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viernes, 5 de junio de 2015

CIUDADANOS Y PODEMOS: ¿LA REGENERACIÓN O EL SALVAVIDAS DE LA PARTIDOCRACIA?



La Partidocracia española ha fomentado una nueva clase social extractiva, los políticos y sus privilegiados mandantes o poderes fácticos, que expolian a los ciudadanos contribuyentes. La élite extractiva, gobernante o influyente; o sea, la "coalición dominante", es numéricamente pequeña pero muy poderosa política y económicamente, pues sus tentáculos llegan a todos los sectores sociales españoles, en los que introducen la corrupción, que no es solamente personal, pues también es política e institucional.
 Actualmente, como los ciudadanos nos consideramos ya mayores de edad políticamente, cada vez nos distanciamos más de los anquilosados partidos políticos viejos, porque les exigimos regeneración democrática, comportamientos éticos y sometimiento de las cúpulas de los partidos a la voluntad de sus afiliados.
            Pero, tras los resultados de las pasadas elecciones del 24 de mayo, ¿es cierto que los partidos emergentes, especialmente Ciudadanos y Podemos, están firmemente decididos a transformar el Régimen de partidos que ha consolidado la actual Partidocracia española para convertirla en una verdadera democracia semejante a la existente en las naciones europeas de nuestro entorno?. ¡¡Veamos!!.

          Para llevar a cabo esta gran transformación política es indispensable que se proponga una reforma constitucional que habilite la consecución de los siguientes objetivos  programáticos:
1) La regeneración democrática y una verdadera lucha contra la corrupción, para lo que hay que contar con una nueva Ley Electoral que haga posible la elección directa por los ciudadanos de sus representantes políticos en distritos uninominales, unas leyes que permitan erradicar la Corrupción, una efectiva Ley de Transparencia, una financiación correcta de los partidos y una completa rendición de sus cuentas; así como lograr la independencia de los organismos reguladores y de control público, que han de tener también suficiente capacidad sancionadora.
2) Que haya una real separación de los tres poderes del Estado que garantice la independencia del Poder Judicial y de cada uno de ellos respecto a los otros dos.
3) Que en la estructura y funcionamiento de los partidos haya auténtica democracia interna, de acuerdo con una nueva Ley de Partidos.

