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viernes, 7 de junio de 2019

NORMANDÍA, PIEDRA ANGULAR DE LA LIBERTAD

El ejemplo histórico del Día D debe relanzar la alianza de Occidente y renovar el pacto de paz rubricado sobre las cenizas de 1945

El presidente galo, Emmanuel Macron (i), y su homólogo...

Emmanuel Macron y Donald Trump, durante la conmemoración del 75 aniversario del Día D en el cementerio de Normandía en Colleville-Sur-Mer, en Francia. THIBAULT VANDERMERSCH (EFE)


La evocación del desembarco de Normandía, cuyo 75 aniversario tuvo lugar ayer en un contexto marcado por las fricciones entre Washington y las potencias europeas, debería servir para relanzar la alianza de Occidente, reafirmar el compromiso con los valores humanistas y renovar el pacto de paz rubricado sobre las cenizas de 1945. Alrededor de 130.000 hombres perdieron la vida en playas como las de Omaha, Juno o Utah para derrotar a la Alemania nazi. El recuerdo del heroico comportamiento de quienes contribuyeron decisivamente a liberar el Viejo Continente forma parte de un imaginario colectivo sin el que sería imposible concebir la democracia de nuestros días. Sin embargo, el legado de Normandía plantea la necesidad de fortificar las libertades justo cuando el populismo y las corrientes eurófobas erosionan las relaciones transatlánticas y amenazan el proceso de integración comunitaria.

Esta inquietud, sazonada por el laberinto cada vez más intrincado del Brexit, marcó el acto institucional celebrado en territorio francés. Cientos de veteranos del Día D -quizá fue el último aniversario redondo para muchos de ellos- presenciaron el abrazo entre Trump y Macron, quienes aparcaron sus diferencias. La conmemoración, aunque con la ausencia de Putin, estuvo marcada por un ambiente de armonía institucional en homenaje a los caídos. "América es más grande cuando se bate por la libertad de otros", proclamó el presidente galo en compañía de Merkel. El día anterior, Isabel II ensalzó en el muro de Portsmouth "la valentía, el ingenio y la determinación" de los soldados que "defendieron la libertad de Europa". Ciertamente, la operación combinada de EEUU, Reino Unido, Canadá y Francia el 6 de junio de 1944 en las costas de Normandía está considerada la mayor de la historia militar. La operación Overlord no solo cambió el desenlace de la Segunda Guerra Mundial -junto al despliegue militar de la URSS-, sino que modificó el signo de la historia europea.

Casi ocho décadas después, Europa añora la América multilateral y comprometida, hecho que Macron verbalizó ante el líder del mundo libre invocando tanto a la UE como a la ONU, instituciones promovidas en gran medida por la Casa Blanca. El aislacionismo de Trump, unido a sus políticas proteccionistas, está tensionando sobremanera las relaciones con sus aliados. Europa, por tanto, debe concentrarse en taponar estas grietas, lo que exige no sólo mantener los lazos a todos los niveles con Washington, sino embridar el riesgo de una deriva antieuropea en el seno de las instituciones comunitarias. En esta coyuntura, el ejemplo de solidaridad de Normandía constituye un dique para frenar a quienes no muestran más aspiración que la de hollar las libertades que ampara Occidente.


                                                                                              EDITORIAL de EL MUNDO

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