su fallecimiento, el Valois retornó a la Corona. El rey Felipe III 'el Valiente' erigió las dos castellanías de Crépy y de la Ferté-Milon en un condado-principado de Valois, que confió a su segundo hijo Carlos, siempre en virtud del mismo principio que procuraba dotar al segundo hijo con pequeños feudos que no amenazasen la integridad del dominio real...El nuevo conde adoptó el nombre de Carlos de Valois. El Valois contaba en 1328 con 107 parroquias y 9.392 hogares. Este conde murió en 1325, legando el principado a su hijo Felipe. Tres años más tarde, Carlos IV, el último de los hijos del rey Felipe IV 'el Hermoso', murió sin sucesión. Entonces (el hijo del conde Carlos de Valois), Felipe de Valois, primo del rey, "el más próximo de la casa real", por vía masculina, accedió ese mismo año al trono de Francia.".

Efectivamente cuando murió el último rey Capeto sin descendencia masculina en 1328, un sobrino suyo llamado Felipe (VI), que ya era conde titular del principado de Valois, se convirtió en el nuevo rey  de los franceses, siendo el primero de la dinastía Valois. A los Valois correspondió entonces la dirección y el gobierno de una Francia desconcertada y arruinada que no sabía cómo salir de la precariedad en que los últimos Capetos directos la habían dejado.

 

 

 

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5) LOS REYES FRANCESES DE LA DINASTÍA VALOIS Y LOS PRÍNCIPES QUE FUERON CONDES O DUQUES DE VALOIS.  

 

 

DE LOS CAPETOS A LOS VALOIS



Fuente: Wikipedia

 

El advenimiento de la dinastía Valois se llevo a cabo sin necesidad de tener que demostrar que el nuevo rey, Felipe VI, tenía 'derecho divino a gobernar'; pues su padre, el príncipe Carlos de Valois, era hijo de Felipe III, rey de Francia; o sea, de la estirpe Capeta, una dinastía que, como la Carolingia en su momento, ya había probado su legitimidad de origen para gobernar por derecho divino dada su 'ascendencia davídica', una creencia vigente en la Edad Media.

De 1328 a 1589, los miembros de la real dinastía Valois, que se especifican en el siguiente cuadro genealógico, gobernaron Francia interviniendo decisivamente, además, en la configuración de la Historia de Europa.

 

 

 

 

 

 

 

LA DINASTÍA DE LOS VALOIS

 


Fuente: revendeurs.rmngp.fr

 

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El acceso al trono de Felipe VI de Valois en 1328 tuvo lugar tras su elección por la asamblea de los magnates de Francia por una decisión política, tras el fallecimiento sin hijos ni hermanos de Juan I el Póstumo en 1316 y  de Carlos I (o IV) en 1328, para evitar que la corona de Francia recayera en una rama secundaria o incluso en otra dinastía extranjera. Efectivamente hay que tener en cuenta que también Felipe de Valois, el duque de Borgoña, y Eduardo III de Inglaterra (hijo de la princesa Isabelle de Francia) — y los futuros Luis II de Flandes, segundo nieto de Felipe el Largo y Carlos II de Navarra, nieto de Luis 'el Valiente', que iban a nacer en 1330 et en 1332, respectivamente, — fueron cuatro descartados de la sucesión en beneficio de un primo de sus madres. Tras su advenimiento, Felipe VI tuvo que negociar también con Juana II de Navarra, hija de Luis X le Hutin, descartada de la sucesión en 1316 porque era una mujer. En 1328 se aplicó la antigua ley sálica, que excluía a las mujeres del trono, y el conde Felipe de Valois, descendiente de los Capetos por vía paterna, fue elegido rey de Francia.

 

El nuevo rey fue bien acogido por los magnates y por el pueblo: la continuidad con los Capetos estaba asegurada porque era de ese mismo linaje real y tenía legitimidad de origen para gobernar. En lo único en que se diferenciaba de ellos era en que él, el joven conde de Valois, no había sido educado para reinar y no se sabía como iba ejercer el oficio  real. Además, Felipe VI tenía un carácter débil e irresoluto. Sin embargo, era un buen creyente, más bien piadoso, fiel esposo y magnífico padre de familia. Podía ser un aceptable heredero y continuador de los cristianos reyes capetos. Había que dar tiempo al tiempo: tenía que madurar. Su primera preocupación fue la de confirmar los derechos y libertades que sus predecesores habían reconocido a las iglesias y a los monasterios: con los Valois iba a seguir vigente la 'alianza entre el trono y el altar'.

 

El monarca Felipe VI de Valois comenzó muy bien su reinado: con una victoria en Cassel contra los flamencos, con el homenaje que le prestó en 1331 el rey de Inglaterra y con la designación del rey francés como comandante de una cruzada en 1334 en una Francia bien considerada por el resto de Europa, que creyó acertada la decisión del Papa de instalarse en Aviñon. Lo negativo de esa época fue la epidemia de la peste negra en 1337-1340 y la crisis que dio lugar al comienzo de la guerra de los Cien Años.

Eduardo III de Inglaterra atacó en dos frentes: avanzó en las tierras de Aquitania y derrotó a Felipe de Valois en la la batalla de Crécy el 26 de agosto de 1346; quien no pudo impedir además que Eduardo III tomase Calais tras once meses de asedio el 3 de agosto de 1347. Después de la pérdida de Calais, Felipe VI cedió a su hijo Juan, duque de Normandía, el mando del ejército real. Ese mismo año Francia se anexionó el Delfinado y en 1349 adquirió Montpellier. El rey murió en 1350, cuando Francia se hallaba en dificil situación. Le sucedió en el trono su hijo Juan el Bueno.

Para completar la semblanza del primer monarca Valois, hay que subrayar que, a diferencia de los sobrios reyes Capetos, Felipe VI de Valois, según afirma Patrick Van Kerrebrouck "...inauguró el gusto por la ostentación fastuosa y el espíritu caballeresco, que caracterizó a los reyes Valois".

 

 

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Entre todos los monarcas de la dinastía Valois yo creo que merece ser destacado Carlos V, un rey sabio y prudente, que ejerció muy bien su oficio real, siempre al servicio del pueblo. La originalidad de Carlos V es que, imitando a su antecesor San Luis, aplicó a sus reales decisiones las reglas morales y gobernó Francia conforme a reglas y principios objetivos.  Por una parte, imitaba a los reyes bíblicos: David, Saúl,...Por otra, procuraba que sus acciones se dirigieran siempre al beneficio de sus súbditos y, para conseguirlo, elaboró una especie de código de derecho administrativo en el que recopiló sus mandamientos, decretos y ordenanzas, para dar permanencia a los criterios y formas de gobernar, a fin de garantizar la seguridad jurídica de los administrados. Por ello, puede decirse que Carlos V se anticipó a los reyes modernos. Sin embargo, no dejó de ser un rey medieval guiado en su actuación por los principios morales, pero también ejerciendo una arbitrariedad bien intencionada, pero absoluta: ante su real voluntad todo debía someterse, porque el Rey era la encarnación visible de un poder consagrado que emana del Cielo y que, por el respeto que inspiraba a sus súbitos, parecía tener algo de religioso. Su realeza puede ser calificada de davídica sapiencial.

 

Por otra parte, creo que es injusta la opinión negativa contra los primeros Valois sobre la guerra de los Cien Años, tal vez porque hay un desconocimiento o un desprecio de la causa profunda o de las causas circunstanciales de ese conflicto del que los Valois no fueron mas que una causa aparente, la de que Felipe VI accedió al trono en lugar de su pariente el rey de Inglaterra Eduardo III. Por ello, se suele decir que, sin Felipe VI de Valois, no hubiera habido guerra contra los ingleses; lo que no es cierto, porque hay que recordar que la rivalidad entre Francia e Inglaterra se agudizó ya cuando la ex reina de Francia Leonor de Aquitania se casó con el conde de Anjou, Enrique Plantagenet, que se convirtió en rey de Inglaterra en 1154, casi dos siglos antes del acceso al trono de Francia del primer rey de la dinastía de los Valois. Entonces, en 1154, la Aquitania pasó a ser inglesa y Francia vió reducido sustancialmente su dominio territorial.

 

Además, hay que tener en cuenta que la descomposición de la Francia feudal no se debió a la guerra de los Cien Años, puesto que fue una desorganización que ya había comenzado a realizarse mucho antes del advenimiento de los Valois; por lo que no fueron ellos, sino dos de los más ilustres sabios entre los príncipes Capetos quienes no supieron prever las consecuencias de los acuerdos que firmaron con los ingleses, el primero en 1259 en París, y el otro en 1299 en Montreuil-sur-Mer, que sí están en el origen del conflicto. Antes del enfrentamiento de Inglaterra con los Valois, la Francia de los Capetos ya se había enfrentado a los ingleses durante otros cien años.

 

Por lo menos, los Valois consiguieron -aunque ello les llevara muchísimo tiempo-, echar a los ingleses completa y definitivamente del actual territorio francés y proseguir, tras esa expulsión, la obra secular de los Capetos por una vía recta y continua, con apenas interrupciones. Entonces, gracias a los Valois, el destino de la realeza y el de Francia se consolidó y pudo programarse para que durase siglos, dado que se fortaleció mediante una bien organizada centralización administrativa cada vez más perfecta y completa, especialmente la instaurada en el reinado de Carlos V.

 

Tras esos breves comentarios míos para describir la naturaleza del ejercicio real del poder de algunos monarcas Valois, y con el fin de tener una visión más objetiva y completa de esa dinastía real, a continuación voy a reproducir algunas conclusiones que sobre los franceses reyes Valois escribió Gastón Dodu[25] en su libro titulado 'Les Valois':

 

"Durante los reinados de los Valois, en Francia resalta la continuidad con la que la institución de la realeza, a pesar de la debilidad de ciertos reyes, de los desastres y de las guerras civiles, se mantuvo y se desarrolló. Mientras todo sucumbía a su alrededor: nobleza, caballería, repúblicas municipales y poder temporal de la Iglesia, la realeza superaba las pruebas, a menudo crueles, que le afectaban y, retomando de nuevo su tarea en el punto en el que lo interrumpieron, sacaban provecho de las ruinas acumuladas...En ningún momento, ni en los Estados generales, ni en el seno del Parlamento, la realeza tuvo que enfrentarse verdaderamente a la nobleza, fuese militar o de hábito; al contrario, los reyes encontraron en ella a consejeros dispuestos a protegerlos contra sus abusos...la historia de los Valois confirma la tesis de que la formación de la nación francesa fue menos obra de los reyes que del esfuerzo de una voluntad colectiva ciudadana más o menos consciente, pues la tarea de los reyes se limitó a una comprensión maravillosa de esa voluntad popular.

Si no se admitiese la hipótesis de una voluntad permanente y perseverante que, durante los años que reinaron los Valois, vigiló por encima de las cambiantes e inciertas actitudes reales, no se explicaría ni el progreso de la autoridad real, tan útil a Francia, que tuvo lugar entre los primeros Valois, inconscientemente y a pesar de sus faltas, ni que las mil peripecias de las guerras de Italia conseguirían, a pesar de toda clase de contrariedades, enriquecer la nación con los territorios que eran necesarios, aunque se tratase de empresas iniciadas por sus dirigentes con la finalidad de satisfacer sus deseos de aventuras militares...Lo que no parece correcto es hacer de los reyes Valois unos padres del Renacimiento, pues sería confundir la influencia que algunos monarcas Valois tuvieron sobre la eclosión que hizo que la erudición, las letras y las artes brillaran en su tiempo por el amor innato del lujo y de la representación que sí tuvieron los Valois, y que ya se había manifestado al final de la Edad Media, por consiguiente antes del Renacimiento, sobre las grandes construcciones y entre los apasionados coleccionistas de las cosas bellas. Los Valois sí que tuvieron esa actitud renacentista tanto en sus reinos como en sus principados, en París como en Borgoña o en la región de Valois; quizás por gusto o por vanidad, y a menudo por ostentación, o para adornar la majestad real o la dignidad ducal con un conjunto de bellezas que impresionaron tanto a sus súbditos como a los extranjeros.".

Por otra parte, Robert Knecht[26], al referirse a los reyes Valois subraya que: "En 1494 la monarquía francesa se había hecho tan poderosa internamente que ya podía dedicarse a conquistar territorios extranjeros...Carlos VIII de Valois, por herencia, tenía derecho a reclamar el reino de Nápoles y emprendió su conquista como una primera etapa para dirigir una cruzada a Tierra Santa. Sus sucesores Luis XII y Francisco I querían apoderarse del ducado de Milán y para lograrlo provocaron una serie de guerras que también sirvieron para que la nobleza francesa se entretuviera...Como Francia se familiarizó con el Renacimiento italiano acabó absorbiendo su cultura. La corte francesa, especialmente, consiguió implantar una nueva sofisticación de sus hábitos y destacó por su mecenazgo de las artes. Los castillos construidos por orden de Francisco I muestran el esplendor que corresponde a su monarquía. Combinan interés por las artes con un fuerte autoritarismo que, a veces, se confunde con absolutismo. Fue 'absoluto' en el sentido de no tener nada superior al monarca, salvo Dios; aunque no pudiese conseguir todo lo que pretendía. El rey dependía del apoyo de su nobleza y tenía que operar con limitados recursos financieros -sus rentas propias y los impuestos, directos e indirectos- procurando mantenerse al día, a pesar de los crecientes costes de las guerras.".


 Francisco I de Valois-Angulema, rey de Francia

Fuente: Es.Academic.com

Seguidamente voy a reproducir otras importantes conclusiones que, sobre la dinastía de los Valois, también expuso Gaston Dodu en su citada historia de 'Les Valois':

"...En todo caso, la actuación de los reyes Valois tuvo luces y sombras. Incluso los dos mejores reyes de la Dinastía: Carlos V y Luis XI, cometieron errores graves...Pero, en los relatos de Historia no es correcto analizar el pasado y los hechos con mentalidad actual. Cuando se juzga severamente la conducta del rey de Francia en Poitiers o en Pavia, es porque nuestro concepto de la guerra moderna nos dice que es erróneo que el jefe del Estado capitanee una batalla...Entonces el alcance de la diplomacia francesa se extendió hasta los confines del mundo conocido. Y nada ocurría en Europa, sin que previamente el rey de Francia habiese opinado sobre ello...Dado que tiene un personal bien organizado, cuya finalidad es la de poner a la disposición real apoyo moral y financiero, Francia pudo concurrir con otras potencias europeas a resolver los asuntos internacionales de la manera mejor posible para sus intereses...El aparato administrativo heredado de los Capetos y adaptado a las transformaciones del estado social fue la muralla donde, a pesar de los cambios sucesivos en menos de veinte años de la dinastía reinante, se estrellaron las codicias de los países extranjeros. Al advenimiento de los Valois, las diversas partes del reino solo estaban ligadas al trono por obediencia feudal; y entre ellas no había ninguna cohesión. Cuando los reyes Valois desaparecen, la unidad de Francia estaba completada. La estrella francesa pudo palidecer en ciertas épocas bajo el reinado de alguno de los Valois; pero solo fue para que con otro monarca de la misma dinastía brillara enseguida con mayor esplendor.".

Por último, voy a completar esta breve relación de lo que opinan diversos historiadores sobre los Valois citando a Patrick Van Kerrebrouck[27], quien los califica como "...una raza inteligente y fina, ilustrada y con gusto por lo artístico...

...Sin embargo, los últimos miembros de la realeza Valois: Charles IX, Henri III, el duque de Alençon, Catherine y la lasciva Marguerite han sido objeto de injurias y de desprecios. Pero hemos de tener en cuenta que los últimos Valois, por ser odiados en su belicosa época por los protestantes, tuvieron que soportar los panfletos y las difamaciones que les dedicaron maliciosamente".

 

En fin, como ha concluido Gaston Dodu en su biografía de "Les Valois", "...Si la mediocridad de los tres últimos reyes Valois no fue mortal ni a la unidad del Estado ni a la de la nación francesa, ello fue porque los diez reyes anteriores, sin que ellos tuviesen siempre consciencia de ello, habían logrado, tal vez por medios discutibles, pero generalmente bien intencionados, dar a las instituciones del Reino suficiente flexibilidad y solidez para permitirles sobrevivir a cualquier suceso".

