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domingo, 29 de mayo de 2016

PARA MI QUE NO VA A SER LO MISMO


Yo creo que el fenómeno "Pablo Iglesias" es, sobre todo, sociológico. Suponerle una ideología sería como suponérsela a cualquier movimiento de masas. Los de los años sesenta del pasado siglo tenían a la Universidad como lugar de encuentro, una universidad de gran dinamismo cultural que desempeñaba entonces el papel que hoy cubren las redes sociales que con tanta eficacia manejan los promotores del llamado 15-M: el polvo de estos lodos.


La existencia de un líder mitinero y ligeramente histriónico, popularizado por los medios, le añade lo necesario para darle apariencia de partido político, en el sentido tradicional del término. A todo ello, le presta un escenario a la medida, una sociedad con un considerable nivel de bienestar que soporta una crisis que afecta gravemente a sus coberturas sociales: un excelente caldo de cultivo para los populismos y las actitudes adanistas del borrón y cuenta nueva.


La izquierda residual que han ido formando los sectores que no han participado en el desplazamiento hacia la socialdemocracia, es ahora la que presta un cierto soporte ideológico al fenómeno "Pablo Iglesias" de un modo semejante al que prestaría la Falange al franquismo mientras se dejaba fagocitar por la dictadura.


En ese contexto, preocupa la situación del PSOE. Un partido de cuya solidez depende la estabilidad de España, que afectado no poco por la corrupción que la estética de la izquierda suaviza y a pesar de los alardes onomásticos de estos días de penitencia, padece importantes carencias de liderazgo que podrían producir un deslizamiento hacia un partido regionalista y clientelar nucleado en torno a su fuerte y consolidado reducto andaluz.


Por su parte, Ciudadanos no sólo se ha beneficiado de antiguos votantes del PP sino también del PSOE y ahora, después del contubernio "Unidos Podemos", tal vez vendimie de Podemos y de sus mareas. Tengo la impresión de que el panorama que aguarda no va a ser tan parecido al consecuente a los comicios de diciembre como cabría prever algún tiempo atrás.


Es probable que estemos ante un significativo, tal vez pasajero, retroceso del respaldo al PSOE, y ante un acercamiento a la gobernabilidad con la suma del PP y Ciudadanos. Es de esperar que el fenómeno "Podemos" afecte a comportamientos y pareceres. Pero también que a no mucho tardar sea, como organización, pasto de sus debilidades estructurales, de sus carencias ideológicas y de su anacronismo.



                                            ALBERTO PÉREZ DE VARGAS  Vía EUROPA SUR

sábado, 28 de mayo de 2016

LA GRAN ESTAFA IDEOLÓGICA QUE CONDUCE A LA TIRANÍA

Las ideologías no desaparecieron; muy al contrario, se han fragmentado en formas todavía más agresivas e irracionales.

