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lunes, 29 de junio de 2020

La UE aprende de sus errores y se moviliza como nunca antes frente a la crisis del coronavirus

La Comisión, tras un inicio dubitativo de la presidenta Ursula von der Leyen, cogió el testigo y movilizó recursos como nunca antes
 
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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. REUTERS
 
 
Hubo un momento, a principios de marzo, en el que todas las señales de alarma sonaron a la vez. Con Italia en confinamiento y el resto del continente siguiendo el mismo sendero -aunque todavía sin saberlo- la Unión Europea volvió a cometer los mismos errores del pasado. Con un socio sufriendo, con miles de personas muriendo, Europa miró para otro lado sin tomárselo muy en serio y sin entender lo que estaba en juego.
Hay veces que al analizar los acontecimientos continentales se toma el todo por la parte y se habla, culpa o responsabiliza de cosas a quien no tiene voz ni voto. Eso es en parte lo que ocurrió, cuando millones de ciudadanos volcaron su rabia e impotencia contra Bruselas, contra la UE, por lo que consideraban una falta de sensibilidad, de solidaridad, de reacción, de cintura. La UE, la Comisión o el Parlamento, no tienen competencias sanitarias, ni sobre fronteras. No puede forzar a nadie a hacer lo que no quiera en esos ámbitos, ni imponer protocolos de actuación. No puede obligar a una capital a mostrar empatía. Pero durante unos días, ni la mayoría de las instituciones en Bruselas ni buena parte de los líderes estuvieron a la altura.
La Eurocámara fue la primera en reaccionar. Hay 715 diputados electos, de todos los colores, pero rápidamente consensuaron la exigencia una respuesta a la altura. Muchas veces los jefes de Estado y de Gobierno chocan entre ellos, muestran las diferencias culturales, estratégicas y de cosmovisión entre sus latitudes, longitudes o tamaños, y suele haber un eco en el Parlamento de esas fricciones. Pero estos meses ha habido casi unanimidad, independientemente de la procedencia o la familia política.
La Comisión, tras un inicio dubitativo de la presidenta Ursula von der Leyen, cogió el testigo y movilizó recursos como nunca antes. El BCE, también tras un error de novata de Christine Lagarde, dio un giro brutal y puso en marcha un plan de choque descomunal. Y más tarde, para muchos demasiado más tarde, el Consejo Europeo, correspondió.
Es justo decir que a la UE le faltó cintura para identificar lo que estaba en juego anímicamente, para movilizar símbolos. Pero es justo y necesario también recordar que después, en un tiempo récord, ha puesto en marcha una batería de medidas, planes y recursos sin precedentes en la historia. Las cifras son tan grandes que a veces cuesta ponerlas en perspectiva. Pero lo realmente increíble es la velocidad.

