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jueves, 7 de julio de 2016

EL PAPA PIDE QUE EUROPA SEA UN CONTINENTE ABIERTO Y ACOGEDOR

Francisco afirma que es hora "de que nos pongamos juntos, para afrontar con verdadero espíritu europeo las problemáticas de nuestro tiempo: además de algunos muros visibles, se refuerzan también los invisibles.

“Si toda Europa quiere ser una familia de pueblos: que vuelva a poner en el centro a la persona humana, que sea un continente abierto y acogedor, que siga realizando formas de cooperación no sólo económica sino también social y cultural”, expresó el papa Francisco en el videomensaje, transmitido hoy, junto con el del patriarca Ecuménico Bartolomé, a los participantes en la cuarta edición de “Juntos por Europa”, que tuvo lugar en Munich (Alemania) del 30 de junio al 1 de julio y se clausuró esta mañana con una gran manifestación en la KarlPlatz.

“Juntos por Europa” es una iniciativa fruto de la colaboración de las comunidades y movimientos cristianos con un fuerte carácter ecuménico -actualmente más de 300- extendidos por todo el continente y pertenecientes a diferentes iglesias. Manteniendo su propia autonomía actúan como red en pro de objetivos compartidos aportando su carisma particular y respetando sus diferencias.

La iniciativa quiere satisfacer la necesidad de una “cultura de la reciprocidad” en la que los individuos y los pueblos pueden acogerse unos a otros, conocerse, reconciliarse y aprender a estimarse y ayudarse. “Juntos por Europa” organizó grandes manifestaciones en el continente: en 2004 y en 2007 en Sttugart y en 2012 en 152 ciudades europeas. Sus ámbitos de acción son la reconciliación y la paz, la protección de la vida y la creación de una economía justa, la solidaridad con los pobres y los marginados, la familia, el bien de las ciudades y la hermandad en el continente europeo.

“Sé que están reunidos en Munich de Baviera muchos movimientos y grupos, provenientes de varias iglesias y comunidades, para su congreso con el título: “Encuentro – Reconciliación – Futuro”. El mensaje recoge las siguientes afirmaciones del Pontífice:
Tienen razón. Es hora de que nos pongamos juntos, para afrontar con verdadero espíritu europeo las problemáticas de nuestro tiempo. Además de algunos muros visibles, se refuerzan también los invisibles, que tienden a dividir este continente. Muros que se alzan en los corazones de las personas. Muros hechos de miedo y de agresividad, de falta de comprensión hacia las personas de distintos orígenes o convicciones religiosas. Muros de egoísmo político y económico, sin respeto a la vida y a la dignidad de cada persona.
Europa se encuentra en un mundo complejo y fuertemente en movimiento, cada vez más globalizado y, por eso, cada vez menos eurocéntrico.
Si reconocemos estas problemáticas epocales, debemos tener el valor de decir: ¡necesitamos un cambio! Europa está llamada a reflexionar y a preguntarse si su inmenso patrimonio, impregnado de cristianismo, pertenece a un museo, o por el contrario, es capaz todavía de inspirar la cultura y de donar sus tesoros a toda la humanidad.
Están reunidos para afrontar juntos estos desafíos abiertos en Europa, y para mostrar testimonios de una sociedad civil que trabaja en red para la aceptación y la solidaridad hacia los más débiles y desafortunados, para construir puentes, para superar los conflictos declarados o latentes.
La historia de Europa es la historia de un continuo encuentro entre el Cielo y la tierra: el Cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que desde siempre ha caracterizado al hombre europeo; y la tierra representa su capacidad práctica y concreta de afrontar situaciones y problemas.
También ustedes, comunidades y movimientos cristianos nacidos en Europa, son portadores de múltiples carismas, dones de Dios para ponerlos a disposición. “Juntos por Europa” es una fuerza de cohesión, con el claro objetivo de traducir los valores, que son la base del cristianismo, en una respuesta concreta a los desafíos de un continente en crisis.
Su estilo de vida se basa en el amor recíproco, vivido con radicalidad evangélica. Una cultura de la reciprocidad significa: confrontarse, estimarse, acogerse, sostenerse mutuamente. Significa valorar la variedad de los carismas, para converger hacia la unidad y enriquecerla. La presencia de Cristo entre ustedes, transparente y tangible, es el testimonio que induce a creer.
Toda unidad auténtica vive de la riqueza de las diversidades que la componen —como una familia, que está tanto más unida cuanto más cada uno de sus componentes puede ser profundamente uno mismo sin temor. Si toda Europa quiere ser una familia de pueblos: que vuelva a poner en el centro a la persona humana, que sea un continente abierto y acogedor, que siga realizando formas de cooperación no sólo económica sino también social y cultural.

Dios siempre trae novedad. ¡Cuántas veces lo han experimentado ya en su vida! ¿Estamos también hoy abiertos a sus sorpresas? Ustedes, que respondieron con valentía a la llamada del Señor, están llamados a mostrar su novedad en la vida y así, hacer florecer los frutos del Evangelio, frutos germinados de las raíces cristianas, que desde hace 2000 años nutren a Europa. ¡Y producirán frutos aún más grandes! Mantengan la frescura de sus carismas; tengan vivo su “Juntos”, y ¡amplíenlo! Hagan que sus casas, comunidades y ciudades sean laboratorios de comunión, de amistad y de fraternidad, capaces de integrar, abiertos al mundo entero.

¿Juntos por Europa? Hoy es más necesario que nunca. En una Europa de muchas naciones, ustedes testimonian que somos hijos del único Padre y hermanos y hermanas entre nosotros. Son una semilla de esperanza preciosa, para que Europa redescubra su vocación de contribuir a la unidad de todos.



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