                                                                                                     Alegoría - Foto Ryan McGuire
  
En 2004 el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero promulgó la llamada Ley Integral de Violencia de Género, una ley que, a pesar de violar principios básicos del Estado de derecho, fue apoyada por todos los partidos. En realidad, no respondía a las necesidades de las víctimas sino, más bien, al apetito propagandista de los políticos y a intereses de activistas y grupos de presión. Esta ley injusta, elaborada con criterios puramente ideológicos, no sólo no resolvió el problema sino que, como suele suceder, creó otros nuevos. Pero ahí sigue, inasequible a la enmienda o a la simple crítica.
Los grupos organizados suplantan el interés general y logran que se conculquen de un plumazo principios democráticos fundamentales
Este ejemplo, especialmente grave, muestra cómo los grupos organizados suplantan el interés general y logran que se conculquen de un plumazo principios democráticos fundamentales. Pero no es el único caso en que el activismo toma el control de la política. Sin ir más lejos, esta misma semana, el Ayuntamiento de Madrid, institución con fines y atribuciones claramente delimitadas, ha sido declarado unilateralmente, por la presión de grupos fuertemente ideologizados, “libre del TTIP”, el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos. ¿Se plasmará quizá tal rechazo en la prohibición de consumir productos made in USA en dependencias municipales?
Los “colectivos okupas” constituyen también un ejemplo de libro; siendo cuantitativamente irrelevantes, en no pocas ocasiones consiguen de alcaldes y concejales tratos de favor inaccesibles para el común de los ciudadanos. O los grupos animalistas, cuya vehemencia y  determinación lleva a los partidos a asumir a la carrera, sin mayores prevenciones, su “ética no antropocéntrica”. Sorprendentemente, en pleno siglo XXI la política se guía por criterios cada vez menos racionales: más ideológicos, emocionales e interesados.
Las neo-ideologías y la democracia sentimental
En 1964, Gonzalo Fernández de la Mora publicó su famoso ensayo El Crepúsculo de las Ideologías, donde sostenía que la creciente complejidad de la gestión pública exigía formas más racionales de organización política, más pragmáticas, basadas en criterios técnicos, no en la ideología, un concepto arcaico destinado a desaparecer. Por ello, ideólogos y políticos profesionales serían paulatinamente desplazados por técnicos y expertos. El argumento parecía plausible pero... la historia se encargó de quitar la razón a De la Mora.
Las ideologías no desaparecieron; muy al contrario, se fragmentaron en formas todavía más agresivas e irracionales. Las ideologías clásicas, generalistas y hasta cierto punto argumentativas, dejaron paso a creencias particularistas, centradas en un activismo puro con objetivos muy puntuales. Se trata de doctrinas todavía más fanáticas, antagónicas a la libertad individual, con creciente influencia sobre la política; "ismos" o religiones laicas que sistemáticamente cortocircuitan el debate, gritan, insultan, vociferan y queman en la hoguera a quien no comulga con lo políticamente correcto. Una suerte de nuevas sectas que, a diferencia de las tradicionales religiones, establecen reglas de conducta que no sólo afectan a sus feligreses; también aspiran a ser de general cumplimiento mediante la coacción estatal.
Todas ellas son nuevas ideologías, basadas fundamentalmente en impulsos y emociones, dispuestas a practicar una ingeniería social intensiva
El marxismo, un ejemplo clásico, fue sustituido por la ideología de género, según la cual la diferencia sexual no es más que un producto de la cultura. O por el ecologismo radical, la nueva religión laica que pregona el Apocalipsis, la destrucción de la humanidad por sus pecados contra la naturaleza, salvo que... haga acto de contrición, asimile el nuevo catecismo y pague el correspondiente peaje. O por el animalismo, una corriente que pretende colocar a los animales al mismo nivel que las personas. O por el “movimiento okupa”, que liquida el insolidario y egoísta derecho de propiedad en favor de la libre disposición para usos sociales de viviendas, locales y solares. Todas ellas son nuevas ideologías, basadas fundamentalmente en impulsos y emociones, dispuestas a practicar una ingeniería social intensiva por medio de la propaganda, la coacción y los hechos consumados.
Ante este nuevo órdago a la sociedad abierta, a la libertad individual, los partidos actuales, bien sea por puro interés electoral o simplemente por desidia para elaborar su propio ideario, se limitan a comprar gran parte de esta mercancía. Incorporan a sus programas cualquier consigna defendida por minorías ruidosas, por los activistas más gritones y fanáticos, por muy absurdos y descabellados que sean sus postulados. Al final, la gestión pública queda más orientada por creencias y supersticiones que por criterios objetivos y técnicos. ¿Cómo se explica semejante chaladura?
Las ideologías representan intereses grupales
En A Theory of political parties, (2012) Kathleen Bawn y sus coautores ofrecen una explicación. La política sufre una fuerte reideologización porque los partidos, en su búsqueda de atajos hacia el poder, han descubierto que ganan votos más rápida y fácilmente incorporando las ideas de los activistas bien organizados que elaborando y defendiendo las suyas propias. Esta estrategia ha obrado un efecto perverso: los programas coinciden cada vez más con los intereses de los activistas y se alejan paulatinamente de las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos.
Los grupos interesados, entre los que tienen cada vez mayor peso los activistas, acrecientan su influencia de forma inexorable
El votante corriente habría perdido influencia porque la creciente complejidad de la política le impide conocer bien sus detalles. No es que sea necio, simplemente no tiene tiempo ni incentivos para procesar los gigabytes de información necesarios para formarse una opinión fundamentada, para votar de manera razonada. Así pues, los partidos prefieren ganarse el apoyo de los activistas mejor organizados, mucho más conscientes del objetivo que buscan. A través de ellos, obtienen los votos de numerosas facciones y sólo pierden el respaldo de los ciudadanos capaces de procesar la información, resistir la abrumadora propaganda y vencer el miedo al qué dirán (un tipo de votante al que los partidos desprecian por creer, erróneamente, que es muy minoritario). Por ello, en España, los grupos interesados, entre los que tienen cada vez mayor peso los activistas, acrecientan su influencia de forma inexorable, aplastando a la propia democracia.
Para Bawn y sus colegas, la ideología de los partidos es, en realidad, el resultado de acuerdos tácitos entre los diferentes grupos de intereses. Y se vende en los medios de información como algo indisociable del progreso. La sociedad, en lugar de evolucionar de forma natural, voluntaria, adaptándose paulatinamente al cambio de los tiempos, es obligada a transformarse drásticamente, en el marco de una ingeniería social que obedece a inconfesables intereses particulares.
La posibilidad de que los partidos apoyaran posturas de grupos minoritarios, no los de la mayoría, fue contemplada por Anthony Downs en An Economic Theory of Democracy (1957): un partido podría ganar las elecciones defendiendo un paquete de políticas minoritarias en las preferencias del electorado, fenómeno que se conoce como coalición de minorías. Esto sucede cuando una parte sustancial de la población vota según el trato que el gobierno concede a su facción, no en función del que otorga al conjunto de la ciudadanía. Las subvenciones a colectivos concretos son un ejemplo palmario: el votante valora el beneficio concentrado en su pequeño grupo pero desdeña la recaudación requerida, pues, al fin y al cabo, los impuestos se reparten entre toda la sociedad.
Grupos y facciones: los nuevos tiranos
Fue, sin embargo, Mancur Olson en The Logic of Collective Action (1965) quien explicó por qué los grupos de intereses particulares acaban ganando la partida a las asociaciones que defienden el bien común. La estructura de incentivos, costes y beneficios, fomenta que los sujetos se agrupen buscando intereses concretos, egoístas, en pos de prebendas a costa del resto, pues aquí las ganancias son sustanciales e inmediatas. Por el contrario, afiliarse a asociaciones que persiguen el interés general conlleva muchos costes y muy pocos beneficios para el individuo pues las posibles ganancias se repartirían entre toda la población. De esta forma, los grupos de presión minoritarios acaban capturando los partidos, los gobiernos, impulsando medidas que generan notables ineficiencias y que conducen invariablemente a la decadencia de las naciones.
El problema es que, una vez formadas, las coaliciones de grupos de intereses raramente desaparecen. Muy al contrario, engordan sin cesar, alimentadas desde el poder y los medios de información. Así, se expanden sin freno ideologías absurdas, particularistas, que perjudican a casi todos pero... benefician a unos pocos. Es normal que los sumos sacerdotes, y los fieles “bendecidos” por estas nuevas religiones, desarrollen una fe a toda prueba: tienen mucho que ganar. Pero resulta intolerable que pretendan obligar a comulgar con ruedas de molino al resto de la gente.
Un regreso valiente y decidido a la defensa del interés general reportaría beneficios incalculables para el conjunto de la sociedad
Más allá de la gobernabilidad, este es el drama al que nos enfrentarnos el 26J, unas elecciones a las que volverán a concurrir partidos con programas más orientados a satisfacer a mil y un grupos de presión, a recoger sus dogmas e imposiciones, que a defender los intereses del ciudadano común. Y aquí es donde debe producirse un cambio crucial, una ruptura por parte de alguna formación, de algún estadista con la suficiente visión para comprender que dentro de esta dinámica no hay salida: todas las victorias serán siempre pírricas. Es un sistema condenado a agotarse en sí mismo… o a desembocar en una suerte de totalitarismo. Por el contrario, un regreso valiente y decidido a la defensa del interés general, a la política con mayúsculas, reportaría beneficios incalculables para el conjunto de la sociedad. Y, también, muchos más votos de los que jamás podrían imaginar unos ofuscados y adocenados jefes de campaña.