La francesa dinastía Valois tuvo 13 reyes y duró hasta 1589, cuando le sucedió Enrique IV, de la Casa de Borbón. Los monarcas Valois gobernaron Francia interviniendo decisivamente en la configuración de la Historia de Europa.

 

 

 

LOS CONDES Y DUQUES DEL PRINCIPADO DE VALOIS DESDE EL REY FELIPE II AUGUSTO HASTA 1850

Recordemos que al morir sin descendencia la condesa Alienor Capeto y Valois-Vermandois, señora del Valois, prima del Capeto rey Felipe II Augusto, este condado pasó al dominio real, por ser los reyes de Francia los parientes más cercanos de los Valois; y desde entonces el principado de Valois perteneció a la Corona francesa y los condes o duques de Valois siempre fueron miembros de la Casa real de Francia.

 PRÍNCIPES o REYES que fueron CONDES DEL PRINCIPADO DE VALOIS

1) El rey Felipe II Augusto fue también conde de Valois.

2) El rey Luis VIII fue igualmente conde de Valois.

3) El rey San Luis fue también conde de Valois, aunque inicialmente concedió el señorío del Valois a su madre, la reina viuda Blanca de Castilla.

4) El príncipe Juan-Tristán (1269 -1270), hijo del rey San Luis, fue conde de Valois.

5) El rey Felipe III fue asimismo conde de Valois.
6) El hijo segundogénito del rey de Francia Felipe III, el príncipe Carlos (1284 -1325), también fue conde de Valois, y
7) Su hijo Felipe fue conde del principado de Valois durante  1325 -1328; pero, finalmente, desde 1328 en adelante, fue además el primer rey de Francia de la dinastía Valois.
8) El príncipe Felipe II (1344 -1375), fue también conde de Valois.
9) El príncipe Luis I (1386 -1406), fue igualmente conde de Valois.

En 1406 el rey de Francia Carlos VI, teniendo en cuenta que los últimos condes de Valois siempre eran príncipes decretó que, en adelante, los poseedores de ese principado de Valois tuviesen mayor categoría nobiliaria, la de duques, por su pertenencia a la familia real de Francia.

 

DUQUES DE VALOIS

Carlos de Orleans (1406 -1465)
Luis (1465 -1498)
Francisco I, rey de Francia (1494-1547)
Margarita de Valois (1553-1615)
Gaston (1626 -1660)
Juan Gaston de Orleans (1650 -1652)
Felipe de Francia (1660 -1701)
Felipe Carlos de Orleans (1664 -1666 )
Alejandro Luis de Orleans (1673 -1676)
Felipe de Orleans (1701 -1723)
Luis de Orleans (1723 -1752)
Luis Felipe de Orleans (1752 -1785)
Felipe de Orleans (1785 -1793)
Luis Felipe de Orleans (1773 -1850).

 

 

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6) EL PRINCIPADO DE BORGOÑA: DE LOS VALOIS-BORGOÑAS HASTA EL EMPERADOR CARLOS V DEL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO.

 

Cuando falleció el rey francés Juan II de Valois 'el Bueno' se repartió el Reino entre sus hijos varones, y a su segundogénito Felipe el Valiente le concedió el ducado de Borgoña, un rico principado situado entre Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico, que comprendía también el Artois y el Franco-Condado. Felipe se casó con la única heredera del condado de Flandes, Margarita, que incluía asimismo los condados de Rethel y Nevers. Por ello el duque de Borgoña fue poseedor de una gran parte del nordeste de Francia y algunos teritorios del Imperio.  El ducado de Borgoña se convirtió entonces en un principado configurado como nuevo Estado dinástico (de los Valois-Borgoña) estratégicamente situado, que se identificó con el duque, su propietario. Sus vasallos le debían fidelidad porque tenía un vínculo personal y feudal.

 

La corte ducal del principado de Borgoña llegó a ser un emporio de florecimiento artístico y cultural, e incluso, por su pompa ceremonial, un modelo de etiqueta para las cortes europeas de su época. Como Francia se había empobrecido por la intermitente pero costosa guerra de los Cien Años contra Inglaterra; entonces el ducado de Borgoña acabó desvinculándose de Francia y destacó por su prosperidad, por su fortaleza y por su independencia de facto de Francia. Entre las dos ramas de los Valois: la casa real francesa y los Valois-Borgoña hubo siempre una rivalidad tan fraternal como enconada. El ducado de Borgoña fue apetecido tanto por Francia como por Alemania, que se lo disputaron incesantemente.

 

En 1419, cuando fue asesinado el duque Juan 'sin Miedo', le sucedió su hijo Felipe III el Bueno como nuevo duque del principado de Borgoña quien, tras la paz de Arras con Francia en 1435, se convirtió en un Gran Duque, con hechuras de príncipe ideal cristiano. Fue el fundador en 1429 de la Orden del Toisón de Oro, conmemorando la celebración de su matrimonio con la princesa portuguesa Isabel de Avis, hija del rey de Portugal Juan I, boda que se celebró en la ciudad de Brujas el 10 de enero de 1430. Esa Orden fue creada "por amor a la caballería, para protección y difusión de la creencia católica". En sus Estatutos se cita expresamente la reconquista de los Santos Lugares y de Jerusalén como objetivo ideal de la Orden porque sus nobles caballeros aspiran a ser verdaderos cruzados. La bula de confirmación de la Orden y de aprobación de sus constituciones y ordenanzas la dio el Papa Eugenio IV el 7 de septiembre de 1433, siendo las dignidades de la Orden cuatro: el canciller, el tesorero, el rey de armas y el secretario.

 

La Orden del Toisón de Oro ha sido siempre un lugar de encuentro y de concierto de los poderosos, donde los caballeros podían conjugar sus altos ideales cristianos y caballerescos con sus intereses políticos. El Toisón de Oro es una Orden muy ligada a la dinastía de los Habsburgo y a las coronas de Austria y de España. El actual gran maestre de la rama española es Felipe VI, rey de España, y el actual de la rama austriaca es Carlos de Habsburgo-Lorena, jefe de la Casa de Habsburgo. 

 

El duque Carlos el Temerario, heredero de Felipe III de Borgoña, quien murió en 1467, introdujo un mayor boato en el ceremonial, el ropaje, el cónclave y los oficios religiosos. Carlos I de Borgoña, llamado 'el Temerario', nació en Dijon, el 10 de noviembre de 1433. El duque Carlos, que gustaba de la Antigüedad sagrada y profana, fue un hombre a caballo entre el Medievo y el Renacimiento, instruido conocedor de los clásicos y dotado de un gran genio político. Fue, sin embargo, su carácter violento e impulsivo el que le haría famoso. Sus modelos estaban en Ciro, Aníbal, Julio César y Alejandro Magno, pues tenía belicosos sueños de Imperio y de dominación universal. Poseedor de un coraje excepcional, Carlos acabó perdiéndose por su orgullo, su impulsividad y su insensibilidad a los consejos. La fortaleza y la prosperidad de Borgoña contrastaba con la decadencia y la miseria que había en una Francia devastada, que luchaba permanentemente con los ingleses.

La prosperidad del ducado de Borgoña alcanzó su apogeo bajo su reinado, pero iba a acabar por desaparecer por los hábiles golpes políticos del rey de Francia Luis XI, en la guerra existente entre Francia y la próspera Borgoña, ya que el rey Luis XI recelaba del creciente poder del duque Carlos el Temerario quien, osadamente, llegó a pedir al emperador Federico III de Habsburgo que, como ya había solicitado su padre, el Emperador aceptara la conversión del principado de Borgoña, con Flandes, Luxemburgo, Holanda y otros muchos dominios territoriales suyos en el Rin y en Alsacia, en un reino parecido al que antiguamente fue la Lotaringia; una propuesta que el Emperador consideró factible a condición de que María, la hija única del duque, se casara con el archiduque de Austria Maximiliano. Carlos aceptó la condición que exigía el Emperador y se celebró el propuesto enlace matrimonial; pero, antes de que Borgoña se convirtiera en reino, el duque de Borgoña murió en el sitio de Nancy el 5 de enero de 1477, y su hija María vió que todos los paises vecinos de Borgoña, sobre todo Francia y Alemania, querían arrebatarle su principado.

El monarca francés Luis XI de Valois tomó la delantera en la caza de la sucesión y en enero de 1477 se apoderó militarmente de las dos Borgoñas, de Picardía, del Artois y de la comarca de Boulogne. Maximiliano tuvo que negociar entonces con el belicoso rey de Francia. El tratado de Arrás del 23 de diciembre de 1482 dejó al francés la Borgoña y la Picardía, mientras que el Artois y el Franco-Condado constituyeron la dote de Margarita de Austria, la hija de Maximiliano y de María, que se comprometió en matrimonio al futuro Carlos VIII de Francia. Maximiliano solo pudo conservar el dominio de los Paises Bajos.

Con la herencia borgoñona los Habsburgos recibieron también una hostilidad secular: la que mantenían los reyes franceses Valois con los Borbones, una enemistad que duraría hasta la llegada de la reina María Antonieta a Versalles, en el siglo XVIII.  Y ello a pesar de que, cuando falleció la duquesa María de Valois, el principado de Borgoña dejó de existir. Sus hijos, Felipe el Hermoso y Margarita, aunque también eran Valois-Borgoña, ya se apellidaron 'de Austria'. Felipe el Hermoso se casó con la reina de España Juana la Loca y tuvieron seis hijos, entre ellos dos varones que fueron emperadores del Sacro Imperio, Carlos V y Fernando I, como se puede observar en el siguiente cuadro genealógico:

 

 

 

 

 

 

 

DE LOS VALOIS-BORGOÑA A LOS IMPERIALES AUSTRIAS O HABSBURGOS


 

Fuente: Wikipedia.

 

 

José Antonio Vaca de Osma[28] ha subrayado que "subsistía también en los Paises Bajos y en Borgoña el espíritu caballeresco, al que pronto me referiré, así como unas normas basadas en el derecho romano, con el centro prestigioso de la Universidad de Lovaina. Había una cultura cortesana y otra religiosa que se expandía por todo el país desde las abadías y monasterios...

...En Borgoña, y en el Flandes simbólico por antonomasia de nuestros tercios y de nuestros clásicos, aparecían siempre unidas como las dos caras de la misma moneda, las glorias religioso-caballerescas, como las de la orden del Toisón de Oro, con las expresiones sensuales y exuberantes que a veces llegan hasta lo grosero...

...En ese otoño del medievo con aires renacientes se produce una gran literatura en francés que se extiende hasta en los territorios alemanes. Carlos I (de España) vivirá ese ambiente francófono y en ese idioma se expresará casi siempre...El ideal de conducta de un rey que hereda Carlos I, y al que querrá ser fiel toda su vida, sigue siendo el del (borgoñón) "caballero cristiano de honor y reputación"...Y siempre al servicio de la dinastía."

 

 

 

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Carlos V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y I de España, nació en Gante el 24 de febrero de 1500, hijo de Juana 'la Loca' reina de Castilla y de Felipe 'el Hermoso' de Habsburgo y de Valois, hijo y heredero del emperador Maximiliano y de la duquesa del principado de Borgoña María de Valois, además de primer par de Francia y presidente de su Parlamento. Su hijo, el niño Carlos, fue caballero del Toisón de Oro antes de cumplir un año, y ostentó el título de duque de Luxemburgo hasta 1506, año en que falleció su padre; por lo que entonces Carlos pasó a ser el archiduque único heredero del emperador Maximiliano: es decir, candidato al Imperio; y comenzó a compartir el título real con su madre, Juana I de España. Carlos de Habsburgo y Borgoña-Valois fue bautizado en San Babon por el obispo de Tournai, y se le impuso su nombre en recuerdo de su bisabuelo Carlos 'el Temerario', duque de Borgoña.

 

Pero ¿cómo era Carlos?, ¿cómo era su educación y su preparación para llegar a ejercer adecuadamente tan altos destinos como le correspondían?. Para contestar a estas preguntas vamos a recurrir a un buen conocedor suyo, el historiador José Antonio Vaca de Osma, quien al referirse a Carlos I prioriza, muy acertadamente, la descripción minuciosa de la persona y sus cualidades antes de narrar los hechos de los que fue protagonista.

 

Afirma Vaca de Osma[29] que Carlos: "...no podía considerarse plenamente como un Habsburgo, pues de sus treinta y dos (primeros) antepasados solamente una línea procedía de Alemania, la de su abuelo Maximiliano. Todos sus otros abuelos no eran de sangre alemana y corrían por sus venas las de Castilla, Aragón, Portugal, Visconti, Borbón y Valois...Era voluntarioso y cruel, pareciéndose a Carlos el Temerario, el viejo duque de Borgoña...También era obstinado y machacón, aún en contra de los dictámenes de la conciencia política...Dicen que era reflexivo, tímido, poco expresivo y expansivo, impasible, bonachón de aspecto y nada precoz...pero de 'corazón valeroso'...flemático, moderado, paciente...Pero la cualidad más marcada de Carlos fue su extraordinaria voluntad, con la que fue capaz de superar alguna de sus deficiencias, en especial su delicada salud, las debilidades de su cuerpo...otros cronistas cuentan que mostraba la alegría y la vitalidad de su abuelo el Temerario...

...Las primeras lecciones que recibió el futuro emperador se las dieron ciertos flamencos...De los maestros de los Paises Bajos aprendió lecciones de historia, las crónicas del país y las hazañas de sus antepasados, con lo que reforzó sus entusiasmos borgoñones y dinásticos (Valois-Borgoña)...No fueron muy afortunados en cambio los maestros españoles, pues poco asimiló de cuestiones y del pasado hispano...

...Al pobre muchacho le obligaban a leer las Consolaciones de Boecio y las Meditaciones de San Agustín. Apenas sabía latín y el flamenco lo aprendió malamente hacia los trece años. Mal también aprendió el alemán, que tuvo que utilizar como emperador con bastante dificultad, y lo mismo le ocurrió con el italiano. En cambio, el francés fue su idioma natural, nativo, y lo habló y escribió siempre con claridad, orden y hasta con galanura...Carlos tuvo gran pasión por la música...

...Maximiliano (el emperador) consideraba a los franceses "como los enemigos de nuestra casa". Luis XII (rey de Francia), por su parte, consideraba al joven Carlos como feudatario suyo, igual que lo fue su padre, Felipe el Hermoso...El niño todavía duque de Luxemburgo vivía rodeado de la nobleza profrancesa...".

 

En España, a Carlos I se lo consideró un 'extranjero'; lo que si bien era cierto por su nacimiento y por su educación, no lo era en cambio desde el punto de vista genético pues, como ha concluido Michel Péronnet [30]:

"...Carlos V desciende por siete cuartos, de la Casa Real de Francia por las ramas Borbón y Valois (Borgoña); por cinco cuartos de la Casa Real de Castilla; por dos cuartos de los Enríquez, grandes de Castilla; por cuatro cuartos de la Casa Real de Aragón; por cinco cuartos por la Casa Real de Portugal. Asi pues, por más de la mitad de sus ascendientes, Carlos está unido a casas reinantes de la Península Ibérica...Carlos desciende de la casa reinante de los Habsburgo por cuatro cuartos, y por dos cuartos de las casas reinantes de Inglaterra."

 

Con esta amplia y minuciosa semblanza del futuro César Carlos, podemos adentrarnos ya en una buena comprensión de los hechos y de las hazañas de los que fue protagonista; pero lo haremos mucho mejor si tenemos en cuenta también la obsesión que tuvo su abuelo el emperador Maximiliano, de "recuperar el ducado del principado de Borgoña", que para Carlos era su verdadera 'casa materna dinástica'.

