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lunes, 12 de febrero de 2018

EL ORIGEN JUDÍO DE LAS MONARQUÍAS EUROPEAS



Los reyes de Israel en la fachada del templo del Patio de los Reyes en el monasterio de El Escorial



"...y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres."
(Juan, 8: 32)






INTRODUCIÓN

En este artículo, amable lector, se trata extensamente un tema tabú y polémico. A lo largo de los siglos, las fuentes documentales, especialmente aquellas genealogías en las que deberían aparecer mezclados los judíos y los cristianos, como ocurrió en la realidad, han sido manipuladas, destruidas o sustituidas, en nombre de la limpieza de sangre o de otros intereses particulares o doctrinarios. Se ha ido ocultando así la verdad histórica, sobre todo por los cronistas de los reyes y de los magnates que, en la Edad Media, eran frecuentemente clérigos inquisitoriales.

En consecuencia, durante mis investigaciones históricas me he encontrado en la necesidad de depurar, mediante el contraste continuo de diversas fuentes, los enlaces genealógicos que las fuentes más corrientes suelen ofrecer  y que, en algunos casos, por falta de rigor científico, se limitan a repetir únicamente informaciones seculares que, a veces, contienen errores y manipulaciones que no por repetidas dejan de ser falsas o, al menos, equívocas. En esas comprobaciones he tenido que enfrentar y contrastar las fuentes cristianas con las judías o de otra tendencia u orientación, siempre que ello ha sido posible -que lo ha sido con frecuencia- gracias a las últimas técnicas informáticas y de comunicación.

Por supuesto, he tenido que penetrar sin prejuicios ni temores ni aprensiones en el tema -tabú y polémico- de los enlaces matrimoniales y de las interrelaciones, al más alto nivel, entre cristianos y judíos que, gusten o no a los partidarios de la limpieza de sangre, están ahí, en la realidad histórica, por lo que no pueden ser ignorados u ocultados, como se ha hecho durante muchos siglos.

En 1996 yo estaba residiendo en Estados Unidos porque desempeñaba un puesto diplomático, como consejero de la embajada de España. Entonces, un día llegó a mis manos un libro de Historia cuya temática me pareció tan interesante como sorprendente, porque unos pocos años antes, cuando yo viví en París durante el periodo 1989-1994, también como consejero, pero de la embajada de España en Francia, había recogido muchísima documentación sobre los carolingios; pues quería llevar a cabo, cuando mis ocupaciones profesionales me lo permitiesen una biografía del emperador Carlomagno, una obra que por fin terminé y la publiqué, después de jubilarme, en el año 2013; y en la infinidad de documentación que examiné en Francia sobre los carolingios jamás había encontrado ninguna referencia a que en el siglo VIII hubiese un principado judío autónomo en el sur de Francia. Ese sugestivo libro que descubrí en América se titulaba A Jews Princedom in Feudal France y su autor era un profesor judío llamado Arthur J. Zuckerman, que lo había publicado en 1972, editado por la Columbian University Press.

Antes de leer el libro me informé de quien era su autor, por saber si era digno de confianza. Y averigüé que era profesor de Historia y director de la Hillel Foundation en el City College de Nueva York, así como profesor de Civilización Judía Medieval en el famoso Reconstructionist Rabbinical College. Además el profesor Zuckerman había sido premiado con el National Jewish Book Award de American Jewish History. Con tales credenciales positivas me adentré inmediatamente en la lectura de ese apasionante libro.

Tras leer la presentación del libro, obra del prestigioso profesor de la Columbian  University Salo W. Baron, quien decía que se trataba de "un libro audaz", me leí el prefacio del autor y me fui directamente al final del libro para saborear, despacio y minuciosamente, sus principales conclusiones, que son las siguientes:

"Esta obra describe el establecimiento de un Principado de los judíos de Francia en el año 768 cuya máxima autoridad ejercía el poder por derecho divino, porque era descendiente de la real Casa de David y por ello tenía legitimidad para existir autónomamente.

La preocupación de la dinastía de los Pipínidos era controlar a los condes rebeldes del Sur y mantener a raya a los sarracenos Omeyas hasta que pudieran echarlos de España, así como adquirir el derecho divino a gobernar como sucesores de los bíblicos reyes de Israel. Su ambición imperial condujo a los reyes Pepin y Carlomagno a aliarse con el califa Abbasida y con sus fieles súbditos habitantes en el Reino de los francos. A cambio de la promesa de Pepin de conceder feudos y patrimonio territorial a un príncipe judío, los judíos rindieron la sitiada Narbonne a los francos en 759. Pepin cumplió pronto lo prometido cuando Natronai-Makhir, un exilarca davídico, fue obligado a exiliarse en el "Oeste" por una insurrección política en Bagdad. Él se convirtió en el primer nasi (patriarca) sujeto a los Carolingios por invitación suya...

Pepin dio la bienvenida a Makhir admitiéndolo en la nobleza de los francos y le concedió el distinguido nombre de Theodoric. Los dirigentes carolingios entregaron a Makhir-Theodoric un dominio libre, que incluía anteriores propiedades eclesiásticas, localizado en Septimania y en territorio tolosano, y que abarcaba también parte de la dominada España. Por una encomienda Makhir-Theodoric se convirtió en vasallo  de los carolingios quienes, a su vez, asumieron ese señorío como ulterior evidencia de haber accedido a la legítima sucesión bíblica. Esta decisión de Pepin y sus hijos disgustó vigorosamente al papa Esteban III, pero tuvo que conformarse. Makhir recibió una princesa carolingia como esposa, aparentemente Alda, la hermana de Pepin, cuyo hijo fue Guillermo conde de Toulouse, en el que confluyeron unidas las dos poderosas estirpes dinásticas de David y de los Pipínidos...

...En el año 791 un privilegio de Carlomagno confirmó el status, dignidad y poder del principado judío en el sur de Francia y a ambos lados de los Pirineos. Las propiedades del nasi de Narbona, un verdadero señor de la ciudad y sus alrededores, y la residencia de los judíos en ese territorio se mantuvieron permanentemente hasta el siglo XI."([1])

Esas sorprendentes conclusiones me parecieron de lo más interesante, porque se referían a la creencia existente en el siglo VIII de la existencia de un bíblico derecho divino a gobernar -hoy no aceptable-, y a la unión familiar de los reyes carolingios con los descendientes del rey David de Israel, que dio lugar a una todopoderosa estirpe davídico-carolingia. Entonces, como yo sabía que de Carlomagno y sus hijos descienden las principales dinastías que han gobernando Europa, de las que todavía algunas perduran ejerciendo el poder, comprendí la enorme importancia histórica y política de las conclusiones de Arthur J. Zuckerman.
  



En ese libro documentadísimo de Zuckerman[2] este historiador afirma rotundamente que “...se puede llegar a la conclusión de que el Rey Pepín y sus hijos establecieron un dominio en el Sur de Francia como un Principado judío en el 768. Su líder o gobernante (nasi, patriarca) fue Natronai-Makhir, anterior Exilarca de los judíos en Bagdad y erudito príncipe de la real Casa de David...”. 

Para confirmar esta conclusión, Zuckerman reproduce una parte del contenido del Addendum a ShK[3] que literalmente dice así:

“ Entonces el Rey Carlos envió una petición al Rey de Babilonia (el Califa de Bagdad) para que le remitiese uno de sus judíos descendiente de la real Casa de David. Él la acogió y le envió uno de allí, un magnate y sabio, de nombre Rabbí Makhir. Y (Carlos) le estableció en la capital de Narbona y le instaló allí, donde le dio grandes posesiones cuando la capturó a los ismaelitas (árabes). Y él (Makhir) tomó como esposa a una mujer de entre los magnates ... y el Rey le hizo noble. Este Príncipe (Nasi) Makhir se convirtió en el caudillo (de Septimania). Él y sus descendientes emparentaron con el Rey y con todos sus descendientes...".