                          JAVIER BENEGAS y JUAN M. BLANCO  Vía VOZ PÓPULI

CERREMOS EL INEM


España tiene un gravísimo problema de empleo, de actividad y en general de las instituciones que operan en el mercado laboral. Sabiendo que el principal problema es de demanda, no hay capacidad productiva para absorber todo el excedente laboral, por lo que el crecimiento potencial de la economía cada vez es más pequeño.

A ello contribuye, sin duda, el problema demográfico, el cual tiene dos vertientes. Por un lado, un envejecimiento acelerado y una bajísima tasa de natalidad, y por otro el nulo crecimiento de la población a corto plazo, dada nuestra política de inmigración y para con los refugiados.

Los principales problemas del empleo en España son de demanda efectiva y de demografía.
 
Por ende, tenemos un doble problema de oferta y demanda, que también se refleja en otros aspectos, como son los salarios, el escaso apego a la formación,
y la nula capacidad de las instituciones públicas, pero tampoco las privadas, para recolocar a la gran masa de parados/as de larga duración que, ni reduciendo los salarios, ni contratando en régimen de semiesclavitud, son capaces de recualificar, ni emplear a esta mano de obra tan dócil y sacrificada.

El sistema público de intermediación laboral ha fracasado y habría que cambiarlo completamente.

Las cifras de la EPA son lo suficientemente graves para que los partidos que aspiran a gobernar piensen seriamente en cerrar el instrumento público de intermediación laboral, en su estadio actual, y lo conviertan, de verdad, en algo útil para la sociedad. En 2015, el antiguo INEM, hoy SEPE, apenas intermedió con éxito en la obtención de un empleo en un porcentaje ínfimo, un 1,7%, el equivalente a 249.400 personas, del total de asalariados que había al final de dicho ejercicio.

Y lo peor es que la tendencia es decreciente, frente a otros países como el Reino Unido donde ese porcentaje es casi del 70%, lo cual tras muchos años de debate, llegaría el momento de tomar alguna decisión, incluso aunque fuese drástica.

Ningún servicio público que no funciona debería mantenerse sin más, y máxime en un sector tan sensible como el del empleo, ya que la frustración que genera entre los afectados, es cada vez mayor, y se han dado casos, absolutamente criticables, de violencia para con los empleados que atienden a los desempleados. Por supuesto que estos trabajadores deberán ser recolocados en otros servicios para no hacerles culpables de un fracaso que es político y en parte de falta de medios.

En España, el SEPE apenas ayuda a encontrar empleo a un 1,7% del total de asalariados, frente al 70% en el Reino Unido.

Para los que no creen en el sector público, la alternativa sería muy fácil, que se privatice y que sean las agencias de colocación o las ETT, las que presten este servicio de intermediación laboral, cobrando a las dos partes, al empleador y al parado, lo que sin duda supondría un pingüe beneficio para esta suerte de compañías.

Sin embargo, y tras poner en marcha este sector por parte del PSOE y el PP, ambos partidos comparten la filosofía de que el SEPE sobra en el mercado laboral, salvo para pagar prestaciones, y por eso han intentado crear una competencia privada, con un fracaso bastante notable, especialmente el modelo de las Agencias de Empleo, que siguen estancadas, sin modelo de funcionamiento, y con sospechas de presuntos tratos de favor para las entidades más grandes.

El servicio privado de intermediación también ha fracasado, siendo el amiguismo y el capital relacional quien más ayuda a encontrar empleo
Las ETT siguen teniendo un papel relativamente marginal en el mercado laboral, apenas un 3% del total, siendo su actividad principal la de conseguir empleos baratos, con mucha rotación y con condiciones que están en el límite del abuso. En sentido estricto, por tanto, la gran mayoría de empleos en España se consiguen a través de conocidos, familiares o por un contacto directo con las empresas, y el resto, todavía un porcentaje pequeño, a través de los portales de empleo (un 18,1% según la encuesta del Observatorio de Empleabilidad y Empleo Universitario).

