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sábado, 2 de diciembre de 2017

LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL

Es la educación sentimental, la transmisión de amores y odios asociados a símbolos, lo que tenemos que desterrar de las aulas.

La educación sentimental. EFE

Los resultados de las elecciones del 21 son un misterio. Un misterio relativo, porque los bloques políticos apenas se han movido desde 1999; en este tiempo, el voto nacionalista ha concitado en torno a un 48 por ciento del voto. Según las encuestas, los partidos oficialmente nacionalistas lograrán en torno un 46 por ciento del voto (Demoscopia), un 43,4 (NC Report), o un 45,4 (GAP3). Pero este cálculo puede resultar engañoso, porque En Comú Podem llama equidistancia a un apoyo sistemático a los nacionalistas, y las mismas encuestas les otorgan de siete a ocho puntos. Incluso el PSC ha fagocitado no sólo a Unió sino también su discurso, y esa actitud de perdonavidas del “nacionalismo moderado”, que espera que le pagues que todavía no ha dado el salto al secesionismo.
Dos millones de españoles en Cataluña no quieren serlo. No hay acontecimiento alguno que les haga cambiar de opinión

Verbigracia: Los catalanes somos más europeos que los espanyols, y ya veremos si les permitiremos permanecer en la UE o no cuando el resto de naciones nos acojan jubilosos. Luego resulta que las instituciones europeas siguen advirtiendo de que Catalunya sería un tercer Estado, que ningún país les apoya, que la prensa europea les toma a chufla. Y ahora denuncian a la UE como órgano del franquismosurpirenaico. Y, así, han pasado de concedernos el privilegio de admirar su modernidad irresistible a asumir el discurso de Marine Le Pen, Syriza, UKIP y demás.
Las empresas huyen para siempre de Cataluña, sólo con la perspectiva de que pudiese crear una república
Verbigracia: Espanya ens roba porque nosotros sabemos crear riqueza, y el resto de españoles sólo sabe gastar los subsidios que nosotros pagamos. Si nos liberásemos del yugo castellano (en el que está Aragón, por otro lado), podríamos multiplicar por siete nuestro crecimiento (según ha dicho ERC). Además, el cuerno de la abundancia no cruzaría el Ebro, y con este torrente de riqueza curaríamos el cáncer. Pero las empresas huyen para siempre de Cataluña, sólo con la perspectiva de que pudiese crear una república.

No importa. Nada importa. No hay realidad que una ideología no pueda ocultar. Esa ideología nacionalista se ha inoculado de forma sistemática desde las aulas y desde los medios de comunicación a los que se les ha permitido trabajar en Cataluña. Los medios merecen una reflexión, pero ¿qué podemos hacer con la educación en Cataluña? ¿Y en el resto de España? Es la educación sentimental, la transmisión de amores y odios asociados a símbolos, lo que tenemos que desterrar de las aulas. El ideal liberal y republicano es formar ciudadanos cultos, críticos, y que se formen sus propias ideas, no convertirles en agentes de líderes tribales.

Tal es la vigencia del “nacionalismo constitucional” aznarita, que su sucesor no se atreve jamás a defender a España, y a lo más que llega es a defender la Constitución y las leyes
José María Aznar es una de las personas que más han hecho para disolver la idea de España. Por un lado, la ancló a algo tan reciente, y tan arbitrario, como la Constitución del año 78. España es una creación de unos cuantos políticos tras la muerte de Franco. Tal es la vigencia del “nacionalismo constitucional” aznarita, que su sucesor no se atreve jamás a defender a España, y a lo más que llega es a defender la Constitución y las leyes.

Por otro lado, es él, Aznar, quien cedió el control de la educación a las Comunidades Autónomas. Ahora, cada consejerillo tiene su librillo, y en las regiones gobernadas por nacionalistas, España es una potencia extranjera aborrecible. ¿Cuál es la solución? ¿Recentralizar las competencias en Educación? No.

Es verdad que hay que arrebatarle a las Comunidades Autónomas todo lo que no sea pagar las infraestructuras y el personal. Y que el Estado debería poder vigilar qué se enseña en los centros públicos y tomar decisiones efectivas, como expulsar un libro del currículo o suspender a profesores y directores de centros, si se dedican a adoctrinar. Es cierto que el mercado de profesores debería ser nacional, y que cualquier español tendría que poder optar a un puesto en un colegio público de cualquier región, sin restricciones. Sólo con eso, saldríamos ganando.
Hay que descentralizar, y dejar la decisión última sobre la educación de los alumnos recaiga en sus padres. Es muy fácil, y los beneficios serían enormes
Pero también hay que descentralizar, y dejar la decisión última sobre la educación de los alumnos recaiga en sus padres. Es muy fácil, y los beneficios serían enormes. Sólo hay que seguir tres principios. El primero, que haya plena libertad curricular. No es necesario, ni conveniente, que el Ministerio o una Comunidad Autónoma elijan qué van a estudiar los alumnos. Asociaciones de colegios, o de universidades, o las Reales Academias, todas ellas podrían proponer currículos para que los elijan los colegios, tanto los públicos como los privados. El Ministerio, eso sí, podría proponer unos criterios para que el currículo tenga un carácter oficial, pero sin prohibir que otros prefieran proponer un itinerario distinto para la formación de los estudiantes.