Pero no basta con que los partidos regeneradores tengan un programa que cumpla la mayoría de los anteriores objetivos, pues además tienen que proponer que se logren todos ellos. Desde luego, es indispensable que practiquen una verdadera democracia interna en su funcionamiento, pues si no la tienen dentro de su partido ¿cómo la van a practicar correctamente en el funcionamiento de las organizaciones e instituciones de la sociedad española?, si llegaran a gobernar.
Por su parte, Ciudadanos en mayo de 2015 elaboró un texto base de cara a su posicionamiento ante las votaciones de investidura en municipios y comunidades autónomas, integrado por unas reglas generales, una condición previa: compromiso por la regeneración democrática,  y unos ejes de la negociación de pactos con otros partidos: transparencia y regeneración democrática, reactivación económica y cohesión social. En dicho texto solo se apuntan reformas parciales de la normativa rectora del actual régimen político de 1978, que tienden a mejorarlo y a apuntalarlo; pero no a sustituirlo por otro efectivamente democrático.
Podemos parece ser más radical; pero dado que no ha comparecido en las elecciones pasadas en la generalidad de las comunidades autónomas y municipios españoles, no conocemos exactamente su programa completo y no consta explícitamente que quieran instaurar un régimen democrático que sustituya totalmente al Estado de partidos o Partidocracia establecido en la constitución de 1978. Sus objetivos programáticos más conocidos se refieren a cuestiones sociales y económicas, más bien que a la estructura política y territorial de España y a la elección de los representantes políticos de los ciudadanos.
Dados los resultados electorales de mayo de 2015, la gobernabilidad de las comunidades autónomas y de los municipios requiere que Ciudadanos y Podemos y sus organizaciones y plataformas satélites negocien y pacten con los viejos partidos PP y PSOE para alcanzar mayorías estables de gobierno. En esos pactos los partidos regeneracionistas como Ciudadanos y Podemos tendrán que retratarse y apoyar a la casta de los viejos partidos corruptos, lo que llevará a los partidos emergentes a "contaminarse" en sus alianzas de gobernabilidad. Por ello se plantean algunas cuestiones fundamentales: ¿hasta dónde estarán dispuestos a llegar en esas alianzas los partidos emergentes?, ¿les llevará su ansia de poder a confundirse con los partidos corruptos?, ¿sus alianzas se limitarán a apoyar al PP o al PSOE, pero sin integrarse en los equipos de gobierno de las administraciones públicas correspondientes?, ¿va a limitar sus pactos Ciudadanos a lo mínimo indispensable para la gobernabilidad de CC.AA. y ayuntamientos sin confundirse con el PP en el centro derecha?, ¿mantendrá Podemos su distancia de los viejos y corruptos PSOE e IU?, ¿lograrán Ciudadanos y Podemos seguir siendo verdaderos partidos regeneracionistas tras sus pactos con PP y PSOE?, ¿quieren efectivamente Ciudadanos y Podemos un cambio sustancial del régimen político español o solo quieren participar e integrarse en el vigente Estado de partidos?,  pues en el fondo parecen conformarse con lograr una cosmética y superficial regeneración democrática. En definitiva, ¿quieren ser Ciudadanos y Podemos solamente el lampedusiano salvavidas de la Partidocracia española a cambio de obtener una sustancial participación en el poder, integrándose en la "coalición dominante"?.
             Para contestar a tantas e importantes cuestiones es conveniente conocer previamente la opinión de varios expertos independientes. Antes debo precisar que lo que yo denomino "coalición dominante" equivale a lo que Douglas C. North calificó de "coalición gobernante". Esta última denominación también la adopta Javier Benegas, quien en su magistral artículo publicado el martes 2 de junio de 2015 en Voz Populi escribió lo siguiente:
"Los agentes que constituyen la coalición gobernante son extraordinariamente cooperativos porque tienen poderosos incentivos para serlo: la entente cordiale les proporciona importantes beneficios...(En el modelo surgido de la Transición española), dicha coalición estaría integrada en “lo formal” por diferentes agentes, como la Corona, los dos grandes partidos, las coaliciones nacionalistas y los “agentes sociales” (sindicatos y patronal). Y en “lo informal”, por Juan Carlos I, las ejecutivas de los dos grandes partidos (en realidad sus dos jefes supremos), los clanes nacionalistas, las familias que controlan las gran banca y los grandes negocios y, a continuación, una serie de colectivos que, bien organizados, obtienen su porción de la tarta (los mass media, diversos gremios de la función pública, los sindicatos de partido y, en general, todos aquellos colectivos capaces de constituirse en grupos de presión).
Los agentes que constituyen la coalición gobernante son extraordinariamente cooperativos porque tienen poderosos incentivos para serlo: la entente cordiale les proporciona importantes beneficios. Pero su cooperación conlleva poner sistema institucional a los pies de organizaciones informales, comprometer gravemente el libre acceso a la creación de riqueza, es decir, al Mercado y, también, desvirtuar la representación política... Cuando nos preguntamos cómo es posible que tras ocho años de una crisis extraordinariamente profunda poco o nada haya cambiado en la España política, la respuesta es sencilla: la coalición gobernante ha impedido cualquier modificación sustancial de las reglas del juego".
            En todo caso hay que tener en cuenta que los ciudadanos toleramos cada vez menos que los partidos políticos sean inmovilistas en cuanto a la regeneración democrática, o que cambien solamente algo para que todo siga igual; lo que los españoles exigimos ahora es que nuestros mandatarios, los políticos, integrados o no en los partidos nuevos, sean elegidos directamente por los ciudadanos, que sean honrados e íntegros en sus comportamientos, y que efectivamente se comprometan a regenerar democráticamente una España políticamente corrupta. Por ello, en los últimos años van creándose partidos nuevos o seminuevos que sí dicen comprometerse a cumplir estas exigencias de los españoles. Entre ellos, destacan por sus últimos resultados electorales tanto Ciudadanos como Podemos y sus organizaciones o plataformas ciudadanas satélites.
            Pero, como también expone certeramente Javier Benegas en su citado artículo publicado en Voz Populi, que yo he incluido íntegramente en mi blog javaloys.blogspot.com
"la cuestión de verdad importante no es si los nuevos agentes políticos (Podemos y Ciudadanos) lograrán desplazar al Partido Popular y al Partido Socialista del poder. No, lo de verdad trascendente es si, en caso de que tal cosa suceda, removerán el actual modelo patrimonialista y darán paso a un sistema institucional neutral y eficiente que cumpla cabalmente su cometido, o si por el contrario participarán en un reequilibrio de fuerzas dentro del actual statu quo; es decir, si optarán a ser miembros de pleno derecho de la coalición gobernante.
Lamentablemente, hay muy pocos indicios en ambos partidos que apunten hacia un verdadero proceso de transformación democrática. Por el contrario, sí se aprecian demasiados guiños hacia un reordenamiento del viejo modelo, aunque con diferencias más o menos sustanciales entre ambos. Podemos plantea un proceso de “expropiación total” del poder económico en favor del Estado y las Administraciones Públicas, lo cual no supondría el fin del sistema patrimonialista sino justo lo contrario: la apoteosis del Estado como agente económico y planificador y, en consecuencia, el fortalecimiento del Sistema de Acceso Restringido en detrimento de la iniciativa privada. Además, las instituciones, lejos de ser neutrales, actuarán de catalizadores de políticas finalistas definidas en base a un sesgo ideológico insuperable...Tanto Ciudadanos como Podemos tienen un denominador común: primar las “políticas sociales”, la redistribución de la riqueza, las reformas tributarias y el uso y abuso de la planificación indicativa. Ambos ignoran, quizá deliberadamente, que la política social que España necesita es aquel conjunto de reformas que conviertan el actual modelo patrimonialista en otro neutral que garantice la igualdad ante la ley, el libre acceso a la creación de riqueza, así como la representación política. En definitiva, tanto Albert Rivera como Pablo Iglesias parecen bastante predispuestos a mantener muy viva la vieja tradición española de reducir a la nada a la sociedad civil".