Este mal funcionamiento del sistema público de empleo explica, en parte, la asimétrica distribución de los parados en España que, incluso controlando por los perfiles de formación y localización geográfica o por sexos, esta lacra se ceba especialmente entre los percentiles de renta más bajos fruto de la carencia de este capital relacional que mejora en hasta un 70% la probabilidad de ser contratado, por lo que mientras no haya un cambio drástico en el servicio público de empleo, no se mejorará la equidad en la distribución del paro en España.

La equidad es la variable más afectada por la ausencia de un sector público eficaz de intermediación laboral
Si a esto añadimos que las políticas activas de empleo siguen siendo otra asignatura pendiente desde el sector público, la combinación entre el fracaso de la intermediación pública y la falta de avances en la empleabilidad a través de la formación, el drama de la cronificación del paro para muchas familias debería ser objeto de análisis y reflexión por parte de sindicatos, partidos políticos y Comunidades Autónomas que son las que tienen depositadas algunas de las competencias referidas en este artículo.

Pero no parece que nadie tenga en mente ninguna solución a este gravísimo problema. Si el sector público no funciona, y el sector privado tampoco, el mercado laboral español está condenado a estar influenciado por el capital relacional que seguirá condenando a los sectores más vulnerables al desempleo estructural. Sigamos así y pronto ya no podremos pagar las pensiones y la pobreza se habrá apropiado de un porcentaje inaceptable para un país desarrollado.



                                                     ALEJANDRO INURRIETA Vía VOZ PÓPULI




viernes, 27 de mayo de 2016

ERREJONISTAS VS ANGUITISTAS

Suena a boutade y en parte lo es, pero no deja de tener su fondo de verdad eso sobre lo que algunos teorizan y que viene a pronosticar que la supervivencia del PSOE pasa por el errejonismo. Podemos es hoy un partido distribuido en dos plantas bien diferenciadas, ocupadas por sus principales cabezas visibles, el 1 y el 2, las cuales, aun compartiendo parecidos objetivos, no coinciden ni en métodos ni en formas, lo que, aunque solo sea por reiteración, podría acabar derivando en discrepancia de fondo.
Pablo Iglesias es un anguitista, es decir, un comunista a quien le repugna más el PSOE que el PP. Considera a los socialistas cómplices necesarios del sistema que pretende destruir; y además traidores. Iglesias es un izquierdista radical en cuya guardia de corps, compuesta por jóvenes militantes del PCE que abominaron de esas siglas, no queda apenas rastro del 15-M; un marxista convencido, pulimentado por un marketing político soberbio, que ha recuperado para su proyecto al macizo de la raza, Julio Anguita, Diego Cañamero, Manuel Monereo, al tiempo que diseñaba con Alberto Garzón la jubilación del viejo aparatich de Izquierda Unida, lo más parecido a un decadente casino de provincias, solo que más viejo que aparatich.  “Hay un principio básico de la biología que afirma que todo lo que no se regenera degenera”, Garzón dixit.
Errejón intuye que con la izquierda radical integrada en Podemos, o como se llame lo que venga después, será muy difícil gobernar
Precisamente en estos días, XI Asamblea Federal, llega a su fase final el proceso de deconstrucción de una coalición a la que Podemos le ha okupado irreversiblemente la parcela y Garzón, gracias a los dignísimos resultados obtenidos el 20-D, está en disposición de adecentar, mediante un irreprochable y democrático lifting, para que ejecute su último gran servicio a la causa. El joven profesor de Economía (30 años) no es un táctico. Su objetivo va mucho más lejos del puntual acuerdo firmado con Iglesias para darle boleta al PSOE. Ambos, Garzón e Iglesias, se han juramentado. No estamos ante un pacto con puerta giratoria incluida. Van en serio. El objetivo es un nuevo partido, unas nuevas siglas que concentren la mayoría del voto nítido de izquierdas.  
"No es un acuerdo meramente instrumental o de matrimonio de conveniencia. Es una posibilidad ilusionante de construir algo que tenga sentido propio en su conjunto”, acaba de declarar Garzón a publico.es. El sendero que querría trazar Íñigo Errejón es otro: parecidos objetivos, pero guiñando al menos un ojo a lo que podríamos llamar la vieja socialdemocracia. “Íñigo es un postmarxista transversal”, dicen de él sus amigos -y enemigos-, lo que en cristiano quiere decir que cree más en las corrientes sociales que en las ideologías puras, y que su objetivo no era casarse con IU sino abducir al PSOE. Esto decía Errejón el pasado 30 de marzo en el diario.es: “La línea política que hay que mantener para seguir creciendo tiene que ver con seguir teniendo la capacidad de seducir a gente muy diferente en una identidad política nueva”.
El objetivo de Iglesias y Garzón va mucho más allá de darle puntual boleta a Pedro Sánchez y al PSOE
Pablo Iglesias y Alberto Garzón quieren sustituir al PSOE; Errejón convertirlo en la confluencia definitiva. Garzón e Iglesias, para regocijo de Julio Anguita, proyectan destruir las siglas que hace ciento treinta y siete años registrara el Pablo Iglesias tipógrafo. Íñigo Errejón no está en eso; intuye que con el comunismo anguitistadibujando los contornos de la formación, y la izquierda más radical integrada en el proyecto, será muy difícil gobernar. Su apuesta pasa por un paulatino giro hacia el centro-izquierda hasta aglutinar alrededor de una nueva fuerza política, también nutrida por amplios sectores del histórico voto socialista, el masivo apoyo que el PSOE logró captar en la década de los 80.  
No se trata solo de matices. Son dos proyectos, si no abiertamente opuestos, sí incompatibles. El enemigo del tándem Iglesias-Garzón ya no es solo Pedro Sánchez, a quien dan por amortizado; ni siquiera es el más importante. El principal escollo para que lleguen a buen puerto los planes de aquellos se llama Íñigo Errejón. Quizá no lo percibamos en esta campaña, pero lo acabaremos percibiendo. Salvo que Errejón, “ese señor” al que no conoce Anguita, decida rebobinar, haga las maletas y retome su proyecto en Venezuela en el mismo punto que lo dejó.