Segundo principio: libertad de los centros. Tanto los privados como los concertados y públicos deberían poder elegir qué currículo adoptar, o variarlo en algún sentido en función del proyecto educativo que le quieran proponer a los padres.

Y llegamos al tercer principio: libertad de elección de centro por parte de los padres. No hace falta ni acabar con el actual sistema; se pueden mantener los tres tipos de centro que se dan en España. Esa libertad de elección se puede reforzar por medio del cheque escolar.

Tres principios, y un resultado absolutamente necesario: quitar las sucias manos de los políticos de la educación. Ni los nacionalistas catalanes, ni los vascos, ni los librillos autonómicos. Nada que no deseen los padres para sus hijos. Y así acabaríamos casi por completo con la educación sentimental. 


                                                                    JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ  Vía VOZ PÓPULI 

EUSKADI NOS ROBA O EL "NACIONALISMO INVERSO"

El chantaje psicológico de ETA y el papel arbitral del PNV no permitieron que las anteriores cinco leyes quinquenales del cupo vasco fuesen controvertidas pese a su insolidaridad


Pedro Azpiazu y Cristóbal Montoro, se dan la mano ante Josu Erkoreka (el segundo por la derecha). (EFE)

Existe un malentendido sobre el Concierto Económico Vasco. Se dice que “está en la Constitución” y no es así. El sistema de financiación vasco y navarro se fundamenta en la disposición adicional primera de la Carta Magna que "ampara y respeta" los derechos históricos de los territorios forales. Y aunque el PNV no votó la Constitución de 1978, uno de esos derechos históricos es, precisamente, el modelo paccionado según el cual las haciendas vascas gestionan todos los impuestos concertados y la Comunidad Autónoma paga un cupo por los servicios que allí presta la Administración Central.

Un cupo cuya metodología se aprueba en el Congreso mediante leyes quinquenales y por el procedimiento de lectura única. El Concierto aparece en el artículo 41 del Estatuto de Autonomía de Euskadi: "las relaciones de orden tributario entre el Estado y el País Vasco vendrán reguladas mediante el sistema foral tradicional de Concierto Económico o Convenios". Se han aprobado hasta el día de hoy seis leyes de cupo, la última –y con gran polémica– el pasado día 23 de noviembre. Las cinco anteriores no provocaron ninguna diatriba. Y conviene explicar por qué.



La razón de la pacífica asunción del cupo –algo bien distinto al Concierto como tal– consistía en que el País Vasco se encontraba en una situación de grave inestabilidad y dramático azote del terrorismo. Los nacionalistas vascos han venido propugnando la interesada idea –luego se ha visto que falsa– de que los terroristas etarras serían receptivos a las "medidas políticas" que engrosaran el autogobierno vasco. Siempre fue una falacia: unos sacudían el árbol y otros recogían las nueces.

Por otra parte, el apoyo del grupo parlamentario del PNV –que ha oscilado entre cinco y siete diputados– ha resultado en muchas ocasiones, tanto para el PSOE como el PP, como una bisagra necesaria para completar mayorías. Es inolvidable el acuerdo entre Aznar y Arzalluz en 1996, paralelo al que consumó con Pujol. Que la desmemoria no traicione el diagnóstico.

Se da la circunstancia de que este cupo tan desequilibrado es un elemento más del agravio que esgrimen –con razón– las autoridades catalanas

La conjunción de ambas circunstancias –el chantaje psicológico de ETA y el papel arbitral del PNV en el Congreso– permitieron que nunca las primeras cinco leyes quinquenales del cupo fuesen controvertidas. Salvo UPyD, ningún grupo parlamentario votó contra ellas aunque la metodología de cálculo y el resultado del mismo fuesen netamente favorables a Euskadi como ahora han denunciado desde los economistas de Fedea hasta los valencianos de Compromís, pasando por los presidentes autonómicos populares de Galicia y Castilla y León y varios expertos en financiación autonómica. Y, naturalmente, Ciudadanos que ha sido un implacable contradictor de esta ley de cupo. Se da la circunstancia de que este cupo tan desequilibrado es un elemento más del agravio que esgrimen –esta vez con razón– las autoridades catalanas.

El presidente del PP del País Vasco, Alfonso Alonso. (EFE)
El presidente del PP del País Vasco, Alfonso Alonso. (EFE)

Soy foralista mucho antes de que Alfonso Alonso fuese algo en la política vasca y española. Por lo tanto, defiendo el Concierto vasco como el último residuo de la foralidad de los territorios históricos pero opongo al actual presidente del PP vasco una enmienda a la totalidad de su discurso que ha tenido amplio eco en la prensa vasca y escasa en la del resto de España. Dijo Alonso, en un desayuno en Madrid el pasado día 27 de noviembre, que la acumulación de protestas contra la ley de cupo se deduce de un "nacionalismo inverso" que sería aquel que proclama "Euskadi nos roba". Se trataba de desacreditar la postura de Cs, pero también de advertir a los suyos de que permaneciesen callados y de cohibir al PSOE que nunca ha sido amigo de este sistema paccionado, ni del Concierto ni del cupo.

