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miércoles, 28 de agosto de 2019

Acercar a Putin, calmar a Trump: Macron impone su agenda en un decadente G-7

Macron, anfitrión de la cita del G-7 en Biarritz, vislumbró el potencial del encuentro y convirtió la cumbre en el escenario perfecto para alzarse como el principal portavoz de Europa

Foto: Emmanuel Macron. (Reuters) 

Emmanuel Macron. (Reuters)

Mientras el G-7 avanza, irremediablemente, hacia el ocaso de su influencia, convertido en un mero grupo de trabajo informal cuyo eco en el panorama mundial es casi inaudible, la última cumbre celebrada este fin de semana en la ciudad de Biarritz demostró que aún puede ser de utilidad. Emmanuel Macron, anfitrión de la cita, vislumbró el potencial del encuentro y, haciendo gala de la maquinaria de comunicación que le llevó a ganar las elecciones presidenciales en 2017, convirtió esta cumbre en el escenario perfecto para alzarse como el principal portavoz de las democracias liberales.
Bajo el título “contra las desigualdades”, Estados Unidos, Japón, Canadá, Italia, Alemania, Reino Unido y Francia, las siete potencias que conforman el G-7, compartieron tres días de debates y reuniones de trabajo, destinados a abordar temáticas tan amplias como abstractas: la protección del clima y la biodiversidad, la defensa de la democracia o la eliminación de las desigualdades entre hombres y mujeres.
A golpe de actualidad, la agenda oficial pasó a un segundo plano. Valiéndose justamente de las últimas noticias, Emmanuel Macron puso sobre el tablero las principales crisis que se planean sobre la escena mundial: desde la crisis ucraniana, pasando por la guerra comercial entre Washington y Pekín, sin olvidar el devastador incendio que consume el Amazonas, ni tampoco la tensión entre Estados Unidos e Irán. En cada dossier, el presidente francés ha conseguido alzarse como mediador ineluctable.
Prueba de su firme decisión de erigirse como actor fundamental, Macron puso en marcha su estrategia diplomática en vísperas de esta cumbre. Primero recibió a Vladimir Putin en el fuerte de Brégançon, su residencia veraniega en la Costa Azul. Un verdadero ejercicio de pragmatismo destinado, en palabras de su entorno, a establecer un diálogo “franco y directo” con un socio “necesario”.
Después, se encontró con Boris Johnson, con el objetivo de dejar claro al primer ministro británico que no hay margen para nuevas negociaciones en el divorcio entre la Unión Europea y Reino Unido. Y, en la antesala de la inauguración del G-7, propuso incluir el incendio del Amazonas en la agenda, considerando la cuestión como una verdadera “crisis internacional”.

