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sábado, 27 de julio de 2019

LA FARSA DEL IMPOSTOR

El mediocre vive de las discordias que atiza y de las insidias que vierte sobre sus adversarios

Juan Manuel de Prada 

Juan Manuel de Prada

  Ya hemos señalado antes que el doctor Sánchez es un impostor. Un hombre que, por conseguir un doctorado, es capaz de encomendar a un negro que le aliñe una ensalada de plagios, mientras él se encarga de aliñar el tribunal que bendiga el bodrio, ¿de qué no será capaz por conseguir una presidencia del Gobierno? Todos los pasos que han conducido al fiasco de la investidura fallida eran artimañas de un impostor que, a la vez que se burla de las masas cretinizadas, aspira a conquistar su voto, convirtiendo para ello las instituciones del Estado en un tabladillo de la farsa.

¿Dónde se ha visto una investidura en la que los dos partidos encargados de hacerla posible se profesan una desconfianza recíproca y acérrima? ¿Qué sentido tenía pretender el voto de un partido como Podemos que, según afirma el doctor Sánchez, quería instaurar en el seno del gabinete ministerial un comisariado o gobierno paralelo? ¿A qué ha estado jugando este falsario durante los últimos meses? Porque, como ha quedado patente, él nunca pretendió compartir gobierno con Podemos, sino tan sólo que Podemos le regalara sus votos gratis et amore, y así repetir la jugada de la moción de censura. Para lograr este objetivo, el doctor Sánchez nos ha dado durante meses una matraca estupenda, repitiendo como un lorito que un gobierno socialista era la «única alternativa» querida por la «voluntad popular»; lo cual, aparte de una sandez filosófica, es una distorsión cognitiva como una catedral. Pues la «única alternativa» (no sé si querida por la «voluntad popular», pero desde luego exigida por la aritmética) era un gobierno de coalición en el que el doctor Sánchez podía elegir socio. Pero, en lugar de elegirlo y ponerse a negociar con él, este impostor se dedicó a gallear, como si todos sus posibles socios a izquierdas y derechas estuviesen obligados a entregarle la investidura a cambio de nada, amenazados por la sombra de unas nuevas elecciones que, supuestamente, los perjudicarían a todos. Así hasta que, para completar la farsa, el doctor Sánchez fingió una falsa negociación con Podemos, en la que ha probado las artimañas más rocambolescas, todas ellas desmontadas por Iglesias. Y ahora el impostor pretende además que nos traguemos que el responsable del fiasco es Iglesias, que siempre dejó claro que no habría investidura sin gobierno de coalición. Por supuesto, no nos extrañaría que el doctor Sánchez logre imponer su «relato»; pues tiene a su servicio una legión de jenízaros mediáticos encargados desde hoy de desprestigiar y convertir en un ogro al líder de Podemos, a quien hasta hace poco ensalivaban el bálano.
A mí, desde luego, todos estos episodios grimosos de la partitocracia terminal me la sudarían, si no fuese porque este bloqueo institucional buscado y provocado por el doctor Sánchez tiene como fin último agitar las discordias entre españoles. Pues es siempre en un clima de discordia manejado con astucia e impunidad donde los mediocres hacen su agosto. Hace unos meses, el doctor Sánchez agitó el fantasma de la ultraderecha para acaparar votos; y en unas nuevas elecciones agitará el fantasma de un Podemos arriscado y extremista para seguir acaparándolos. El mediocre vive y prospera de las discordias que atiza y de las insidias que vierte sobre sus adversarios. Y este es, a la postre, el argumento de la farsa que utiliza las instituciones del Estado como tabladillo; una farsa que no concluirá hasta que el impostor consiga la presidencia del Gobierno, como antaño consiguió el doctorado. No hay enfermedad tan perniciosa para una nación como el ascenso de los mediocres, que encuentran siempre aliados en la masa amorfa, amasando resentimientos y discordias.

                                                                          JUAN MANUEL DE PRADA  Vía ABC

 

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