Sí al Concierto y al Convenio navarro. No a las leyes de cupo como precio político por apoyos parlamentarios, en este caso para sostener a Rajoy

El exministro de Sanidad mantiene que hay un "nacionalismo español" que busca situar al País Vasco "como enemigo de España". La afirmación es burda y no asume la realidad: en Euskadi acabó el terrorismo y sin el miedo de por medio, las lenguas se desatan; el cupo es objetivamente insolidario y el PP lo ha aprobado ahora (estaba pendiente desde 2006) pudiendo haberlo hecho en la X legislatura.
Lo ha negociado (no calculado) ahora porque necesita al PNV para aprobar los Presupuestos. Es poco digno que un miembro eminente del PP se pronuncie en esos términos cuando sabe a ciencia y conciencia de qué manera el nacionalismo vasco ha abusado de su prevalencia política en el escenario del terrorismo de ETA.

Es una solemne majadería atribuir a los contradictores de la metodología del cupo un nacionalismo tan basto como para propugnar que "Euskadi nos roba" y endilgarles un "nacionalismo inverso". Sí al Concierto y al Convenio navarro. No a las leyes de cupo como precio político por apoyos parlamentarios, en este caso para el sostenimiento del Gobierno de Mariano Rajoy. De esta manera se pervierte el sentido de la singularidad vasca en la que debería compatibilizarse el procedimiento paccionado con el principio de solidaridad.


                                                             JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS  Vía EL CONFIDENCIAL

EL INCOMPRENSIBLE CONFLICTO CON RUSIA



¿Por qué la Unión Europea y la OTAN mantienen vivo un conflicto con Rusia? ¿Cuál es la amenaza que proviene de aquel país que convierte en dura la famosa “diplomacia blanda” de la U.E.?

Putin intentó por todos los medios convertirse en un aliado de Europa hasta 2007, incluso en el orden militar, mediante una alianza que habría dotado de mayor seguridad a Europa. Pero sus intentos fueron rechazados de plano, y no solo eso, sino que la OTAN, de la mano de Estados Unidos, busco penetrar en el entorno de seguridad ruso en Georgia y en Ucrania. La no aceptación por parte del gobierno de este país del tratado que proponía la Unión, que significaba para Ucrania alterar gravemente la relación económica con Rusia, su principal mercado exportador, promovió el golpe del “Maidan” que derroco al legítimo gobierno. Luego, los acontecimientos estuvieron marcados por la respuesta rusa, con la ocupación de Crimea, que era la base de la flota rusa en el sur, y la separación de las dos grandes provincias orientales, que no solo mantienen históricamente fuertes vínculos culturales con Rusia por lengua e historia, sino que además existía una relación económica muy fuerte. El acuerdo con la UE significaba en la práctica el desmantelamiento de su base industrial por falta de competitividad, mientras que Rusia le aseguraba un mercado tradicional. Hoy Ucrania, enfrentada a Rusia, vive -mal- de la ayuda de la UE y tiene una economía en crisis.

La última moda es atribuir a Moscú todo un conjunto de hazañas poderosas en Internet. Así, Putin ha decidido quién será el presidente de Estados Unidos, ha intervenido en las elecciones alemanas y francesas e impulsa el separatismo catalán.  Mikhaïl Zygar, el creador de la televisión privada de más éxito contra Putin, explicaba cómo este tipo de acciones carecen de impacto real, y que su única relevancia radica en el dinero que genera a quienes las producen. No dice nada nuevo. La red no puede nada contra una realidad que le sea adversa. ¿O es que no quedo claro con la primavera árabe, poderosa en las redes sociales, pero totalmente superada por el poder presencial, excepto en el caso, y aun parcial, de Túnez? En realidad, se desplazan sobre Rusia y Putin, se les demoniza hechos que tiene su causa en nuestros propios defectos e inconsecuencias.

Rusia es una potencia de nivel medio, complementaria de Europa en el ámbito de la energía, de la industria aeroespacial y en algunos ámbitos científicos, y a Europa le interesa como mercado de sus productos y tecnología. Es también una barrera eficaz contra la yihad como ha demostrado en Sira, donde ha conseguido culminar un proceso que pone fin a la guerra, algo que Estados Unidos se ha mostrado incapaz de hacer.

La comparación con España nos da una idea de la dimensión de la “amenaza” rusa: El PIB es semejante 1.159.546M.€ para Rusia, por 1.118.522M.€ para España, con un PIB per cápita tres veces superior en el caso de España. La comparación con Alemania arroja un balance abismal. Un PIB tres veces mayor y un PIB per cápita que multiplica por cuatro el ruso. ¿Un país de esta dimensión es una amenaza para la Unión Europea y Estados Unidos?  Por favor, esto no es serio, pero cuela aprovechando la desinformación del ciudadano. En realidad, los amenazados son los rusos. Y tienen razón en la prevención. Históricamente y después del dominio tártaro todas las invasiones les llegaron del oeste, Lituanos, polacos, vikingos, alemanes, franceses y tutti quanti.