La existencia y el contenido del Addendum a ShK han sido corroborados por Aryeh Graboïs([4]), especialmente cuando se refiere a una crónica hebráica anónima redactada en Narbona hacia 1161, pues en la nota 5 de la página 50 de su artículo dice que "doy este título a un fragmento de crónica, que forma en los Manuscritos Adler, de Londres, un apéndice al "Sepher Ha-Kabbalah".

La principal responsabilidad de Makhir-Teodoric y de la Judería de Septimania era la de ser guardianes de la frontera con España y de la costa mediterránea contra los ataques de los sarracenos Omeyas. La protección y expansión de la frontera sur tenía una importancia suprema para el Imperio de los francos.





   Escudo de Makhir-Teodoric

La tesis de Zuckerman de que ese principado judío estaba sometido a Carlomagno, un rey cristiano, conllevaba el sometimiento de la casa real de David, que tenía el derecho divino a gobernar, a un monarca cristiano, lo que equivalía a aceptar que Jesucristo fue el Mesias descendiente de David que asumió ese derecho divino a gobernar, quien al morir traspasó tal derecho a su Iglesia. Para algunos judíos ortodoxos ello era inaceptable, pues no admiten que Jesucristo fuese el Mesías, y refutaron la tesis de Zuckerman, pero lo hicieron negando que hubiese existido ese principado judío de Septimania, a pesar de que se ha demostrado fehacientemente su existencia; y negaron también que Makhir fuese un exilarca davídico puro, por descender de madre judía (según criterio de Ezra). En esto último pueden tener razón, pues existe incertidumbre sobre quién fue el padre de Makhir, y consiguientemente sobre quien fue su madre.

  Entre esos opositores estan A. Graboïs, un profesor de la universidad de Jerusalén, ya fallecido, y N. Taylor, que se han basado en unos endebles argumentos que expusieron en sus siguientes artículos:

- Graboïs, Aryeh, "Une Principaute Juive dans la France du Midi a l'époque carolingienne?", Annales du Midi, 85: 191-202 (1973).

- Taylor, NL "San Guillermo, el rey David y Majir: un descenso medieval polémico", el genealogista americano, 72: 205-223".

Por mi parte yo, que soy cristiano, tampoco acepto que los exilarcas davídicos que vivieron en tiempos de Carlomagno tuvieran entonces todavía ese derecho divino a gobernar; pero no lo acepto porque Jesucristo, como jefe y heredero de la casa de David, asumió anteriormente ese derecho a gobernar para siempre, eternamente, porque es hijo de Dios; y ahora lo concede a quien quiere mediante la expresión democrática de la voluntad popular. Por lo tanto, yo rechazo categóricamente que Carlomagno y los reyes europeos descendientes suyos sean los sucesores de los bíblicos reyes davídicos de Israel y de Judea, a pesar de que así lo hayan expresado erróneamente en la fachada de la catedral de Notre Dame de París y en el Patio de los Reyes de El Escorial, unos reyes cristianos que, por esa supuesta sucesión, mostraron monumentalmente su legitimidad para gobernar por derecho divino, cuando este derecho a gobernar había sido ya asumido previamente y para siempre por el Dios-hombre Jesús de Nazaret, fundador del cristianismo.


Otra crítica a Zuckerman es la realizada por Michael Ruark, en su artículo The Jewish Dynasty of the Makhiri, publicado el 20 de junio de 2016 en su blog(  https://michaelruark.files.wordpresss.com/2016/06 ), quien reconoce que Zuckerman ha acertado en la cuestión de fondo expresada en sus conclusiones, por lo que sus investigaciones son fecundas y útiles, aunque haya errado en ciertos enlaces genealógicos, lo que ha obscurecido bastante la exposición de un tema clave en la Historia de Europa. 

           Según afirma Ruark, Zuckerman ha confundido a Teodoric con un hijo suyo del mismo nombre y su identificación de Natronai con Teodoric es también incorrecta...La confusion de Zuckerman sobre Machir Todros ben Judah Zakkai (Aimeri de Narbona) pudo originarse porque este príncipe davídico fue nombrado gobernante de los judíos del sur de Francia efectivamente cuando reinaba Carlos, pero refiriéndose al mayordomo de palacio Carlos Martel y no a su nieto el emperador Carlomagno, como entendió Zuckerman. También hay otra confusión, debido a que hubo dos asedios de Narbona, uno en 730 en tiempos de Carlos y otro en 750 cuando reinaba Pepin, por lo que Zuckerman ha confundido ambos asedios. Ruark dice que el padre de Machir Todros fue el exilarca Judah Zakkai (Eudes/Eudo), quien gobernó en 730-733.  Machir Todros se casó con Alda (Aude/Aldana, Adela), hija de Carlos Martel. Machir Todros fue conocido también como Teodoric o Theuderic, duque de Narbona y conde de Autun. Su hijo Guillermo (Nathan Kalonymus) es confundido con su sobrino del mismo nombre Guillermo de Gellone, que fue hijo de su hermano Theuderic (Nehemiah ha Makiri) y se convirtió al catolicismo haciéndose monje del monasterio de Gellone. Por ello, M. Ruark concluye afirmando que Zuckerman ha confundido la identificación de ambos Guillermos.

            Entre las genealogías de Zuckerman y las de M. Ruark hay profundas diferencias, pero en ambas se observa que la dinastía carolingia aparece enlazada frecuentemente con miembros de la casa de David, por lo que es indudable que se constituyó entonces una estirpe davídico-carolingia cuyos miembros acabaron integrando la realeza europea.

Por mi parte, ante esas diferencias entre las genealogías propuestas por Ruark sobre las de Zuckerman, he consultado la genealogía davídica que expone el gran genealogista americano David Hugues para ver si este excelente experto coincide más con uno que con otro autor. Con tal fin he examinado minuciosamente el contenido de su obra genealógica Davidic Dynasty en las webs:  

https://prioratulromanobss.files.wordpress.com/2012/10/davidicdynasty.pdf

http://hometown.aol.com/rdavidh218/davidicdynasty.html

En ellas David Hugues afirma que Makhir de Narbona, príncipe de Septimania, fundó una casa noble en Francia de la que proviene casi toda la realeza europea. Según David Hugues el nasi Makhir-Teodoric fue hijo del exilarca de Babilonia Zakkai-Yehuda, fallecido en el año 771. D. Hugues apenas coincide con Ruark y, en cambio, si que lo hace con Zuckerman al concluir que el linaje de Makhir, al unirse matrimonialmente con los carolingios, dio origen a una extensa familia davídica y carolingia que fue la célula germinal de las dinastías reales gobernantes de Europa.

Por lo tanto, me ha parecido más acertado que, a lo largo de este artículo, mantenga como fuente informativa el relato que hace Zuckerman en la exposición de los enlaces habidos entre los carolingios y los davídicos; sin que ello suponga una total descalificación a las genealogías que indica Ruark, pues podrían ser  parcialmente correctas.

