Translate

viernes, 22 de enero de 2016

UN FINAL TRISTE PARA RAJOY

De manera lenta pero inexorable el PP va cayendo en la cuenta de lo inútiles que han resultado ser sus proclamas de haber ganado las elecciones, y hasta empiezan a pensar que ese empeño retórico, esa estratagema de mal perdedor que ignora las reglas del juego, va a acabar por propiciar la peor de las situaciones, un gobierno que, tratando de deshacer lo mucho que dice haber hecho el PP, lo muy poco que en realidad ha hecho, acabe por convertir España en una mezcla de Argentina y Grecia, sin ningún Macri a la vista.
Tratar de disculparse de esas manchas arguyendo que en todas partes cuecen habas, indica hasta qué punto Rajoy y sus compañeros de gobierno han desconocido la gravedad política del caso
Un balance lamentable
La historia, la manera en que se cuentan las cosas, tiene sus reglas, y una de ellas es que el final de un proceso contribuye más que nada a establecer el marco en el que se juzga el pasado. En el caso de Rajoy, el juicio estará presidido por dos realidades inmisericordes: el haber dilapidado una mayoría absoluta extraordinariamente fuerte, oportunidad de la que jamás había gozado la derecha, llegando lo más cerca posible de la destrucción de lo que había sido un gran partido, y el haber tratado de disimular de manera hipócrita y chapucera unos episodios de corrupción que han producido un clima de rechazo general hacia los dirigentes del PP. Tratar de disculparse de esas manchas arguyendo que en todas partes cuecen habas, indica hasta qué punto Rajoy y sus compañeros de gobierno han desconocido la gravedad política del caso, y de qué manera desprecian los fundamentos morales en los que debiera asentarse cualquier política grata a los ciudadanos conservadores y liberales que son el apoyo natural del PP.
Perder el último tren
Como si fuera poco todo eso, todo lo que ha llevado a la perdida de millones de votos y de decenas de escaños, a la liquidación de los gobiernos del PP en ayuntamientos y comunidades autónomas, Rajoy está a punto de perder la última oportunidad de dignificar su final político agarrándose a un imposible. Cualquier dirigente de un partido similar al PP en cualquier otro lugar del mundo habría dimitido de su cargo al conocer los resultados y practicar una aritmética elemental, pero llevado por esa locura que los dioses dispensan a los que quieren perder, Rajoy se pudo a bailar en el balcón de Génova como si hubiese obtenido un amplio refrendo popular a su gestión.
Ahora ya no baila, y todas las imágenes nos lo muestran abatido y dispuesto a lo que sea con tal de no morir a tan pocos metros de la orilla. Ha dicho que no tiene líneas rojas, una declaración poco afortunada, aunque adecuada a su trayectoria, sin darse cuenta de que lo que en realidad no tiene es la más ligera oportunidad de seguir al frente del Gobierno, ni al frente de un partido al que ha conducido a una derrota nada imprevisible, pero más dura de lo que nunca llegó a imaginar, y eso que no le faltaron las advertencias.
Su indolencia terminal le va a llevar a enfrentarse a una doble sesión de investidura, cuyo resultado negativo está cantado
Un trámite doloroso
Aunque nada impediría que Rajoy tratase de enmendar una trayectoria muy poco brillante con un gesto de grandeza, haciéndose, todo lo discretamente que pueda, a un lado, y abandonando la política con un buen discurso, puesto que eso sabe hacerlo, su indolencia terminal le va a llevar a enfrentarse a una doble sesión de investidura, cuyo resultado negativo está cantado, y que sólo servirá para poner de manifiesto lo peor de la política española, y hay donde escoger. Ni los ciudadanos, ni los votantes del PP, ni los dirigentes, ni Rajoy mismo, se merecen esa dosis final de amargo acíbar, ese frustrante espectáculo sin interés en el que, de manera casi inevitable, los garrotazos dejarán sin espacio a las razones.  Cuando sea recibido por el Rey será, seguramente, el último momento en el que Rajoy podrá escoger marcharse por su píe en lugar de abandonar la escena a empujones. Ha hecho una política que no gusta a muchos, pero ha sido la suya y puesto que no va a poder seguir haciéndola, bien haría en dejar en manos de su partido la toma de las decisiones oportunas, lo que sería la única manera de no llevarlo consigo a la pira funeraria, como si el PP fuese la viuda india de un maharajá anticuado.
La responsabilidad de los diputados
En España se confunde la indignidad del método de selección para estar en las listas, con la dignidad y la responsabilidad que tiene el puesto. Los diputados del PP no representan a Rajoy, aunque hayan sido elegidos por él, sino a todos los españoles y, en especial a los millones de votantes del partido. No pueden abstenerse de opinar en este momento, porque eso sería cegar la voz y las demandas de los ciudadanos que es esencial en democracia, de manera que, si de verdad creen que un gobierno de coalición es lo que España necesita, y se dan cuenta de que Rajoy no puede presidir ese gobierno, debieran apresurarse a buscar otras soluciones, suya es la primera responsabilidad en el caso.
Han de ayudar a Rajoy, sin duda, pero han de velar por la democracia, no sólo por un hombre
Rajoy parece estar ausente en todo este proceso previo a la elección de presidente del gobierno, pero el PP no puede renunciar a hacer valer los votos de siete millones de españoles. Han de ayudar a Rajoy, sin duda, pero han de velar por la democracia, no sólo por un hombre. Su responsabilidad al no tratar de buscar una salida a este infausto laberinto es enorme. Hay que esperar que, si Rajoy no se va inmediatamente antes, cuando se haga evidente que Rajoy no será investido, los
diputados comiencen a actuar, a hacer posible esa solución que dicen ser la menos mala: tienen que ganarse el sueldo porque para eso se les paga, para que elijan presidente, en nuestro nombre, pero ellos son los que eligen, y no pueden mirar para otra parte ante el riesgo de que el gobierno caiga en las manos en que no debiera caer.

                                                        J. L. GONZÁLEZ QUIRÓS  Vía VOZ POPULI

No hay comentarios:

Publicar un comentario