                                                                                  EDITORIAL de FORUM LIBERTAS

viernes, 1 de diciembre de 2017

REFORMAR LA CONSTITUCIÓN, ¿PARA QUÉ?

Que muchos hayan sacado las banderas nacionales a la calle puede ser un buen augurio, si empiezan a darse cuenta de que la Nación no puede permitirse el lujo de empobrecerse a base de que unos les roben su esfuerzo a otros.

Reformar la Constitución, ¿para qué? RTVE

Además de que una mayoría de españoles parece estar conforme con la idea de que algo no marcha, el reciente sofocón por la peripecia catalana hace completamente evidente que la Constitución del 78 ha perdido, al menos, una parte de los apoyos que tuvo, y que, en buena lógica, eso debiera hacernos pensar en lo que habría que hacer para recuperarlos. La salida fácil es la reforma de la Constitución, pero puede que no sea la respuesta más correcta.
La idea de que los males que padecemos deriven de defectos constitucionales goza de muchos adeptos

¿Dónde nos aprieta el zapato?


Las preocupaciones que inquietan a los ciudadanos no siempre indican directamente la mejor dirección para resolver el problema que las causa. Pondré un ejemplo: al parecer solo un diez por ciento de los españoles está preocupado por la mala calidad del sistema educativo. El dato muestra, a mi juicio, no que el sistema funcione bien, sino lo profundo que es el daño que causa una educación casi universalmente mediocre. En el caso que nos ocupa, el malestar político que aflige a muchos ciudadanos bien podría estar enmascarado por la ideología de su preferencia, de hecho, tal es una de las fuentes de motivación política que más usan los líderes, tratan de convencernos de que no es necesario que ofrezcan buenas soluciones para los problemas comunes, que basta con derrotar al malo de su preferencia. En Cataluña ese rasgo ha llegado a convertirse en una obsesión porque es el arma preferida de los supremacistas, la convicción de que siempre son otros los culpables de cuanto resulta molesto e insoportable y, de ahí, esa paradójica invención del derecho a decidir, la pura eliminación del otro.
La política postconstitucional ha llegado a estar orientada por dos principios de apariencia engañosa, pero de efectos patológicos que han actuado como un veneno lento
Pues bien, no hay una sola línea en la CE del 78 que explique por si sola ni siquiera uno de los males que nos afligen. ¿Qué lo explica entonces? La política postconstitucional ha llegado a estar orientada por dos principios de apariencia engañosa, pero de efectos patológicos que han actuado como un veneno lento. El primero es la abusiva concentración del poder en las cúpulas de los partidos, mal que es gravísimo en el PP y está menos acentuado en el PSOE, pero que puede verse también con claridad en el caso del maduro Iglesias, cuya guardia pretoriana ha ido mutando a medida de las exigencias del líder de la coleta al margen de cualquier razón política distinta a la unidad del mando.

El segundo principio de malignidad que aflige a nuestro sistema surge, en parte, como lenitivo del primero, aunque, en la práctica, se ha constituido en su mejor aliado: es el principio de división territorial del poder que, además de promover la insolidaridad y procurar la quiebra de la unidad nacional, ha sido el gran aliado de la conversión de los partidos en falanges obedientes y en oficinas de colocación para los más mansos. Ninguna de estas dos trayectorias está en la CE, pero se insinuaron prontamente y han entrado en un grado aceleradísimo de agravamiento desde el triunfo del zapaterismo que, no lo olvidemos, trató de evitar a toda costa cualquier nuevo triunfo del rival, lo que es la negación misma de la democracia liberal, aunque lo hizo tan mal que acabamos cayendo en manos de Rajoy.

La reforma que no se quiere hacer


Cualquier reforma de un sistema político anquilosado, como lo es ahora mismo el nuestro, exige dos condiciones que realmente escasean, generosidad y patriotismo. La generosidad es necesaria porque sin ella no se puede producir ninguna clase de renovación del personal político, que se agarra al asiento con uñas y dientes, y el patriotismo hace falta porque si no se piensa en términos del bienestar común se acaba actuando, inevitablemente, en el propio y exclusivo beneficio.
En cualquier lugar con una cultura política algo más exigente que la que nos es común, el cese del líder del PP habría sido una realidad hace ya mucho tiempo
En cualquier lugar con una cultura política algo más exigente que la que nos es común, el cese del líder del PP habría sido una realidad hace ya mucho tiempo. Rajoy es una garantía de que su partido, pues de él es y de nadie más, no va a hacer nada que le perjudique. Ver, por poner el último ejemplo, a un líder del PP acusando a Ciudadanos de “nacionalismo español” por cuestionar las formas del cuponazo vasco es una muestra de hasta qué punto el PP ha perdido cualquier razón de ser distinta a la de mantener indefinidamente a Rajoy, y a sus secuaces más inmediatos, al frente de un aparato cada vez más débil pero todavía con el inmenso poder que nuestra Constitución concede a los gobiernos. La importante ventaja del PSOE, a estos efectos, es que es un partido que, pese a sus muchos bandazos y la precario de su situación, parece conservar cierta autonomía, una vida interna alimentada por distintas ideas, una ambición de política que ha desaparecido por completo en el PP.
Hace unos días me confesaba un viejo militante del PP que la gente podía sacar las banderas a la calle porque ha perdido el miedo a que eso les identifique con el partido de Rajoy
Cualquier reforma que no busque impedir lo que ahora mismo ocurre, que un partido puede ir más allá de cualquier frontera política concebible porque no existen los instrumentos internos, los controles, las libertades, la pluralidad y la democracia que debiera existir en el interior de esas organizaciones, es escribir en el agua. Piénsese en lo que pasaría si realmente fuera necesario reformar la CE: este PP no sabría qué defender porque está completamente ajeno a todo lo que no sea el más empobrecedor ir tirando para mantenerse en un poder que es políticamente inane. Su esterilidad es absoluta. Hace unos días me confesaba un viejo militante del PP que la gente podía sacar las banderas a la calle porque ha perdido el miedo a que eso les identifique con el partido de Rajoy, lo decía con pesar, pero con convicción.

