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lunes, 15 de junio de 2015

LA POLÍTICA QUE VIENE...SEGÚN LOS RESULTADOS DEL 24-M



Actualmente, la partidocracia y los políticos son, paradójicamente, el obstáculo principal que impide la verdadera regeneración democrática de España porque subordinan el bienestar y la voluntad popular a sus propios intereses y privilegios. Esta afirmación no supone ninguna novedad, pues ya la definió así, con carácter universal, el economista James Buchanan en su Public Choice, o Teoría de la toma de decisiones públicas.
Además, la corrupción política generalizada existente en España ha contribuido también al desprestigio del Régimen político instaurado por la Constitución de 1978, que se encamina a su fin.
Por todo ello, las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo pasado eran importantes para, a la vista de sus resultados, comprobar si las formaciones políticas emergentes son capaces o no de obtener una gran parte de la confianza de los votantes, pues ellas sí que parecen dispuestas a regenerar la democracia española mediante un cambio constitucional.
Efectivamente, tras el 24-M, ha quedado fragmentado el panorama político, pues ni PP ni PSOE han sido capaces de obtener mayorías absolutas y han tenido que compartir el poder con otros partidos nuevos: Ciudadanos, Podemos,...y con exitosas plataformas electorales. En tal situación, ha sido necesario llegar a pactos entre los partidos para conseguir una eficaz gobernabilidad de las comunidades autónomas y de los municipios. Estos pactos se han llevado por delante a toda una generación de políticos veteranos, principalmente del Partido Popular, y han debilitado sustancialmente el tradicional bipartidismo PPSOE, poniendo en cuestión la vitalidad del declinante régimen partidocrático de 1978.
Lo más llamativo de las consecuencias del 24-M es que las plataformas ciudadanas, algunas de las cuales son cercanas a Podemos, han logrado las alcaldías de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña y Cádiz, entre las capitales de provincia, y algunas otras importantes ciudades: Santiago, Badalona,...; y que el PP solo conserva la alcaldía de una sola capital de provincia de las 10 principales: Málaga, y ello gracias a su pacto con el partido Ciudadanos.
En los pactos se observa que los partidos emergentes han apoyado a los partidos tradicionales, bien al PP o bien al PSOE, por lo que en los electores han dejado una importante duda, a la que yo he querido responder con un artículo publicado en este mismo blog, titulado Ciudadanos y Podemos:¿La Regeneración o el Salvavidas de la Partidocracia?                 http://javaloys.blogspot.com/2015/06/ciudadanos-y-podemos-regeneracion-o-html?spref=tw
La duda que permanece en la ciudadanía es la de si tanto los partidos viejos como los nuevos siguen anclados en el pasado, en la política ordinaria, la del día a día; o si, más bien, dado que estamos en un tiempo excepcional, los partidos emergentes, además de solucionar los problemas cotidianos, van a enfrentarse a los problemas de fondo de la democracia española, porque estamos en tiempo de política constitucional: es preciso llevar a cabo una reforma radical de las tramposas reglas del juego que han determinado la política española de las última décadas, dirigida por una egoísta y corrupta Partidocracia cupulocrática. Ahora es tiempo de cambiar la Constitución; para ello lo mejor sería abrir un Proceso Constituyente. La regeneración democrática que dicen querer los partidos emergentes ¿incluye también este cambio constitucional? ¿quieren devolver la soberanía política a los españoles?. ¡Veamos!.