                                                           AGUSTÍN VALLADOLID  Vía VOZ PÓPULI 

EL ENORME ERROR DE UNA CAMPAÑA VACÍA

En términos médicos, podríamos decir que España no está afectada por una crisis, que algunos podrían considerar casi terminal, sino, más bien, por una enfermedad crónica, aunque considerablemente agravada por tratamientos enteramente incorrectos. Creo que ese es exactamente el diagnóstico que dan a entender quienes emplean el término, sumamente equívoco, de regeneración, y, en cierto modo, también quienes hablan del derrumbe del sistema. Frente a esas metáforas biológicas o jurídico ingenieriles, prefiero una analogía marinera que ha empleado recientemente Javier Zarzalejos: cuando un barco zozobra o se pierde, hay que pensar no sólo en que el navío esté mal diseñado, sino en la competencia de la tripulación.
Políticos manifiestamente mejorables
Sin desconsiderar la responsabilidad de todos en nuestros males, es lógico subrayar la ineptitud de los políticos. Ahí está nuestro problema añadido, la perversa selección de las élites de gobierno, la estúpida retórica cainita que consentimos a los partidos, nuestra indolencia al aceptar grotescas mentiras como verdades preciosas, y la absoluta falta de sentido de responsabilidad de los políticos que contribuyen a mantener a los ciudadanos en un estado perpetuo de minoría de edad, en situaciones de sometimiento y vasallaje al maná supuestamente inagotable de las subvenciones, manteniendo en la oscuridad que solo nos dan una parte de lo que previamente nos quitan cobrando sustanciosas comisiones por esos supuestos regalos.
Los partidos seguirán discutiendo en nuestra presencia sus ambiciones, sus añagazas, sillones y cuotas
Qué discutiremos en la campaña
Puede que alguien espere grandes sorpresas en la campaña que se avecina. Me temo, sin embargo, que los partidos seguirán discutiendo en nuestra presencia sus ambiciones, sus añagazas, sillones y cuotas, pero raramente se acordarán de referirse a lo que nos pasa y, todavía menos, de explicar con claridad que es
En términos médicos, podríamos decir que España no está afectada por una crisis, que algunos podrían considerar casi terminal, sino, más bien, por una enfermedad crónica, aunque considerablemente agravada por tratamientos enteramente incorrectos. Creo que ese es exactamente el diagnóstico que dan a entender quienes emplean el término, sumamente equívoco, de regeneración, y, en cierto modo, también quienes hablan del derrumbe del sistema. Frente a esas metáforas biológicas o jurídico ingenieriles, prefiero una analogía marinera que ha empleado recientemente Javier Zarzalejos: cuando un barco zozobra o se pierde, hay que pensar no sólo en que el navío esté mal diseñado, sino en la competencia de la tripulación.
Políticos manifiestamente mejorables
Sin desconsiderar la responsabilidad de todos en nuestros males, es lógico subrayar la ineptitud de los políticos. Ahí está nuestro problema añadido, la perversa selección de las élites de gobierno, la estúpida retórica cainita que consentimos a los partidos, nuestra indolencia al aceptar grotescas mentiras como verdades preciosas, y la absoluta falta de sentido de responsabilidad de los políticos que contribuyen a mantener a los ciudadanos en un estado perpetuo de minoría de edad, en situaciones de sometimiento y vasallaje al maná supuestamente inagotable de las subvenciones, manteniendo en la oscuridad que solo nos dan una parte de lo que previamente nos quitan cobrando sustanciosas comisiones por esos supuestos regalos.
Los partidos seguirán discutiendo en nuestra presencia sus ambiciones, sus añagazas, sillones y cuotas
Qué discutiremos en la campaña
Puede que alguien espere grandes sorpresas en la campaña que se avecina. Me temo, sin embargo, que los partidos seguirán discutiendo en nuestra presencia sus ambiciones, sus añagazas, sillones y cuotas, pero raramente se acordarán de referirse a lo que nos pasa y, todavía menos, de explicar con claridad que es
En términos médicos, podríamos decir que España no está afectada por una crisis, que algunos podrían considerar casi terminal, sino, más bien, por una enfermedad crónica, aunque considerablemente agravada por tratamientos enteramente incorrectos. Creo que ese es exactamente el diagnóstico que dan a entender quienes emplean el término, sumamente equívoco, de regeneración, y, en cierto modo, también quienes hablan del derrumbe del sistema. Frente a esas metáforas biológicas o jurídico ingenieriles, prefiero una analogía marinera que ha empleado recientemente Javier Zarzalejos: cuando un barco zozobra o se pierde, hay que pensar no sólo en que el navío esté mal diseñado, sino en la competencia de la tripulación.
Políticos manifiestamente mejorables
Sin desconsiderar la responsabilidad de todos en nuestros males, es lógico subrayar la ineptitud de los políticos. Ahí está nuestro problema añadido, la perversa selección de las élites de gobierno, la estúpida retórica cainita que consentimos a los partidos, nuestra indolencia al aceptar grotescas mentiras como verdades preciosas, y la absoluta falta de sentido de responsabilidad de los políticos que contribuyen a mantener a los ciudadanos en un estado perpetuo de minoría de edad, en situaciones de sometimiento y vasallaje al maná supuestamente inagotable de las subvenciones, manteniendo en la oscuridad que solo nos dan una parte de lo que previamente nos quitan cobrando sustanciosas comisiones por esos supuestos regalos.
Los partidos seguirán discutiendo en nuestra presencia sus ambiciones, sus añagazas, sillones y cuotas