"TRIPLE RED DE SEGURIDAD" PARA EMPRESAS

Los europeos son, sin saberlo, mucho más federalistas de lo que dicen. Creen que la UE tiene unas competencias y unas capacidades infinitamente mayores de lo que en realidad ocurre. Por eso tienen exigencias también desproporcionadas, y cuando en unas semanas no había acuerdo aún a nivel de ministros de Finanzas o de jefes de Estado y de Gobierno ponían en grito en el cielo cuestionando incluso la utilidad o la necesidad de una unión política, económica y monetaria. Hoy, esos gritos apenas se recuerdan. Las voces críticas no repiten los mantras de 2008, 2012 o 2015. Y las fuerzas euroescépticas, eurófobas y radicales han quedado prácticamente silenciadas durante la pandemia.
"Hasta el momento, la UE ha estado a la altura ante la crisis del COVID-19, lanzando un mensaje de solidaridad y unidad ante el enorme reto de la recuperación económica", señala Ernest Urtasun, eurodiputado de En Comú Podem y vicepresidente de los Verdes europeos.
El primer paquete de ayudas se aprobó en el Eurogrupo el 10 de abril . Una "triple red de seguridad" para empresas, empleos y estados. El diseño estaba pensando para intentar reaccionar con la mayor velocidad posible y con un objetivo muy claro: la liquidez. Intentar impedir el cierre de empresas, el despido de millones de personas e incluso la subida de la prima de riesgo (aunque el BCE ya había hecho su parte ahí) mediante líneas de crédito masivas. Más de 500.000 millones de euros.
Se articuló sobre tres ejes. El primero, el de las empresas, usando el Banco Europeo de Inversiones, el instrumento más ágil y con más experiencia para poner en circulación hasta 200.000 millones. El Banco se usa desde hace lustros, en conexión con los bancos nacionales de crédito, como el ICO, para dar facilidades a empresas. "El BEI ha activado diversas líneas de préstamos e inversiones adicionales para pymes, cosa que creemos muy positiva. El BCE ha desplegado medidas de política monetaria que debería aliviar el coste de la financiación y la liquidez de las pymes. Sin embargo, seguimos viendo como las grandes empresas son las grandes beneficiadas y creemos que hay que exigir mayor transparencia y claridad en la compra de activos por parte del BCE", advierte Urtasun.
El segundo eje tenía como protagonista a la Comisión Europea, que sacó, casi de la nada, una herramienta a la que bautizó como Sure. En realidad, decir que sale de la nada es inexacto. La UE lleva barajando años la idea de un sistema de reaseguro para el desempleo. No una prestación de parto de corte continental, que Bruselas abonara a los parados de los países. Sino un sistema para que en momentos de shock, sobre todo si son asimétricos, las cuentas públicas de un país no se deterioren de manera irreversible y muy rápida cuando saltan los estabilizadores automáticos, los programas que palían la situación como la prestación de desempleo. Con el Sure, la Comisión Europea pedirá en los mercados hasta 100.000 millones de euros con los que dar líneas de crédito ventajosas y a un precio menor que el que muchos países tendrían que pagar al no tener un rating AAA como el de las instituciones.
El tercer elemento, el más polémico, fue el programa que acabó perfilando el Eurogrupo con el Mede, el mecanismo de estabilidad de la Eurozona, por el que los gobiernos podrán, si lo creen necesario, pedir hasta el 2% de su PIB en líneas de crédito. Pero, a diferencia de lo que pasaba en el pasado, no tienen ningún tipo de condicionalidad dura asociada, siempre que el dinero sea para gasto sanitario. Directo o indirecto.

PRESUPUESTO MARCADO POR LA PANDEMIA

Es sólo la mitad del camino. A ese medio billón largo de euros le faltan las dos patas más importantes que se están negociando estas semanas. Por un lado, un Plan de Recuperación que la Comisión ha propuesto que tenga una capacidad de hasta 750.000 millones de euros, de los cuales casi medio billón en transferencias directas y no en préstamos. La idea contempla tres pilares: un Mecanismo de Resiliencia y Recuperación, un Instrumento de apoyo a la Solvencia y un Programa para la Salud.
Y además de ello está a disposición los recursos del Marco Financiero Plurianual de la UE para 2021-2027, el Presupuesto comunitario, que tendrá un enfoque muy marcado por la pandemia. Estamos a mitad de camino, pero lo visto tiene poco o nada que ver con lo conocido y con o temido. No es lo soñado, pero esto es el mundo real. "La primera reacción de la Unión Europea ante los enormes riesgos que supuso la brusca parada en la actividad económica fue apoyar la liquidez de las empresas: El Banco Europeo de Inversiones posibilitó 200.000 millones de euros para préstamos a empresas, que en España llegaron a través del ICO", explica Luis Garicano, reconocido economista y jefe de la delegación de Ciudadanos en la Eurocámara. "Pero ahora todos somos conscientes que lo que era un problema de liquidez se ha transformado en uno de solvencia. Por eso la UE está poniendo en marcha un novedoso instrumento, el Instrumento de Apoyo a la Solvencia (SSI en inglés) que permitirá garantizar inyecciones de capital directas. El sector de empresas medianas y pequeñas es el que más dificultades tiene para financiarse en los mercados de capitales y por tanto desde el Parlamento velaremos para que este instrumento les permita acceder a esta nueva fuente de financiación", añade.
En la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo hay varios españoles que han tenido un papel clave en el diseño de algunas de las resoluciones más ambiciosas presentadas. El Parlamento, que debe dar el visto bueno al Fondo pero sobre todo al Presupuesto 2021-2027 se conjuró para rechazar cualquier propuesta que juzgaran inaceptable por escasa. Y advirtieron que no se toleraría magia contables, trampas retóricas. Hace falta dinero fresco, afirman, y será lo único tolerable.