En definitiva, creo que la mayoría de los historiadores sí que han aceptado la veracidad de las conclusiones de Arthur J. Zuckerman, entre las que sobresale su afirmación de que los pipínidos y los carolingios, al unirse matrimonialmente con miembros de la Casa de David crearon una dinastía davídico-carolingia que asumió la legitimidad para gobernar a las naciones que Dios había concedido a David y a sus descendientes. En cuanto a lo de que se convirtieron en sucesores de los bíblicos reyes de Israel es algo que actualmente es difícil de aceptar, pero que en la Edad Media fue aceptado generalmente, salvo las reticencias que sobre ello manifestaron algunos papas de la Iglesia católica. En efecto, en las principales catedrales de Francia, como la de Paris o la de Reims, se muestran destacadamente en sus fachadas las estatuas de los 28 reyes de Israel o de Judea, como antecesores de los cristianos reyes franceses. Por el mismo motivo, en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el patio de los Reyes, en la fachada que da entrada al templo, está coronado y presidido por seis colosales estatuas de los principales reyes israelitas, con David y Salomón en el centro.



Fachada de la catedral de Notre Dame de Paris, en la que se ven las estatuas de los 28 reyes de Israel o de Judea

Los sucesores del rey de los francos Pepín el Breve asumieron una plena potestad de gobierno por derecho divino y ya, concretamente, su hijo Carlomagno fue coronado emperador de los romanos como heredero en Occidente de los antiguos Césares, confirmando y haciendo duradera la alianza entre el trono y el altar que le comprometió a proteger a la Iglesia y al Papa de Roma.

Pero el derecho divino a gobernar ¿existía en la época de Carlomagno?, ¿existe actualmente?. Y sí, como parece, si los reyes de las grandes dinastías europeas son descendientes de Carlomagno entonces ¿las monarquías europeas tienen origen judío?, ¿también los Borbones de Francia y de España?. A todas estas cuestiones respondí ya en un libro que publiqué en el año 2000 titulado El origen judío de las monarquías europea, pero también voy a contestarlas ahora en este artículo, que actualiza y complementa el contenido de ese libro.




1) ¿DERECHO DIVINO A GOBERNAR?

Dijo Yehová a David a través del profeta Nathan:
“Tu casa será estable y verás permanecer eternamente tu reino,
y tu trono será firme para siempre”
(Libro II de los Reyes: capítulo VII, versículo 16)


Los judíos ortodoxos creen que la estirpe del rey David de Israel es la única a la que Dios le concedió el bíblico 'derecho divino a gobernar' al pueblo elegido, a Israel. Sin embargo, como el judío Jesús de Nazaret fundó una nueva religión llamada cristianismo que está abierta a toda la humanidad y no solo a los israelitas, entonces muchas personas creen que el nuevo pueblo elegido es la cristiandad, que actualmente es una concepción más espiritual que política, a diferencia de lo que se creía en la cristocéntrica Edad Medía; aunque otras personas más bien creen que ya no existe ningún 'pueblo elegido' e incluso hay ateos que niegan la existencia del propio Dios. Por ello, actualmente la mayoría de las personas dicen que ahora ha dejado de existir el obsoleto 'derecho divino a gobernar'. Por lo tanto ¿sigue teniendo vigencia ahora la idea clásica de que existe un linaje legitimado para gobernar, que es el del rey David?, dado que actualmente en los estados laicos contemporáneos solo se acepta que la legitimidad para gobernar proviene de la voluntad popular legalmente expresada.


Antes de contestar definitivamente a esa cuestión fundamental, hay que poner de manifiesto que a lo largo de la Historia sí se ha aceptado tal 'derecho' y que se han llevado a cabo sangrientas guerras para defenderlo y para reconocerlo para uno u otro 'pueblo elegido' o en tal o cual personaje histórico. Para hacerlo correctamente, es preciso que en nuestra narración nos situemos en el siglo VIII de nuestra era y con la mentalidad y los conceptos vigentes en la época de Carlomagno, pues es entonces cuando ocurren los acontecimientos que ha descrito Arthur J. Zuckerman y a los que nos hemos referido anteriormente, dado que en dicho siglo sí se aceptaba que el 'derecho divino a gobernar' pertenecía a los miembros de la estirpe del rey David.


A pesar de esta creencia general, el católico papa Esteban III mostró su profundo disgusto por la alianza de sangre entre los reyes de los francos y el davídico ex-exilarca Makhir, como ha subrayado Zuckerman en la exposición de las conclusiones de su citado libro. Ese desacuerdo papal se basaba en la creencia de que en el davídico Jesucristo, que también era Dios, y por tanto eterno, se cumplió plenamente la profecía de Nathan a David, y desde entonces 'el trono davídico' será firme para siempre, pero con el poder ejercido por la Iglesia católica. A pesar de ello, el pragmático Esteban III tuvo que conformarse con la, para él, repugnante alianza entre davídicos y carolingios, porque necesitaba mantener la 'alianza entre el trono y el altar' por la que el rey de los francos se comprometía a ser el único brazo armado de la Iglesia.

Con esa misma idea de que es a la Iglesia, o sea al papa, a quien únicamente corresponde el poder, el sumo pontífice Gregorio VII emitió en 1075 un Dictatus Papae en el que expone en 27 puntos la actitud de la Iglesia sobre el poder temporal supremo, que reivindica afirmando la infalibilidad de la Iglesia y que solo el papa tiene potestad para nombrar obispos, emperadores y reyes, quienes le deben sometimiento.

Estas pretensiones del Papado dieron lugar a la famosa querella de las investiduras que enfrentó a la Iglesia con el emperador y ciertos reyes, que duró hasta 1122, año en que se firmó el concordato de Worms siendo papa Calixto II, quien logró la confirmación del Concordato en el Concilio de Letran, que aceptó un acuerdo entre la Iglesia y el Imperio a través del cual el Papado se reservaba el poder de las consagraciones religiosas, mientras que al Sacro Imperio Romano Germánico correspondía la investidura temporal y los derechos de regalía, así como el derecho de asistencia a la elección de los cargos eclesiásticos.

Durante toda la Edad Media se mantuvo la vigencia del derecho divino a gobernar de los reyes europeos cristianos como sucesores de los bíblicos reyes de Israel y de Judea. En el siglo XVI, como ya he dicho anteriormente, el rey Felipe II ordenó a los constructores del monasterio de El Escorial que en su patio de los Reyes, a la entrada del templo, colocaran dos colosales estatuas del rey David, a la izquierda, y de Salomón, a la derecha -cuyos rasgos recuerdan, respectivamente, al emperador Carlos V y a un joven Felipe II-, a los que el Rey reconoce como antecesores suyos, y como un testimonio de que ese rey de España tenía legitimidad para gobernar por derecho divino, pues estaba predestinado por la gracia de Dios para liderar la cristiandad.

Sin embargo, en el siglo XVI con la implantación del protestantismo deja de haber un líder gobernante de la cristiandad, pero el deber de obediencia pasiva a los reyes 'vicarios' de Dios, predicado por Lutero y por Calvino, fortalece a la realeza y convierte a las monarquías en absolutas, aunque deben estar sometidas a las leyes de Dios, a las reglas del derecho natural y a las leyes fundamentales del Estado.

Pero en el siglo XVIII se registró un creciente laicismo que fomentó el espíritu reformista que dio lugar en Francia a la apertura de los Estados Generales que fueron el comienzo de la Revolución Francesa contra los privilegios de la nobleza y el clero propios de un inútil Antiguo Régimen. Esa Revolución fue burguesa y significó la aparición del tercer estado o clase media (organizada en Asamblea Nacional) y del capitalismo en la Historia, así como la destrucción del régimen señorial. Los jacobinos hicieron aprobar una constitución que limitaron los poderes reales. Finalmente en 1972 una Convención Nacional abolió la monarquía e instituyó la república. El 'poder divino para gobernar' dejó de tenerlo el rey y se impuso la voluntad popular. Más aún, el 21 de enero de 1793 el rey Luis XVI fue guillotinado y comenzó el reinado del Terror. Pero la Revolución terminó con el golpe de Estado de Napoleón del 18 de brumario (9 de noviembre de 1799).