Qué discutiremos en la campaña
Puede que alguien espere grandes sorpresas en la campaña que se avecina. Me temo, sin embargo, que los partidos seguirán discutiendo en nuestra presencia sus ambiciones, sus añagazas, sillones y cuotas, pero raramente se acordarán de referirse a lo que nos pasa y, todavía menos, de explicar con claridad que es lo que podrían hacer para remediarlo. Son muchos años domando un lenguaje equívoco y confusionario para que ahora se dejen llevar por un viento de realismo que habría de ser necesariamente sucio. Como no han sabido abrir espacio al realismo crudo, ha aparecido una fuerza que simula hablar desde la desesperación y el desengaño, pero que ya ha dado muestras suficientes de ofrecer más de lo mismo, demagogia populista y drama social.
Nadie se atreverá a decir que España no puede seguir gastando como si tal cosa y aumentando una deuda que sí habrán de pagar quienes vienen detrás de nosotros, nuestros hijos y nietos. Nadie dirá que, de seguir como pretenden que sigamos, no se cumplirán los objetivos de déficit, y que, cuando todo el tinglado se venga abajo estaremos en las peores condiciones para levantarnos. Nadie dirá que el costosísimo e innecesario sistema de autonomías que se ha puesto en píe tiene que ser severamente podado, porque es tan inútil como insoportable, ni que gastamos enormes cantidades de dinero en sistemas sociales perfectamente ineficientes, que nuestras universidades son meras bolsas de empleo mal pagado y paro aplazado, que no podemos seguir manteniendo una Justicia politizada y con unasadministraciones cuya verdadera especialidad es poner trabas a los que pretendan hacer cualquier cosa que no sea inútil o rutinaria, eso sí, bajo ventanillas que anuncian ayuda al emprendimiento.
Nadie nos dirá que ya no podemos seguir esperando el auxilio de una Unión Europea que está en sus peores momentos
Nadie nos dirá que ya no podemos seguir esperando el auxilio de una Unión Europea que está en sus peores momentos, y que nuestra obligación como nación es contribuir a que la burocracia de la UE se simplifique y a que la Unión sepa afrontar los enormes problemas que nos esperan en un mundo en el que Europa es, cada vez más, algo del pasado con un futuro sumamente incierto si no acertamos a vivir a nuestra costa, y ya fuera del paraguas norteamericano que se ha cerrado definitivamente.
¿Hablarán los partidos durante la campaña de algo como esto? ¿Se atreverán a decir que no están dispuestos a que la unidad nacional se vaya al carajo para que cuatro señoritos inútiles puedan estrenar embajada en Zambia, que es posible les reconozca?
Siempre más, nunca mejor
La enfermedad nacional que ahora adquiere caracteres más dramáticos consiste en habernos acostumbrado a que el gobierno de unos pocos se haga a costa del interés de los más, mientras que esa situación se presente con tintes suficientemente engañosos. El engaño no puede ser ni más simple, ni más perverso. Se trata de hacernos creer que todo se hace por el bien común, pero que para que eso pueda hacerse con eficacia, debemos mirar siempre para otra parte. No fijarnos en las cuentas, sino en los cuentos, no pensar en lo que pagamos, sino en el esquema envidioso que da en suponer que se le saca más al que más tiene porque nosotros no pagamos nada, porque los impuestos mayoritarios no son evidentes sino transparentes, invisibles. Los españoles se han acostumbrado a esperarlo todo del gran padrino estatal porque son poco dados a hacer números y prefieren los cuentos de buenos y malos, imaginar a los políticos como bandidos generosos, como una especie de Curro Jiménez frugal, simpático y bienhechor.  Ni siquiera la larga serie de episodios de corrupción, esos 6.000 euros por piso que se ha dicho reclamaba el que fue secretario general del PP madrileño, señor Granados, han sido capaces de sacar a los españolitos del cuento de la sopa boba.
Bastaría con que empezásemos a pensar que debemos exigir no más sino mejor, que no es lógico tener tres malos bolígrafos si por ese precio se puede comprar uno excelente, y que es un desastre y un engaño tener cerca de cien universidades sin que ninguna de ellas ocupe un lugar medianamente discreto en el panorama internacional de la enseñanza superior, no digamos en el de la investigación.
En política la cobardía puede ser rentable para el que está en el poder, piénsese en Rajoy, pero es letal para los aspirantes
Faltan líderes
En política la cobardía puede ser rentable para el que está en el poder, piénsese en Rajoy, pero es letal para los aspirantes, porque sólo puede vivir de la inercia y del miedo, pulsiones de decadencia y de muerte. Necesitamos políticos que digan cosas valientes, que se atrevan a romper el círculo maloliente en el que la mayoría de los ciudadanos, pese a toda su sumisión y exceso de candidez, incluye, casi sin excepciones, a la clase política establecida. Si nadie de los que ha de hacerlo se atreve a eso, cabe temer que habremos perdido otra oportunidad, que el resultado será un calco del de diciembre, que entraremos en ese bucle desesperado y estéril que define a los Estados fallidos. Estamos ante una oportunidad, que podría ser la última, de recuperar el impulso de ilusión que supuso el comienzo de la democracia, y que nos podría permitir zafarnos de la tendencia a perder oportunidades, a ir a peor cuando, a poco que se hiciese, tendríamos mimbres para superar los mejores momentos de nuestra historia, porque existe una España que podría ser mejor que el sistema ineficiente y corrupto que ahora nos sofoca.