La reforma que podría ser un engaño


Frente a lo que se necesita, que es mayor control ciudadano de las acciones de los políticos, los aparatos dominantes tratarán de imponer mayores controles políticos de los ciudadanos, mayor poder en sus manos. Desde esta perspectiva, que Iceta pida una Hacienda exclusivamente catalana, no es ninguna forma de una supuesta generosidad con Cataluña, sino una muestra más de lo que tantos políticos anhelan, que no les controle nadie en absoluto. Para caer en la cuenta de ello bastaría con pensar en que la otra medida que ha propuesto este desenvuelto candidato es que los demás españoles le paguemos a los catalanes la deuda de 50.000 millones de euros en que han incurrido, irresponsablemente, los del procés, pero no es piedad lo que mueve a Iceta, sino un deseo irrefrenable de gobernar sin ataduras, de ser Rajoy, podríamos decir. Todas las melodías del encaje catalán son traducciones eróticas de una pura pornografía política: queremos mandar sin que nada nos limite y gastar sin que nadie nos controle.
Cuando un sentimiento se usa para abusar de un tercero, el sentimiento deja se ser algo inocuo porque se convierte en una agresión
El nacionalismo, se nos dice, es un sentimiento, y los sentimientos no tienen nada de malo, pero cuando un sentimiento se usa para abusar de un tercero, el sentimiento deja se ser algo inocuo porque se convierte en una agresión. No es necesario hacer grandes esfuerzos para comprender que el camino seguido con las Autonomías ha de ser revisado, que vamos a vivir en un mundo en el que no podremos permitirnos unos dispendios institucionales y administrativos que hay que moderar y corregir. Claro es que tratar de hacerlo va en contra de los intereses de la clase política, pero hemos de exigirles el mínimo de generosidad y patriotismo necesario para comprender que España necesita caminar en otra dirección, precisamente para acrecentar la libertad y hacer más efectiva la democracia.
Que muchos hayan sacado las banderas nacionales a la calle puede ser un buen augurio, si empiezan a darse cuenta de que la Nación no puede permitirse el lujo de empobrecerse a base de que unos les roben su esfuerzo a otros, que es lo que siempre ocurre cuando los políticos solo saben trabajar para sí y para los suyos, y que, pese a todo, el porvenir de España está todavía en nuestras manos.


                                                                     JOSÉ LUIS GONZÁLEZ QUIRÓS  Vía VOZ PÓPULI 

LAS ÉLITES Y SUS PALMEROS

Los intelectuales de nuestra época se han especializado en reorientar la realidad de modo que sus lecturas sean favorables al orden existente. Son cada vez más conservadores.

Una imagen del Foro de Davos de 2017. Un buen resumen de cómo cierran los ojos a la realidad. (EFE)

Una de las ideas que con más insistencia se divulgan como solución a nuestros problemas es la del aumento de la productividad, un factor clave para que las empresas resulten competitivas y, en consecuencia, puedan tener empleos de buena calidad y satisfactoriamente retribuidos. Existe consenso en el mundo político y en el económico de que es el horizonte principal hacia el que deberíamos orientarnos, y una gran mayoría de expertos ratifica con datos esa creencia. Desgraciadamente, la vida va por otro lado. Sirvan un par de aspectos típicos de nuestra cotidianidad para entender cuál es el problema.

Varios conocidos me han transmitido últimamente sus quejas referidas a empresas de servicios por la mala calidad de los mismos. La explicación que (en privado) daban sobre estas disfunciones los responsables intermedios de las firmas era que sus empleados contaban con salarios bajos y solían tener la certeza de que serían despedidos al acabar su contrato temporal, con lo que la motivación era escasa. No es extraño, pues, que ese descontento acabase siendo percibido por los clientes: se trata de una mano de obra que cuando aprende a realizar con eficiencia su tarea tiene que abandonarla, y que siempre está preguntándose si llegará a fin de mes y cuál será su siguiente trabajo. En ese contexto, la productividad es necesariamente baja.

