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lunes, 24 de agosto de 2020

Las razones del caos: por qué España es el peor país de Europa en Covid-19

Vecinos de Móstoles esperan, el sábado, a ser sometidos a pruebas... 

Vecinos de Móstoles esperan, el sábado, a ser sometidos a pruebas PCR en el Centro de Especialidades de esa localidad madrileña.EFE


España suma 386.054 contagios desde que empezó la pandemia del Covid y hoy tiene una incidencia acumulada en los últimos 14 días de 152 infectados por cada 100.000 habitantes. El siguiente país europeo en casos es el Reino Unido, con 324.601, y en proporción es Malta, con 121. Tanto en términos absolutos como relativos, no hay un país en toda Europa que esté en peor situación que el nuestro.
¿Por qué?
Quien responda con una sola razón errará. Porque lo que explica qué está pasando aquí es un puñado de factores metidos en una batidora.
¿Cuáles?
EL MUNDO ha consultado a la ciencia para buscar una respuesta no reduccionista. Y la ha encontrado en expertos de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS); en la Estrategia Integral contra el Covid elaborada por una treintena de especialistas en Medicina, Virología, Inmunología, Microbiología y Economía; en el documento que reclama una auditoría externa e independiente de la gestión de esta crisis firmado en la revista científica The Lancet por 20 investigadores españoles y en el análisis del catedrático de Inmunología de la Universidad de Valladolid, Alfredo Corell.
Y así, en un profuso resumen, se puede sostener que la descoordinación entre el Gobierno y las comunidades autónomas, la falta de previsión y de una respuesta política rápida, la irregular obligatoriedad del uso de las mascarillas, el desigual tratamiento del ocio, el deficiente sistema de rastreo, los fallos en la comunicación masiva, la alta movilidad de la población, la poca disciplina social, las plantillas sanitarias diezmadas y la desatención de las autoridades al asesoramiento científico alimentan en España este inquietante y europeo liderazgo coronavírico.

MINISTERIO DESAPARECIDO

Desde el final del estado de alarma con el decreto que estableció la «nueva normalidad» y que las CCAA desarrollaron después a su aire, se retornó a una gobernanza de la salud pública tradicional o de «toda la vida» para una situación nada tradicional. Es la tesis del portavoz de SESPAS, el especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública Jonay Ojeda. «Eso explica que desde esa fecha tuviera lugar un insuficiente seguimiento por parte del Ministerio de Sanidad del cumplimiento de los criterios establecidos durante la desescalada y una activación a diferentes ritmos de la Estrategia de detección precoz, vigilancia y control que había entrado en vigor el 11 de mayo». En definitiva, una «falta de liderazgo activo».

CAÓTICAS CCAA

La implantación de medidas contra el Covid ha sido desigual y se ha producido a varias velocidades. «Escasa coordinación» entre Gobierno y CCAA y «tardía reacción y lenta toma de decisiones de las autoridades centrales y regionales», analiza la carta de los investigadores. «El acuerdo Illa-CCAA ha llegado tarde», sentencia Corell. «Es llamativo que después de que muchas CCAA ya hubieran aprobado partes del decreto, la primera declaración conjunta de medidas coordinadas de salud pública se produjera el 14 de agosto», apunta SESPAS.
Covid Europa agosto. Mapa

CONFUSIÓN CON LAS MASCARILLAS

Las mascarillas evitan infectarse e infectar a otros. Su uso era obligatorio por real decreto desde el 21 de mayo (ratificado el 9 de junio), pero la primera comunidad que lo implantó fue Cataluña el 9 de julio y la última Canarias, el 14 de agosto. Más de un mes de diferencia. En medio, un rosario: Extremadura (11 de julio), Baleares y Murcia (13 de julio), Aragón, Asturias y La Rioja (14 de julio), País Vasco (16 de julio) o Comunidad de Madrid (30 de julio).

EL PROBLEMA DEL OCIO

Toda vez que buena parte de los contagios de este verano se ha originado en ese universo, la clausura del ocio nocturno, las limitaciones para la hostelería y el tratamiento de las aglomeraciones lúdicas ha sido desigual. Había que combinar la lucha contra el virus sin asfixiar la economía, pero el método no ha sido unitario. Desde que Mallorca cerró tres calles de discotecas y bares el 16 de julio, las medidas han sido un maremágnum no ya autonómico, sino local y hasta vecinal. Cataluña clausuró bares de copas y discotecas el 24 de julio. Y ordenó el cierre de casinos y bingos a las 00.00 horas pero el TSJC se lo tumbó. El 10 de agosto Murcia prohibió el ocio nocturno a no ser que el local tuviera terraza y mantuviera a sus clientes sentados. Navarra cerró la hostelería a las 00.00 horas. Galicia a las 1.00 horas. País Vasco a las 1.30 horas. Cantabria a las 2.00 horas... El botellón ha ido siendo prohibido territorio a territorio. Y la decisión común de cerrar el ocio nocturno no se produjo hasta el 14 de agosto.