Actualmente el poder se ejerce por delegación y mandato de la voluntad popular. En las pocas monarquías existentes los soberanos no suelen ejercer directamente el poder y la corona se limita a ser una institución unificadora o integradora en unos estados que suelen estar conformados por diversos territorios o comunidades.

Además el verdadero poder suele estar hoy desconcentrado o difuminado mucho más que con la tradicional división y separación de los tres poderes estatales. Pero de hecho tampoco poseen el poder, aunque aparentemente lo mantengan, los políticos profesionales, individualmente o no; porque en el fondo son meros agentes instrumentales de los poderes fácticos: sociedades, instituciones o colectivos que cuentan con líderes que sí que son verdaderamente poderosos.




2)  EL PRINCIPADO DE SEPTIMANIA Y LOS REYES JUDÍOS DE NARBONA

En la Introducción de este artículo se ha narrado ampliamente el cómo y el por qué de la creación del principado de Septimania para el nasi de los judíos Makhir-Teodoric, que era un dominio autónomo y de heredad libre.

La consolidación de la autonomía del principado se produjo en el año 791. Efectivamente, sobre ello Arthur J. Zuckerman dice([5]) que Alexandre Dumège informa de un documento que localizó en la abadía de Lagrasse, tal vez un resumen de un privilegium que relataba lo siguiente:

"En el año 791, una delegación de diez hombres liderados por Isaac pidieron a Carlomagno, en nombre de un rey judío, cuya sede estaba en Narbona, que hiciese permanente la institución de una monarquía judía allí. Carlomagno confirmó este reino como una institución estable a cambio de un pago anual de setenta marcos de plata y les concedió una parte de Narbona para ellos."

Según algunos historiadores el jefe judío de esa delegación, el denominado Isaac, era Guillermo de Toulouse, el propio hijo de Makhir-Teodoric, el primer rey judío de Narbona.

Por su parte, el anteriormente citado Apéndice al ShK, que relata una vieja historia del nasi judío de Narbona dice, como puede comprobarse en el mencionado libro de Zuckerman([6]), lo que se expone a continuación:

"Este príncipe (nasi) Makhir se convirtió en el jefe de allí (Narbona). Él y sus descendientes fueron parientes del Rey (Carlomagno) y de todos sus descendientes...El pueblo de Israel 'en todas las tierras' (de Francia y quizás del Imperio carolingio) reconocieron su autoridad y aceptaron su jurisdicción, que fue ejercida aparentemente a través de los miembros locales de la real casa de los judíos.
Además, él (Makhir) y su dinastía fueron líderes en su tiempo, gobernantes y jueces en todos los territorios, virtuales exilarcas, pastoreando a Israel con toda confianza y destreza."


Principado de Septimania

Makhir-Teodoric murió guerreando en Panonia el 6 de julio del año 793. Entonces su cargo y potestad de nasi recayó en su hijo Guillermo, nuevo príncipe de Septimania y rey judío de Narbona, en quien confluyeron las dos corrientes dinásticas, la davídica y la carolingia.

Durante los siglos octavo y noveno el principado de Septimania cumplió su objetivo de defender la frontera sur del reino frente a los ataques de los musulmanes Omeyas de España y, además continuó la reconquista de la Península Ibérica consolidando la Marca Hispánica. En el año 803, a las órdenes del rey de Aquitania, el duque Guillermo de Toulouse logró la rendición de Barcelona.

La pertenencia a la estirpe davídica de Guillermo se muestra en su escudo personal porque en él solo aparece el león rampante de la tribu de Judá, como se observa en la siguiente imagen. Efectivamente, hay que tener en cuenta lo que simboliza tal representación, pues como ha subrayado Aryeh Graboïs([7]), al referirse al último rey judío de Narbona, por la misma figura del león rampante: "...Momet-Tauros puede ser identificado fácilmente como Kalonymos IV gracias a su sello, que se conserva en el museo municipal de Narbona y que ha sido publicado por J. Carvallo, "Inscripcion hébraîque à Narbonne" en Univers Israélite, VIII, página 509. Este sello lleva en ambas caras el escudo del león rampante, símbolo de la tribu de Judá y de la casa del rey David".


Guillermo de Toulouse portando en su escudo el león de Judá y dando escolta al rey Luis de Aquitania, quien llegaría a ser el emperador Luis el Piadoso.

Guillermo de Toulouse no solo tenía grandes habilidades militares y diplomáticas, también poseía excepcionales cualidades intelectuales. Como nasi de los judíos formó una Academia, atrajo profesores y formó una biblioteca, todo ello integrado posteriormente en el monasterio que fundó en Gellone, cuando se convirtió al catolicismo y se hizo monje, abandonando el mundo, como devoto seguidor de Benito de Aniane.

Guillermo murió hacia el año 822, a la edad de 52 años. Algunos historiadores afirman que murió en 812. Fue enterrado en un sarcófago del siglo IV en Gellone, en el actual monasterio de Saint-Guilhem-le-Désert donde, además de los restos del santo, también se hallan los sarcófagos de sus hermanas Aldana (o Auda), esposa de Fredelon de Toulouse, y Berta (Bertana), esposa del rey de Italia Pepin I (Carloman), hijo de Carlomagno.

A Guillermo de Toulouse o de Gellone le sucedió como jefe de la rama judía de la familia davídico-carolingia su hijo Bernard de Septimania, que también fue el nasi o príncipe de los judíos en el reino de los francos.



3) CARLOMAGNO, EMPERADOR CRISTIANO Y SEÑOR DE LOS SANTOS LUGARES DE JERUSALÉN

En lo relativo a relaciones internacionales Carlomagno tuvo como modelo a su padre, el rey de los francos Pepin el Breve, que fue un verdadero jefe de Estado: político, reformador y diplomático, que supo llevar a cabo una alianza entre el trono y el altar que le convirtió en el segundo personaje más importante del Occidente cristiano, tras el Papa; por lo que mantuvo relaciones diplomáticas con el emperador de Oriente y, sobre todo, con el califa abasida de Bagdad, con quien no solo intercambió valiosos regalos con el jefe de los musulmanes sino que hizo con él una fuerte alianza para oponerse firmemente al emir de Córdoba que amenazaba las fronteras de su reino y era el único jefe musulmán superviviente de la estirpe de los omeyas a los que habían vencido y masacrado la abasidas. Tanto el emperador de Oriente como el califa de Bagdad querían ser aliados del rey de los francos, pues Pepin el Breve, ya aliado del Papa, podía desequilibrar o no el reparto del poder mundial  en función de que acabara aliándose con unos o con otros. Carlomagno fue asociado al gobierno del reino de los francos por su padre en los últimos años del reinado de Pepin, por lo que aprendió y continuó la política internacional que había adoptado su padre y que habían convertido ya al reino de los francos en la primera potencia política de Occidente. Finalmente los reyes de los francos Pepin y Carlomagno habían conseguido, con su alianza de sangre con la estirpe davídica de Makhir, transformar la vieja monarquía de los francos en una 'monarquía de derecho divino', aliada del califato abasida de Bagdad, a pesar de las reticencias del papa Esteban III.

Antes y después de su coronación imperial las relaciones internacionales de Carlomagno fueron muy intensas, tanto en Occidente como en Oriente, incluso con la mahometana Palestina porque los cristianos que habitaban en Jerusalén en condiciones difíciles y los peregrinos a los Santos Lugares buscaron la protección de Carlomagno como gobernador de la cristiandad y defensor de Tierra Santa, cuando los musulmanes de Jerusalén, a pesar de ser relativamente tolerantes, asaltaron iglesias o conventos matando a clérigos o a peregrinos.