"EN LA BUENA DIRECCIÓN"

"La Unión está intentando responder de una manera distinta a lo visto hace 10 años, por motivos políticos y derivados del shock exógeno que supone la pandemia. Está estructurando un debate en las instituciones centrado en impulsar la demanda y evitar el colapso del tejido productivo. Lo que se ha hecho claramente no es suficiente, pero va en la buena dirección. Ahora, hay que completarlo con el paquete formado por el Marco Financiero y el instrumento de deudo para activar la demanda en beneficio de las pymes", apunta Jonás Fernández, coordinador de los socialistas en Econ.
Fernández destaca cómo el Parlamento fue el primero en reaccionar y en exigir. Y apunta más líneas de actuación, en el ámbito legislativo, como la revisión del reglamento de requerimientos de capital, que puede ser importante para las pymes. "El texto está acordado, se hace efectivo esta semana y se apoya un factor de apoyo a las pequeñas y medianas empresas. Es una especie de descuento, de bonificación, de los requerimiento de capital a los bancos por los créditos que dan a las pymes. Estamos preparando en un informe sobre la unión del mercado de capitales que es para mejorar precisamente la financiación de las pymes, para que no sea sólo bancaria y puedan tener fondos suplementarios, y ante futuras crisis bancarias no se sientan ahogadas. Y la semana pasada en el pleno se apoyó que el fondo de desarrollo rural pudiera dar subvenciones directas no reembolsables a las pymes de la PAC. Hasta 50.000 euros en un pago único y directo", añade Fernández.
No está todo, no es suficiente, pero el trabajo está ahí y las diferencias con el pasado, evidentes. La UE va despacio, a su ritmo, pero se mueve. Aprende lento, pero aprende. Y cuando los actores principales coinciden en el diagnóstico y en la magnitud de la respuesta necesaria, todo es más fácil. Y mejor.

Objetivo: pymes y no sólo las grandes

Las líneas de ayuda aprobadas por la UE o que estén en marcha de serlo no son para los bancos, para la compra de deuda. Esta crisis no es como las anteriores, no es culpa de burbujas, de desequilibrios macroeconómicos, de vivir por encima de posibilidades o de descuidar ciertos sectores. Y la salida también tiene que ser diferente. La UE quiere poner a disposición en torno a un billón y medio de euros en líneas de crédito y transferencias, más que el PIB de España. Para que las ayudas lleguen a las empresas, a las pymes. Para evitar cierres, bancarrotas, insolvencias y despidos. Las grandes tienen más recursos, capacidad de gestionar trámites y beneficiarse de todas las líneas a disposición. Pero no son las únicas.
Los fondos no llevan nombre y apellido, pero hay experiencia de muchos años en ese tipo de proyectos. Recurso comunitarios para pymes, como la cofinanciar para Verescence La Granja, en Real Sitio de San Ildefonso (Segovia) para la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías sostenibles para la optimización de los recursos energéticos en la manipulación y fabricación de vidrio especializado. O para la Biofactoría Naturae et Salus, en Pradoluengo (Burgos) para el desarrollo de nuevas líneas de productos alimenticios saludables a partir de frutas y verduras de destrío.


                                                     PABLO R. SUANZES    Vía EL MUNDO

domingo, 28 de junio de 2020

CONTRA EUROPA

El coronavirus ha frenado un turismo que ha convertido a Europa en el museo del mundo. Esta pausa puede servir para repensar la manera en la que podemos cambiar la manera de viajar

Foto: Unos turistas pasean por Venecia durante la crisis del coronavirus. (Reuters) 

Unos turistas pasean por Venecia durante la crisis del coronavirus. (Reuters)