 

Según Janko von Musulin[31] "...la época de Carlos V lleva al apogeo a los Habsburgos; en la figura de este emperador se piensa siempre con nostalgia; a él se dedican continuamente nuevos estudios, análisis y ediciones de lujo; se habla de la vastedad de su imperio, que causa confianza, de la fuerza de la visión imperial, que espolea a los hombres y los dispone a cualquier sacrificio, de la claridad y belleza de las artes figurativas en su tiempo; el mismo emperador fue retratado por Holbein el Joven y por Tiziano en cuadros que todavía nos fascinan...".

 

Fue el monarca más poderoso de Europa. Su reinado fue una continua lucha. Como gran guerrero que fue, impuso su poder absoluto en España tras sofocar las sublevaciones de las Comunidades (1521) y las Germanías (1521-23), mantuvo seis guerras con Francia y luchó contra los turcos en el centro de Europa y en el Mediterráneo. Trató de frenar por todos los medios el avance de los protestantes en Alemania. Logró derrotarlos en la batalla de Mühlberg(1547), aunque finalmente se vió obligado a firmar la paz de Augsburgo (1555), por la que se reconocía a protestantes y a católicos igual libertad religiosa.

 

Uno de los mejores biógrafos del emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, el historiador Manuel Fernández Álvarez[32], subraya su figura  como líder de la Cristiandad. Efectivamente, dice así:

"...su ideal era la paz en la Cristiandad...Hasta los tiempos de Carlos V había llegado la idea de cruzada, y él la recibe como un legado precioso. Por supuesto, la cruzada en su más puro sentido histórico, esto es: la empresa militar que libere los Santos Lugares, que vivían bajo la opresión del Imperio turco; si bien las circunstancias del siglo XVI imponían objetivos más humildes, tales como la defensa de la propia Europa cristiana, amenazada en mar y en tierra por las formidables ofensivas de Solimán el Magnífico...Los años veinte en el Quinientos son también los del desarrollo de la Reforma. Llegará un momento en que esa cuestión acabe absorbiendo la atención de Carlos V...Él era el brazo defensor de la Cristiandad contra sus enemigos externos e internos; y el más peligroso de los internos, si es que había de hacer caso a los teólogos, pues era la herejía."

 

Carlos V intentó que su 'monarquía universal' abarcase la mayoría de Europa, pues se consideraba legitimado no solo para gobernar en sus dominios sino para liderar y defender la Cristiandad en toda Europa, por lo que luchó incesantemente contra los turcos para frenar su avance en la Europa central y en el Mediterráneo; y también se enfrentó a la herejía luterana en el resto de Europa. Además, Carlos V no solo se dedicó a ejercer una política ideológica, pues asimismo siguió una política dinástica de solidaridad entre los diversos miembros de la Casa de Austria.

 

 

 

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III.- EL CABALLERO CRUZADO VINCENT DE VALOYS CRÉPY, PATRIARCA DE LOS VALOIS DE ESPAÑA (Rama de los Valois-Crépy-Nanteuil-Javaloyas)

 

 

1) LA RAMA DE LOS VALOYS-CRÉPY-NANTEUIL Y SU CASTILLO DE CRÉPY-EN-VALOIS COMO CASA SOLARIEGA

 

Los fundadores de la población de Jabaloyas, Gaucher de Valoys Crépy y su hijo Vincent de Valoys Crépy, eran descendientes directos de los antiguos condes de Valois en Francia, y ambos pertenecían a la rama de los Valois-Crépy-Nanteuil.

 

Sobre el linaje de los condes de Valois es conveniente recordar ahora que fue el abad Claude Carlier[[33]] el primero en especificarla, por vía paterna, generación por generación, si bien con algunas imprecisiones y con pequeños errores que otros autores posteriores han subsanado, en su mayor parte.

 

El conde de Vermandois y sr. del Valois, biznieto de Carlomagno, Pepín II de Italia o de San Quintin, fue el patriarca del linaje carolingio de los condes de Vermandois y/o de Valois. Efectivamente, su hijo primogénito, Herbert, continuó  la rama de los condes de Vermandois, mientras que Pepín III Berenguer de Senlís, su hijo segundogénito, fue conde de la región del Valois (Crépy-en-Valois y Senlis), que se separó del Vermandois a finales del siglo IX, y también del condado de Bayeux, en Normandía.

 

 

Escudo de la Casa de Vermandois

Fuente: Pinterest

 

 

Jean Mesqui ha detallado correctamente esta rama de los Valois, por vía paterna, en una documentada y minuciosa obra[[34]], en la que dedica un importante apartado de la misma a la historia del castrum de Crépy y de los condes o señores del castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy-en-Valois, del que reproducimos a continuación los párrafos más significativos:

 

 


 

 

“1) Los señores del castrum de Crépy:

 

 

A)                       El periodo de los (Carolingios) condes de Valois-Vermandois.

 

Crépy-en-Valois, una villa situada al nordeste de París a unos sesenta kilómetros de la capital fue, de los siglos X al XIII, un señorío cuyos titulares figuraban entre los más poderosos feudatarios de la corte real; la familia de los señores de Crépy, condes de Valois, Vexin, Amiens y Vermandois, se encontraban entre los más grandes del reino (de Francia). Situada sobre la encrucijada de los caminos que llevaban de Flandes a Champagne y a Ile-de-France, la villa adquirió –en los siglos en que se desarrollaron las grandes ferias comerciales- una posición económica destacada, reforzada por su importante situación estratégica cerca del dominio real.

 

Sin duda, el apogeo de esta villa principal se sitúa precisamente en estos siglos X a XIII, pues posteriormente, a pesar del fasto que conllevaba el principado de Valois concedido a los príncipes de Francia, que le valieron la dignidad de capital del Valois,  la villa de Crépy decayó progresivamente, como las grandes ciudades en que se celebraban las ferias en Champagne. Por ello, se tiene el privilegio de poder analizar una estructura de villa que se ha modificado poco respecto a su primitiva situación medieval; mejor aún, se han logrado conservar monumentos, entre ellos un edificio insigne, llamado hoy Castillo o Fortaleza o Auditorio, flanqueado de una capilla de buena factura, junto a monumentos religiosos verdaderamente notables, como el priorato cluniacense de San Arnoul o la colegial de San Tomás.

 

La familia de los señores de Crépy aparece a principio del siglo X, con Raúl y con Gautier. El segundo Raúl, entre 935 y 943, según un relato legendario, habría incitado al clérigo Constancio, depositario poco escrupuloso de la reliquias de San Arnoul en Yvelines, a llevarlas definitivamente a Crépy, después de que se conservasen algún tiempo, primero en Rocquemont, y después en Vez. Con tal motivo, se fundó en el castillo de Crépy una colegiata de canónicos. El relato hagiográfico del suceso, que tuvo lugar al principio del siglo XI, es de una precisión notable, pues dice que la iglesia fundada entonces estaba situada in angulo castelli.

 

El primer señor de Crépy-en-Valois identificado perfectamente por la historiografía es Gautier II, llamado “el Blanco”, que era también conde de Amiens y de Vexin, y que vivió a finales del siglo X y en la primera parte del siglo XI. Gautier II, casado con la condesa Adela de Senlis, tuvo el privilegio de reformar la colegiata de canónigos en 1008, fundando un monasterio consagrado a San Arnoul dirigido por el abad Gérard, alumno de Gerbert, en el castrum de Crépy. Su hijo Raúl III (o II, para algunos), también conde de Senlís, se casó con la heredera del señorío de Nanteuil-le-Haudouin; según dice Carlier, heredó a la muerte de su padre el señorío de Crépy, que se había reservado Gautier II.

 

Más adelante se detallará el reparto que hizo Raúl III de sus posesiones entre sus hijos Raúl IV y Thibaut, con las que éste último formó el patrimonio inicial de los Valois de Crépy-Nanteuil (casa de los Valois-Crépy-Nanteuil). Su hijo primogénito Raúl IV fue uno de los más poderosos feudatarios del Reino: conde de Amiens, Valois, Vexin, Tardenois, Montdidier, Bar y Vitry; se sabe que llegó a esposar, ilegítimamente, a la viuda del rey de Francia Enrique I, Ana de Kiev, tras haber repudiado a su mujer. Después de su muerte, en 1074, su hijo primogénito Simón, conde de Amiens, Valois, Montdidier, Bar, Vitry y Vexin, abandonó sus bienes dejándoselos a su hermana Adela o Alix para hacerse monje de la orden de Cluny a la que había concedido el monasterio de San Arnoul entre 1077 y 1081; periodo importante en el que esa iglesia de San Arnoul se integró en la órbita de los monasterios cluniacenses.

 

Este episodio es interesante, pues se sabe que Simón hizo traer de Montdidier el cadaver de su padre que hizo colocar en esta iglesia de San Arnoul en que había sido bautizado, junto a sus antepasados y a su primera esposa. A pesar del carácter relativamente marginal en comparación con toda la serie de feudos y territorios que poseía Simón, tanto para él como para su padre, el castrum de Crépy, con su iglesia de San Arnoul, continuaba siendo un lugar sentimentalmente privilegiado.

 

Crépy pasó, como casi todas las posesiones de San Simón, a su hermana Adela o Alix, esposa del conde Herbert de Vermandois; su hija Adela aportó la dote del Valois y del Vermandois al Capeto príncipe Hugo 'el Grande' de Francia cuando se casó con ese hijo del rey Enrique I y de Ana de Kiev. Su hijo el Capeto Raúl V, conde de Vermandois y de Valois, senescal de Francia, murió en 1152; fue inhumado, como sus antepasados, en San Arnoul de Crépy que se había convertido en la necrópolis de esos príncipes....(Finalmente, cuando su hija y heredera) Aliénor Capeto y Valois-Vermandois murió sin hijos en 1213, la totalidad de sus posesiones, pasaron a la Corona de Francia.

 

 

B)      El periodo de los principados.

 

 

Después de esta fecha, Crépy-en-Valois, que era a la vez “buena villa”,  castellanía real y capital del señorío del Valois, vivió al ritmo de las concesiones o de los infantazgos reales. De 1240 a 1252, el señorío del Valois fue concedido por Luis IX a su madre (Blanca de Castilla); posteriormente, de 1268 a 1270, el señorío fue dado, pero como principado, a su hijo Jean Tristan, conde de Valois. En 1291, el rey Felipe “el Valiente” dio a su hijo Carlos, también como principado, el señorío de Valois, con el título de conde pero con la misma extensión territorial. El acceso al trono del hijo y heredero de este Carlos, Felipe VI de Valois, en 1328, hizo volver el principado de Valois al dominio real.

 

Pero de nuevo, en 1344, el Valois fue concedido al príncipe Felipe de Francia, duque de Orleans, hijo de Felipe VI. Este príncipe añadió en 1353 al principado, las castellanías de Pierrefonds, Béthisy y Oulchy, por un intercambio con el rey Juan “el Bueno”; y después de su muerte, en 1375, su viuda Blanca conservó en dote el Valois hasta que falleció en 1392...

 

Hasta principios del siglo XVII fueron sucesivamente poseedores del principado del Valois varios miembros de la Casa real de Francia, titulándose duques de Valois...En fin, tras la muerte en 1615 de la princesa Margarita de Francia, duquesa de Valois, la Corona recuperó el principado del Valois, y ocho años más tarde, a petición de las monjas hermanas de Santa Úrsula que deseaban establecerse confortablemente en Crépy, el rey Luis XIII les concedió, el 15 de septiembre de 1623, “las viviendas del castillo de la villa de Crépy, que consiste en tres cuerpos de edificio con la capilla, con el conjunto de patios y jardines, y hasta el cierre que los separa de los patios de la antigua fortaleza y castillo donde se encuentran las torres de entrada al castillo, en el ducado del Valois, e incluso una parte del patio existente entre la citada capilla y el Auditorio (o Casa feudal solariega), que serán separados por una muralla....”. Fue el final del castillo ducal”.

 

Termina así Jean Mesqui el primer apartado de su documentado libro citado, que dedica a relatar la historia del castrum de Crépy-en-Valois. Pero, como yo mismo he comprobado personalmente en mi visita al mismo, el final del castillo ducal de los Valois no supuso la destrucción de ese 'Auditorio' o Casa solariega, edificio insigne que se conserva actualmente con el nombre de Castillo-fortaleza (o Donjon), junto a la capilla de San Aubin, que ha sido magníficamente restaurada. Este castillo, que fue la Casa solariega de los Valois, sobre todo de la rama de los señores de Crépy-Nanteuil, alberga hoy los Museos de Arte Sacro y del Valois, que están abiertos al público.

 

 


Castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy-en-Valois

 

 

Además, en su citada obra Jean Mesqui dice[35] también lo siguiente:

 

“2) El señorío del castillo-fortaleza de Crépy-en-Valois (o Donjon), desmembramiento del castrum primitivo.

 

El castrum de Crépy no permaneció como estaba primitivamente, pues fue cambiando a lo largo de la evolución de la época feudal. En efecto, como ha dicho Carlier,  y no ha sido desmentido por los más recientes historiadores, Raúl III (o II, para algunos) había dividido hacia 1030 el castillo de Crépy en dos mitades: “...reservó el cuerpo de hotel con sus dependencias para Raúl IV de Valois, su primogénito, y dio el donjon a Thibault...” su segundo hijo. Thibault fue el origen de un linaje de dignatarios llamados “de Crépy, señores de Nanteuil”. El desmembramiento efectuado por Raúl III abarcó, además del castrum de Crépy, a sus posesiones condales de Nanteuil-le-Haudouin, Lévignen, Villers, Betz, Morcourt, Saintines y Néry, que pasaron al dominio de Thibaut quien, según Claude Carlier, instaló dentro del recinto del donjon, en su señorío de Crépy, una capilla dedicada a san Aubin, obispo de Angers, a la que transfirió diversas reliquias de santos que tenía en propiedad.

 

La genealogía establecida por Carlier muestra que a Thibaut, el primer señor de Crépy-Nanteuil, le sucedió su hijo Adam llamado “el Rico”, quien hacia 1080 fundó en esta capilla una cofradía denominada “cofradía de los sacerdotes”, transferida hacia 1160 a la iglesia parroquial de Saint-Denis.

 

 

Fachada fortificada actual de la iglesia de Nanteuil-le-Haudouin

 

A Adam le sucedió Thibaut II, y mucho más tarde Thibaut III de Crépy-Nanteuil (mencionado en 1150-1182); en el mandato de éste último se señalan, por primera vez, en 1180, los capellani capellae fidelis Theobaldi de Crispeio. Este señor, que estaba casado con Clemence de Bar-le-Duc, testó en 1182.

 

Poco después de su fallecimiento en 1185, su viuda Clemence hizo, en nombre de su primogénito Felipe I de Crépy-Nanteuil, un acuerdo con el recién creado ayuntamiento de Crépy-en-Valois. El acuerdo fue renovado por Felipe en 1197, en presencia de Aliénor, la condesa de Vermandois y del Valois; en él se fijan los respectivos derechos de los burgueses y de los señores de Crépy-Nanteuil. Específicamente, se encuentra en él, respecto a estos derechos, la mención del censo percibido en la puerta de Crépy, de los que cincuenta sous se destinaban a los canónigos de San Aubin, mencionados aquí como tales. Además, este convenio o acuerdo, definía precisamente la extensión del territorio que estaba sometido a la justicia de los señores de Crépy-Nanteuil; se encuentra aquí por primera vez la mención al castillo-fortaleza (o Donjon) de Crépy.



Castillo-fortaleza (o donjon) de los Valois en Crépy-en-Valois: vista general actual

 

Felipe I de Crépy-Nanteuil y su hijo Felipe II aparecen seguidamente en numerosas cartas. El primero, muerto en 1227, transformó antes de 1197 la capilla de San Aubin en colegiata, dotándola progresivamente de cuatro prebendas; el segundo la dotó de una quinta prebenda en marzo de 1231; en 1222 Felipe I fue designado como patrón de la colegiata...

 

...Curiosamente, Carlier indujo a error a todos los historiadores del siglo XIX, como afirman Mulrac y Bergeron, afirmando que el señorío del Donjon de Crépy fue cedido por Felipe I de Crépy-Nanteuil al rey Felipe Augusto entre 1215 y 1218. Sin embargo, como acabamos de decir, después de estas fechas, Felipe II actuó a favor del capítulo de San Aubin, parte integrante de su señorío de Crépy...