Efectivamente, en el año 796 los árabes atacaron el convento de San Saba para saquearlo y asesinaron a dieciocho monjes. Cuando informaron a Carlomagno de esa atrocidad envió una embajada a Bagdad al califa Harum al-Raschid rogándole amistosamente que castigara a los culpables y que adoptara las medidas necesarias para que cesaran los atentados contra los cristianos. La embajada, que estaba encabezada por el judío Isaac, nombre judío de Guillermo de Toulouse, y por los condes Sigismond y Lantfrid, inició su viaje en 797. La embajada tenía como primer objetivo, como precisa Arthur J. Zuckerman([8]), que el califa le concediera a Carlomagno un reconocimiento de cierta soberanía sobre Jerusalén para apoyar su prevista coronación como emperador cristiano de Occidente.

Cuando los embajadores del emperador pasaron por Jerusalén visitaron al patriarca Jorge, para informarle de la misión que les llevaba a Bagdad y para darle de parte de Carlomagno muchos regalos y una cuantiosa ayuda para los hermanos cristianos de Palestina.

Harum-al-Raschid recibió gozosamente a los embajadores de Carlomagno y los colmó de regalos y de atenciones, prometiéndoles que el wali de Jerusalén no solo iba a castigar a los responsables de la matanza del convento de San Saba sino que impediría que en el futuro hubiese allí ataques o maltratos a los cristianos y a sus propiedades. Además les transmitió su deseo de establecer una alianza permanente con Carlomagno porque Bagdad estaba guerreando con el Omeya emir de Córdoba y con el Imperio bizantino, que eran rivales del Imperio cristiano de Occidente. Para complacer al emperador les hizo entrega de un hermoso elefante, al que llamaban Abul-Abbas en recuerdo del fundador de su dinastía abasida, rogándoles que lo aceptasen como regalo.

En el año 800 el patriarca de Jerusalén, debidamente autorizado por el lugarteniente en Palestina del califa de Bagdad, envió a Roma a su legado el patriarca Zacarías y a dos monjes para agradecer a Carlomagno su ayuda a los cristianos de Tierra Santa y sus gestiones ante el califa. Sus embajadores llegaron a la Santa Sede la víspera del día de su coronación imperial y le hicieron solemne entrega del estandarte de Jerusalén y de las llaves del Monte Sión, del Santo Sepulcro de nuestro Señor Jesucristo y las del Calvario, reconociéndolo como señor de los Santos Lugares de Jerusalén; lo que causó gran impresión en Roma y en todo el mundo cristiano que interpretó el hecho como una prueba de que los cristianos de Palestina, abandonados por Bizancio, quedaban ahora bajo la protección de Carlomagno.

El estandarte de Jerusalén y las llaves de sus Santos Lugares que el emisario del rey franco consiguió que le trajese a Roma el patriarca Zacarías, en vísperas de la coronación, representaba una cierta soberanía sobre la capital del reino de los judíos. Entonces, el rango del nasi de Occidente residente en Narbona podría estabilizarse, ya que su sujeción a Carlomagno no era a un rey, sino a un emperador o rey de reyes, pues su poder abarcaba también a Jerusalén, símbolo de la monarquía hebrea.

Esta conclusión de Zuckerman es de gran importancia histórica pues confirma que los reyes francos, desde Carlomagno en adelante, eran los legítimos sucesores de los bíblicos reyes de Israel y de Judea, una creencia errónea que yo no comparto.

En la fiesta de la Navidad de 800, primer día del año, se celebró en el Vaticano la ceremonia de la coronación imperial de Carlomagno. La basílica de San Pedro resplandecía con la claridad procedente de las innumerables luminarias colocadas sobre sus numerosos altares, que hacían relucir los objetos de oro y de plata. En el majestuoso templo, que estaba dividido en cinco naves por enormes y elegantes columnas, una inmensa multitud, encabezada por los integrantes de la magna Asamblea que decidió que Carlomagno accediese a la dignidad imperial, se reunió para asistir a la Santa Misa que iba a oficiar León III.

El rey de los francos hizo su entrada solemne en la iglesia revestido a la romana con una amplia túnica y la clámide, acompañado de su hijo mayor Carlos, dirigiéndose a la Confesión de San Pedro para, de rodillas, orar ante el Apóstol. Al incorporarse se dio cuenta de que, inesperadamente, el papa colocaba sobre su cabeza una corona de oro sacada del tesoro de San Pedro. Entonces los fieles romanos exclamaron unánimemente, inspirados por Dios y por el bienaventurado Pedro: “A Carlos, muy piadoso Augusto, coronado por Dios grande y pacífico emperador, vida y victoria”. Esta aclamación fue repetida tres veces ante la Confesión de San Pedro y, después, se invocó a numerosos santos. Carlomagno fue constituido emperador de los romanos.



La coronación del emperador Carlomagno

La ceremonia continuó con la genuflexión del papa ante Carlomagno, copiada del rito imperial bizantino, pues los cortesanos francos habían recordado a León III la necesidad de que hiciera ese gesto, porque su reverencia ante el emperador visualizaba la humillación del papa, que estaba sometido a la soberanía política imperial, salvo en lo relativo a la doctrina de la fe y al culto divino.

Enseguida todos cantaron ¡Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat! y, a continuación, se hicieron invocaciones por el papa, por el emperador y por sus colaboradores. Cristo victorioso era el protector del pueblo franco y de sus invictos ejércitos. Los Laudes subrayaron la alianza entre el trono y el altar.

La ceremonia terminó después de que León III consagrara como rey al príncipe Carlos, el principal heredero de Carlomagno. Posteriormente el papa ofició majestuosamente la misa de Navidad.

Como era la primera vez que un papa coronaba a un emperador el desarrollo de la ceremonia se realizó a su conveniencia por la corte pontificia, sin la intervención ni conocimiento de Carlomagno. Si León III o algún ministro suyo le hubiese consultado él le hubiera dicho que tanto en el rito bizantino como en los coronamientos reales la aclamación popular precede a la imposición de la corona.

En realidad el emperador estaba convencido de que el papa había invertido maliciosamente las fases de la ceremonia para que fuese él, y no el pueblo, quien lo constituyó emperador, lo que era injusto y reprobable porque el papa no era superior al emperador, ni tampoco éste era lugarteniente del sumo pontífice.

La Santa Sede abusó de la confianza de Carlomagno, pues León III fue marrullero con él. Carlomagno iba a resarcirse después ejerciendo plenamente su autoridad imperial en la cristiandad y, concretamente, en Roma donde iba a quedarse unos meses gobernando la ciudad, aunque respetando las competencias del Papado. Al fin y al cabo ellos lo habían elegido emperador romano, aunque él se consideraba emperador del Occidente cristiano.

En el mes de mayo terminó su estancia en la Ciudad Eterna y emprendió su viaje de regreso a Aquisgrán que, por encontrarse en el corazón del viejo país de los francos, iba a ser la capital de su Imperio.

La coronación imperial de Carlomagno fue acogida jubilosamente en todo Occidente, sobre todo en el reino de los francos. Su maestro Alcuin estaba exultante porque el asunto había terminado saliendo como él quería y felicitó efusivamente a su querido Carlos, porque la clemencia divina le había ido elevando de una a otra jerarquía “hasta llegar a la cima del poder secular en la Tierra”.