Si Europa fuera una ciudad, si tuviera que encapsularse en una sola urbe, seguramente sería Florencia. Por eso resulta difícil desvincular la lectura de “Contra Florencia” (2019) de Marco Colleoni de la imagen de Europa. Es un breve libro en el que el historiador del arte y autor madrileño lanza un grito de auxilio por una ciudad ahogada por un turismo de masas que va carcomiendo la memoria de la capital del Arno.
Hoy las calles de Florencia están semivacías, la ciudad está sola consigo misma y con los florentinos, a los que Giovanni Papini acusó en 1913 de vivir “gracias al disfrute indecente y avaricioso del genio y la curiosidad de los extranjeros”, que ahora, durante un tiempo, podrán visitar la ciudad que un día fue suya. No será un verano normal, pero no solo en Florencia, sino en Barcelona, Santiago, Venecia, París o Berlín.
La obra de Colleoni recorre distintos puntos de la ciudad e imprime en el lector el vértigo que genera la belleza de la ciudad toscana, pero, por encima de todo, es una crítica a una plaga de la que todos formamos parte y todos buscamos beneficiarnos. Reflexionar sobre el turismo es doloroso porque no podemos criticarlo obviando que nosotros formamos parte de ello, y que no queremos renunciar a un privilegio que, como señala el autor de la obra, consideramos un derecho.
Reapertura de los museos en Florencia. (Reuters)
Reapertura de los museos en Florencia. (Reuters)
Lo más interesante del pequeño pero complejísimo librito de Colleoni es la defensa de la memoria como algo construido sobre la cultura, el arte y la tradición. Son esas tres cosas que están presentes en nuestras ciudades, regiones y países, y que hemos decidido envasar al vacío para proceder a su venta masiva. En otras palabras: ha sido una condena autoimpuesta a un Alzheimer colectivo. Hemos vendido nuestra memoria.
Esta pausa turística, que será solo temporal y tendrá efectos económicos durísimos, ha generado el silencio suficiente para dejarnos a nosotros mismos con nuestras ciudades, con nuestros orígenes. Nos ha permitido buscar esa sensación que tan bien describe Colleoni: “Contemplarlo es caer en la desgracia de saber que ya nada puede ser igual; que el ser humano ya ha alcanzado su máximo grado de elegancia y sutileza; y comprender que la belleza nunca es inocente porque la razón por la que nos conmueve es la misma por la que nos hiere”.
Y es, aunque parezca mentira, una oportunidad para construir Europa. Paseando por primera vez los pasillos de la Casa de la Historia Europea, situada en el Parc Leopold de Bruselas, que busca encapsular la historia común de los europeos, lo que más me llamó la atención fue el vacío. La cultura, que en Europa tenemos a borbotones y que rezuma por cada esquina, es la gran ausente del proyecto europeo. Pudiendo ser argamasa y fuente de conciliación, hemos decidido colocarla en una vitrina para su exposición comercial.
En el ejercicio de Colleoni lo que más ha llamado mi atención es la construcción (y destrucción) de la memoria a través de la cultura. Y la pregunta es: ¿Europa tiene memoria? No tiene esos elementos comunes con los que cuenta Florencia, Madrid o París, Italia, España o Francia, que les permite labrar una memoria conjunta. ¿Cómo puede Europa tener memoria?
Tenemos muy pocos símbolos comunes. Quizás se pueda considerar a Stefan Zweig y su monumental “El mundo de ayer” como uno de ellos. O a Beethoven. Seguro que hay más, y que podría fomentarse a través de políticas de la UE que incluyeran en la educación nacional una dimensión europea de la cultura. Pero eso no se hace y se escapa del control del lector y del autor de esta columna.
Hay, sin embargo, algo que sí que puede hacerse. He encontrado la respuesta en las mismas páginas de “Contra Florencia”, cuando el autor arremete contra el turismo destructivo: “No necesitamos más tecnología ni más avances urbanísticos para hacer de esta ‘cuna de la cultura, Atenas de Italia, corazón de la cultura, madre fecunda de ingenios’ una ciudad emblemática, sino más concienciación ética, más comprensión y, a poder ser, unos gramos de moralidad”, escribe Colleoni.
Plaza de España en Roma. (Reuters)
Plaza de España en Roma. (Reuters)
La memoria europea no existe como la describe el autor. No existe como una unidad, sino como la unión de todas las memorias europeas, individuales. La única manera de salvar la memoria europea es salvar la de cada ciudad, región y país, y de hacerlo con “más concienciación ética, más comprensión y, a poder ser, unos gramos de moralidad”. Salvar la memoria europea pasar por ser capaz de, algún día, de llegar a sentir la memoria ajena como propia.
Y esa fórmula, esa idea, empieza por casa. Quizás esta pausa autoimpuesta, este parón obligado en mitad de una vida rápida sea una oportunidad para redescubrir nuestras ciudades, regiones y países. Quizás, como quien de repente desbloquea un recuerdo lejano que le permite ver con claridad el presente y el futuro, la experiencia de poder sentir de cerca nuestras raíces, cultura y arte, y, por lo tanto, recuperar la memoria, nos lleve a tener una nueva sensibilidad hacia la de los demás.
Quizás, o eso espero, nos abra los ojos sobre cómo somos turistas, cómo podemos ser más respetuosos hacia la memoria de los otros. Y es ahí donde podemos hacer algo los ciudadanos a favor de una memoria europea: siendo respetuosos, conscientes, podemos intentar, en la medida de lo posible ayudar a cuidar la memoria de los demás, en vez de adueñárnosla en la venta al por mayor del turismo de masas.
Esto no es una diatriba contra el turismo. Al revés. Es un grito de auxilio para usarlo de manera responsable con un fin último y noble: proteger y fomentar la memoria, no participar, como termitas, de su desintegración sino intentar, en la medida de lo posible, salvar a Florencia, al Viejo Continente, de su desmemoria. Y así encontrar el único camino hacia una memoria europea. Todo lo demás, será contra Europa.