Es frecuente en España que personas de más de 45 años regresen al mercado laboral en puestos de menor categoría y mal pagados

El segundo ejemplo viene de Francia, pero tiene mucha relación con lo que pasa en nuestro país. Según asegura el diario 'Le Monde', la contratación de mayores de 50, lo que llaman el empleo sénior, ha crecido durante los últimos años, aunque con la contrapartida de una gran precariedad. Algo similar ocurre en España, donde no es extraño encontrarte con trabajadores de más de 45 años —que habían salido del mercado laboral y tenían difícil el reingreso— que han acabado colocándose en puestos de menor categoría o peor pagados o ambas cosas. Lo cual también es una gran idea para aumentar la productividad: a la gente que tiene años de experiencia la ignoras, la desprecias, y luego la colocas allí donde su conocimiento no tiene ninguna posibilidad de aportar valor.

Dices una cosa, haces otra


Lo lógico sería que los expertos, ante situaciones de esta clase, señalasen con insistencia que ese no es el camino, pero no lo hacen. La mayoría de ellos desprecian estos elementos, y quienes se atreven a sugerir que los salarios deben ser satisfactorios y que los empleos deben tener continuidad son ignorados. Pero en realidad este no es el asunto. Que para que las cosas funcionen los salarios deben ser buenos es algo que las élites ya saben, pero no quieren modificar un sistema que les resulta rentable. Lo que en realidad echo de menos es que los expertos señalen de modo claro esta contradicción, que consiste en afirmar que se persigue una meta mientras se ponen todas las bases para ir justo por el camino contrario.

Cuando llegan los problemas, nadie asume responsabilidades: señalan a voz en grito que “han sido los rusos”

No ocurre solo en el trabajo: las quejas de las élites europeas sobre el auge de los nacionalismos es otro buen ejemplo. Desde su perspectiva, el gran problema de Europa es ese repliegue conservador sobre el territorio y la identidad que desprecia los avances que el comercio, las sociedades abiertas y la perspectiva global han traído: un mundo reaccionario que empuja para hacernos regresar a un pasado oscuro. Pero alguien debería decirles que ese regreso solo es posible porque su sistema, el que las élites han construido, está dejando muchos perdedores por el camino, y es natural que estos se rebelen porque no es esperable otra cosa. Si pones todas las piedras para que algo suceda, es muy probable que acabe ocurriendo. Eso sí, después nadie asume responsabilidades, y señalan a voz en grito que “han sido los rusos: ellos están detrás de esto”.

Los intelectuales


No. Alguien tiene que decirles que muchos de los males con los que deben lidiar, y que aseguran que son un problema, están causados por las acciones económicas y políticas desarrolladas por las élites. Y que si quieren que se terminen, la primera medida es actuar de otra manera. Y ese alguien debería ser, desde luego, el entorno intelectual, tanto el de los expertos como el proveniente de la cultura. Sin embargo, no es así: muchos de estos intelectuales coinciden, por interés, por origen o por convicción, con las ideas de ese mundo al que deberían contrapesar.

Todos coinciden en que nuestro mundo funciona razonablemente bien, que su orden es justo y que el reparto social de posiciones es el adecuado

En realidad, este entorno se ha especializado (y con los economistas y los politólogos ortodoxos en primer lugar) en reorientar la realidad: todos coinciden en que nuestro mundo funciona razonablemente bien, que su orden es justo y que el reparto social de posiciones es el adecuado; y, como mucho, añaden alguna idea para que en el futuro todo vaya mejor o señalan que sus conclusiones son las bases adecuadas para futuras investigaciones.

Los viejos resentidos


Así se llega a situaciones paradójicas. Si se argumenta que el declive de la clase media occidental y el empobrecimiento de las capas trabajadoras son causas evidentes de las transformaciones políticas de los últimos años, nos dirán que no es así: la culpa es de la posverdad, de los viejos resentidos que votan al Brexit o de los seguidores de Trump, que no son de clase trabajadora sino reaccionarios de toda la vida. Y que, en última instancia, nunca hemos estado mejor, porque el número de personas de clase media es hoy mayor que nunca y jamás ha habido tan pocos pobres, algo de lo que deberíamos alegrarnos y que subraya las bondades de la globalización.

Hemos perdido poder adquisitivo, nuestro nivel de vida es peor y eso ha beneficiado a los chinos. ¿Dónde está la buena noticia?

Es el tipo de argumentos absurdos y estúpidos que sirven al propósito de tranquilizar al poder, pero no para dar cuenta de lo que ocurre. La clase media europea ha descendido y, a cambio, ha crecido fundamentalmente la asiática, sobre todo la china. Ignoro por qué eso es motivo de celebración: hemos perdido poder adquisitivo, nuestro nivel de vida es peor y eso ha beneficiado a los chinos.
¿Dónde está la buena noticia? Si me quedase con la mitad de las rentas de los intelectuales que defienden estas tesis y luego argumentase que deberían alegrarse porque yo soy más rico y ellos no, seguramente no estarían tan de acuerdo. Sin embargo, no tienen reparo en exhibir sin pudor esas tesis cuando no les afectan a ellos. Y la cosa se complica cuando uno entiende hasta qué punto el capital y la tecnología que se han regalado a China (solo para que las élites occidentales ganen más dinero) han convertido al gran país asiático en una enorme potencia económica cuyo auge perjudicará a Europa.

