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martes, 19 de mayo de 2020

El significado del acuerdo francoalemán para el futuro de la Unión Europea

La historia de la cooperación franco-alemana durante el periodo de Emmanuel Macron al frente de la presidencia francesa es una de promesas vacías, imprecisiones y acuerdos

Foto: Angela Merkel. (Reuters) 

Angela Merkel. (Reuters)

La historia de la cooperación franco-alemana durante el periodo de Emmanuel Macron al frente de la presidencia francesa es una de promesas vacías, imprecisiones y acuerdos débiles. Aunque parecía claro que, por fin, Angela Merkel, canciller alemana, encontraba a alguien a su altura, lo cierto es que poco o nada cristalizaba.
París vive obsesionada con el eje franco-alemán. La prioridad es siempre la posición respecto a Alemania. Lo saben bien los países del sur, que tradicionalmente tienden a concentrarse alrededor de Francia, y en muchas ocasiones se ven sorprendidos por un acuerdo en el eje franco-alemán que les deja a los pies de los caballos. Lo sabe bien Pedro Sánchez, porque como mínimo le ha ocurrido en dos ocasiones.
La primera fue tras el acuerdo de Meseberg. Aunque no era del todo ambicioso, España veía ahí la oportunidad de construir un presupuesto para la Eurozona real. Nadia Calviño, vicepresidenta económica del Gobierno y a la sazón ministra de Economía, asumió como una batalla personal la lucha por dicho presupuesto. No estaba sola, porque estaba también Francia. Hasta que dejó de estarlo. Su homólogo francés Bruno Le Maire emergió de una larga madrugada de negociaciones en Luxemburgo junto al ministro alemán Olaf Scholz hablando de un acuerdo “histórico” que nadie más veía y que tenía profundas deficiencias.
La segunda fue durante la cumbre del pasado verano para escoger la cúpula institucional de la Unión Europea. Tras muchas horas de negociación, la delegación española se fue a dormir al hotel con el socialista Frans Timmermans como el nombre más sonado para ser el próximo presidente de la Comisión Europea. A la mañana siguiente Macron ya había decidido con Merkel coronar a la desconocida ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, como presidenta del Ejecutivo comunitario.

Quien más tenga, más paga

Este lunes, Macron obtuvo lo que parece una concesión concreta por parte de Alemania: un fondo de 500.000 millones de euros en forma de transferencias, financiado con la emisión de deuda por parte de la Comisión Europea, y reembolsado no siguiendo un criterio de “quien se beneficia paga”, sino de “el que más tiene más paga” teniendo la renta nacional bruta (RNB) como referencia, y haciendo uso en la medida de lo posible de nuevos recursos propios de la UE que podrían obtenerse con nuevos impuestos europeos.
El acuerdo probablemente no caiga bien en Países Bajos, Dinamarca o Austria, Estados miembros que ya no siguen siempre las consignas alemanas y tienden a defender, de manera autónoma, posturas más duras y ortodoxas que las que tiene Berlín, y este debate dependerá mucho de hasta qué punto el liderazgo alemán puede reconducir la postura de los nórdicos. Será ese el momento de la verdad para Merkel en el contexto de esta crisis, y de lo que dependerá gran parte de su legado a medida que se dirige a sus últimos meses como canciller.
Pero el acuerdo de este lunes, minusvalorado por el efecto que ha generado inflando de manera desproporcionada las expectativas, ha sido un paso importante. Representa una idea potente y que puede dar forma a una nueva manera de afrontar las cosas: la UE endeudándose de forma conjunta para hacer frente a un reto conjunto y comprometiéndose cada Estado miembro en la medida de su capacidad. Sería, de ser aprobado, una muestra clara de solidaridad, aunque el tamaño sea menor del que muchos expertos y analistas consideran necesario.
Hay que mirar con atención el párrafo referido a un “claro compromiso” por parte de los Estados miembros a seguir políticas económicas sólidas. Si es una vuelta a la austeridad será un enorme error, pero también lo sería que Francia, España y otros países no vieran la necesidad de realizar reformas durante los próximos años, muchas de ellas abandonadas durante el último tiempo de bonanza.
Aunque siendo poco concreto en otros campos, el acuerdo también deja algunas ideas de otros asuntos en los que parece haber un principio de acuerdo francoalemán. Uno de ellos es la imposición de un nivel de impuestos mínimo y la necesidad de una tasa para los gigantes digitales. En el campo de la transformación ecológica, Berlín y París mantienen su línea, incluso si esta encuentra la oposición de algunos Estados miembros del este.
El documento también aborda la “soberanía industrial”, una idea repetida en los últimos tiempos por parte de Francia, y señala hacia una primera lección europea en el campo de la sanidad, donde la UE no tiene competencias, haciendo un llamamiento a una mayor coordinación en los planes de acción y esfuerzos europeos en lo que ambos líderes califican como una “soberanía sanitaria estratégica”.
Las relaciones entre Francia y Alemania no pasaban por un buen momento y la relación Macron – Merkel se había desengrasado. Daba la sensación de que la relación franco-alemana había empeorado mucho, aunque lo cierto es que había vuelto a su punto habitual. Ahora, quizás, estemos ante un relanzamiento de esas relaciones.
Pueden ser los límites del mapa de prioridades de la UE en los próximos meses, porque todos ellos son urgentes, y en cierto modo forman parte del mismo escenario generado. La respuesta a la crisis climática era ya la prioridad de esta Comisión Europea, y la idea de una “autonomía estratégica” era central en el discurso de Alemania y Francia. La pandemia del coronavirus solo refuerza la urgencia y hace más nítida la lista de objetivos comunes.
Una de las principales críticas a la UE es la falta de una dirección concreta. El coronavirus puede haber puesto al club ante el espejo. No siempre eso es positivo, como se ha demostrado hasta el momento, con un 2020 que ha acumulado malas noticias para el bloque europeo, pero este acuerdo entre Francia y Alemania podría marcar un nuevo tono. Aunque los otros veinticinco socios no lo pondrán fácil.

                                                 NACHO ALARCÓN  Vía EL CONFIDENCIAL

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