            Este artículo de J. Benegas ha sido comentado por Vicente Jiménez quien dice, certeramente, que:
"Benegas parece desconocer que cuando muere un dictador que no ha sido derrocado pueden ocurrir dos cosas y solo dos: la primera de ellas es que el poder del dictador lo herede otro dictador, como fue el caso de Corea del Norte o Venezuela. Y la segunda opción, como en el caso de España, es que el poder se divida como una tarta a repartir entre las oligarquías viejas y alguna nueva que aparece. El problema es que cuando las oligarquías se hacen con el poder la ciencia política y la historia nos enseña que el sistema de gobierno resultante es el más estable y duradero de todos los existentes hasta ahora; más incluso que las dictaduras. Por lo tanto, no es que aparezcan cartas nuevas en la baraja con Podemos ni con Ciudadanos, y tampoco ha lugar a la duda final expuesta en el artículo sobre la posible influencia de esos partidos para que se produzca un cambio democrático en España. Es que esos partidos, como tampoco los otros, tienen ni idea sobre lo que significa democracia porque confunden estados de partidos sin representación ni separación de poderes con democracia, que si tiene ambas; así que difícilmente podrán aplicar algo que desconocen: uno ansía el poder absoluto y el otro ignora. Ambición desmedida y descontrolada o ignorancia son las verdaderas opciones. Además hay algo más: nunca en la historia se ha conseguido la democracia de verdad ni la libertad colectiva a base de pequeñas reformas: o se hace de un tajo mediante un proceso constituyente y libre conducido por la sociedad civil y unos líderes honestos y patriotas (caso de EE UU), o no se hace. Por lo tanto no hay dudas, estamos tan a años luz de la democracia con Podemos y Ciudadanos como con los otros partidos. Plantearse otra cosa resultaría infantil".