Todo está OK


La esencia de los estudios y de las obras de estos intelectuales consiste en ratificar lo que el poder piensa. Pueden hablar de innovación, de disrupción, de las bondades de la tecnología, de la necesidad de conservar el orden político existente para no caer en el caso y de la urgencia de las reformas en el ámbito económico, especialmente en el laboral, para no seguir cayendo, pero su idea central es que el orden establecido es el correcto, que lo que hacen las élites es la mejor de las opciones posibles y que cualquier intento de cambiar eso está abocado al desastre. Y si eso no funciona, entonces aparecen los rusos como mecanismo conspiranoico para encubrir los errores.

Este tipo de comportamiento palmero es exactamente lo contrario de lo que el mundo intelectual ha de aportar a la sociedad. Los expertos en economía, salud, periodismo, política o sociología se deben en primer lugar a las reglas de su oficio y no a los intereses de las élites, sean estas políticas o económicas. Algunos de estos intelectuales gozan de una protección que les debería permitir conservar su independencia y poseen los suficientes conocimientos como para aportar una opinión fundada. Quizá sean los menos, pero es muy importante que reaparezcan hoy, porque resulta prioritario reconstruir una esfera del pensamiento que sea capaz de reorientar sus disciplinas (y a las mismas élites) hacia la realidad. Es imprescindible salir de este mundo ficticio que los expertos han ayudado a crear.



                                                                         ESTEBAN HERNÁNDEZ  Vía EL CONFIDENCIAL

LA OLEADA DEL ACOSO SEXUAL

"La causa fundamental del cambio del relato radica en la conversión de la perspectiva de género en ideología hegemónica. Bajo sus auspicios solo importa aquel segmento de la realidad que sirve a su arquitectura de hegemonía política, que en este caso, como el de la violencia contra la mujer, es utilizado para categorizar a los hombres, a todos ellos."


Josep Miró i Ardèvol

Nuestra sociedad parece moverse por oleadas, de un día para el otro surge una cuestión que suscita la máxima atención mediática y de las redes. Esto no tendría nada de extraordinario si fuera debido a un suceso insospechado y extraordinario; algo así como el descubrimiento de la vida en Marte. Pero no, se trata de situaciones estructurales que están ahí intocadas desde hace tiempo. Esto es precisamente lo que ha sucedido con la última oleada sobre el acoso sexual surgida, como todas las precedentes, en Estados Unidos, cuya espoleta se encuentra en Hollywood, pero cuya detonación tiene efectos en toda la sociedad occidental.

Desde sus inicios la llamada “meca del cine” era considerada por los medios y la vox populi un lugar donde abundaban la promiscuidad, el libertinaje y el abuso. Tanto, que la propia cinematografía ha hecho de esta situación material para sus negocios. La gran mayoría de la sociedad rechazaba aquellos comportamientos, donde no se sabía dónde empezaba la libertad en las relaciones sexuales y dónde terminaba la prepotencia para forzarla.

Entonces se veía a Hollywood como la excepción moral (aunque parte de los progres de la época no dejaban de alabarla: la promiscuidad, no el abuso, como un ejemplo de la necesaria libertad en las costumbres; sobre esto también hay mucho cine, bueno y malo). En todo caso, sus protagonistas sabían que vivían en una isla moral, y a nadie se le acudía pensar que aquellos pecados eran también los propios del conjunto de la sociedad.

Ahora el relato ha cambiado sustancialmente y lo que sucede en Los Ángeles no es algo específico de la cultura del entretenimiento y el cruce de pasiones y ansias, sino que automáticamente se proyecta como algo constitutivo de toda la sociedad. Los abusos sexuales, sus depredadores enfermos, son vistos, no como la excepción de una cultura libertina que lo favorece, sino como consecuencia de un hecho estructural: los hombres, el machismo, como una cultura, pero solo esta única cultura. Las creencias imperantes, por lo visto, no entran en juego. No importan las diferencias obvias entre un católico y un no creyente; no influye la cultura hipersexualizada que nos rodea, donde el sexo es un producto del mercado; no influye para nada que las relaciones sexuales sean tan tempranas y presentadas como algo lúdico, y no como un hecho trascedente que requiere madurez emocional y construcción de la conciencia del respeto; no cuenta para nada la influencia de la cultura gay en todo esto, impulsora del sexo como única componente de la identidad humana. Nada de eso importa. Lo único que cuenta es que la mayoría son hombres, y por consiguiente, el comportamiento es fruto de una presunta sociedad patriarcal.

La causa fundamental del cambio del relato radica en la conversión de la perspectiva de género en ideología hegemónica. Bajo sus auspicios solo importa aquel segmento de la realidad que sirve a su arquitectura de hegemonía política, que en este caso, como el de la violencia contra la mujer, es utilizado para categorizar a los hombres, a todos ellos.