                                                  NACHO ALARCÓN  Vía EL CONFIDENCIAL

PARA QUÉ LAS MATEMÁTICAS

En universidades españolas, entre ellas Granada y Sevilla, se hace matemática de calidad. Más de la mitad de los profesores de primaria y secundaria en España, no son matemáticos de formación 

 Una ilustración dedicada a las matemáticas.
Una ilustración dedicada a las matemáticas. / KUDRYASHKA 


La Matemática Aplicada existe como área de conocimiento en las denominaciones oficiales españolas, desde las reformas del sistema educativo en los primeros años ochenta del pasado siglo. Nunca antes, en España, se llamó así a una materia o a una signatura. Tampoco puede decirse que la denominación existiera con carácter general en otros lugares. Tuve ocasión de vivir en primera persona las dificultades con que se encontraba el nombre por el que, sin embargo apostamos unos cuantos matemáticos españoles, entonces jóvenes catedráticos e investigadores en diversos lugares, la mayoría de vuelta de importantes universidades europeas y norteamericanas. Y era natural, mucha gente no alcanzaba a comprender lo que quería decir lo de "aplicada". No era fácil convencer de que se trataba de hacer énfasis sobre una matemática motivada por la demanda metodológica de disciplinas científicas muy diversas. Además, el uso de ordenadores no estaba generalizado y aunque se le veían las orejas al caballo sobre el que se estaba montando el futuro, la inercia de los hábitos, como siempre, producía una niebla densa que impedía la visión a medio plazo a una buena parte de la comunidad científica y a la práctica totalidad de los administradores públicos.
España, además de invertir, en términos relativos, muy poco en investigación básica, es un estado con graves problemas estructurales. En dos de ellos, el laboral y el educativo, la gravedad es extrema. En el educativo –el laboral es otra historia− no se ha hecho más que deteriorar el sistema desde que me da de sí la memoria para recordarlo. En el bachillerato, la supresión del de siete años y examen de Estado, inducida por las reformas de 1953 (Ley de Ordenación de la Enseñanza Media) a la ley Moyano (1857), fue el pistoletazo de salida a sucesivas y lamentables iniciativas que culminaron en la LOGSE un proceso de avance hacia la mediocridad, que no se ha detenido, ni mucho menos. Paralelamente, sin embargo, en algunas universidades y centros de investigación se han alcanzado niveles de trabajo, producción y formación a la altura de los mejores del mundo. Oasis en el desierto de un panorama que requiere intervenciones de muy difícil ejecutoria política.
La concesión, este año, del premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica a tres matemáticos y una física teórica, relacionados entre sí por sus trabajos, ha puesto de actualidad –es lo más sustancioso, socialmente, de los efectos que provocan los premios− la existencia de las matemáticas como referencia entre las actividades humanas. De un tiempo a esta parte, la sociedad española está escuchando hablar de la fundamental aportación de las matemáticas al conocimiento, mientras que la ministra de Educación y algunos consejeros autonómicos del ramo dan vueltas alrededor de la idea de disminuir, e incluso suprimir en determinadas opciones, las matemáticas de los estudios preuniversitarios. Seguramente para incidir en la línea de reducción creciente del esfuerzo en el aprendizaje.
Por el contrario, una universidad de la iglesia, andaluza, la Universidad Loyola, que emergió de la prestigiosa institución ETEA de Córdoba, acaba de anunciar la creación de un título de Grado en Matemática Aplicada. Debieran diseñarlo, como ya se hace en algunos reductos universitarios y están impulsando algunos gobiernos autonómicos como el de Madrid (STEMadrid), en la línea educativa que se conoce por su acrónimo STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics). Desde siempre, y ahora más que nunca, debe fomentarse el estudio de las matemáticas al mismo nivel que el de la lengua materna, como se hacía antes de que el movimiento “hacer todo sin esfuerzo” se fuera apoderando de las mentes de los legisladores. Profesionales de la nada –terminada en “gogo”− que han conseguido convertir los libros de texto en revistas ilustradas y tebeos de colorines, y convencer a los administradores públicos de que se puede enseñar una materia sin sabérsela, dando instrucciones del método de enseñar lo que sea sin que haya que tener idea de lo que es.
La matemática subyace a todo, es el lenguaje de la Naturaleza. Todos esos avances que percibimos en comunicación, información y previsión, en procesamiento de imágenes y en reconocimiento de patrones, en seguridad, en criptografía, están escritos en esa lengua universal que como la música pertenece a todos y es sustancial a todas las sensaciones. España es hoy una potencia mundial en Matemáticas. Algunas universidades españolas, y entre ellas, Granada y Sevilla, están entre las que hacen matemática de calidad. Nos falta una sociedad concienciada y sensible a lo importante, y un sistema educativo que no confíe la enseñanza de la matemática a los que no han sido, ellos mismos, educados en su metodología; más de la mitad de los profesores de primaria y secundaria en España, no son matemáticos de formación.