 

...Los autores antiguos llegaron a equivocarse por la falta de fuentes directas; no obstante, es fácil de demostrar que el señorío del Donjon de Crépy permaneció como señorío privado hasta la mitad del siglo XVI. En efecto, se encuentra en una relación de los feudos del Valois que se hizo en 1375-1378 el reconocimiento del feudo del Donjon de Crépy por Jean de Châtillon, señor de San Hilliers y de Dours. Pues este Jean de Châtillon no era otro que el hijo de Gaucher de Châtillon, señor de los mismos lugares, yerno de Felipe II de Passy-Nanteuil, él mismo biznieto de Felipe II de Crépy-Nanteuil. Es indudable que el feudo del señorío del Donjon de Crépy pasó de los Crépy-Nanteuil al dominio de sus sucesores los Passy-Nanteuil, hasta el reparto de la herencia de Felipe II de Passy-Nanteuil, ocurrido en 1356, fecha en la que este señorío pasó a una hija menor, saliendo así de la familia para integrarse en una rama de la imponente familia de los Châtillon...

  

 


En mi visita al castillo fortificado o donjon o casa solariega de los Valois; y a la aneja capilla de San Aubin. Estoy en la puerta de la actual entrada lateral al castillo.

 

...Según J.M. Tomasini, el señorío del Donjon de Crépy fue revendido a María de Clèves, viuda de Carlos de Orleans, en 1470 por Robert II de Châtillon; de esta forma el antiguo feudo se integró en el dominio real dado el hecho del acceso de los Valois-Orleans al trono de Francia. En 1522, el feudo fue de nuevo separado del dominio real, y vendido con opción de recompra, al maestro Arthur d'Aunoy, canónigo de la Sainte-Chapelle, señor de Goussainville: el reconocimiento de 6 de enero de 1529 especificaba que este feudo comprendía “la mansión y la casa solariega del donjon situada dentro de la villa de Crépy con sus pertenencias, salvo que el lugar, de importancia defensiva, permanezca a la disposición del rey”, y por consiguiente, todos los desmembramientos no serán válidos, como feudo, salvo la granja, quedando reservado el donjon a la administración real.

 

De esta forma, el señorío o feudo del Donjon de Crépy, desmembrado sin duda en el siglo XI a favor de una rama segundogénita de la familia condal de los Valois, permanecerá hasta 1430 independiente del castillo propiamente dicho, al cual fue de nuevo agregado cuando lo abandonó la familia de los Châtillon. Cuando fue otra vez desmembrado, hacia 1520, solamente la granja señorial fue objeto de venta feudal; el hotel o casa solariega o 'Auditorio', que era lo principal del lugar, quedó sometido al dominio real (o ducal, según los mencionados principados) afectado por justo título.

 

Es preciso pues subrayar, en la historia del señorío, la evidente fractura que se produjo cuando el Donjon pasó a la familia de Passy, en 1268, tras el matrimonio de Alix de Crépy-Nanteuil con Pedro II de Passy; en adelante, el patronímico de Crépy no se siguió utilizando, relegado sin duda a menor fortuna, eclipsado por las castellanías rurales de la familia. Puede concluirse que después de Felipe II de Crépy-Nanteuil, es decir más allá de la mitad del siglo XIII, el señorío del Donjon de Crépy no fue más que una fuente de renta para sus detentores, que no quisieron residir en el antiguo castrum; en todo caso, su relación con el hecho feudal se había extinguido tras la última creación de prebendas a favor del capítulo de San Aubin en la segunda mitad del siglo XIII.......

 

"3)...El conjunto del castillo-fortaleza (o Donjon): ¿palacio feudal, palacio urbano?.

 

En definitiva, el Donjon de Crépy figura entre estos edificios todavía poco conocidos, poco o nada estudiados, que se catalogan entre el palacio principesco, la mansión señorial feudal y el palacio burgués.

 

 


 

Murallas defensivas del castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy-en-Valois

 

Está entre estas tres categorías de edificios, pues ese conjunto arquitectónico no corresponde a ninguno de estos arquetipos, pero presenta caracteres típicos de todos ellos y, además, añade otras formas arquitectónicas, comenzando por la torre-residencia. De hecho, en el plan estrictamente tipológico, el Donjon de Crépy-en-Valois es lo que puede llamarse “salón con torre”, complementado con una capilla. Se trata pues de un conjunto completo respecto a la trilogía aula/camera/capella que se considera como lo característico de la arquitectura noble medieval...

 

...Una de las funciones principales atribuídas al edificio del Donjon ha sido, sin duda alguna, la ostentación: la presencia de ventanas decorativas con mucha mayor frecuencia que en otras construcciones similares permite afirmar que la voluntad de su constructor fue la de confirmar exteriormente su riqueza más bien que su potencia o su poder. La colocación de otro piso superior en la capilla expresa dicho propósito: la posesión de una capilla con dos plantas, siendo colegiata, ¿no era, en esa época, un simbolo evidente de éxito?.

 

Es curioso comprobar en este edificio la suma de contradicciones que resultan de la superposición de estos roles sociales: casa urbana, con su acceso por la planta baja, sus ventanas excesivas propias de una torre-residencia, por su volumen y por su empaque; palacio feudal, con la trilogía ya mencionada; mansión señorial de carácter rural compacta y desarrollada en altura, con dos grandes salones. En resumen, el Donjon de Crépy se sitúa realmente como bisagra entre varios tipos de construcción: ni palacio, ni casa, ni mansión señorial en puridad, se trata de un edificio singular que corresponde principalmente a la voluntad de un señor, Felipe I de Valois-Crépy-Nanteuil, que pretendió afirmar dentro de un castillo regio la posición prominente que había adquirido, gracias a su parentesco y fidelidad al soberano francés, sobre el feudo que desde la antigüedad detentaba su familia Valois y que mantuvo hasta que fue integrado en el dominio real.

 

Extraordinaria complejidad de la voluntad del propietario-constructor; extraordinario resultado, que no tiene equivalente apenas en los tipos de contrucción contemporánea. Si bien existen, en la región, ejemplos de torres o de salones-torres de carácter rural, el Donjon de Crépy es un raro ejemplo de construcción en plena villa, pero dentro de una fortaleza o castrum, desmarcándose así de lo que pudieron ser casas o palacios urbanos pertenecientes a caballeros del castrum o a familias nobles, al presentar una calidad arquitectónica sobresaliente, en el sentido profundo, es decir en cuanto a su adecuación funcional...En conclusión, el castillo o Donjon de Crépy-en-Valois en mi opinión representa lo típico de una época o de un contexto social, más bien que un estilo o una tipología. Este edificio, medio palacio feudal, medio palacio burgués, es el producto de una nobleza que se fortalece en las guerras del rey Felipe Augusto; es la residencia de un señor cortesano del rey; y ha servido también para la ostentación de la importancia de un señor enriquecido con numerosas posesiones, que reconstruyó el castillo familiar....En el Donjon de Crépy nos hallamos ante un caso en donde el desmembramiento del castrum primitivo se ha efectuado en beneficio de una rama segundogénita de la familia Valois (los Crépy-Nanteuil); pero, sobre todo, en un caso en que el feudo así desgajado ha continuado integrado en el castrum original, pero dando lugar a un conjunto autónomo de edificios.”.

 

 

 

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Hasta aquí se ha reproducido extensamente el relato esclarecedor de Jean Mesqui sobre la evolución del castrum o fortaleza de Crépy y sobre el singular castillo o mansión feudal que hay dentro del recinto del castrum; así como sobre la historia de la familia de los señores del castillo o donjon de Crépy-en-Valois, que residió en ese edificio durante varios siglos. Termina así su interesante relato, que ha descrito minuciosamente lo que fue el castillo o donjon o 'auditorio' que fue la mansión señorial de la rama de los Valois-Crépy-Nanteuil, a la que perteneció Vincent de Valoys Crépy, el caballero cruzado reconquistador de Alpuente, en España, villa real en donde estableció su casa señorial, que fue también la de sus descendientes, los Valois de España, hasta finales del siglo XVI, cuando la mansión señorial de los Javaloyas se trasladó a la capital y corte del reino de Valencia.

 

En su anterior relato, Jean Mesqui ha mencionado al abuelo paterno del    caballero Vincent de Valoys Crépy, que fue Thibaut III de Valoys-Crépy, señor de Crépy, de Nanteuil-le-Haudouin y de otros feudos en la región francesa de Valois; quien tuvo tres hijos; su primogénito fue Felipe I de Crépy-Nanteuil, que le sucedió en sus principales feudos y dominios. Felipe y su hermano Guy fueron caballeros abanderados al servicio de su pariente el rey Felipe Augusto de Francia[36]. El tercer vástago de Thibaut III fue Gaucher de Valois Crépy, quien fue señor en Valois: de Lévignen, de Saintines y de Néry. Gaucher se casó con una prima lejana de su madre, de la estirpe de los 'Bar-le-Duc', denominada Helwide o Heilwich de Ferrette o de Bar Mousson, y que murió joven, a los 21 años; por lo que tuvieron solamente un hijo: Vincent de Valoys Crépy, quien quiso labrarse un buen porvenir guerreando como caballero, principalmente en las cruzadas reconquistadoras de los reinos hispánicos.

 

Algunos parientes próximos de Vincent de Valoys Crépy se encuentran citados nominalmente en diversos documentos que se reproducen en “Les Registres de Philippe Auguste”[[37]].

 

En efecto, la mención nominal de su abuelo paterno Thibaut III de Crépy-Nanteuil, señor de Crépy-en-Valois y de Nanteuil-le-Haudouin, se halla en los documentos incluídos en esos Registros reales, concretamente en las páginas 447, 448 y 457. Además su tío paterno, Felipe de Crépy, señor de Crépy y de Nanteuil-le-Haudouin, es mencionado específicamente en los documentos reproducidos en las páginas 319 y 459 de los citados “Les Registres...”. Asimismo, en la página 319 de esta 'Relación de caballeros' aparecen mencionados nominalmente los tíos paternos de Vincent de Valoys Crépy, que son Guy y el primogénito Felipe.

 

En fin, a continuación voy a reproducir, traducido al castellano, un documento en latín que se encuentra en los ya mencionados Registres de Philippe Auguste, en las páginas 458-459, dentro del capítulo titulado Cartas diversas, relacionada como la carta número 20, y fechada en el año 1187, en la que se cita expresamente a varios parientes próximos de Vincent de Valoys Crépy, entre ellos a sus dos tíos paternos, cuyos nombres he destacado con letra negrita en el texto de la carta.

 

 Esta carta número 20 dice lo siguiente:

Alienor (apellidada Capeto y Vermandois-Valois), condesa de San Quintín y señora del Valois, concede a la Iglesia de San Arnoul de Crépy-en-Valois, donde están enterrados sus antepasados, una carretada diaria de leña procedente del bosque de Retz.

 

Carta a la Iglesia de San Arnoul de Crépy.

Yo, Leonor(Alienor), condesa de San Quintín y señora del Valois, quiero conceder ahora y para siempre, por amor de Dios y para redención de mi alma, de las de mis padres y de las de mis antepasados, dada en perpetua y libre voluntad, a la Iglesia de San Arnoul de Crépy, en la que se encuentran enterrados mis padres, una carretada diaria de leña procedente del bosque de Retz, para uso de los clérigos de dicha Iglesia, que se dedican al servicio de Dios, sacada de la madera muerta, tanto de ramas como de residuos......

Firman la presente como testigos los siguientes: Pedro, cura decano de San Tomás (de Crépy); Felipe de Valois-Crépy-Nanteuil; su hermano Guy (de Valoys Crépy); Bartolomé de Thoyri y su hijo Bartolomé; Arnulfo Búgaro y su hijo Juan; Alberto de Faiel; Pedro de Vals, Esteban de Bonneuil, Bernardo prepósito (de Crépy). Dada en el año del Señor 1187, reinando Felipe (Augusto), rey de los Francos.”

 

Finalmente, hago referencia de otro destacado pariente de Vincent de Valoys Crépy: se trata de Felipe II de Crépy-Nanteuil, señor de Nanteuil-le-Haudouin, denominado “el Poeta”, quien ha sido citado por Jean Richard en su famosa biografía sobre el rey San Luis de Francia[[38]].

 

 

 

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2) EXPOSICIÓN DETALLADA DEL LINAJE PATERNO DE VINCENT DE VALOYS CRÉPY.

 

En el libro que el historiador don Valeriano Herrero Herrero, canónigo de Segorbe (Castellón), publicó en 1993, titulado La Villa de Alpuente,[39] en el que dedica un apartado, que comprende las páginas 141 a 144, a los Jabaloyas (o Valoyas o Valoys), donde específicamente reproduce en esas página una gran parte del texto de una real cédula o albala de Felipe II de España, de 1 de mayo de 1562, por la que el rey concedió a don Vicente Javaloyas o Valoyas de Alpuente (Valencia) nuevas armas que añadir a las que ya poseía en su escudo, en consideración tanto a los servicios prestados a la Corona de España por el mismo y por sus antepasados como a “vuestra ilustre sangre, y que descendéis por línea recta de los Condes de Valois en Francia (según hemos sido informados).....”[40].

 

 

 


                            Felipe II, rey de España

 

El texto íntegro de esa real cédula o albala de Felipe II de España se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid, en su manuscrito número 11393, que contiene la historia de los Valois de España, que comienza cuando el caballero Gaucher de Valoys Crépy, señor de Néry, Saintines y Lévignen en la región del Valois en Francia, descendiente directo de los condes de Valois de Francia, vino a nuestra patria para participar en la cruzada de la batalla de las Navas de Tolosa y, tras la victoria cristiana, se afincó en Albarracín.

 

La mencionada cédula o albala de Felipe II dice, literalmente, lo siguiente:

 

"Don Felipe, por la Gracia de Dios Rey de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Sicilias, de Jerusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Cordova, de Corcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarves, de Algeciras, de Gibralttar, de las Islas de Canarias, de las Indias, Islas y Tierra firme, del Mar Oceano, conde de Varzelona, Señor de Vizcaya, y de Molina, etc. Por quantto por parte de vos Vicente de Valoyas o Javaloyas, Natural de la Villa de Alpuente, en nuestro Reyno de Valencia, nos fue fecha relazion de los loables servicios echos por buestros anttepasados en servicios de Nuestros Predecesores, y en partticular de los de Vicente de Valoys, vuestro Progenitor y de donde venis que paso de Francia con Oliver de Termens y aiudaron al Señor Rey Don Jaime de Aragon llamado el conquistador en la conquista de Mallorca el año de mil doscientos y veintte y nueve, donde obro memorables echos, en cuia remuneracion le concedio nottables honrras y privilegios para si y sus descendientes y despues nos sirvieron en ttiempo de los Señores Reyes Catholicos Don Fernando y Doña Isabel, mis gloriosos bisabuelos, en la Guerra de Granada, y en partticular en el Reinado de la Majestad Cesárea del Emperador Don Carlos quinto, mi Señor y Padre, en las hermandades que hubo en dicho Reyno de Valencia, en que procedió con la fidelidad que otros muchos Nobles de él, asistiendo con gran peligro de su Vida contra los desleales que ttraian postergado aquel Reyno, lográndose por estte medio la paz y la ttranquilidad, con castigo de los culpables, y porque es propio de la Majestad Real ensalzar y sublimar con magníficas mercedes a los nobles descendientes de los que por su esfuerzo y heróicas Proezas, merecen que sus Casas y familias sean Ilustradas con honores y mercedes para que permanezca en ellas con Recuerdos loables, por mí considerados los servicios echos a estas Coronas por vos, el dicho Vicente Jabaloyas y buestros ascendientes, echos en conquista de Ciudades, Villas y Plazas fuertes que ganaron a los Moros en cuia consideración y la de vuestra Ilustre Sangre ya que descendeis por línea recta de los Condes de Valois en Francia (según hemos sido informados) cuyos subcesores fundaron el Lugar de Jabaloyas, en nuestro Reino de Aragón, donde quedó el propuesto Vicente Jabaloyas por Casttellano de los dos Castillos de la Villa de Alpuente en mio Reyno de Valencia, y sus testimonios, y juntamente le hizo merced del Palacio del Rey Moro, que ttenía dicho Señor Rey D. Jaime, en aquel Lugar, honrando vuestro linaje y Nobleza, y para que esta quede perpetuada en vuestros descendientes, y continueis el Real servicio a imitazion de buestros Ascendientes, y os concedemos perpetuamente para siempre jamas, a vos y a los que vinieren de vos por linea recta de Varon, podais ttraer, y ttraigan despues de vuestras Armas antiguas que son en campo dorado con cinco flores de Lis, orladas de Jaqueles de Plata y Rojo en torno que fueron de buestros Maiores, y las que añadió de un Castillo de Piedra en rojo sobre una Puente de dos ojos, Armas propias de dicha Villa de Alpuente, el dicho D. Vicente Jabaloyas quando se enttrego aquella fortaleza por los Moros que la ocupaban a los cristianos, señoreándola el Señor Rey D. Jaime, por ser el primero que la entró, tomando posesión en su nombre, un León de Purpura Coronado, sobre campo de Plata, quartel de mias Armas Reales para que las podais llevar y lleveis junto con las dichas vuestras, y buestros subcesores, poniéndolas en vuestra Capilla, entierros, sepulchros, edificios, Sellos, Reposteros y demas partes que os convengan y les convengan, en todos los Lugares públicos y privados que así es mia Voluntad considersando vuestra Infanzonía, Hidalguía y la de buestros Maiores, y si quereis o quisieren vuestros subcesores, ahora o en tiempo alguno se les despache Real privilegio y confirmación de esta nuestra merced, mando a mis conttadores y cuidadores de mis Privilegios y a mis Notarios y Chancilleres Maiores y a los demas oficiales que os la den, pasen, libren y sellen, segun y en la forma que les pidiereis, y en razon de ttodo lo sussodicho menestter sea para que mas cumplidamente se os guarde, sin impedimento alguno que así es mi merced y Voluntad.
Dada en la Villa de Madrid, a primero dia del mes de Maio de mil quinientos y sesenta y dos años. Yo el Rey: Por mandado de S.M. Francisco de Erasso.".