                                                                   J. L. GONZÁLEZ QUIRÓS  Vía VOZ PÓPULI

jueves, 26 de mayo de 2016

UNAS ELECCIONES QUE NO DESHARÁN EL MALDITO EMBROLLO


Vuelven a aparecer demagogos, populistas de la simplicidad, chovinistas taumaturgos, social verbalistas y toda la gama de vicios de la gobernanza, incluidas, las respuestas viejas, incapaces de resolver nada y que solo juegan con el miedo a lo peor. Y es así porque crece y crece la condición objetiva que las hace posibles: el embrollo, todo es confuso, la desconfianza impera, las instituciones en lugar de resolver los problemas parecen incapaces de hacer mucho más que marearlos, y con ellos, a los ciudadanos.

Vivimos un cambio de época porque vivimos una crisis del sistema económico, que a su vez es consecuencia de una profunda y no asumida crisis del modelo de sociedad. Tres crisis en una, mutuamente retorcidas, que a su vez se manifiestan en tres colosales problemas. Una que se cierne sobre el conjunto, como una losa, declarada -y negada por otros- es la insostenibilidad del estado del bienestar, símbolo y máximo aglutinador de nuestra sociedad.

Una segunda es la cada vez más profunda crisis del trabajo en las circunstancias presentes, pero también para el futuro debido a la destrucción de oficios y profesiones que se vislumbra con la revolución tecnológica y la creciente certeza de que, al menos en una época inicial, se destruirá más empleo del que se creará. Y, al mismo tiempo, emergiendo, otra de visión, de causas diferentes, pero de efectos en la misma dirección: el fantasma del estancamiento secular que, Japón, parece en buena medida anticipar.

El tercer gran problema es la crisis institucional, la de las estructuras de las que nos hemos dotado para alcanzar determinados fines relacionados con la convivencia y el vivir bien en colectividad, y que suponen cierto mecanismo de control u orden social.
La crisis institucional se presenta por partida doble, y esta es otra novedad peligrosa. Por un lado, afecta a las instituciones sociales, algunas decisivas y previas al mismo estado moderno, como la familia, el matrimonio, y la filiación; otros de tipo social, ligadas al asociacionismo filantrópico o cooperativo.

El debate público sobre las causas que provocan la crisis de estas instituciones está censurado, sobre todo, en lo que se refiere al matrimonio, la familia y la descendencia, por la ideología de género, y su derivada el homosexualismo político.  Está excluido bajo el criterio de que todas las opciones son igualmente buenas, porque de lo contrario se penaliza la libertad. Pero este enfoque no debería  excluir otro enfoque necesario. La finalidad de las instituciones y sus resultados desde el punto de vista del óptimo social. El equilibrio necesario de ambos puntos de vista en las políticas públicas conduce, no la penalización de ninguna opción, sino a la creación de incentivos para aquellas que generan más beneficios para la sociedad, en términos de menor afectación a los costes del sistema público de bienestar.

Y junto con la crisis de las instituciones privadas, se produce la ineficiencia y descrédito de las instituciones públicas, las que son estado, como las gubernamentales o la justicia, o las que se desprenden de él, como los organismos reguladores, los partidos políticos y los sindicatos. Estas instituciones tienen como esencia, y a diferencia de la mayoría de instituciones sociales, dos características: un vínculo contractual que las relaciona con los ciudadanos para el cumplimiento de determinadas fines, por ejemplo, pagar las pensiones, y un criterio de eficiencia necesario para alcanzar en el objetivo propuesto. La crisis institucional que vivimos afecta a ambas cuestiones, dentro de la especificidad de cada una de las instituciones: pagar las pensiones, representar bien a la gente, disponer de una justicia equivalente para todos, etc. Muchas de ellas cumplen cada vez peor con su cometido o se mueven por debajo de las expectativas generadas. Porque esta es otra cuestión. Al acudir una y otra vez a las elecciones, en las que cada partido ofrece más y más como en una subasta, sin entrar en la naturaleza de los problemas a afrontar, sin hacer pedagogía, se ha generado una cultura de la exigencia que en ocasiones no se corresponde con las posibilidades reales.

Los retos son claros, lo que no está nada claro es el sujeto colectivo, los partidos, sobre todo, pero también sindicatos y asociaciones capaces de aportar la respuesta necesaria. Quizás, porque por debajo de toda la crisis de las instituciones subyace una causa central: la minoría creativa que toda sociedad tiene se ha transformado en una minoría oligárquica, que vela sobre todo por ella misma, al tiempo que no aparecen en escena otras minorías capaces de sustituirlas, para bien de todos.