                                        ALBERTO PÉREZ DE VARGAS  Vía EUROPA SUR

Caso Iglesias: mentiras, sexo y tarjetas SIM

La cloaca acredita por qué Iglesias nunca debió ser vicepresidente por el modo que compromete al Gobierno y a un organismo clave para la seguridad nacional como es el CNI


 

ULISES CULEBRO

Parafraseando el aserto de Oscar Wilde en La decadencia de la mentira, puede decirse que la vida imita a la literatura mucho más que la literatura a la vida. Esa apreciación se hace certeza al corroborar cómo el protagonista de El hombre que fue Jueves, la gran novela de Chesterton, cobra vida en el vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. No es para menos al revelarse esta semana pormenores de cómo construyó un relato falso para concurrir a la cita electoral de abril de 2019 como víctima de una confabulación de una "cloaca policial y mediática" que no era tal, sino una mascarada para escamotear su particular cloaca.
Aquella trapacería, que le llevó a presentar una demanda en marzo de 2019 cuando era eurodiputado por la sustracción del teléfono de su asistente en un centro comercial madrileño, le valió frenar la caída en picado en las encuestas tras adquirir el líder del autoerigido "partido de la gente", de "los de abajo" frente a la casta corrupta, un casoplón a un precio y condiciones sorprendentes para el común de los mortales. "Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive", había blasonado desde el vallecano piso de protección oficial de su madre quien personaliza el más rápido enriquecimiento a cuenta de la política.
Aquella maniobra de distracción, arropada por televisiones y círculos periodísticos podemitas, le permitirían, tras un primer intento fallido, formar Gobierno de cohabitación con Sánchez, después de pegar éste un gatillazo al repetir elecciones en noviembre a modo de plebiscito personal. Al perder tres escaños cuando creyó tener todo de cara, ambos salvarían los muebles forjando en 72 horas el acuerdo postelectoral que gobierna esta España en vilo.
Iglesias evoca el personaje de Gabriel Syme, un poeta reclutado por Scotland Yard para infiltrarse en una célula anarquista de siete miembros identificados por los nombres de la semana. Bajo el alias de Jueves, recibe la encomienda de apresar a su cabecilla (Domingo) hasta que se descubre que los aparentes sediciosos son policías. Una conjura de necios en el que "todos éramos -como estalla uno de los fingidos anarquistas- un hatajo de policías imbéciles acechándonos mutuamente".
Así, la cortina de humo de la que se valió el vicepresidente para desviar la atención sobre sus vínculos financieros con el régimen venezolano y como añagaza electoral abunda en las sospechas del juez García Castellón, instructor de la operación Tándem contra el ex comisario Villarejo, en prisión provisional desde 2017 y perejil de casi todas las salsas. Al magistrado no le pasaron desapercibidas ciertas connivencias que le llevaron a retirar a Iglesias la condición de perjudicado por la difusión de los datos de la tarjeta SIM de Dina Bousselham, de la que el líder podemita recibió una copia en enero de 2016 de Antonio Asensio, propietario del grupo Z, y que retuvo cinco meses.
Cuando devolvió a su dueña la comprometedora tarjeta con fotos íntimas y otro material "vejatorio", se hallaba "parcialmente quemada". Al sospechar el juez que Iglesias pudo destruirla tras publicarse un pantallazo con alusiones denigrantes sobre la periodista Mariló Montero -"La azotaría hasta que sangre. Soy marxista convertido en psicópata"-, pende sobre el vicepresidente una doble imputación por revelación de secretos y daños informáticos que resolvería el Tribunal Supremo al estar aforado.