En el año 801 unos embajadores del califa musulmán de Bagdad, un persa y un africano, desembarcaron en Pisa para ir al encuentro del emperador porque todavía estaba en Italia. Cuando Carlomagno se encontraba cerca del valle de Aosta llegaron a su presencia informándole de que Harum al-Raschid accedía gustosamente a todas sus peticiones porque deseaba establecer una alianza permanente con el imperio de Occidente, lo que también le confirmó su embajador Isaac cuando regresó a Aquisgrán. Sus otros dos legados, Sigismond y Lantfrid, habían fallecido durante el viaje.

Isaac había desembarcado en Marsella trayendo el elefante, por lo que su cortejo era seguido con una expectación inusitada, ya que nadie había visto en Europa anteriormente un animal tan grande como ese elefante. Carlomagno se alegró mucho de todo lo que le relató Isaac sobre su largo viaje y la maravillosa acogida que el califa de Bagdad dio a su embajada. En cuanto al enorme animal que le trajeron de Asia el emperador acabo encariñándose con él, por su mansedumbre pero sobre todo por su fuerza descomunal que usaba positivamente, sin destrozar nada. El elefante quedó instalado cómodamente en las caballerizas de su palacio de Aquisgrán donde era admirado por todos. Murió unos años más tarde, en 810.

Dada la favorable y amistosa actitud del califa hacia Carlomagno y hacia su Imperio, el emperador le envió a Bagdad otra embajada, para que sus legados le dieran personalmente la carta de aceptación de la alianza que le había propuesto. También le agradeció en ella, además de sus regalos, su amable conformidad a que Carlomagno tuviera en Jerusalén la propiedad del Santo Sepulcro de Cristo y el lugar del monte Calvario. Finalmente le informaba en su epístola de que en los alrededores del Sepulcro de Jesucristo iba a construir un hospicio y un convento, ambos regidos por monjes francos.

Desde entonces las relaciones diplomáticas entre el Imperio de Occidente y el califato de Bagdad se fueron reafirmando más cada vez. En 807 una nueva embajada de Harum al-Raschid, encabezada por Abdallah, a la que acompañaban representantes del patriarca de Jerusalén, llegó al palacio de Aquisgrán ofreciéndole a Carlomagno muchos y valiosos presentes, entre los que destacaba el reloj más maravilloso que se había visto nunca: se trataba de un mecanismo accionado con agua que marcaba las doce horas, pero en el momento justo en que se cumplían las diversas horas unas pequeñas bolas de bronce caían sobre un timbre colocado debajo y lo hacían sonar festivamente. Además el reloj tenía doce pequeños caballeros que, al completarse las doce horas, salían por doce ventanas que se iban cerrando tras ellos, pero acababan desapareciendo por otras doce ventanas que frente a ellos se habían ido abriendo.




4) LOS REYES EUROPEOS TIENEN SANGRE JUDÍA

             Arthur J. Zuckerman afirma en su libro que Makhir-Teodoric era la misma persona que el denominado Natronai ben Habibai, un exilarca depuesto y exiliado por un enfrentamiento entre dos ramas de la familia de Bostanai a finales del siglo VIII. Exactamente, lo que dice Zuckerman es que ([9]):

"...En aquellos años de discusiones sobre la sucesión al exilarcato (763-766) dos aspirantes reclamaron la dignidad de exilarca y consiguieron acceder al puesto simultáneamente, pero por poco tiempo. El primero fue Natronai b. Habibai (Hakhinai) -también discípulo del gaon Yehudai, quien era un vástago del linaje puro judío descendiente de Bustanai; el otro era Zakkai b. Ahunai de la rama persa, conocido también como Baboi además de su nombre hebreo Judah. Sin embargo, por iniciativa del gaon Malka (que estaba muy relacionado con los círculos cortesanos), Natronai fue pronto depuesto por las dos academias que estaban concertadas con Judah (Baboi) Zakkai. Entonces, al cesar como exilarca, Natronai emigró a Occidente. El documento principal que describe el final de estos acontecimientos fue la famosa Epístola del gaon Sherira...que termina así: Malka murió y el exilarca Natronai se marchó a Occidente...El exilio de Natronai a Occidente pudo haber sido incluso por orden del gobierno abbasida."

En la Introducción de este artículo se ha subrayado la conclusión de Zuckerman de que "...los carolingios, al unirse matrimonialmente con miembros de la Casa de David crearon una dinastía davídico-carolingia que asumió la legitimidad para gobernar a las naciones que Dios había concedido a David y a sus descendientes."

Efectivamente, las estirpes davídica y carolingia confluyeron en muchos enlaces matrimoniales, además de hacerlo inicialmente en el ya mencionado de Makhir-Teodoric con Auda Martel. Los otros principales enlaces fueron los siguientes:

1. Guillermo de Toulouse (San Guillermo de Gellone) con Cunegunda de Austrasia, hija de Carloman, el hijo menor de Pepin el Breve.
2. Berta (Bertana) de David-Toulouse, hija de Makhir-Teodoric, con Pepin I (Carloman), rey de Italia, hijo de Carlomagno.
3. La hija de Makhir-Teodoric Auba (Aldana) David, con el pipínido Nivelon "el Historiador", conde de Borgoña, primo hermano de Pepin el Breve.
4. El hijo de Guillermo de Toulouse, Bernard de Septimania, con Dhuoda, hija de Carlomagno.
5. La nieta de Makhir-Teodoric, Cunegunda de Gellone con el rey Bernard de Italia, nieto de Carlomagno.
6. Boson David, rey de Provenza, con Ermengarde, hija del emperador Luis II.
7. La davídica condesa de Vermandois con Pepin, señor de San Quintín, hijo del rey Bernard de Italia,
8. Richilda de Autun, nieta de Teodoric David, conde de Autun, el hijo mayor de Guillermo de Toulouse, con Carlos II el Calvo, rey de Francia.
9. La davídico-carolingia Beatriz de Vermandois con el biznieto de Guillermo de Toulouse, el robertino rey de los francos Roberto I, abuelo del monarca francés Hugo Capeto.

Además de estos enlaces matrimoniales también se celebraron algunos más entre los davídicos y los carolingios de Italia.

Los carolingios, al unirse por esos enlaces matrimoniales con los davídicos de la familia real de Makhir-Teodoric fundaron una estirpe davídico-carolingia que, de acuerdo con las creencias medievales, asumió la legitimidad para gobernar que Dios había concedido a David y a sus sucesores. A esa estirpe davídico-carolingia pertenecen las grandes dinastías reales que han gobernando Europa Occidental y que perduran todavía en alguno de los estados europeos. Todos los emperadores o los reyes europeos que han liderado la cristiandad entre los siglos VIII a XVI fueron davídicos-carolingios

La realeza de Europa pertenece a diferentes dinastía, pero todos ellos descienden de esa familia davídico-carolingia y están relacionados por un parentesco más o menos próximo. Aunque algunos de esos reyes no dejasen descendencia directa, otra rama colateral de la misma iniciaba una nueva dinastía. Partiendo de la alianza que hicieron los carolingios con los descendientes del rey David de Israel, me ha sido posible llevar a cabo un profundo y revelador análisis de los enlaces de los davídicos descendientes de Makhir-Teodoric, o sea de los David-Autun-Toulouse, con los reyes que hicieron Europa, siguiendo minuciosamente la evolución genealógica que han tenido las diversas ramas de la familia davídico-carolingia, cuyos resultados reflejé en mi libro El origen judío de las monarquías europeas, publicado en el año 2000. En él se demuestra que la familia davídico-carolingia fue “la célula germinal de la realeza europea”.




Según dice mi editor en la contraportada del libro, este es "una obra fascinante que aporta una nueva luz a la lectura de la Historia europea y que, lógicamente, cuestiona planteamientos tales como el sionismo, el antisemitismo o 'la limpieza de sangre'."