 

En esta real cédula, el rey Felipe II de España afirma que los Javaloyas o Javaloyes "descienden en linea recta de los franceses condes de Valois". A continuación se especifica detalladamente el linaje de los Carolingios directos que fueron señores o condes de Valois o de Crépy-en-Valois por su linea paterna, y que fueron antepasados de Vincent de Valoys Crépy:

 

1) El rey Bernard de Italia, nieto del emperador Carlomagno, tuvo un hijo llamado

Pépin II de Italia o de San Quintín, que fue conde de Vermandois y señor del Valois (vivió en 817 -878). Sus sucesores en el condado de Valois y, finalmente, en el señorío de Crépy-en-Valois y Nanteuil-le Haudouin, (rama de los Valois-Crépy-Nanteuil), fueron los siguientes:

 

2)   Pépin III Berenguer, conde de Senlís, de Valois y de Bayeux (847-893).

 

3)   Bernard I, conde de Senlís y de Valois (875-927).

 

4)   Bernard II, conde de Valois y de Senlis (915-956).

 

5)  Adela de Senlis, condesa de Valois (956-1012), casada con Gautier II “el Blanco” conde de Valois, Amiens, Vexin y Mantes (949-después de 998)

 

6)   Raúl III, conde de Valois y Crépy, y también conde de Amiens, de Vexin y de Vitry (980-1030) casado con Adela de Breteuil, sra. de Nanteuil-le-Haudouin (992-1051), que tuvo tres hijos:

-        Raúl IV “el Grande” de Crépy, conde de Valois, Amiens, Vexin y Vitry (1010-1074).

-        Thibaud I de Crépy-Nanteuil: el siguiente (patriarca de la rama de los Valois-Crépy-Nanteuil)

-        Alice o Alix de Valois, esposa de Thibaud III, conde de Champagne, Blois y Troyes, antepasado de los reyes de Navarra de la Casa de Champagne.

 

7)    Thibaud I de Crépy-Nanteuil, sr. en Valois: del castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy, y de Nanteuil-le-Haudouin, Lévignen, Villers, Betz, Morcourt, Saintines y Néry.

 

8)    Adam Crespy “el Rico” sr. en Valois: de Crépy, de Nanteuil-le-Haudouin, ..... (hacia 1050-Después de 1120).

 

9)      Thibaud II de Crépy, sr. en Valois: de Crépy, de Nanteuil-le-Haudouin, ..... (hacia 1075-1141) c.c. Isabel de Châtillon (antes de 1080-....).

 

10)  Isabel de Crépy-Nanteuil, sra. en Valois: de Crépy, de Nanteuil-le-Haudouin, .....   casada con Enrique I de Châtillon sr. de Châtillon-sur-Marne (1080-1126).

 

11)  Thibaud III de Crépy sr. en Valois: del castillo-fortaleza de Crépy-en Valois y de Nanteuil-le Haudouin, Morcourt, Betz, Saintines y Néry. (hacia 1125-1185) casado con Clemence de Bar-le-Duc (1130-1187), que tuvo tres hijos:

-     Philippe I de Crépy-Nanteuil sr. del castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy-en-Valois, de Nanteuil-le Haudouin, de Morcourt y de Betz. (1160-....),

-        Guy de Valois Crépy, señor de Bouillancy.

-        Gaucher de Valoys Crépy: el siguiente.

 

12)  Gaucher de Valoys Crépy, sr. en Valois: de Saintines, de Néry y de Lévignen (nacido hacia 1165- fallecido en 1123), sr. de Jabaloyas (Teruel, España) casado con Helwide o Heilwich de Ferrette o de Bar Mousson (nacida hacia 1166-1188)

 

13)  Vincent de Valoys Crépy, sr. de Jabaloyas (Teruel) y alcaide de Alpuente (Valencia)  (hacia 1185-hacia 1250), casado con Isabeau de Senlis. Este caballero cruzado es el patriarca de la rama de los Valois-Crépy-Nanteuil-Javaloyas, a los que se los conoce como 'los Valois de España'.

 

En 1229, años más tarde del fallecimiento de Gaucher de Valoys Crépy, su hijo Vincent de Valoys Crépy, que estaba en Francia, regresó a España para ayudar al rey don Jaime I de Aragón en la cruzada de la conquista de Mallorca y, después, en la del reino de Valencia. Vincent de Valoys Crépy, señor de Jabaloyas (Teruel), también reconquistó la villa de Alpuente (Valencia) en nombre del citado rey don Jaime, quien le nombró castellano (o alcaide) de los dos castillos de Alpuente.

 

Como ya se ha probado anteriormente, ahora solo subrayamos brevemente que el caballero cruzado Vincent  de Valoys Crépy descendía directamente del carolingio Raúl III de Crépy, conde de Valois, de Crépy, de Vexin y de Amiens. Su abuelo fue Thibaud III de Valois Crépy, señor en Valois: del castillo-fortaleza (o donjon) de Crépy-en-Valois y del pueblo de Nanteuil-le-Haudouin y de otras poblaciones de la región de Valois, quien se casó con Clemence de Bar-le-Duc.

 

 

           


         Vista parcial de Nanteuil-le-Haudouin

 

Además, ya hemos relatado detalladamente que, por sus padres y por alguno de sus abuelos, Vincent de Valoys Crépy descendía de Carlomagno. También fue descendiente del rey de Francia Hugo Capeto, pues procedía de los Robertinos por Roberto I, rey de los Francos. A continuación, se expone la relación de los antepasados directos del caballero francés Vincent de Valoys Crépy en un cuadro genealógico que se inicia con los Francos y que continúa por sus monarcas Merovingios y Carolingios hasta los condes de Valois y su rama de la Casa de los Valois-Crépy-Nanteuil:

 

DE LOS FRANCOS Y LOS CONDES DE VALOIS HASTA VINCENT DE VALOIS CRÉPY

 

Francus de los francos sicambrios, casado con Lothilde de Germania
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Clodius II de los francos sicambrios
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Marcomir III de los francos sicambrios
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Clodomir III de los francos sicambrios
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Anténor IV de los francos sicambrios
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Rattaire (Rathérius) de los francos sicambrios, casado con Grotte de los francos
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Richemer de los francos sicambrios †113, casado con Ascyla Victoria des Icènes
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Odomar de los francos sicambrios
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Marcomir IV de los francos sicambrios ca 104-149, casado con  Athilde Athildis de Siluria verch Coel Ap Méric Collus95-170
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Clodomir IV de los francos sicambrios †166, casado con  Hasilda Hastilde Hasfilda de los Ruges †179
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Farabert de los francos sicambrios †220, casado con Catheloys de Tintageldel linaje de los desposinys (parientes de Jesús de Nazaret) iniciado por José de Arimatea
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Sunno Hunno Huano de los francos sicambrios
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Childeric I de los francos sicambrios 189-253, casado con Céasonia Julianus
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Marcomir de los francos sicambrios, , de Toxandrie †ca 281, casado con  Ilnegonde de Lombardía
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Gonobaud I de Toxandrie 245-289
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Ragaise de Toxandrie 270-307casado con Fin, del linaje de los desposynis iniciado por el apostol Santiago el Menor, obispo de Jerusalén, sobrino de la Virgen María y de San José

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Malaric I de Toxandriejefe de los francos salios en Toxandrie. 295-360, casado con Ascyla de Belgie La Gauloise del linaje celta belga de los morins ca 300-...
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Priarios de Toxandrie jefe de los francos de Toxandrie, 324-396, casado con Douce de Toxandrie
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Sunno de los francos 358-401, dq. de los francos, casado con Merowna de Turingia, del linaje de los turingios367-407
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Meroveo I de los francos 390-445, casado con Hatilde Asturia 395-...
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Meroveo II x,  jefe de los francos salios 411-457, casado con  Chodeswinthe de los francoshija de Siegse, del linaje de los reyes-pescadores (desposinys protectores del Santo Grial, linaje iniciado en José de Arimatea))
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Childeric I x,  rey de los francos salios 436-481, casado con Basine de Colonia-Sajonia, del linaje de los sajones, 438-491
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Clovis I (Clodoveo) de los francos,  rey merovingio de los francos 466-511, casado con Sta. Clotilde de los burgundios, 475-544, del linaje de los godos bálticos, visigodos y burgundios
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Clotario I de los francosrey merovingio de los francos 497-561, casado con Aregonde de Turingia,  500-538
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Caribert I de Parísrey merovingio de París 520-567casado con Ingoberge de París, 520-589

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Sta. Berthe Aldeberge de París ca 539-610, casada con Ansbert Gallo, mq. de Schelde, 540-601, del linaje galo-romano
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Doda de Heristal 583-650, casada con San Arnould de Metz, obispo de Metz582-641
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Anségisel de Metz,  mayor de los palacios  de Neustria y de Austrasia; dq. de Austrasia 615-685, casado con Sta. Begga de Landen, hija de Pepin el viejo de Landen, mayor del palacio de Austrasia
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Pépin II de Heristal,  dq. de los francos y  mayor de los palacios de Neustria y de Austrasia †714
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Charles Martel,  príncipe de los francosmayor de los palacios de Neustria y de Austrasia, 689-741
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Pépin de Franciarey de los francos, 714-768
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Charlemagne x,  emperador y rey de los francos, 742-814
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Pépin de Italia,  rey de Italia, 773-810
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Bernard de Italiarey de Italia, 797-818, casado con Cunégunde de Gellone, del linaje davídico
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Pépin de S. Quintin,  c. de Vermandois y  sr. de Senlis y  del  Valois, 818-878, casado con Rothaide de Bobbio, cdsa de Vermandois, 820-...
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Pépin III Bérenger de Senlis,  c. de Valois, de Senlis y de Bayeux, 844-893, casado con Cunégunde de Rennesdel linaje de los celtas de la Bretaña francesa, de Inglaterra y de Irlanda, 860-...
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Bernard I de Senlis,  c. de Senlis y de Valois, 875-927
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Bernard II de Senlisc. de Valois y de Senlis, ca 915-956, casado con Adele de Normandíadel linaje de los vikingos escandinavos
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Adèle de Senlis , condesa de Valois, 956-1012, casada con Gautier II, el Blanco, c. de Valois, Vexin y Amiens, 966-1017
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Raoul III de Valois,  c.de Valois, de Amiens y III sr. de Crépy ca 985-1060
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Thibaud I de Valois Crépy,  sr. de Nanteuil-le-Haudouin y del castillo (donjon) de Crépy-en-Valois 1030-1080
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Adam el Rico de Crépy,  sr. de Nanteuil-le-Haudouin y del castillo (donjon) de Crépy-en-Valois 1050/-1120/
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Thibaud II el Rico de Crépy,, sr. de Nanteuil-le-Haudouin y de Crépy-en-Valois 1075-1141
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Elisabeth de Crépysra. de Nanteuil-le-Haudouin y del castillo (donjon) de Crépy-en-Valois 
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Thibaut III de Crépy-en-Valois,  sr. en Valois (de Crépy-en-Valois y de Nanteuil-le-Haudouin) †1185, casado con Clemence de Bar-le-Duc1130-1187, del linaje carolingio-sajón de los duques de Lorena y condes de Bar-le-Duc

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Gaucher de Valoys Crépy,  sr. en  Valois (de Saintines, Nery y Levignen). En España fue señor en Gea de Albarracín y señor fundador de Jabaloyas (Teruel) ca 1165-1229, casado con Helwide o Heilwich de Ferrette o de Bar-Mousson, ca 1166-1188   
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Vincent de Valoys Crépysr. de Jabaloyas (Albarracín,Teruel, España) y conquistador y alcaide de Alpuente (Valencia). También participó como caballero cruzado en las conquistas de Mallorca y de Valencia capital, realizadas por don Jaime I de Aragón. ca 1185-1250, casado con Isabeau de Senlis

 

 

 

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3) ALGUNOS ANTEPASADOS DE VINCENT DE VALOYS CRÉPY POR SU LÍNEA MATERNA.

 

                     

   


 Lotario I de Alemania, emperador

Fuente: Religión en Libertad

 

LINAJE DESDE CARLOMAGNO HASTA VINCENT DE VALOYS CRÈPY POR LOS CONDES DE BAR-LE-DUC

 

Charlemagne x, emperador y rey de los Francos 742-814
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Louis I el Piadoso x, emperador y rey de los Francos 778-840
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Lotario I de Alemania, emperador de Occidente ca 795-876
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Ermengarde de Alemania 845-864
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Ermengarde de Meuse 864-
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Wigéric de Bigdau, c. de Bigdau y de Methingau 886-ca 919
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Fréderic I, dq. de la Alta Lorena y c. de Bar-le-Duc 913-978
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Thierry I, dq. de la Alta Lorena y c. de Bar-le-Duc 965-1027
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Frederik II, dq. de la Alta Lorena  y c. de Bar-le-Duc 995-1033
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Sophie de la Alta Lorena, cdsa. de Bar-le-Duc 1018-1095
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Thierry I (Dietrich I) de Bar-Mousson, c. de Bar-le-Duc, de Mousson, de Montbeliard, de Ferrette y de Verdun. 1045-1105
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Renaud I de Bar-le-Duc, c. de Bar-le-Duc, de Mousson, de Brie y de Verdun. 1090-1150
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Clemence de Bar-le-Duc 1130-1187 + Thibaut III  de Crépy-Nanteuil, sr. del castillo-fortaleza  de Crépy-en-Valois y de Nanteuil-le-Haudouin ca.1130-1177
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Gaucher de Valoys Crépy,  señor de Néry, de Saintines y de Lévignen en el Valois ca 1165-1229/

 + Helwide o Heilwich de Ferrette o de Bar-Mousson, ca 1166-1188
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Vincent de Valoys Crépy,  sr. de Jabaloyas (Albarracín,Teruel, España) y alcaide de Alpuente (Valencia, España). ca 1185-ca 1250 + Isabeau de Senlis

 

 

En este linaje se confirma también que los condes de Bar-le-Duc son descendientes directos de los Carolingios, y en el se observa que enlazaron matrimonialmente con los señores de Crépy-Nanteuil (rama de los Valois-Crépy-Nanteuil), descendientes directos de los condes de Valois y del emperador Carlomagno.


