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jueves, 17 de noviembre de 2016

EUROPA ENSIMISMADA

Si Estados Unidos ya no es la tierra de las oportunidades, Europa dejó de ser aquello que era, lugar de libertad y dignidad.
Refugiados en el campo de Idomeni,Grecia. EFE

Europa ensimismada, mirándose al ombligo. “Lo que ha pasado en Estados Unidos aquí no puede pasar”, braman algunos. ¡Miopes! Claro que está pasando. Tanto en Estados Unidos como en Europa las democracias han sido secuestradas por la superclase, una mezcla de poder corporativo y clase político-funcionarial que todo lo abarca. El poder corporativo se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. El Estado se orienta cada vez más hacia el mercado. Ambos están interrelacionados, conchabados. Y faltaba la guinda, unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores del poder. No solo eso, todo aquello que amenace a ese poder debe ser aplastado, humillado. Me entienden, ¿verdad?
Los síntomas son comunes a ambos lados del Atlántico. El hartazgo de la gente. Las medias verdades, cuando no directamente mentiras
Los síntomas son comunes a ambos lados del Atlántico. El hartazgo de la gente. Las medias verdades, cuando no directamente mentiras. Grupos económicos que medran, al margen y contra la ciudadanía, tanto en
Washington, Bruselas como en cada una de las distintas capitales europeas. Grupúsculos que se apropian de las rentas de todos -rentas del suelo, burbujas,….-. Lobbies que se lanzan como aves de rapiña sobre servicios y derechos públicos, o se apropian de monopolios naturales -¿han visto la última factura de la luz?-. Políticos -conservadores, liberales y socialdemócratas- que de manera permanente acuerdan ventajas fiscales para los de arriba; miran a otro lado cuando se habla de paraísos fiscales; devalúan el salario; y, como colofón, bajo la tenue luz de una vela en algún lugar oscuro, apoyan tratados de libre comercio engañando a la ciudadanía –clausula ratchet, tribunales especiales,…-. Medios de comunicación donde, previo pago generoso de alguna institución, solo se oyen ciertas voces. Académicos que dan coartadas a políticas injustas e ineficientes -austeridad y devaluación salarial-. Todo por la pasta-. Los “Juegos del Hambre” en estado puro.

Un botón de muestra

La forma de actuar siempre es la misma. Veamos, como ejemplo, la defensa que las élites extractivas hacen del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversión, más conocido por su acrónimo en inglés TTIP. Envían a tertulias y demás manifestaciones de arte circense a políticos y economistas que repiten una y otra vez el mantra y las coletillas de siempre. ¿Quién se va a oponer a las ventajas y a la prosperidad que supone para España y Europa el TTIP y el libre comercio? Pamplinas. ¡Se trata de acuerdos súper secretos de los cuales no sabemos nada! Nos ocultan todo.
Pero no solo es que nos oculten lo que pactan. Además parten de mitos falsos sobre el libre comercio
Pero no solo es que nos oculten lo que pactan. Además parten de mitos falsos sobre el libre comercio. Los estudios del economista coreano Ha-Joon Chang, posiblemente el mayor experto mundial en Economía del Desarrollo, echan por tierra todos y cada uno de esos mitos. Chang es un economista crítico de las visiones neoliberales dominantes en décadas recientes. Responsabiliza a economistas y a hacedores de política económica de la última crisis financiera global. Sugiere que la forma como se ha entendido la economía recientemente -desregulación, privatización- ha ralentizado la economía mundial, aumentando la inequidad y hecho más propensas las crisis financieras. Y de eso va el TTIP, de desregulación y privatizaciones. Su invitación es a rechazar el consenso de Washington y reformar las reglas del comercio mundial para prevenir futuras crisis globales, regulando las finanzas nacionales e internacionales. Chang recomienda la promoción de soluciones heterodoxas como el uso extensivo de política industrial selectiva, combinación de proteccionismo con subvenciones a la exportación, regulaciones duras a la inversión extranjera directa, el uso activo de empresas de propiedad estatal y la protección laxa de patentes y derechos de propiedad intelectual, entre otras.
Estimados políticos, digan la verdad o al menos estudien algo en su vida. El TPPI socava garantías constitucionales y la soberanía nacional. Se pretende, en realidad, eliminar los impedimentos comerciales no tarifarios, es decir, que los estándares de producto, las obligaciones relativas a la protección del clima y todas las demás limitaciones comerciales, excepto los aranceles, den mayor facilidad a la compraventa de mercancías y servicios entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Se ansía eliminar todas las garantías que en Europa se han conseguido de protección del consumidor y del medio ambiente. Y para rematar, la cláusula trinquete (ratchet), un mecanismo por el que no se podrán revocar determinadas liberalizaciones de servicios ya firmadas o se recortarán ámbitos esenciales del derecho de autonomía de los municipios como la posibilidad de remunicipalizar los servicios públicos anteriormente privatizados. Tremendo, ¿verdad?
¿No les parece cínico hablar de derechos de los inmigrantes cuando aquí se realizan “expulsiones en caliente”?
Entonces, ¿quién se beneficia realmente del libre comercio? Sólo aquellas empresas multinacionales establecidas libremente a lo largo del planeta para buscar y escrutar los talleres de explotación más crueles y la mano de obra más barata. El libre comercio, tal como le entienden, es una carrera global que arrastra al factor trabajo al fango, a la cuasi-esclavitud.
Déjenme finalizar con ciertos tópicos sobre Europa. Si Estados Unidos ya no es la tierra de las oportunidades, Europa dejó de ser aquello que era, lugar de libertad y dignidad. ¿No les parece cínico que después de promocionar una guerra en Siria para tocar las narices a los rusos, se creen campos donde encerrar a los refugiados que huyen de esa guerra? ¿O no les parece cínico que esos mismos políticos se lleven las manos a la cabeza por ciertos muros cuando aquí se ha hecho lo mismo o peor? ¿O no les parece cínico hablar de derechos de los inmigrantes cuando aquí se realizan “expulsiones en caliente”? Lo dicho, Europa ensimismada.

                                                                               JUAN LABORDA  Vía VOZ PÓPULI

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