El partido Podemos ha concurrido a las elecciones autonómicas, pero no lo ha hecho directa y generalmente en las municipales, pues ha preferido apoyar a ciertas plataformas ciudadanas más o menos afines, lo que hace muy difícil cuantificar el alcance de su gran victoria electoral y conocer exactamente hasta qué punto quiere abrir un Proceso Constituyente o si se conforma con un profundo cambio constitucional. Además los pactos no han debilitado a Podemos pues, más bien al contrario, son sus "compañeros de viaje", y especialmente el PSOE, los que han mostrado su debilidad política.
En todo caso, hay que tener en cuenta que en Podemos existe una nueva forma de comportamiento político. Sus programas no los elabora su cúpula dirigente, como en los partidos tradicionales, sino que son propuestos por las bases del partido y, tras superar algunas instancias correctoras, llegan muy elaborados a una cúpula que se limita a tomar nota de ellos, o a introducir pequeñas modificaciones en los mismos.
Por ello, si Podemos quiere tener éxito en las próximas elecciones habrá de asumir la mayor parte de los temas programáticos que les propongan tanto sus bases como las plataformas ciudadanas vencedoras en las elecciones del 24-M. Como en ellas hay toda una generación de personas que tienen menos de 40 años y que exigen nuevas formas de participación política -y no solo votar cada cuatro años-, es fácil deducir que, ante las próximas elecciones generales, Podemos propugnará que se abra un Proceso Constituyente, como ya reclaman la monja activista Teresa Forcades y el economista critico Arcadi Oliveres, para "romper con el Régimen político de 1978"; un objetivo que también parecen compartir los numerosos grupos de cristianos de base integrantes de candidaturas de unidad popular (Ahora Madrid o Barcelona en Comú) o de partidos emergentes o plataformas ciudadanas, como el partido Por Un Mundo Más Justo, cuya ideología es el "transversalismo" (superador de la obsoleta división en derechas e izquierdas) y el cristianismo de base. Todos estos grupos o partidos coinciden en luchar contra el mundo de la exclusión social y contra el empobrecimiento de la ciudadanía, lo que está en sintonía con "la teología de la liberación". Además, es necesario tener en cuenta que las organizaciones asistenciales vinculadas a la Iglesia muestran continuamente su rechazo a las políticas de austeridad empobrecedoras de la sociedad.
En definitiva, que el "transversal" programa electoral de Podemos ante las elecciones generales habrá de conjugar el marxismo de su cúpula dirigente con el humanismo social cristiano de gran parte de sus bases, en una síntesis atractiva para el electorado.


Por otra parte, la ambigüedad que el partido Ciudadanos ha mostrado en sus contradictorios pactos, unas veces con el PSOE y otras con el PP, ha llevado el desconcierto a muchos de sus electores, tanto actuales como potenciales, que ahora no saben si Ciudadanos quiere una total y auténtica "regeneración democrática" con una profundo cambio constitucional, eso sí, sensato; o si la aspiración a la regeneración democrática y a luchar contra la corrupción son solo señuelos de su verdadero objetivo: adquirir poder para ser uno de los cuatro grandes partidos del sistema; pero sin querer desmontar la hasta ahora dominante Partidocracia del régimen de 1978; o sea, un papel semejante al adoptado en su día por el cada vez más insignificante UPyD, lo que le podría llevar a correr la misma "suerte" que a este veterano partido le toca en una España con un electorado que quiere reformas radicales, y que no perdona a los partidos que solo aspiran a ser salvavidas del corrupto sistema partidocrático.
En mi opinión, creo que ahora los estrategas y dirigentes de Ciudadanos han acertado en su comportamiento pactista; ya que, en la política española que viene, los partidos tradicionales irán disminuyendo progresivamente su atractivo y se convertirán en secundarios. Al apoyar con sus pactos Ciudadanos a PP y PSOE, no los ha escogido como aliados, sino que ha demostrado que su enemigo es el emergente Podemos.  Con sus pactos, el creciente pero todavía débil partido Ciudadanos ha querido ganar tiempo para irse fortaleciendo, sin tener que luchar contra el PPSOE. Su aportación al sostenimiento del bipartidismo es táctica y provisional. Sus deseos de regenerar el sistema político exigiendo democracia interna en los partidos es una muestra de infantilismo, pues ignora la ley del hierro de la oligarquía que explicó Robert Michels hace más de un siglo.
Si Ciudadanos no quiere diluirse e incluso desaparecer en un futuro próximo, como UPyD, habrá de convencer al ya maduro electorado de que, en último término, a lo que aspira Ciudadanos es a instaurar un nuevo régimen político mediante un Proceso Constituyente, y que será presidencialista y verdaderamente representativo y aceptable para los españoles, con una nueva organización de la descentralización política territorial de España. Si lo hace, en la teoría programática y, sobre todo, con su acción política, entonces Ciudadanos podría contar con la mayoría del electorado que quiere el cambio de régimen político, para instaurar una auténtica democracia, y el futuro panorama político de España se caracterizará por tener dos partidos principales: Podemos y Ciudadanos; y otros dos, secundarios por declinantes, corruptos y obsoletos: PP y PSOE. 
Por ello, a medio plazo Podemos es el gran enemigo de Ciudadanos; una perspectiva que sus dirigentes habrán tenido en cuenta al pactar ahora contradictoriamente tanto con el PP como con el PSOE. En tal caso, los pactos de Ciudadanos con PP y con PSOE habrán sido comprensibles y acertados, pues habrá actuado equilibradamente en defensa propia ante el PPSOE, el bipartidista agente político de la todopoderosa oligarquía o coalición dominante de España, que sigue exigiendo a sus políticos y a sus apesebrados una lucha a muerte con el heterodoxo antisistema Podemos.

                                                                                          JOAQUÍN  JAVALOYS

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