                                                                        JOSEP MIRÓ i ARDÈVOL  Vía FORUM LIBERTAS

EL CHISTE DE LA MULTA DE BRUSELAS

Lo que me ha resultado más llamativo de la semana han sido los aspavientos por el crecimiento incontrolado de nuestra deuda pública y la amenaza de Bruselas de multar a España por su exceso de déficit. Parece que, de repente, se descubre el secreto peor guardado de los muchos que circulan por la decadente Unión Europea:que España debe lo indecible y que no cumple ni cumplirá con los objetivos de déficit, porque su economía renquea por el fondo del pozo en que se sumergió años ha y sus gobernantes se niegan a cambiar todo aquello, empezando por el modelo de Estado hipertrófico y continuando por la educación, que pudiera permitir la ejecución de políticas públicas serias paralelas con el estímulo de iniciativas privadas, para dar otro aire al país. Y ante eso sólo se oyen lamentos entreverados con la amenaza de los eurócratas de echarnos una multa. Desde luego, no me extraña que, con esa visión de la jugada, crezca el euroescepticismo hasta en España donde las críticas a este proyecto europeo por parte del conglomerado político y mediático son prácticamente inexistentes.
Desde que en Grecia se armó el lío en la primavera de 2015, ahí andan con el tercer rescate y me imagino que preparando el cuarto
La UE camina como un zombi por el filo de la navaja
Desde que en Grecia se armó el lío en la primavera de 2015, ahí andan con el tercer rescate y me imagino que preparando el cuarto, que puso de manifiesto la fragilidad de los dogmas financieros y la imposibilidad de sacar a flote una economía hundida por mor de corrupciones y exigencias desorbitadas, las vías de agua en el proyecto comunitario han seguido aumentando - refugiados, Brexit, Hungría, Polonia, Austria etc.,- y ya poca gente duda de que la UE camina como un zombi por el filo de la navaja con sus errores de diseño y los resultados devastadores de sus políticas. De hecho, en poco menos de un año el mapa político dominante en el seno de la Unión se va a parecer poco al actual, lo que permite pensar que nadie en su sano juicio quiera alimentar en plazo inmediato el incendio español, mucho más peligroso que la pequeña hoguera griega. Por eso, creo que nuestras preocupaciones deben centrarse en la realidad que se deriva de un modelo ineficaz y no en si nos ponen o no una multa.
Precisamente las consecuencias que tendría reavivar el incendio español ha obligado a reflexionar a los responsables de las instituciones europeas que, de momento y con carta del jefe de Gobierno en funciones por medio, optan por mantener la tregua con España, aunque el comisario Moscovici prácticamente ha venido a decir que le importa una higa el gobierno que surja del 26J, porque, según él, no hay margen de maniobra. Mensaje descarnado de democracia limitada que resucita en la UE la versión peor del concepto de la soberanía limitada del Bloque Soviético durante la Guerra Fría. Es un recordatorio de que el sufragio universal está en tiempo de rebajas, lo que permite aventurar que la tregua no será indefinida y menos si en nuestro país no se acometen los cambios imprescindibles para simplificar las administraciones públicas y producir una ordenación del gasto, que preserve el mantenimiento digno de los servicios públicos. Sea lo que sea, la tregua y la liquidez que suministra el BCE, deberían ser aprovechadas para poner en pie un proyecto nacional de reconstrucción política y económica que inspire confianza y que saque del letargo a la iniciativa privada, tan ausente desde que estalló la crisis con el pinchazo de las burbujas especulativas.
España sola ante su problema
Es verdad que tal proyecto no existe, o al menos yo no lo conozco, y cualquier lector puede pensar que estoy pidiendo la luna a la vista de lo que se ha hecho estos años y de las promesas que circulan con motivo de la campaña electoral. A pesar de ello, es obligado insistir en que, por primera vez después de nuestra gran crisis nacional de finales de los años 70, con la economía revuelta y la muerte del General Franco, España no va a disponer de las asistencias y tutelas que tuvo entonces para salir del trance, ya que la continuación de la tregua financiera europea en absoluto es comparable a la actuación de las grandes potencias de aquella época, USA, Francia y Alemania, para fabricar en nuestro país el sistema político que ya no parece dar más de sí. Y que, por tanto, nos corresponderá a nosotros resolver el problema.
Corremos el peligro de desaprovechar la tranquilidad financiera y la paz social aparente sin salir del ladrillo de la parálisis
El pasado diciembre se proclamaba que las cosas iban a cambiar y no fue así. En mi opinión, no hubo proyectos ni encarnadura para hacerlo posible. Ahora se repite un discurso análogo, cuyo argumento principal es que, esta vez sí,habrá jefe de Gobierno sin explicar qué gobierno y para hacer qué, con lo que corremos el peligro de desaprovechar la tranquilidad financiera y la paz social aparente sin salir del ladrillo de la parálisis. En este sentido, la polarización política no ayudará a poner las bases de la reconstrucción que, de momento, son más un deseo que una realidad.
Dicho lo anterior, poner el foco en el chiste de la multa o de las décimas de déficit, me parece una extravagancia ante los problemas que tenemos en España y en la UE, porque, no hay que engañarse, la realidad es que todo está cogido con alfileres y el castillo de naipes no sabemos cuánto aguantará, teniendo en cuenta la situación de los países de la Eurozona y el estado levantisco de sus opiniones públicas. Por supuesto, la Comisión Europea y el Eurogrupo me imagino que harán encaje de bolillos y de ingeniería financiera para que el asunto español no vaya a mayores, pero ello no debería inducir a la inacción, sino todo lo contrario, porque, si el castillo de naipes se derrumba, nos pillará en una lóbrega orfandad.

                                                                      MANUEL MUELA  Vía VOZ PÓPULI