Jugando con el título de la película de Steven Soderbergh -Sexo, mentiras y cintas de vídeo- sobre la historia de un hombre que graba mujeres relatando sus experiencias sexuales y su impacto en un matrimonio en crisis y en la hermana menor de la esposa, se podría resumir el caso Iglesias de Sexo, mentiras y tarjeta SIM. Viendo su cara en el Congreso cuando el popular García-Egea le interpeló al respecto, cabe aplicarle análogas palabras a las que Chesterton dedica a El hombre llamado Jueves: "No era realmente un poeta, pero, sin duda alguna, era un poema". No es para menos al evidenciarse que el caso Dina pasa a ser el caso Iglesias y que la "cloaca policial y mediática" era, en realidad, un montaje en provecho y beneficio de un Gran Impostor.
Con todo, lo peor es el machihembrado de los dos fiscales Anticorrupción con la hasta el jueves abogada común de Iglesias y Bousselham, Marta Flor Núñez, en los términos que figuran en el chat de Telegram que compartía el equipo jurídico de Podemos y donde la letrada exhibe datos de esta pieza secreta antes de su apertura. A tenor de dichos mensajes, los fiscales Stampa y Serrano, singularmente el primero con el que mantendría una relación más estrecha que da pie a bromas sobre una eventual boda, habrían dado cobertura a la estrategia de Iglesias de vestir el muñeco de una supuesta conspiración del ex comisario Villarejo y de medios compinchados contra él.
Tal promiscuidad llegó al punto de que los fiscales solicitaran el registro -anticipado a la letrada y del que estaba al tanto un digital próximo a la formación- de la sede de Ok Diario. A modo de gran mascletá de campaña para vincular el robo del móvil y la publicación de datos del teléfono en ese medio. En definitiva, un vodevil doméstico podemita que se quiso convertir en cuestión de Estado con la cooperación de un fiscal picaflor. El caso Iglesias dina(mita) la actuación de unos fiscales en conchabanza con los intereses espurios de quien se asegura el silencio de su colaboradora prestándole su abogada y situándola al frente de un portal digital de Podemos siguiendo una acrisolada práctica de la España caciquil.
De no haberse negado el primer instructor, Diego de Egea, la conchabanza habría resultado "éxito asegurado" rememorando la conversación grabada a la actual fiscal general del Estado, Dolores Delgado, en una comida de confraternización de ésta, en compañía del ex juez Garzón, con el ex comisario Villarejo, donde éste presumía de contar con una "red vaginal" para extorsionar a hombres públicos. Al paso que va Iglesias, la cloaca máxima de Roma va a ser un charco, lo que acredita por qué nunca debió ser vicepresidente por el modo que compromete al Gobierno y a un organismo clave para la seguridad nacional como es el CNI.
Esta complicidad de la Fiscalía con el delito adquiere caracteres pornográficos a la espera de que se depuren responsabilidades sobre estos representantes de un Ministerio Público que ha emprendido un camino de perdición que imposibilita una Justicia independiente en España. Habrá que esperar si se cumple el deseo expresado por Iglesias, a raíz de la condena de su portavoz en la Asamblea de Madrid, Isabel Serra, tras vejar a unas policías a las que deseó que su hijo le pegara un tiro, pero aplicado a su circunstancia procesal: "En España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos".
Conociendo su cepa de procedencia, Podemos no venía para acabar con la corrupción, sino para instrumentalizarla y, una vez en el poder, apropiarse del negocio. Como Chávez y Maduro en Venezuela, sumando a ello el dividendo del narcotráfico, donde pusieron al Ejército y a la Policía a organizar ese tráfico delictivo, en vez de perseguirlo. Al igual que estos pudrieron las instituciones democráticas venezolanas, incluida la Justicia, España corre serio riesgo de seguir esos derroteros si Sánchez no rompe con Iglesias, pues los males que no se atajan en su inicio truecan en irremediables. Podemos no es una fuerza política al uso, sino una organización que no desprecia el delito.
