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viernes, 29 de enero de 2021

Cuando a Simón Bolívar se le puso cara de Hugo Chávez

 El historiador Carlos Malamud retrata en su libro cómo la propaganda venezolana manipuló la figura del libertador para extender su proyecto por toda América Latina

 Hugo Chávez participa en la presentación oficial de una imagen... 

Hugo Chávez participa en la presentación oficial de una imagen digitalizada de Simón Bolívar EFE

2006 fue el año de gloria del bolivarismo. Hugo Chávez ganaba sus terceras elecciones en Venezuela, Lula, Kirchner y Evo Morales gobernaban y a Rafael Correa sólo le faltaban unos meses para convertirse en presidente de Ecuador... Y, lo que es más importante, el precio del petróleo empezaba una escalada que no terminaría hasta 2009 y que permitió que el estado de Venezuela viviese en la abundancia gracias a la empresa pública Petróleos de Venezuela S.A. Tanto dinero tenía Caracas que se lo gastaba en el Carnaval de Río de Janeiro.

En 2006, la escola do samba Unidos do Vila Isabel ganó la competición de comparsas con un espectáculo lleno de imágenes de Simón Bolívar y banderas venezolanas. Sus integrantes confesaron después que muchos de ellos no sabían bien quién era Bolívar y contaron que la petrolera venezolana los había patrocinado con una cantidad de entre 450.000 y un millón de dólares. Al año siguiente, Venezuela dejó de invertir en el carnaval y nunca más se ha vuelto a ver por Río una imagen de Bolívar.

Carlos Malamud, historiador argentino, catedrático de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano, cuenta la anécdota de la comparsa chavista en El sueño de Bolívar y la manipulación bolivariana (Alianza Editorial, publicación el 4 de febrero), un ensayo que sintetiza la historia de los libertadores de América Latina, con Simón Bolívar el primero, y lo compara con su uso propagandístico en la América del siglo XXI. "Lo interesante de esa actuación es que Bolívar es un personaje irrelevante en la historia de Brasil. Bolívar apenas se interesó por Brasil y Brasil dio la espalda a Bolívar", explica Malamud. "Lo mismo puede decirse de América Central y de México. Pero Chávez necesitaba un Bolívar con dimensión americana y si hacía falta invertir en propaganda, se invertía".

El sueño de Bolívar trata de demostrar que el proyecto revolucionario-panlatinoamericano del bolivarismo ha manipulado la realidad del libertador para convertirlo en su símbolo. "Se presenta la figura de Bolívar como el gran impulsor de la integración cuando el concepto de integración no pertenece al tiempo de Bolívar. Él no pensaba en la integración, si acaso quería recomponer la unidad del Imperio español que había saltado por los aires en las guerras de independencia", explica Malamud.

Según su libro, Bolívar es en realidad un personaje esquivo que se adapta a lo que cada espectador quiera ver en él. "Fue un hombre de acción, más que un intelectual o político. No hay una unidad de sentido en su obra propagandística. Cada discurso se adapta a la coyuntura de su momento, de modo que todos podemos encontrar al Bolívar socialista, al revolucionario, al conservador o al liberal, según lo que busquemos".

El bolivarismo, claro, buscó y encontró en Bolívar una inspiración de "antimperialismo, socialismo del siglo XXI y de independencia respecto a EEUU". Por buscar, buscaron incluso un reflejo físico de Chavez. El 24 de julio de 2012, la antropóloga forense Lourdes Pérez presentó una reconstrucción de la cara del libertador. "Quisiera destacar que esta reconstrucción facial científica se llevó a cabo gracias a la voluntad de un gobierno profundamente bolivariano", dijo Pérez. El resultado de su trabajo contradecía los retratos contemporáneos de Bolívar, que le atribuían tenía los rasgos de un europeo. A partir de 2012, su aspecto se hizo más mestizo, más parecido a... Hugo Chávez.

"Otro momento estelar", continúa Malamud, "fue la exhumación de los restos de Bolívar en un gran espectáculo de televisión en directo en 2010. La única conclusión a la que llegaron es que aquel era el cuerpo de Bolívar, cosa que ya se sabía. La exhumación tenía un doble objetivo: poner su figura en el centro del debate y probar la teoría, obsesiva para el chavismo, de que Bolívar había sido envenenado por la oligarquía bogotana". La investigación no dio los frutos deseados y el libertador volvió a su tumba.

Cuatro años más tarde, Maduro tomó el relevo: la carta de Jamaica, el texto más importante en la obra de Bolívar (1819), cuyo original estuvo perdido durante casi dos siglos. apareció en 2014 en Quito. El nuevo presidente de Venezuela celebró en primicia el hallazgo del "texto sagrado" y anunció que los historiadores habían detectado un párrafo, hasta ese momento desconocido y supuestamente censurado, que habría de desvelar la clave para entender la conspiración asesina contra Bolívar. La realidad es que el nuevo párrafo era un comentario irónico sobre la piedad de los revolucionarios mexicanos y su devoción por la Virgen de Guadalupe. Nada realmente relevante.

En realidad, todas estas anécdotas, más o menos cómicas, construyen en conjunto la idea de que la integración latinoamericana se ha construido, más que sobre las instituciones, sobre un discurso emocional en el que Bolívar es un fetiche. Y que por eso, no ha podido avanzar como lo ha hecho la Unión Europea. "¿Quiénes son presentados en Europa como los fundadores de la identidad europea? De Gasperi, Monnet, Schuman, Churchill... Son políticos, juristas, economistas, académicos... Mientras que en América tenemos a Bolívar, Sanmartín, Sandino, Guevara... Son todos militares, menos José Martí", explica Malamud.

"En América hay tres obstáculos para la integración, dos excesos y un déficit", continúa el historiador. "Está el exceso de retórica, al estilo del realismo mágico, que se ver reforzado por el presidencialismo exagerado. Está el exceso de nacionalismo, consustancial a la formación de las identidades nacionales. Los españoles americanos, que era como se llamaban a sí mismos, tuvieron que desprenderse dolorosamente de una parte de su identidad, tuvieron que matar al padre que era España; y, después, tuvieron que afirmarse por oposición a sus semejantes... El nacionalismo está fuertemente insertado en el pensamiento político latinoamericano y dificulta la cesión de mínimas cuotas de soberanía a instituciones supranacionales. Y la falta es de liderazgo, Ni México ni Brasil, los líderes naturales, han querido encabezar ese proceso y además, han desconfiado mutuamente en muchos momentos. Argentina pudo ser ese líder pero ya no está en condiciones. La Venezuela de Chávez también pudo y quiso pero muchos países rechazaron del liderazgo de Chávez. Por eso, la integración atraviesa una profunda parálisis".

"Latinoamérica existe, parto de esa premisa. Es una realidad concreta y tangible, no un invento", termina Malamud. "Creo que la integración regional sería bueno. La reconstrucción después de la pandemia, por ejemplo, se gestionaría mejor desde la integración. En la práctica, lo que vemos es que los países compiten todos contra todos para captar las vacunas".

 

                                                              LUIS ALEMANY   Vía EL MUNDO

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