Escudo de Clemence de Bar-le-Duc

 

LINAJE DESDE LOS PRIMEROS CONDES DE HABSBURGO HASTA VINCENT DE VALOYS CRÉPY

 

 

Final del formulario

Gontran el Rico, c. de Altenburg , de Sundgau, de Argau y de Vindonisse 920-973
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Lancelin o Lantolde, c. de Altenburg, de Argau y de Vindonisse 945-991
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Radebot de Habsburgo, c. de Habsburg (ex Altenburg) 975-1027
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Werner I de Habsburgo, c. de Habsburg 1013-1096
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Othon II el Docto de Habsburgo, c. de Habsburg y de Sundgau y landgrave de la Alta Alsacia 1057-1111
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Werner II de Habsburgo, c. de Habsburg en Ober-Elsassi y de Sundgau y landgrave de la Alta Alsacia 1096-1167
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Richenza de Habsburgo 1135-1188 + Louis de Bar Mousson 'el cruzado'  c. de Ferrete y de Egishem, y sr. de Vadans 1134-1189
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Helwide o Heilwich de Ferrette o de Bar Mousson* ca 1166-1188 + Gaucher de Valoys Crépy, señor de Lévignen, Néry y Saintines en la región de Valois (Francia) y señor fundador de Jabaloyas (Teruel, España) 1165-1229
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Vincent de Valoys Crépy, sr. de Jabaloyas (Albarracín,Teruel, España) y alcaide de Alpuente (Valencia, España). ca 1185-ca 1250 + Isabeau de Senlis


*Fuente: http://fmg.ac/Projects/MedLands/ALSACE.htm (Ver Capítulo VI: condes de Ferrette)

 


 

Escudo de la Casa de Habsburgo.

 

 

 

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4) GUERRAS EN LAS QUE PARTICIPÓ EL CABALLERO CRUZADO VINCENT DE VALOYS CRÉPY.

 

A) LA PRIMERA GUERRA EN LA QUE PARTICIPÓ FUE LA II CRUZADA CONTRA LOS CÁTAROS 

 

Esta cruzada fue dirigida personalmente por el rey de Francia Luis VIII, al que siguieron como cruzados sus principales nobles y caballeros. La Iglesia católica promovió y financió, en su mayor parte, la cruzada contra los cátaros. Además, entonces la Iglesia bendijo a los que participaban en la misma y, si morían, les garantizó que iban a conseguir el paraiso o felicidad eterna, como en toda guerra santa.

 

Por ello, el caballero Vincent de Valoys Crépy siguió al rey de Francia participando en la II cruzada contra los cátaros pues, como ya he narrado detalladamente en mi libro titulado El origen judío de las monarquías europeas[41], "los cruzados del ejército real atravesaron el Macizo Central francés y llegaron al rio Ródano. En los alrededores de Aviñón es donde empezaron a encontrar resistencia, pues sus habitantes seguían siendo fieles al conde de Toulouse, por lo que fue preciso poner sitio a Aviñón que, bien defendida y aprovisionada resistió tres meses, hasta el nueve de septiembre....

....Por fin, el ejército real, aunque diezmado, abandonó Aviñón y emprendió una marcha que fue triunfal hacia las heréticas tierras del Sur. Una a una iban entregándose sin resistencia las villas y poblaciones, y sólo la ciudad de Toulouse se puso en pie de guerra, bien fortificada y pertrechada. Como ya era octubre y el invierno se acercaba, Luis VIII juzgó prudente no poner sitio entonces a Toulouse, y hacerlo al año siguiente, cuando llegase el buen tiempo".

 

Entonces, para conservar los territorios ocupados, el rey dejó allí un ejército de quinientos caballeros, entre los que se encontraba Vincent de Valoys Crépy. Este ejército real quedó al mando de Humbert de Beaujeu, conjuntamente con el veterano Guy de Montfort, hijo del famoso magnate Simón de Montfort.

 

Posteriormente, el Rey emprendió su viaje de regreso a París. Luis VIII, afectado por la disentería, falleció en ese viaje, concretamente en Montpensier el 8 de noviembre de 1226.

 

El desconcierto producido por la inesperada muerte del monarca fue aprovechado por el conde de Toulouse Raymond VII quien entonces se lanzó a fondo a guerrear contra los cruzados, especialmente durante el invierno de 1226-1227.

 

En efecto, como dice Michel Roquebert[42] lo siguiente:

 “...Raymond hizo fortificar Labécède en Louragais, que está un poco más al norte de Castelnaudary con el fin de asegurarse una plaza bien provista de hombres y de municiones que pudiese servir de puesto avanzado del pais tolosano. Confió el mando de la plaza a Pons de Villeneuve y a Olivier de Termes. El primero, que era caballero de Villeneuve-la-Comtal es bien conocido por su compromiso con el catarismo...Olivier de Termes era el hijo de Raymond, el cátaro derrotado (en Termes) en 1210. Pero todo hace pensar que Olivier era buen católico: sometido al Rey a fines de 1228, compañero del rey Jaime de Aragón en la conquista de Mallorca, será excomulgado en 1242, pero por haber participado en las insurrecciones habidas en el Languedoc contra San Luis. Tras ello, definitivamente vinculado (al rey de Francia) se cubrirá de gloria en Tierra Santa”.

 

En fin, durante muchos meses el conde de Toulouse dirigió la guerra contra los cruzados con alternativas de éxitos y fracasos hasta que, ya en el otoño de 1228, la situación militar de las tropas de Raymond VII  se hizo cada vez más precaria, sobre todo en la ciudad de Toulouse. Abiertas las negociaciones de paz se llegó a establecer las condiciones para lograrla en un documento que se acordó en Meaux.

 

Entonces, después de veinte años de guerra, se acabó alcanzando la paz con el juramento de acatamiento que hizo Raymond VII de Toulouse en París: era la paz de la Iglesia y del Rey. No era, sin embargo, el fin del catarismo y de la herejía, que iban a continuar su lucha de otra forma, por otros procedimientos.

 

Al terminar la guerra de los cruzados cristianos contra los cátaros, los caballeros que habían participado en ella se encontraron ociosos, en paro. Pero como otra cruzada: la de la conquista de Mallorca, estaba ya convocada y los preparativos para comenzarla en marcha, algunos caballeros franceses de uno u otro bando se enrolaron en el contingente que don Nuño Sanz, conde de Rosellón y tío del rey Don Jaime I de Aragón, se había comprometido a aportar a la nueva cruzada. Entre esos caballeros estaba Vincent de Valoys Crépy, quien se hizo vasallo del conde de Rosellón porque lo reclutó como caballero suyo para ir a la conquista de Mallorca. También reclutó el conde don Nuño al destacado caballero que había luchado a favor de los cátaros Oliver de Termes. Una parte de la historia personal de Oliver de Termes ha sido narrada también, a trozos y rasgos, discontinua pero extensamente, de 1228 a 1270, por Jean Richard[43], en su biografía de San Luis.

 

Por último, quiero llamar la atención de un importante hecho porque, dado que se ha reproducido ya en esta obra el texto de una cédula o albala del rey Felipe II de España de 1 de mayo de 1562, en ella puede leerse y confirmar que Vicente de Valoys-Crépy vino a España con Oliver de Termes para participar en la cruzada de la conquista de Mallorca. En efecto, en esa cédula real se dice, entre otras cosas, lo siguiente:

 

“....y en particular de D. Vicente de Valoyas (o Javaloyas), vuestro progenitor y de donde viene, que pasó de Francia con Oliver de Termes y ayudaron al Sr. Rey D. Jaime de Aragón, llamado el Conquistador, en la conquista de Mallorca en el año 1229, en donde obró memorables hechos, en cuya remuneración, concedióle notables honores y privilegios, para sí y sus descendientes,....”.

 

En ese documento el rey de España certifica que en 1562 vivían en Alpuente (Valencia) descendientes de los franceses condes de Valois. Ello lleva a preguntarse desde cuándo y por qué. Una fidedigna respuesta se encuentra en el mismo texto de esa cédula real, en el fragmento que se acaba de reproducir aquí. Y ello, siendo cierto, sería más exacto si hubiera dicho también que, mucho antes, hacia 1215, tanto ese caballero como su padre habían fundado una población llamada Jabaloyas en el señorío turolense de Albarracín, de la que fueron señores por concesión del soberano de ese señorío don Pedro Fernández de Azagra. Pero, entonces ¿es que eran franceses residentes en España?. En tal caso, ¿desde cuándo?.

 

 

 

 

 

 

B) LA FUNDACIÓN DE LA POBLACIÓN DE JAVALOYAS

 

Para responder a estas cuestiones es preciso referirse ahora a la fundación del pueblo de Jabaloyas -en el contexto bélico existente a comienzos del siglo XIII en la península ibérica-, que está ya bien documentada, como se comprobará seguidamente.  Para ello creo que inicialmente debe tenerse en cuenta lo relatado en el libro manuscrito de don Juan Francisco de Hita, cronista general y rey de armas del rey Felipe IV de España, titulado "Blasones de algunas familias españolas"[44], que dice así:

 

"Los de este apellido JAVALOYAS, de esta casa solar de la Villa de Alpuente, son descendientes de la casa ilustre de los Condes de Valoys de Francia, por haber venido un soldado (cruzado) a Aragón, del cual descendieron  los Valoyas, que habitaron primeramente en Monte llamado Javalón; y después, por la esterilidad donde vivían, bajaron y empezaron a fundar y poblar un lugar llamado Javaloyas de la comunidad de Albarracín, Reino de Aragón, y de allí pasó uno de esta Casa a Navarra, donde ilustró mucho su casa; y en los años 1.228-9, en la guerra que hizo el Señor Rey Don Jaime, le siguió uno de esta Casa llamado don Vicente de Valoys, el cual en compañía de Oliver de Termens, que vino de Francia, pasó a la conquista de Mallorca; después de ganada, y vuelto a Aragón.....................".

 

Por otra parte, hay que subrayar que la primera vez que se cita a Jabaloyas (no al pueblo, sino al inicial castillo que había en lo alto del monte Javalón) es al referirse a la participación de la Orden de Santiago en la campaña guerrera de Pedro II de Aragón contra el rey moro de Valencia. Entonces, el maestre de la Orden de Santiago, don Fernán Gonçalez de Marañón, se decidió a dar batalla a los moros y tomó por la fuerza los castillos de Javaloyas (o sea, el castillo que había en la cumbre del monte Javalón), Villarquemado y Fortanete[45].

 

Efectivamente, en la época en que se fundó la población de Javaloyas los reinos cristianos hispánicos luchaban intensamente con los musulmanes. Anteriormente, en 1211 se había reanudado el enfrentamiento de Alfonso VIII de Castilla contra el imperio almohade por el control del valle del Guadiana. La pérdida del castillo de Salvatierra galvanizó a los cristianos de los reinos hispanos. El papa Inocencio III concedió el título de cruzada a la campaña contra los musulmanes a la que también se adhirieron Pedro II de Aragón con sus principales magnates, el obispo de Narbona Arnau Arnabric con cien caballeros, así como numerosos nobles y caballeros venidos de la Europa cristiana, entre los que se encontraba el noble descendiente del emperador Carlomagno y de los condes de Valois: Gaucher de Valoys Crépy, señor de ciertas poblaciones de la región francesa de Valois.

 

 También participó en esa cruzada el rey Sancho VII el Fuerte de Navarra con sus tropas, quien se incorporó tardíamente, pero tuvo un protagonismo decisivo en la batalla de las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212, tomando parte en el asalto al palenque del califa almohade Miramamolin-al-Nasir y participando activamente en la consiguiente derrota de los musulmanes.

 

No existe constancia documental de la presencia en esa memorable batalla del joven señor de Albarracín don Pedro Fernández de Azagra con las tropas aragonesas, pero es muy probable que luchara allí junto a los aragoneses. En todo caso, lo que está bien documentado es que en el bienio 1212-13 el señor soberano de Albarracín se encontraba en la corte real de Barcelona donde fortaleció su amistad con el noble caballero francés Gaucher de Valoys Crépy, a quien le ofreció numerosas dominios y feudos en Albarracín, principalmente en Gea, hasta que consiguió que el guerrero francés se decidiera a afincarse en Albarracín como vasallo suyo.

 

En esa época, como el reino de Aragón estaba enfeudado a la Santa Sede, el papa Inocencio III envió un legado pontificio para que, durante la minoría de edad de Jaime I de Aragón, rigiese Aragón, lo que llevó a cabo dividiéndolo en dos gobernaciones: las tierras del norte del rio Ebro se encomendaron a Pedro de Ahones, y las meridionales a Pedro Fernández de Azagra, señor de Albarracín, quien en agosto de 1214 llegó a Lérida procedente de Francia, tras jurar allí fidelidad como rey al joven don Jaime de Aragón, que estaba protegido por Simón de Monfort, el jefe de los cruzados contra los cátaros.

 

En 1214 don Pedro Fernández de Azagra tuvo que simultanear el gobierno del sur de Aragón con el de su señorío de Albarracín, en donde donó a Gaucher de Valoys Crépy -al que ya había hecho señor de extensos territorios en Gea- el alto y estratégico monte Javalón, en la cumbre de la cordillera de los Montes Universales, con su castillo y su amplio término serrano, para que defendiese todo el sur de Albarracín de las incursiones sarracenas.

 

Poco tiempo después, Gaucher de Valoys Crépy y su joven hijo Vincent, por la esterilidad del monte Javalón donde vivían, bajaron y en las tierras de la base de ese monte fundaron hacia 1215, poblaron y señorearon el lugar al que denominaron Jabaloyas (porque Jabal era el nombre dado a monte o montaña en la lengua árabe que todavía se usaba en esa tierra fronteriza; y Valoyas es la traducción española del apellido francés Valoys, correspondiente a la noble familia originaria de esos caballeros franceses).

 

Por entonces, el rey Sancho el Fuerte de Navarra, imbuido del espíritu de cruzada, convocó en Tudela y encabezó dos expediciones contra las tierras fronterizas levantinas de los musulmanes, que tuvieron rango de cruzadas, en 1216 y 1219. Es posible que en ellas participase el joven Vincent de Valoys Crépy, pues muchos caballeros aragoneses y de Albarracín se unieron a los navarros en sus luchas reconquistadoras. La expedición de 1216 llegó hasta las tierras turolenses, donde reconquistaron Ródenas y Jorcas, entre otras poblaciones. La expedición de 1219 fue más ambiciosa y se propuso conquistar territorios musulmanes hasta la ciudad valenciana de Requena, pero fracasó en su objetivo último.

 

No está documentado que Vincent de Valoys Crépy se uniera a las correrías de las tropas navarras; pero es probable que participase en alguna de ellas con autorización del señor de Albarracín, quien mantenía excelentes relaciones con el rey Sancho el Fuerte, ya que sus familiares navarros, los Azagra, poseían grandes feudos en el reino de Navarra.

 

Iglesia fortificada con muralla existente en Jabaloyas (Teruel)

 

El señor de Albarracín era consciente de su debilidad militar ante una ofensiva del rey aragonés o de cualquier otro enemigo poderoso. Por ello, decidió fortalecer sus dominios señoriales con nuevos colonos. Para ello, en 1222 concedió el Fuero de Albarracín, en el que se fijaron las bases para la explotación comunal de la tierra y de los montes de la Serranía que fueron repoblados con gentes navarras, asentando así los fundamentos de la actual Comunidad de Albarracín.

 

Esa cesión de tierras que hizo el Azagra fue el origen del vigente sistema de explotación comunal de la Sierra por la Comunidad de Albarracín, compuesta de 23 pueblos beneficiarios de los llamados Montes Universales. Actualmente los beneficiarios son los ayuntamientos, no las personas.