            La radical conclusión de Vicente Jiménez es corroborada por Juan M. Blanco en su clarificador artículo titulado La trampa de la Gobernabilidad publicado en Voz Populi, donde ha dicho lo siguiente:
"Las opciones emergentes (Podemos y Ciudadanos) van dando crecientes muestras de insustancialidad, intención de preservar la esencia del statu quo. Nos sorprenden con parches, ocurrencias, propuestas arbitristas, críticas poco consistentes al régimen de embuste y demagogia de las últimas décadas. Y una poco disimulada inclinación al pacto, a apoyar a las opciones tradicionales en el momento en que ya no implique pérdida de votos. Un enfoque electoralista muy alejado de los principios y valores que deberían mantener a ultranza quienes abogan por la regeneración. Corremos el riesgo de padecer otra "Transición", un nuevo reparto de la tarta entre los que estaban y
los que llegan.
Nadie ha osado señalar la profunda reforma que necesitan las Autonomías. Convertidas en patios de Monipodio, paraíso de caciques, ninguna trapacería o bribonada les es ajena...
...Los partidos emergentes deberían ser conscientes de que no ganaron los apoyos por méritos propios, o por su cara bonita, sino por la denodada podredumbre de los tradicionales. Sus votantes buscan un cambio profundo, un replanteamiento sustancial de la política, no renovadas ocurrencias o majaderías. Ni aspirantes con más oportunismo que principios, meros imitadores de las trapisondas de sus antecesores. La ciudadanía responsable desea una nueva hornada de dirigentes que aspiren al poder, no como un fin en sí mismo, sino como medio para reformar el caduco sistema político. Personas dispuestas a arriesgar, no individuos propensos a repetir el ritual de la política española: agitar el enjuague, la componenda, el reparto de cargos.
El sistema debe impulsar gobiernos capaces de desarrollar eficazmente su labor tras un cambio de reglas que fomente una política de altos vuelos, con la mirada en el horizonte, no en el mero día a día. Tras unas reformas que garanticen separación de poderes, controles y contrapesos, limpieza de la vida pública y, sobre todo, la capacidad de la ciudadanía para supervisar a sus representantes.
El sistema bipartidista que conocimos se encamina hacia el colapso. Se abrirá una nueva etapa, distinta en caras y estilos. Pero, al igual que en la Italia de los 90, corremos el serio peligro de que las reformas queden demasiado cortas, que el nuevo régimen reproduzca los vicios del anterior. Si algunos no se lo toman en serio, la regeneración política se demorará mucho más de lo que debiera".
           Tras este repaso de lo que opinan algunos cualificados expertos, yo quiero subrayar que tanto los viejos como los nuevo partidos políticos siguen ignorando las demandas de la sociedad civil, a pesar de que ciertas plataformas ciudadanas próximas a Podemos han demostrado su aceptación electoral, al menos en las grandes ciudades: Barcelona, Madrid, Valencia,...Yo creo que ha llegado ya la hora de que los partidos, en su propio beneficio, atiendan más a las demandas de los ciudadanos que a sus intereses partidistas, si quieren revertir la desafección ciudadana.
            Los partidos emergentes han de ser muy cautos a la hora de pactar con los corruptos PP y PSOE, si quieren conservar su prestigio democrático. Los votantes tenemos la impresión de que, para adquirir poder a corto plazo, van a caer en la trampa de la gobernabilidad, lo que puede lastrar su futuro desarrollo. En cambio, si Ciudadanos y Podemos logran mantener su actual virginidad democrática, pactando lo mínimo posible con PP y PSOE, llegarán a las próximas elecciones generales con posibilidades de sobrepasar en votos a los corruptos viejos partidos. Su objetivo debería ser facilitar la gobernabilidad de las CC.AA. y de los municipios, pero sin apuntalar y dar oxígeno a los maltrechos y decadentes PP y PSOE, a los que deben sustituir a medio plazo con un verdadero programa de regeneración democrática, que instaure definitivamente una democracia efectivamente representativa. Más pronto que tarde, cuando haya desaparecido la Partidocracia y el PPSOE sea una reliquia histórica, la referencia liberal progresista debe ser Ciudadanos; mientras que el socialista Podemos será la formación política alternativa.
 En conclusión, por ahora, mientras PP y PSOE conserven sus actuales cuotas de poder, los partidos emergentes no deben pactar con ellos, o hacerlo mínimamente, para debilitarlos; en cambio sería deseable que los regeneracionistas Ciudadanos y Podemos se coordinasen entre ellos lo máximo posible, a pesar de sus divergencias en los temas económicos, para defenderse de la poderosa "coalición dominante", que todavía sigue apoyando mayoritariamente al bipartidismo del PPSOE; y, sobre todo, para llevar a cabo la imprescindible reforma constitucional que habilite una real separación de los tres poderes del Estado, configurando la independencia del Poder Judicial, y que instaure una verdadera democracia con elección directa por los ciudadanos de sus representantes políticos, una democracia que sea capaz de erradicar la nefasta corrupción institucional.

                                                                               JOAQUÍN  JAVALOYS.

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