Las ramas del linaje real davídico-carolingio son las constituidas por los enlaces de los carolingios con los David-Autun-Toulouse, que se ponen de manifiesto en un cuadro genealógico que se incluye al final de mi citado libro, en forma esquemática, y que se reproduce aquí seguidamente:




En ese cuadro genealógico se observan seis ramas principales de la familia davídico-carolingia, siendo la más davídica la correspondiente a los nasis de Francia, concretamente la de Guillermo de David-Toulouse y de su hijo Bernard de Septimania, príncipe que también fue marqués de la Marca Hispánica. Esta rama directa se acaba en al año 872 con la muerte en emboscada de Bernard II, hijo de Bernard de Septimania. Sin embargo dos subramas suyas fueron duraderas. La primera comienza con Teodoric, conde de Autun, hijo primogénito de Guillermo de Toulouse, la prolongó por su vástago Buvin, conde en Italia, padre de tres hijos: 1) Richilda de Autun, que se casó con el rey de Francia Carlos el Calvo, teniendo como descendientes a los sucesivos reyes franceses carolingios; 2) el poderoso Boson David, rey de Provenza, que tomó por esposa a Ermengarde, hija del emperador Luis II, cuyos descendientes enlazaron con los capetos y con la rama imperial de los otones; y 3) Richard el Justiciero. marqués de Borgoña, del que procede, siempre por vía masculina, la subrama de los Borgoña-Troyes-Vienne que acaba en los davídicos condes y duques de Savoy (los antepasados de los actuales Saboyas). La segunda subrama se inicia con Aton d'Albi, hijo de Bernard de Septimania y de su segunda mujer, la judía N. d'Albi, hija de Ermengaud, conde de Albi. El hijo de Aton d'Albi fue Bernard I Trencavel, fundador de la dinastía de los Trencavel, que se extinguió tras las cruzadas contra los cátaros, aunque continuó colateralmente por los católicos condes de Foix al casarse Cécile Trencavel con Roger Bernard I el Gordo, conde de Foix.

La segunda rama corresponde a un hijo de Makhir-Teodoric llamado Teodoric II (Thierry), cuyo nombre hebreo fue Chorso, que fue conde de Autun y de Toulouse. Sin embargo, esta rama perdió entidad porque Teodoric II no tuvo descendencia masculina, y de su hija Dunne de Autun se originaron dos subramas: 1) los Autun-Chaunois-Borgoña-Macon, que acabó enlazando con el carolingio Adalbert I, rey de Italia y marqués de Ivrea; y 2) otra de los Troyes, por el matrimonio de Adela, condesa de Troyes, con Robert de Vermandois, cuya hija Adelaida de Vermandois casó con Geoffroy I, conde de Anjou, y fundaron el linaje de los plantagenets, que llegaron a ser reyes de Inglaterra posteriormente.

La tercera rama descendiente de Makhir-Teodoric es predominantemente cristiana y tuvo una gran importancia. Comenzó con el enlace de la hija de Makhir, Berta de Toulouse con el hijo de Carlomagno Pepin I (Carloman), rey de Italia, que tuvo tres subramas: 1) la que siguió por el rey de Italia Bernard y, al ser ejecutado este, por su vástagos los condes de Vermandois y de Valois hasta enlazar, por los primeros, con Roberto I, rey de los francos y abuelo del rey Hugo Capeto; y por los condes de Valois con Rollon (Robert), duque de Normandía que, con su esposa Poppa de Valois, originaron el linaje de Guillermo el Conquistador y sucesivos reyes de Inglaterra; 2) la otra rama que comienza en Adelaida, hija del rey Pepin I de Italia, casada con Lambert d'Ivrea, duque de Spoleto, que continuó por algunos reyes carolingios de Italia: Berenguer I, Berenguer II, Adalbert I,...; y 3) la correspondiente a enlaces entre los Robertino-Capetos y la rama imperial sajona.  Comienza con Robert I rey de los francos, casado con Beatriz de Vermandois, padres de Hugo el Grande, duque de los francos, que enlazó matrimonialmente con Hedwige de Sajonia, hija de Enrique I el Pajarero, emperador y rey sajón de Alemania, cuyo hijo el emperador Otto I casó con Adelaida de Borgoña, descendiente del ilustre linaje davídico-carolingio de Boson, rey de Provenza y de los rodolfos, reyes de Borgoña. Además, Hugo Capeto casó con Adelaida de Aquitania hija de Guillermo III, duque de Aquitania, descendiente del emperador Luis el Piadoso y de los condes de Valois.

La cuarta rama se origina cuando Redburh, hija de Makhir, se casó con Edbert, rey de Wessex, educado en la corte de Carlomagno, cuyo nieto Alfred el Grande sería el primer rey de Inglaterra. Algunas de las princesas de Wessex-Inglaterra enlazaron matrimonialmente con el emperador sajón Otto I, con el rey carolingio de Francia Carlos III el Simple y con el duque de Aquitania Ebles Mancer.

Los David-Toulouse constituyen la quinta rama descendiente de Makhir-Teodoric por su hija Auba (Aldana) que se casó con Fredelon, y de ambos nació Senegonda, esposa de Fulcoad de Rouergue, padres de Raymond I, conde Toulouse y de Rouergue, que inició la fecunda subdinastía de los condes de Toulouse, en el sur de Francia, que acabaron enlazando matrimonialmente con los reyes de Navarra, de los que proceden algunos linajes gobernantes de los reinos hispánicos que emergen de la Reconquista.

La sexta rama, de miembros generalmente cristianos, es la más importante porque se inicia con el sucesor de Carlomagno su hijo el emperador Luis el Piadoso y continúa con los dos linajes reales principales: el imperial germánico, con el emperador Lotario; y el de los reyes carolingios de Francia que se inicia con Carlos el Calvo, casado con la davídica Richilda de Autun.

Como resumen de lo expuesto en este apartado puede concluirse que la davídica estirpe de los David-Autun-Toulouse se unió con los carolingios y sus descendientes, los davídicos-carolingios, se extendieron por toda Europa integrando, como mínimo, los siguientes linajes, dinastías reales o títulos:

- los emperadores y reyes carolingios, incluso los de la Italia medieval.
- los reyes Capetos y Valois de Francia y sus descendientes Borgoñas, Braganzas, Austrias y Borbones.
- los nasis (príncipes judíos) de Francia o de Occidente hasta el siglo X quienes, por vía femenina, enlazaron con los reyes de Pamplona o de Navarra, y con los de los otros reinos hispánicos.
- los condes y duques de Savoy que darán a Italia varios reyes saboyas.
- la dinastía sajona de los otones, emperadores romano-germánicos.
- la dinastía sajona y wessex , así como la normanda de los reyes de Inglaterra.
- la dinastía Anjou-Plantagenet de los reyes de Inglaterra.
- la dinastía Habsburgo, al menos tras su unión matrimonial con la duquesa de Borgoña.
- los condes de Vermandois y de Valois, antecesores de los capetos y de los borbones franceses.
- los duques de Ivrea-Spoleto que, al enlazar con los duques de Baviera y continuar por los Suabia-Hohenstaufen acaban enlazando con algunos emperadores romano-germánicos.
- los davídicos condes de Toulouse que enlazaron con los condes de Barcelona y con los primeros reyes de Navarra y, por ello, con las casas reales de los emergentes reinos hispánicos reconquistados a los musulmanes que ocuparon la península ibérica.