 

El pueblo de Jabaloyas fue muy favorecido por la gran repoblación que experimentó entonces. El primer señor de Jabaloyas fue su fundador, el francés Gaucher de Valoys Crépy, quien murió en 1229, y entonces, esta heredad pasó a su hijo, el también caballero cruzado Vincent de Valoys Crépy.

 


 

Vista general de Jabaloyas con su iglesia amurallada

 

 

 

 

 

C) SUS HAZAÑAS CONQUISTADORAS AL SERVICIO DEL REY JAIME I DE ARAGÓN EN MALLORCA, ALPUENTE Y VALENCIA.

El canónigo  de Segorbe Valeriano Herrero Herrero en su ya citado libro sobre La Villa de Alpuente, se refirió al contenido de la anteriormente reproducida cédula o albala de Felipe II de 1 de mayo de 1562. Además, Valeriano Herrero inserta en su libro, como Apéndice VII, en las páginas 454 bis, 1 y 2, el texto íntegro de un documento de Juan Francisco de Hita, cronista general y rey de armas del rey Felipe IV de España, que es un resumen de esa cédula real de Felipe II, pues la transcribe en gran parte.

 Al final del mencionado documento manuscrito original de ese cronista general y rey de armas del rey Felipe IV de España, se encuentra dibujado el escudo familiar con el apellido escrito en su forma primitiva: Valoys.

La veracidad de lo afirmado en la cédula de Felipe II se confirma además fehacientemente porque en las obras que narran la conquista de Mallorca[46] se cita al compañero de Vincent de Valoys Crépy, o sea a Oliver de Termes[47] o Termens[48], como capitán de don Nuño Sanz, conde de Rosellón, Conflent y Cerdaña. Hay que tener en cuenta que la citada cédula real de Felipe II declara también que:

 “...D. Vicente de Valoyas (o Javaloyas), vuestro progenitor y de donde viene, que pasó de Francia con Oliver de Termes y ayudaron al Sr. Rey Don Jaime de Aragón, llamado el Conquistador, en la conquista de Mallorca ....”.

 

En efecto, en la compañía que comandaba Oliver de Termes se encontraban algunos ilustres caballeros que, sin embargo, habían luchado a favor de los herejes cátaros en Languedoc, como su propio hermano Bernard, así como otros caballeros cristianos vasallos del conde don Nuño, procedentes tanto del Rosellón y de Marsella como del norte de Francia, entre los que destacan los hermanos Sartre, Vincent de Valoys Crépy, Pierre de Agen y Raymond de Marseille.



 Portada del libro biográfico de Oliver de Termes


Por otra parte, se corrobora la participación de Vicente de Valoys Crépy en la conquista de Mallorca, porque es mencionado asimismo en el Repartimiento que hizo su señor, el conde don Nuño Sanz, de la parte que obtuvo de la medina o ciudad de Palma de Mallorca [49], ya que era uno de los cien caballeros cruzados que aportó a la conquista el conde de Rosellón[50] quienes, en su mayor parte, procedían de la actual Francia. Por ello, don Nuño Sanz llama a Vincent de Valoys Crépy “homini nostro” en el documento por el que le concedió una casa en Mallorca. El texto literal en latín de esta concesión (que se encuentra en la página 217 del Repartimiento de don Nuño) dice así:

“iiij. Nonas decembris (1232)

70. Nuno Sancii damus tibi Vincencio de xea (la actual Gea de Albarracín), homini nostro, et tuis ad libitum, domos quasdam quas habemus in Majoricis. Affrontant ab oriente in via publica, a meridie in aliis domibus nostris, a ponente in domibus judeorum, a circio in domibus Gozalbi sartre. Salua nobis una mazemotina annuatim in pasche, fatigam x. Dierum et signum perole. Testes: fferrarius solzet, Rodericus sartre, Martinujs petri de si.”

 

En este documento al caballero Vicente de Valoys Crépy se lo denomina Vicente de Gea (de Albarracín) en diciembre de 1232. ¿Es que ha habido un cambio de apellidos en la misma persona en ese periodo de tres años? ¿Cómo puede tener el conde de Rosellón don Nuño Sanz un caballero vasallo suyo ( homini nostro ) que sea de Gea de Albarracín, si Rosellón está en la actual Francia -y de este gran país procedían  la mayoría de sus caballeros cruzados- y si se tiene en cuenta que Albarracín era un Señorío independiente de Aragón que no participó en la conquista de Mallorca y, por ello, no envió ningún caballero ni soldado de ese Señorío a tal conquista?.

 

La explicación se encuentra fácilmente. En primer lugar, entonces no existía la actual obligación registral de tener un apellido fijo e invariable. El apellido o el mote era una simple forma de distinguir a una persona, especialmente si su nombre era muy común, pues si no lo era bastaba denominarlo solo con su nombre. Se apellidaba o calificaba a una persona de la forma más sencilla posible por diversos criterios: por el sitio de nacimiento, por el sitio de procedencia, por el lugar donde vivía establemente o, por supuesto, con su denominación o apellido familiar.

 

 El Vincent que estuvo en la conquista de Mallorca, se apellidaba de Valois Crépy por su familia (su padre Gaucher de Valoys Crépy era señor del castillo-fortaleza o donjon de Crépy-en-Valois y de Nanteuil-le-Haudouin y otras poblaciones en la región francesa de Valois), pero también porque había nacido y venía de Crépy-en-Valois, la capital de la región francesa de Valois. En cambio, en 1232-33 se le llamó Vicente de Gea porque, entonces, ya estaba afincado en el señorío de Albarracín, siendo propietario de importantes feudos en Gea, cerca del lugar donde su padre y él fundaron la población de Jabaloyas hacia 1215, de cuyo territorio eran señores por donación del soberano Pedro Fernández de Azagra.

 

También hay que tener en cuenta que, cuando el conde de Rosellón don Nuño Sanz organizó sus tropas para participar en la conquista de Mallorca, el tío y ex-tutor del rey Jaime I de Aragón, nombró a Oliver de Termes capitán de una de las compañías que el conde envió a esa cruzada contra los moros. Efectivamente, Dameto lo afirma así[51]: “....El conde Don Nuño Sanz nombró por capitanes y camaradas a Jofre de Rocabertí, Oliver de Termes, Ramón de Canet,...”. Como se ha dicho anteriormente, en la compañía capitaneada por Oliver de Termes se encontraban algunos ilustres caballeros cruzados que, sin embargo, habían luchado a favor de los herejes cátaros en Languedoc, como su propio hermano Bernard; y otros caballeros cristianos vasallos del conde don Nuño, como Vincent de Valoys Crépy y Pierre de Agen.

 


 

                                   Don Jaime I el Conquistador, rey de Aragón

 

Vincent de Valoys Crépy cooperó estrechamente con su capitán Oliver de Termes y participó en las hazañas heroicas que hicieron durante la conquista de Mallorca y que han sido narradas por algunos historiadores. Concretamente, Miquel Ribas de Pina dice[52] lo siguiente:

 

 “Los aragoneses destruyeron una gran parte de la barbacana, y Don Nuño, de quien dependía el pasadizo subterráneo de Don Jaspert de Barberá, hizo construir otro a Don Oliver de Termes, que era un caballero francés, y desde ambos subterráneos consiguieron también destruir grandes trozos de barbacana...

...Hasta entonces se habían efectuado los asaltos (a la ciudad de Palma) por la parte de poniente, que era sólo donde gracias a la actividad del conde de Ampurias se habían destrozado grandes porciones del muro principal; pero después, al mismo tiempo que los aragoneses atacaban las puertas, las tropas que mandaba Don Nuño acosaban por la parte de levante, y una vez que Don Oliver de Termes había destruído catorce brazadas de la barbacana, el preboste de Tarragona abrió un boquete de dos brazadas en el muro principal...”.

 

Don Nuño Sanz era el comandante de las tropas de la parte de levante y disponía de una torre de asedio con la que asaltó la muralla de Palma.

 


 

La conquista de Palma de Mallorca por el rey don Jaime I de Aragón

 

En fin, en la batalla contra el rey moro de Mallorca murieron numerosos cristianos e, incluso, de una misma familia, los Moncada, catorce caballeros, según afirmó Desclot. El dramatismo de la guerra de conquista lo describen perfectamente  Dameto y Mut[53] cuando dicen así:

 

 “ Don Nuño, sin saber lo que pasaba en la vanguardia, vino poco después donde el Rey estaba... Dió Bertrán de Naya al Rey su lóriga. El cual armado de capellina y perpunte se metió en el escuadrón, y envió a decir a D. Pedro Cornel y a D. Jimeno de Urrea, a Oliver de Termens (era éste un caballero francés muy principal y valeroso, a quien el Rey había hecho merced de los castillos de San Lorenzo, Estagell y Argíles) que apresurasen con sus compañías, porque los de Moncada que iban en la vanguardia peleaban con todo el poder del rey de Mallorca...”.

 

El heroico protagonismo del capitán francés Oliver de Termes, fue muy apreciado por el rey don Jaime, por lo que le trataba con deferencia y camaradería. Así lo destaca Miquel Ribas de Pina[54] quien relata que “...además de los caballeros que se juntaron con el rey después de la persecución de los fugitivos moros, llegaron al campamento también los escuderos que traían algunas bestias que, antes de la batalla, habían sido cargadas con lo que cada uno creyó más necesario, y entonces el rey decidió cenar con Don Oliver de Termes, en la tienda de éste, pues los sirvientes del rey y muchos otros permanecieron a la expectativa cerca del campo de la batalla de Santa Ponsa...”. Desde entonces hasta hoy, al lugar donde se encontraba la tienda de Oliver de Termes, se le llama Ben Dinat en recuerdo de esa cena real.

 

En fin, los detalles de la conquista de Mallorca los he especificado ya ampliamente en un libro publicado en el año 2000[55].

 

Cuando finalizó la conquista de Mallorca, el conde de Rosellón don Nuño, quiso no sólo remunerar a sus fieles y eficaces hombres -como hacían todos los líderes militares de aquella época, después de haber participado en una victoriosa guerra-, sino también afincarlos bien para que en el futuro pudieran vivir lo mejor posible.  

 

En efecto, así era; y por ello hemos relatado anteriormente que el conde de Rosellón, en diciembre de 1232 donó a Vincent de Valoys Crépy una casa en Palma de Mallorca al hacer el repartimiento de su porción.  Pero el caballero cruzado Vincent de Valoys Crépy, que ya era señor de Jabaloyas en Albarracín, no quiso quedarse a residir en la isla de Mallorca ni tampoco quiso volver de momento a una Francia que estaba inmersa en una guerra civil durante la minoría de edad del rey Luis IX, el futuro San Luis. El prefería regresar a Albarracín o, alternativamente, continuar al servicio del poderoso conde don Nuño Sanz, tío del rey don Jaime, que era el principal magnate de la nobleza de la Corona aragonesa; pues sabía que se acercaba la hora de conquistar el reino musulmán de Valencia, y un caballero joven y cristiano como él creía que en esa nueva cruzada habría aventuras guerreras y posibilidades de alcanzar gloria y..... enriquecimiento.

 

Por lo tanto finalmente decidió quedarse establemente en Albarracín, pues así consta en varios documentos, especialmente en la mencionada cédula del rey de España Felipe II de 1 de mayo de 1562, por la que concedió a Vicente Jabaloyas o de Valoyas, de Alpuente (Valencia), nuevas armas para añadir a las que poseía en su escudo.

 

En aquel tiempo, como dice el Rey en ese documento de 1562, vivía en España este descendiente de los Valois. El hecho de que le apellide también Jabaloyas se debe a que, como se dice en esa cédula real,  su antepasado Vincent de Valoys Crépy “...fundó el lugar de Jabaloyas, en la comunidad de Albarracín, en nuestro reino de Aragón...”.

 

Ante la proximidad de la conquista de los ricos territorios valencianos, el astuto soberano de Albarracín don Pedro Fernández de Azagra, quiso congraciarse con el rey de Aragón ofreciéndole su vasallaje y alianza. A don Jaime le ofreció todos los recursos de su soberano Señorío, que puso a su disposición, con una sustantiva aportación militar de caballeros y soldados.

 

Para comprender la situación política que había entonces en esos territorios levantinos es preciso tener en cuenta los siguientes hechos históricos significativos:

 

- En 1228 tuvo lugar una sublevación general de los musulmanes hispanos contra los almohades, que triunfó en Andalucía y en Murcia, propagándose enseguida a la Región valenciana.

 

- El rey de Valencia Zeyt-Abuzeyt se resguardó tras las potentes murallas de la capital, pero no pudo resistir el asedio a que lo sometió el sublevado Zaiyán ben Mardanish, de Onda, que tomó Valencia el 24 de enero de 1229.

 

- Abuzeyt huyó y se fue a Segorbe, porque en la cuenca del rio Palancia contaba con muchos súbditos fieles. Entonces el destronado rey mahometano buscó la protección de D. Jaime I, rey de Aragón, para poder volver a enfrentarse a sus enemigos.

 

- Según Piles Ibars, el 20 de abril de 1229 se alió Abuzeyt con el rey de Aragón para expulsar al usurpador Zaiyán, prometiéndole la cuarta parte de las rentas de su perdido territorio y dándole en rehenes varios castillos, entre ellos el de Alpuente, que seguía en poder de partidarios suyos. Con ello, D. Jaime tenía título jurídico para intervenir en los asuntos internos territoriales valencianos.

 

- También ha de tenerse en cuenta que el tercer señor de Albarracín Don Pedro Fernández de Azagra ante la perspectiva de la conquista de Valencia, se había unido personalmente, sin perder la soberanía de su territorio, a la Corona de Aragón participando con el rey don Jaime en sus empresas conquistadoras, especialmente en las luchas contra los moros del Reino de Valencia. Además, este Azagra casó a su hija Elfa F. de Azagra, señora de Chelva (Valencia) con Jaime I, señor de Jérica, hijo natural del rey de Aragón Jaime I y de su amante Teresa Gil de Vidaure.

 

El rey de Aragón y su entorno cortesano mantenían entonces una intensa y excelente relación con el señor soberano de Albarracín, como se deduce de varios pasajes escritos por Martín Almagro Basch[56] que se reproducen literalmente a continuación:

 

"...El 22 de noviembre de 1230, recién llegado Jaime I de Mallorca a Barcelona, vemos con él al tercer Señor de Albarracín. Allí firma documentos reales como testigo el 30 de noviembre y el 5 de diciembre de aquel año. Parte luego con el Rey de Aragón hacia Navarra, firmando privilegios de Jaime I en Monzón, el 4 de enero...el día 22 de julio de 1232 ya está definitivamente Jaime I en Lérida, de vuelta de las Baleares. Le reclama la conquista del Reino de Valencia, ya prácticamente pactada en 1229...Aquel año de 1232, al volver de Mallorca, el Rey de Aragón se dedicó a la organización de la conquista del Reino musulmán de Valencia, diferida pero no olvidada.

Parece ser que Jaime I se dirigió directamente hacia Teruel...Varios cronistas han recogido la noticia de que don Jaime cazaba aquel año de 1232 en tierras de Albarracín hacia Gea, cuando recibió la noticia de la toma de la plaza de Morella, realizada por las mesnadas de don Blasco de Alagón, y de las de Ares del Maestre, llave de los pasos hacia Castellón, en pleno Maestrazgo, que lograron las tropas reales. Don Jaime, acompañado por don Pedro Fernández de Azagra, fue a recibir la plaza de Morella...

...Al menos sabemos documentalmente como, mientras todos estos planes de la conquista de Valencia se realizaban, el Rey estaba por tierras turolenses, pues el 9 de noviembre de 1232 concedía en el mismo Teruel una participación en el botín de la cabalgada contra moros en la que vaya el pendón de Teruel, para las obras de la iglesia de Santa María de Teruel, confirmando ese privilegio, entre otros caballeros, don Pedro Fernández de Azagra.