Macron se lleva todos los focos

Así, Emmanuel Macron consiguió atraer la atención mediática y llevarse todos los focos. Pero faltaba algo más, la guinda del pastel: la visita “sorpresa” del ministro de Asuntos Exteriores de Irán. Su aterrizaje en Biarritz dio un giro a la agenda de la cumbre, poniendo de relieve la exitosa estrategia de comunicación ideada por el mandatario francés.
Las discusiones del G-7 habrían creado “las condiciones de un encuentro y, por consiguiente, de un acuerdo” entre Donald Trump y Hassan Rohani, para poner fin a la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, se felicitó Emmanuel Macron durante la rueda de prensa que clausuró la cumbre este lunes 26 de agosto. Sin embargo, Mohammad Javaz Zarif, ministro de Asuntos Exteriores iraní, no fue recibido por el presidente estadounidense durante su visita a Biarritz. ¿Se trata entonces de una simple función teatral destinada a otorgar a Macron un quimérico triunfo sin repercusión real? “Nada está hecho, las cosas son eminentemente frágiles”, se apresuró a añadir Macron, prueba de la falta de garantías de las negociaciones concluidas en el marco de esta cumbre, liquidada con una simple rueda de prensa conjunta de Trump y Macron, sin comunicado común refrendado por los siete miembros del G-7.
Mientras el domingo 25 de agosto, la participación de Irán en la cumbre del G-7 se convirtió en el eje central de la jornada, este lunes, el rifirrafe entre Macron y Jair Bolsonaro se hizo con todo el protagonismo. “Como siento mucha amistad y respeto por el pueblo brasileño, espero rápidamente que tenga un presidente que esté a la altura”, lanzó el mandatario francés en respuesta a un desafortunado comentario del presidente brasileño en la red social Facebook, burlándose del físico de Brigitte Macron al compararla con la brasileña, Michelle Bolsonaro.
La diatriba entre ambos mandatarios comenzó el pasado viernes 23 de agosto, cuando Macron añadió el Amazonas a la lista de temas a tratar, criticando así la gestión de Bolsonaro. El mandatario brasileño no dudó en acusar a Macron de querer “instrumentalizar” una cuestión interna para “obtener réditos políticos personales”, al mismo tiempo que acusaba a los países que invierten en la preservación de la selva de “inferir en la soberanía de Brasil”.
El enfrentamiento entre Francia y Brasil es otro de los temas que erige a Macron en primera línea del panorama mundial, alzándose como un firme defensor del medioambiente y la biodiversidad. La estrategia de comunicación parece perfecta: Francia vs. Brasil, Macron vs. Bolsonaro, o lo que vendría a decir lo mismo: democracia liberal vs. populismo. Dando verdadero contenido a los propósitos evocados a lo largo de la cita internacional, el presidente galo anunció la propuesta del G-7 de desbloquear 20 millones de dólares para salvaguardar el Amazonas.
Por supuesto, esta propuesta fue rechazada sin tibiezas por el mandatario brasileño: “No podemos aceptar que un presidente, Macron, lance ataques irrazonables y gratuitos sobre el Amazonas, ni que no disimule sus intenciones detrás de la ‘alianza’ del G7 para ‘salvar’ al Amazonas, como si fuéramos una colonia o tierra de nadie”, zanjó en su cuenta de Twitter.
En cuanto a la guerra comercial entre Washington y Pekín, Macron apostó por la pura y simple diplomacia 'vis-à-vis' de su homólogo estadounidense. Horas antes de poner rumbo a tierras francesas, Trump anunció nuevos aranceles punitivos contra las importaciones chinas, alegando la necesidad de “reequilibrar una relación comercial tan injusta”. A pesar de que dicha decisión pone en peligro el equilibrio de la economía mundial, Macron optó por evitar cualquier encontronazo, rechazando presionar a su homólogo, conocido por sus rabietas cuando alguien osa inmiscuirse en sus asuntos. Así, al ser preguntado por la prensa sobre la cuestión, Trump aseguró que “[…] las reuniones son muy buenas, los líderes se llevan muy bien y nuestro país va, económicamente, estupendo”.
Ni la amenaza de Donald Trump de imponer nuevos aranceles sobre los vinos franceses, en respuesta a la intención de Francia de gravar a los grandes gigantes digitales GAFA [acrónimo que designa a Google, Amazon, Facebook y Apple] en función de su volumen de negocio, en lugar de sus beneficios, ensombreció el buen entendimiento entre ambos líderes.
En definitiva, Emmanuel Macron desplegó una verdadera estrategia de comunicación a base de pura y dura diplomacia y pragmatismo. Parece incuestionable que, al menos a lo largo de la cumbre del G-7 liderado este año por Francia, el presidente galo se ha impuesto como líder europeo, en detrimento de Angela Merkel, cuya presencia paso casi desapercibida.

Y en Francia, ¿qué opinan?

Pero, ¿es oro todo lo que reluce? En el panorama internacional, este G-7 reforzó la imagen del mandatario francés. A nivel nacional, Emmanuel Macron se enfrenta todavía al descontento social de sus conciudadanos.
Según el último sondeo publicado por 'Le Journal du Dimanche', publicado el 24 de agosto, la cuota de popularidad de Macron se situaría actualmente en el 34%. Una cifra que dista del 23% registrado en diciembre de 2018, en plena crisis protagonizada por los chalecos amarillos. Sin embargo, esta mejora no es sinónimo de un reinicio de curso fácil y sencillo.
Consciente de ello, el vocabulario de Macron es hoy más sutil y humilde que nunca: “concertación”, conciliación”, “diálogo”, “vigilancia”, son algunos de los términos incluidos en sus recientes discursos, todo para evitar azuzar una cólera social que continúa latente y que podría explotar de nuevo. Especialmente, a la vista de las medidas previstas en la agenda de su Gobierno: la reforma del sistema de pensiones y del seguro de desempleo, dos cuestiones muy sensibles.
Su estrategia de comunicación y su talento diplomático han sido demostrados en la cumbre del G-7 en la ciudad costera de Biarritz. Gracias a un dispositivo policial sin precedentes, las manifestaciones en contra de esta cita internacional no consiguieron ensombrecer el concienzudo ejercicio político de Macron. Fuera de las altas esferas, lejos de las salas de reuniones y de los almuerzos con sus acólitos internacionales, el presidente francés tendrá que demostrar su perspicacia para no verse sumido, de nuevo, en una crisis política y social en su propio territorio.

                                                       IRENE CASADO Vía EL CONFIDENCIAL

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