Por eso, al haber puesto el dedo en la llaga sobre las complicidades con la satrapía venezolana en contraste con Zapatero, se entiende su ofensiva contra González al que Iglesias ha pretendido, junto al resto de socios de Sánchez, montarle una investigación a cuenta de unos papeles desclasificados de la CIA que son un corta y pega de las exclusivas de EL MUNDO que llevaron a prisión a la cúpula del Ministerio del Interior. Si ya pasma que un miembro del Gobierno le monte una comisión de ese tenor al otro sobre unos hechos juzgados, pero a los que los morados aplican el revisionismo de la memoria histórica, no lo es menos que Sánchez se limite a una defensa de reglamento de González como gran modernizador.
Si un presidente no es libre para echar su tercio de espadas en favor del refundador de su partido, es que esa Presidencia está más comprometida de lo que imaginar cabe. Teniéndolas tiesas, Sánchez sería el cristiano nuevo que cita Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache. Viviendo lozano y contento, aconteció a venírsele por vecino un inquisidor, y con sólo tenerlo cerca enflaqueció hasta quedar en los huesos en días.
Claro que Iglesias no vale solo por sí mismo, sino por ser el eslabón con separatistas catalanes y bilduetarras. El triunvirato Sánchez, Iglesias y Redondo marca la suerte de este país desde el abrazo con el que todos ellos taparon sus respectivos fracasos en las elecciones de noviembre supeditando el destino de cada uno de ellos al de los otros. Por ello, Sánchez no dejará caer a Iglesias, aunque le guste verlo con menos humos, y se organizará el rescate gubernamental de un Soldado Ryan tan admirado por el superjefe de gabinete del presidente del Gobierno, Iván Redondo, según confesó el jueves en el Parlamento, que pareciera su héroe contemporáneo. Cualquiera diría que sufre el deslumbramiento de esos "chicos de derechas" de toda la vida con ciertos izquierdistas como si quisieran desquitarse de lo no vivido con las autobiografías impostadas de personajes del jaez de Iglesias.
Contrariamente a los que algunos especulan haciendo expresión de un deseo, pues ello permitiría enderezar políticas económicas que acucian para afrontar este invierno de desdichas que se avizora, Sánchez no va a romper con Podemos porque no quiere que Iglesias capitalice el malestar de la calle. Ni éste, a su vez, tampoco hará un Varoufakis, el dimitido ministro de Finanzas de la coalición Syriza en 2015 por sus desavenencias con la troika europea en la crisis de la zona euro, después de descubrir la calidez de las alfombras del Palacio de Invierno del Poder. Un lobo no muerde a otro.
Ambos juegan con la ventaja de que el PP, como se ha visto esta semana, entrará en su juego tanto en la negociación con Europa sobre los fondos destinados a sofocar la crisis económica y sanitaria del Covid-19 como a la aplicación de sus consiguientes exigencias. Tampoco será beligerante con los Presupuestos del 2021 en los que el Ejecutivo dispone del aval de Ciudadanos que ya no hace cuestión de la bajada de impuestos ni de la Mesa para la autodeterminación de Cataluña.
En estas, Sánchez es aquel médico falso que refiere Mateo Alemán y que portaba una bolsa donde se mezclaban jarabes y purgas. Al visitar un enfermo, sacaba lo primero que encontraba diciendo entre sí: "¡Dios te la depare buena!".

                                                                          FRANCISCO ROSELL  Vía EL MUNDO