 


 


                                    Vista parcial de la fortificada ciudad de Albarracín

 

Decidida en aquellas reuniones con don Pedro Fernández de Azagra y con los actos fronterizos citados, la guerra y conquista de Valencia, don Jaime I partió, entrado el invierno, hacia Zaragoza y convocó Cortes en Monzón el 17 de diciembre de aquel año 1232 donde solemnemente se acordó movilizar los hombres y recursos del Reino para conquistar Valencia, y se decidió la concentración de los mismos en Teruel para mayo del año siguiente, 1233. La hora de la guerra y las ganancias había llegado. Albarracín y su Señor sacarán de las campañas que se avecinaban y en las que vamos a relatar su importante participación, gran gloria y provecho.

Reunido el ejército aragonés en Teruel, en mayo de 1233, por Jaime I, allí acude don Pedro Fernández de Azagra, tercer Soberano de Albarracín...Sabemos con certeza que don Pedro Fernández de Azagra iba en la hueste aragonesa que en mayo de 1233 se dirigía hacia Valencia por las parameras de Sarrión, que ya los de Teruel, conducidos por sus jefes, habían conquistado. Bajó el ejército aragonés por el valle del Palancia. Pasaron talando y saqueando las tierras de Jérica y Segorbe, pero la intención de los cristianos era caer sobre la llanura del Mijares, pues otros ejércitos avanzaban desde el norte por las llanuras costeras hacia Peñíscola, Alcalá de Chivert, Cervera y Castellón. Burriana era la ciudad principal de la Plana castellonense, y el Rey entró en ella entre el 15 y el 22 de junio, asistiéndola en el sitio no sólo don Pedro Fernández de Azagra, sino también el Obispo de Albarracín, don Domingo...”.

 

Hasta aquí se han reproducido los pasajes en los que demuestra Almagro Basch la estrecha cooperación del señor de Albarracín y de sus tropas, además del propio obispo de Albarracín, con don Jaime de Aragón en los preparativos y en los comienzos de la conquista del Reino musulmán de Valencia, en la que participó activamente el caballero Vincent de Valois Crépy, señor de Jabaloyas.

 

Otra cita de un destacado historiador confirma la magnífica y fructífera relación que había entonces entre el Rey y sus cortesanos con don Pedro Fernández de Azagra, el soberano señor de Albarracín. En efecto, Luis G. de Valdeavellano, en su libro “Castilla y Aragón en el siglo XIII” dice[57] lo siguiente:

 

“Unos meses más tarde (a principios de 1232), mientras Jaime I se encontraba en Alcañiz, se presentaron ante el Rey el magnate aragonés Blasco de Alagón y el Maestre del Hospital Hugo de Forcalquier y le pidieron que emprendiese una campaña contra la Taifa de Valencia, cuyo reyezuelo Zaiyan ben Mardanish se había aprovechado del reciente viaje de don Jaime a Mallorca para hacer una audaz correría por tierras del bajo Ebro, donde había devastado los campos de Tortosa y Amposta. Aceptada por don Jaime esta propuesta, el Rey se dirigió a Teruel y desde allí a Ejea (Gea), en el Señorío de Albarracín, invitado a cazar el jabalí por el señor de este territorio, Pedro de Azagra. Pero el Rey hubo de enterarse en Ejea de que las milicias concejiles de Teruel se habían apoderado de Ares del Maestre y, al saberlo, se encaminó a la frontera y, cuando salía de Villaroya, le dieron la noticia de que Blasco de Alagón había conquistado Morella...Con Ares del Maestrazgo y Morella, Jaime I disponía ahora (7 de mayo de 1232) de nuevas bases de penetración en el Reino moro de Valencia...”.

 

Además, como Valeriano Herrero Herrero ha escrito[58],“en 1232 D. Jaime pasó por Teruel, donde Abuzeyt le entregó todos los derechos que se había reservado en Calatayud tres años antes, respecto a la ciudad de Valencia y esto en reconocimiento de los muchos servicios que le había prestado y le prestaba el (rey) de Aragón”, a quien le fue confirmada la donación de Alpuente en rehenes.

 

Por esa época, a Abuzeyt se le sublevaron varios pueblos, incluso Alpuente, por lo que, según dice Lázaro Ramiro[59] “en el archivo de la Villa consta que en mil doscientos treinta y dos, Almuganer, capitán suyo, haciendo una correría con setecientos hombres de Teruel se apoderó de esta Villa, y Castillo, habiéndose aprovechado del descuido de la guarnición, y moradores, que a la sazón estaban en el campo”. Esta fue la primera vez que los cristianos, entonces capitaneados por el musulmán Almuganer, conquistaron Alpuente a los moros partidarios del rey valenciano Zaiyán.

 

Lázaro Ramiro también asegura[60] que “en 28 de mayo de 1236 se ratificó en Teruel el referido Tratado de Calatayud, y fue otra vez dado en rehenes Alpuente al rey de Aragón, para que lo guarneciese de Nobles Infanzones, (pues) no era menester menos que la Nobleza para asegurar una Plaza tan importante.

 

Concluida esta confederación, de allí a dos días (dice Diago) en el penúltimo de mayo, habiendo ido a Cedrillas, aldea de Teruel, otorgó el rey D. Jaime a ruegos de Zeyt-Abuceyt una liberal franqueza a los de Alpuente para todos sus Reynos y Señoríos en presencia de Don Pedro Fernández de Azagra, señor de Albarracín, (y otros)…

 

En el mismo año para la guarnición de cristianos que en ella (Alpuente) puso el rey don Jaime, se purificó y dedicó a Nuestra Señora de la Piedad una mezquita contigua al Castillo, que en la traslación de la iglesia a la que hoy existe quedó en ermita de Santa Agueda…”.

 

Es decir, como conclusión, en 1236 Alpuente fue guarnecida con nobles infanzones cristianos.  Entre ellos estaba el caballero Vicente de Valoys Crépy (o Javaloyas) que había  dejado su señorío de Jabaloyas (Teruel) para tomar posesión de su cargo de alcaide de los dos castillos de Alpuente, para el que había sido nombrado por don Jaime de Aragón, trasladando entonces a dicha plaza fuerte valenciana su casa solariega.


 


Vista parcial de Alpuente: en el peñón, ruinas de la ciudadela y de su castillo; y en la villa destaca la iglesia medieval.

 

 La presencia del señor de Albarracín junto al rey D. Jaime en Cedrillas a finales de mayo de 1236 muestra el gran interés de Pedro Fernández de Azagra en la futura conquista del reino de Valencia, sobre todo por dominar la cuenca del río Guadalaviar, que es la ruta natural entre Albarracín y Valencia, donde Alpuente era una valiosa fortaleza estratégica. Por ello, en la nueva guarnición militar de Alpuente había algunos vasallos del señor de Albarracín, capitaneados por el noble caballero Vicente de Valoys Crépy, señor de Javaloyas.

 

Poco a poco se iba preparando la cercana conquista del reino musulmán de Valencia que el señor de Albarracín tanto ansiaba que se realizase, pues quería consolidar así su Señorío alejando el peligro de ataques moros al mismo, a la vez que esa conquista le permitiría engrandecerlo con la anexión de territorios valencianos.

 

Para tratar sobre todo de la conquista de la ciudad de Valencia, el rey don Jaime convocó Cortes generales en Monzón, que se reunieron el 15 de octubre de 1236, y en ellas se acordó realizar lo antes posible la cruzada contra el Reino de Valencia, prometiendo D. Jaime tierras a los que tomasen parte en esa guerra santa. A las Cortes asistieron prelados, nobles y representantes de Aragón y de Cataluña.

 

A principios de 1238 el rey de Aragón puso en marcha y encabezó la cruzada que acabaría conquistando la capital del reino de Valencia. El alcaide de Alpuente Vincent de Valoys Crépy se unió a la cruzada y se puso a las órdenes del señor soberano de Albarracín quien, a su vez, ya estaba al servicio del rey don Jaime de Aragón.

 

Al llegar la primavera de 1238, los diversos cuerpos del ejército cruzado llegaron a los alrededores de la ciudad de Valencia, tras rendir a su paso algunas poblaciones musulmanas. Las tropas de Teruel y los guerreros de Albarracín, todos ellos al mando del conde de Rosellón, D. Nuño Sanz, siguieron el camino del rio Palancia, por Segorbe, hasta llegar a Sagunto donde se unieron a las tropas reales de D. Jaime. La guarnición de Alpuente, como los hombres de armas de otros pueblos cristianos, se integraron en el ejército cruzado, pues todos los hombres disponibles acudieron a la convocatoria real, para apoderarse de la capital valenciana. Tras cinco meses de asedio, Valencia cayó en poder de los cristianos al anochecer del día 28 de septiembre de 1238. Esa misma noche entró en ella el victorioso D. Jaime.

 

Vincent de Valoys Crépy, con el señor de Albarracín Pedro Fernández de Azagra, participó en las conquistas de Chelva, de Valencia y de Silla, entre otras poblaciones. Durante muchos meses el rey de Aragón, con sus principales cortesanos y con el señor de Albarracín, se dedicaron a hacer la repartición de la rica huerta valenciana a los guerreros conquistadores.

 

El conquistador rey de Aragón quiso recompensar a su fiel caballero cruzado Vicente de Valoyas, alcaide de Alpuente; por lo que, mediante real merced[61] dada el 1 de noviembre de 1238, le concedió el palacio del rey moro de Alpuente, y la bodega de los Diezmos de la Villa, cuya hacienda mantendría como vínculo sucesivo de su Casa, así como muchas heredades y honores; entre éstos el de que en su escudo colocase junto a las cinco flores de lys y los jaqueles, armas de sus progenitores, el castillo formal de piedra en campo rojo sobre un puente de dos ojos, armas propias y antiguas de la villa de Alpuente.

 

 


 

Escudo de Vicente de Valoys Crépy tras las conquistas de Alpuente y de Valencia, que usaron también sus descendientes hasta 1562. (La J y la A en el castillo del escudo hacen referencia a que era señor de Jabaloyas y alcaide de Alpuente).

 

Finalizado el repartimiento, y con el fin de someter a los poblaciones que todavía ocupaban los moros, el rey don Jaime ordenó que dos cuerpos de ejército de tres mil hombres cada uno emprendieran la marcha. Uno de ellos se dirigió hacia la comarca de los Serranos por la cuenca del río Guadalaviar o Turia, para rendir Liria, Chelva y Alpuente. En este cuerpo de ejército se integraron los guerreros de Albarracín, y posiblemente fuese comandado por el propio D. Pedro de Azagra, señor de Albarracín, el mayor interesado en la reconquista de los pueblos del camino directo entre Valencia y Albarracín, pues D. Jaime le concedió al Azagra la población de Chelva, posiblemente por derecho de conquista.

 

Entretanto la desguarnecida fortaleza de Alpuente, como muchas otras poblaciones lejanas de Valencia, fue ocupada por musulmanes partidarios del derrotado rey Zaiyán. Ubieto y Floriano afirman que Liria fue reconquistada en 1240. También Chelva lo fue por entonces. Posiblemente D. Pedro Fernández de Azagra permaneciese en Chelva, o regresara a Liria o Valencia; porque la mayor parte de ese cuerpo de ejército prosiguió su avance por la Serranía, capitaneado por el caballero Vincent de Valoys Crépy, señor de Javaloyas y alcaide de los dos castillos de Alpuente.

 

Cuando ese ejército cristiano llegó a Alpuente la guarnición musulmana  se enfrentó a él encarnizadamente. El asedio a Alpuente debió ser duradero. Por fin, el caballero Vincent de Valoys Crépy (o de Javaloyas), al mando de sus tropas, derrotó a los infieles sublevados y conquistó Alpuente “…por ser el primero que lo entró (en el castillo-fortaleza), tomando posesión en nombre del rey D. Jaime…”. Era el verano de 1240 cuando Alpuente fue ya reconquistado definitivamente, fecha que ha confirmado Valeriano Herrero Herrero en su obra La Villa de Alpuente cuando dice que “...el propio Sr. Ramiro (Lázaro) habla de un decreto en 1240 por el que D. Jaime declaraba sujetas a Alpuente las aldeas de La Yesa, Aras y Titaguas”.

 

 

Vista aérea del peñón sobre el que están las ruinas del castillo-fortaleza de Alpuente

 

La ya mencionada cédula o albala de Felipe II de 1 de mayo de 1562 confirma definitivamente que ese caballero Vincent de Valoys Crépy conquistó la villa de Alpuente (Valencia): “...por ser el primero que la entró, tomando posesión en su nombre (del Rey Don Jaime)... en donde quedó el propuesto Vicente Javaloyas por Castellano de los dos castillos de Alpuente, en nuestro Reino de Valencia y sus territorios; y juntamente le hizo merced del Palacio del Rey Moro, que tenía dicho señor Rey Don Jaime en aquel lugar, honrando su linaje y nobleza...”.

 

 

 


Cerámica mural existente en la plaza de la Iglesia, de Alpuente (Valencia), en honor de D. Vicente Javaloyas (Vincent de Valoys Crépy), conquistador de esa villa real, en la que se reproduce un extracto de la cédula o albala del rey Felipe II, de 1 de mayo de 1562, que rememora la conquista de Alpuente y menciona algunas de las mercedes que el rey D. Jaime de Aragón concedió al citado conquistador, honrando su linaje y nobleza.

 

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IV) DE LOS REYES DE FRANCIA A LOS VALOIS DE ESPAÑA

 

 

1) HUGO CAPETO Y SU LINAJE DESCENDIENTE HASTA LOS VALOIS DE ESPAÑA.

 

 

     


                            

          Hugo Capeto, rey de Francia

 

Los primeros condes carolingios de Vermandois y de Valois son también antepasados de Hugo Capeto, rey de Francia y fundador de la dinastía capeta. En efecto, Beatriz de Vermandois, hija de Pepín II de Italia y de San Quintín, conde de Vermandois y señor del Valois, se casó con Roberto I, rey de Francia y abuelo de Hugo Capeto. Por otra parte, una hija de Pepin III, conde de Valois, de Senlis y de Bayeux, llamada Poppa de Valois, la segunda esposa del primer duque de Normandía, el vikingo Rollon (Robert), fue la abuela de Adelaida de Aquitania, quien se casó con Hugo Capeto, y de ellos descienden todos los Capetos.

 

Los antepasados de Hugo Capeto han sido especificados y relacionados en un artículo que publiqué en 2001 [[62]], por lo que el lector interesado en conocerlos, puede ver la revista HISTORIA 16 que se cita en nota a pie de página. Por lo tanto, recogeré aquí solamente un brevísimo resumen del mismo en los siguientes párrafos.

 

En primer lugar, voy a reproducir ahora una cita de un artículo de la Revue Française de Généalogie que dice así [[63]]:

“...Desde luego, Hugo Capeto no ha surgido espontáneamente, “de la nada”. Su abuela, Beatriz de Vermandois, esposa del rey de los francos Roberto I era descendiente en 6ª generación del rey carolingio Pepín “el Breve” cuya esposa Bertrada de Laon descendía, por su parte, en 9ª generación del mismísimo Clodoveo I (como se puede ver en el linaje que se incluye a continuación). Los Capetos, que descienden indudablemente del fundador (Merovingio) de la dinastía franca, no dejaron de reafirmarlo, como ya lo habían hecho simbólicamente los Carolingios...".

 

 


 

                                                Beatriz de Vermandois, reina de los Francos

 

 

El siguiente linaje de Hugo Capeto, teniendo en cuenta la fiabilidad de las fuentes en que se basa[64], es actualmente muy fidedigno:

 

 

Meroveo, rey de los Francos salios (411-457)

I

Childéric I

I

Clodoveo (Clovis) I

+ Sta. Clotilde de Burgundia

I

Clotario I, rey de los Francos

I

Chilpéric

I

Clotario II

I

Dagoberto I

+ Nantilde de Bobigny

I

Clodoveo (Clovis) II

I

Thierry III rey de los Francos

I

 Berta 

+ Caribert I conde de Laon

I

Caribert II c. de Laon

I

Bertrada de Laon + Pépin “el Breve” rey de los Francos

I

Carlomagno

I

                                                 Pépin I rey de Italia

                                                                      I                                          

 Bernard rey de Italia

+ Cunegunde de Toulouse o de Gellone

I

Pépin II