DEFICIENTE VIGILANCIA (I): LOS TEST PCR

Aun con su porcentaje de error, sirven para detectar positivos. O sea, epidemiológicamente hablando, son muy importantes. Las CCAA no disponen de un ratio mínimo poblacional de pruebas PCR, alerta SESPAS. Se debería practicar PCR a todos los grupos de riesgo con posibilidad de «escalarlas a toda la población si los contagios se descontrolan», establece la Estrategia Integral contra el Covid. Ni siquiera se ha exigido que las compañías aéreas pidan una PCR de las últimas 48 horas a los viajeros que entran en España, cuenta Corell. Hay una «baja capacidad para hacer pruebas PCR», sentencia la veintena de científicos.
Covid Europa agosto. Casos nuevos

DEFICIENTE VIGILANCIA (II): EL RASTREO

Alfredo Corell es muy gráfico aquí: «Fallo espectacular». Tanto él como sus compañeros de la Estrategia Integral han calculado el agujero de los rastreadores en España. Afirman que debería haber uno por cada 4.000 o como mucho 5.000 habitantes, es decir, unos 11.000. «Pero sólo hay 3.000 en toda España». Los científicos e investigadores que reclaman una auditoría libre rechazan pretensiones como la de Comunidad de Madrid, que quiso reclutar rastreadores voluntarios: es un acto sanitario, se deben contratar. El catedrático de Inmunología señala otra carencia poco conocida. «Apenas un par de capitales ha hecho un rastreo de aguas fecales, algo relevante porque el virus acumulado en las heces indica qué bloques, barrios o ciudades pueden ser un punto de contagio».

PLANTILLAS SANITARIAS MERMADAS

La pandemia está pasando factura a la «década de austeridad que agotó la fuerza laboral sanitaria y redujo las capacidades del sistema de salud», denuncia la carta del grupo de investigadores españoles, entre los que hay ex directores generales de Salud Pública con gobiernos del PSOE y del PP. O, en palabras de Corell, «poco personal, pocas camas, plantillas diezmadas, profesionales que fueron contratados durante el confinamiento y han sido despedidos, bajas que no se han cubierto y vacaciones que se han mantenido porque evidentemente se necesitan. Ha habido tal deseo de normalidad que se ha relajado todo. Hasta las contrataciones». Los firmantes en The Lancet amplían la crítica a la «escasez de equipos de protección personal y de cuidados críticos». Y eso también vale para el sistema sociosanitario. «Falta de preparación en residencias de ancianos, envejecimiento de la población y grupos vulnerables que experimentan desigualdades sociales».

SIN MINISTERIO DEL INTERIOR, NI POLICÍAS LOCALES

SESPAS subraya la ausencia de otros sectores de la Administración distintos a Sanidad en el control de la pandemia durante el verano. «Se echa en falta mayor implicación del Ministerio del Interior y de las autoridades locales en el aseguramiento de medidas de prevención como control de aforos, uso de mascarillas o 'botellones'». Incluso apunta la desaparición de Interior o Defensa en las ruedas de prensa diarias, una suerte de exclusiva sanitarización del problema.
Covid Europa agosto. PCR positivas

POCA DISCIPLINA SOCIAL

Aunque la mayoría de la gente intenta hacer lo que oye que hay que hacer, Corell identifica aquí la «poca cultura en salud pública» que presenta España. «No se enseña en las escuelas ni en la sociedad. Formación en prevención. Hay países más disciplinados; aquí hubo que confinarnos y cuando eso acabó, nos relajamos». Ello, unido a la idiosincrasia española, ha convertido al país en un mayúsculo territorio sociable. SESPAS: «No hemos sabido anticiparnos a las situaciones sociales que en verano y tras un largo confinamiento se iban a dar: reencuentros familiares, escapadas con grupos de amigos, celebraciones en los pueblos pese a que las fiestas estaban suspendidas, condiciones de vida de los temporeros, ocio nocturno y aglomeraciones de jóvenes». Para los expertos de la auditoría, hay «altos niveles de movilidad y migración de la población».

¿GENÉTICA VULNERABLE?

Desde la cátedra de Inmunología de Valladolid, Corell sugiere algo inédito. «Hay una razón intrínseca que podría explicar una pequeña parte de lo que pasa. No se ha hecho un estudio genético de la población española respecto a la transmisión, las proteínas que intervienen en la respuesta a determinados agentes infecciosos. Eso, por ejemplo, se ha hecho con el SIDA, pero no con el Covid. Y es posible que la población española sea más susceptible a este virus que otras».

SORDOS A LA CIENCIA

«Escasa alineación de las autoridades políticas con las recomendaciones científicas», sentencia el grupo de investigadores españoles en The Lancet. «Hubo más fluidez en el confinamiento que ahora», remata Corell.
Covid Europa agosto. Fallecidos

FALLO EN LA COMUNICACIÓN SOCIAL

Uno de los factores determinantes. «Faltan mensajes institucionales, sobre todo en las redes. No hay campañas de sensibilización. No hay un mensaje homogéneo y persistente. Y en una pandemia, la información es en sí misma una medida de contención», razona Corell. SESPAS resume esta carencia clave: «Probablemente se ha transmitido a la sociedad un mensaje erróneo de que el virus se había tomado vacaciones y de que la nueva normalidad era, al fin y al cabo, normalidad a secas. Hubiera sido mejor denominar esta etapa 'post estado de alarma', un periodo de convivencia comunitaria con el virus destacando que este periodo se prolongará previsiblemente meses e incluso años hasta que alcancemos la inmunidad poblacional o, en su defecto, tratamientos efectivos para los pacientes enfermos».

                                                           RAFAEL J. ÁLVAREZ   Vía EL MUNDO

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