De esta manera, al no contemplar todas las causas y su relación, lo que sucede es que el problema no se resuelve, por el contrario, crece, como sucede con la violencia entre las parejas adolescentes. Las generaciones más jóvenes, educadas en la perspectiva de género, presentan varones activos en un mayor número que menosprecian a la mujer.

Porque en lugar de educar en el respeto a la persona y en el amor de donación, en el dominio de uno mismo al servicio de aquella donación, los formaron en la mecánica del Póntelo, pónselo y la relación sexual como un deporte de contacto. No es un hecho ajeno a los resultados qu
e todo tipo de violencia hacia la mujer está en función inversa a la condición cristiana del grupo, como se refleja claramente en todas las estadísticas que miden el fenómeno por países y en las encuestas, al menos las españolas, que muestran que las católicas practicantes reciben en una medida muy inferior, del orden del 50%, acoso y violencia sexual. Negar la realidad solo conduce a ser dominado por ella.


                                                                        JOSEP MIRÓ i ARDÈVOL  Vía FORUM LIBERTAS

AUSCHWITZ EN MADRID

El estudio de Auschwitz es un deber moral para cualquiera que hoy trate de ejercer el oficio de hombre

Ni Robert Antelme era judío ni el lugar que describe se llama, sobre los mapas, Auschwitz. Pero Auschwitz no es un lugar. Es la cartografía de lo más oscuro en la mente humana: el placer de administrar dolor y muerte; de administrar, en el límite, el nombre de lo humano; de excluir de él a cuantos sentencia sólo bestias. Los lugares se llaman Dachau, Buchenwald, Birkenau… Auschwitz es un espacio anímico: el espacio del mal en la mente de ese hablante predador que somos. Y es, por ello, el único interrogante metafísico verdaderamente serio.
En una noche de abril de 1944, exhausto en el tránsito entre dos de esos campos de animalizar humanos y exterminarlos luego sin coste anímico, Robert Antelme se pregunta qué vería allí un espectador si las luces se encendiesen. «Si de pronto la sala se iluminase, se vería un revoltijo de harapos a rayas, de brazos encogidos, de codos puntiagudos, de manos malvas, de pies inmensos; bocas abiertas hacia el techo, rostros de huesos cubiertos de piel negruzca con los ojos cerrados, calaveras, formas semejantes que ya no cesarán de parecerse, inertes y como colocadas sobre el fango de un estanque». Ni siquiera animales. Cosas, residuos de cosas. Vertedero. En descomposición.
No es Auschwitz lo que está en Madrid ahora, saturando con su dolor la Sala de Exposiciones del Canal. Auschwitz no es representable: su dimensión teológica -la del hombre que suple a Dios y por él decide de vida, de humanidad y de muerte- no es reductible a escena. Pero es necesario poner esos fríos residuos, ese almacén de basura y de ceniza ante los ojos de todos y sacudir la indiferencia de quienes creen saber y nada saben. El estudio de Auschwitz -o, si preferimos dejar de lado la metáfora, el estudio de la Shoá, del exterminio de seis millones de hombres a los que se catalogó como no humanos- es un deber moral para cualquiera que hoy trate de ejercer el oficio de hombre sin saberse aplastado por la vergüenza de lo que haber sido hombre en el siglo XX ha sido.
Auschwitz consuma lo humano. Es ésa la certeza que nos aterra. Y que hace que no sepamos, en rigor, qué decir ante la enormidad de la Shoá, del exterminio. Thomas Mann daba fórmula amarga a ese pánico de constatar hasta qué punto Hitler fue hermano nuestro. De no ser así, de ser un monstruo venido de otra galaxia, un monstruo en el cual nada de nosotros reconociéramos, ninguna angustia nos generaría su historia. No nos angustia la «crueldad» de un terremoto o de un tifón. No es «nuestra» su capacidad devastadora. No tiene dimensión moral, por tanto. La Shoá es algo que cualquier humano podría haber hecho. Y que cualesquiera humanos volverán a hacer. Porque los predadores matan, sin más límite que el que les ponen sus recursos técnicos. Y porque los predadores hablantes hacen templo sagrado, religión, del dominio y maestría de esas técnicas. Y sólo saberlo puede ponernos al abrigo de ser sus instrumentos.
Las cifras nada dicen de lo más hondo. Seis millones de civiles que volaron en humo y en ceniza. Nada dicen del envite: sufrir primero, hasta que nada en ellos trasluciera ya lo humano. Esa verdad susurra en los versos de Paul Celan: «La muerte es un Maestro Alemán, su ojo es azul. / Él te alcanza con bala de plomo, su blanco eres tú… / Nos regala una fosa en el aire, / juega con las serpientes y sueña la muerte. Es un Maestro Alemán».
Ved lo que puede hacer un hombre: lo que no puede ser visto con los ojos. Sólo. Y pensad. Si es aún posible. Pensad en vosotros.

                                                                                   GABRIEL ALBIAC  Vía ABC