La conclusión resultante de lo expuesto en este apartado es que la realeza davídico-carolingia ha liderado y gobernado Europa. Cuando los carolingios directos se extinguieron, sus descendientes continuaron como reyes de los principales países de Europa Occidental ya que las casas reales de esas naciones pertenecían también a la familia davídico-carolingia. Todavía hoy, algunos descendientes de esa singular realeza son los soberanos de  algún Estado europeo, con lo que se pone de manifiesto el carácter perdurable de esa Dinastía. El rey de España Felipe VI es el teórico rey de Jerusalén y sus hijas fueron bautizadas con agua del rio Jordan.





5) EL NASI JUDÍO DE FRANCIA GOBIERNA EL IMPERIO ROMANO GERMÁNICO

Dada la alianza de sangre entre los carolingios y los davídicos vástagos de Makhir-Teodoric, que se concretó en los enlaces matrimoniales entre miembros de ambos linajes reales; y teniendo en cuenta el apoyo de los judíos en las guerras de los francos contra los musulmanes del Omeya emir de Córdoba, Carlomagno puso en práctica una fecunda política de concordia y de tolerancia entre los cristianos y los judíos, que originó una feliz época de respeto y de aceptación de los judíos en el Imperio Romano Germánico como nunca había existido previamente y como no volvería a haber nuevamente en Occidente. Esta es la rotunda conclusión que subraya Werner Keller([10]), cuando dice que:

"...Con la instauración de los carolingios se inicia también para los judíos...una época de paz y de vida tranquila. Carlomagno (742-814), al que Europa debe su renacimiento y su elevación a futura potencia mundial rompe con la intransigente política antijudía...Carlomagno tomó a los judíos bajo su tutela. Les aseguró la protección de su vida y de su honra, del ejercicio de su religión y de su propiedad. Al mismo tiempo les concedió la libertad de comercio...".

Esta política favorable a los judíos continuó con los primeros sucesores de Carlomagno, ya que no era una decisión exclusiva del Emperador sino la consecuencia resultante de esa alianza de sangre entre davídicos y carolingios, que produjo la estirpe real davídico-carolingia. Es congruente con esa alianza que, como corrobora Werner Keller, a partir de entonces en el reino de los francos se trataba a los judíos de la mismo forma que a los cristianos, reconociéndoles derechos semejantes. Efectivamente, el historiador W. Keller afirma lo siguiente:

"Bajo el reinado de Carlomagno y de Ludovico Pío (hijo de Carlomagno que le sucedió como emperador y que es conocido como Luis el Piadoso) los judíos disfrutaron de una época feliz de tolerancia como no la habían tenido nunca anteriormente en Europa Central y como no la han tenido después...También en la corte, donde los judíos tenían acceso y se relacionaban con el emperador y con sus cortesanos con plena libertad, gozando de un gran respeto y consideración...

(En el sur de Francia) la población judía poseía tierras, campos y viñas y desplegaba actividad en todas las ramas de la agricultura, así como en la artesanía y en el comercio de importación y exportación en todos los puertos...Todas las grandes comunidades judías poseían en propiedad, además de la sinagoga y de la escuela, una casa de baños y una panadería, una casa gremial y un edificio para bodas y bailes, y también un hospital y un cementerio. En Narbona, en el límite occidental de la ciudad, había una "Villa judaica" (autónoma), cuyos habitantes eran los propietarios de las viñas y minas de sal cercanas. También había suburbios judíos en (Septimania) Beziers, Nimes, Arlés y otras ciudades...

En Alemania los judíos vivieron también en paz hasta las Cruzadas. Los emperadores de la dinastía sajona les demostraron la misma benevolencia que antes les habían mostrado los carolingios y que más tarde les demostrarían los salios (Capetos franceses). También el clero fue siempre tolerante."([11])

Finalmente, hay que subrayar que, como dice W. Keller:

"...los derechos y la protección que por vez primera habían disfrutado los judíos bajo Carlomagno se vieron todavía ampliados y reforzados cuando gobernaron sus sucesores. Ludovico Pío (que reinó en el periodo 814-840), a pesar de su religiosidad que le valió el sobrenombre que lleva (el Piadoso), les concedió también su favor. Incluso les permitió ser recaudadores de tributos, infringiendo las prescripciones del Derecho Canónico que prohíben expresamente que los judíos posean ninguna fuerza sobre los cristianos. En atención a su religión, el rey Luis ordenó que el día que tenían lugar los mercados, que era el sábado, fuese trasladado a otro día de la semana. Fue el primer monarca cristiano que puso a los judíos bajo su tutela directa y nombró un funcionario con el cargo de "Magister de los judíos", el cual era responsable de que nadie violara sus derechos. Las comunidades, así como los judíos individualmente, fueron provistos de salvoconductos que les aseguraban la protección personal del soberano...

Esta política tolerante favoreció al reino carolingio. La industria y el comercio experimentaron un rápido desarrollo...

...Desde el sur de Francia, donde la población judía era especialmente numerosa, los judíos se extendieron por todo el nordeste. Establecieron comunidades en la Champaña, en Lorena, en la región del Rin, en Metz y en Tréveris, en Coblenza, en Espira y Worms..."([12]).


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El emperador Luis fue débil de carácter,  pasivo-agresivo y maníaco-depresivo,  por lo que pasaba sin transición del autoritarismo a la blandura, y de la actividad al abandono. Además era un ansioso, fácilmente influenciable. Carecía de carisma y de liderazgo, a diferencia de Carlomagno.

Desde el año 814 hasta el 821 prosiguió la obra paterna, pero después del año 821, al irse generalizando la anarquía en el Imperio se intensificó la disolución del poder y del concepto imperial. Luis el Piadoso, por su pusilanimidad fue el principal responsable de su derrumbamiento, ya que no supo evitar la intromisión de los eclesiásticos ni, menos todavía, la influencia de su segunda esposa, la reina Judith.
La confianza y la familiaridad del emperador Luis el Piadoso con los judíos era tanta que se atrevió a nombrar al nasi Bernard de Septimania chambelán y primer consejero suyo, buscando en él la fortaleza de que él carecía.  Entonces Bernard, de acuerdo políticamente con la reina Judith, se convirtió en el segundo personaje del Imperio, tras el propio emperador, lo que produjo gran descontento entre algunos de sus hijos, los príncipes, y entre los magnates cristianos.

Bernard de Septimania, que se había casado en el palacio imperial con Dhuoda, una hija de Carlomagno y de una de sus concubinas, posiblemente Madelgard, al tomar posesión de su cargo e instalarse en Palacio, como jefe del gobierno imperial, nombró a nobles judíos de su confianza, depurando a los que estaban anteriormente, quienes le hicieron una campaña de desprestigio a base de calumnias, acusándolo incluso de adulterio con la reina Judith para enfrentarlo contra el emperador, que le había confiado todo el gobierno.

Para conocer el alcance del poder que ejercía el nasi Bernard de Septimania hay que tener en cuenta que, como ha especificado Arthur J. Zuckerman([13]), "...las tareas del chambelán eran múltiples y muy significativas. Se encargaba del tesoro, la cámara, de la que salían las aportaciones anuales a los gastos de la Corona. Allí, bajo la supervisión de la reina, se guardaban las joyas y los ornamentos reales. El camerarius se encargaba de todas las posesiones imperiales y administraba los dominios y las villas reales. Era el oficio más importante de la Corte. Simpson ve en la designación de Bernard un retorno a la figura de mayordomo que desempeñaba el jefe de la familia de los pipínidos en la época de los merovingios...Después del emperador, (el nasi) Bernard de Septimania era el segundo personaje del Imperio."

Por lo tanto, el carolingio emperador cristiano Luis el Piadoso tuvo hacia los judíos la mayor consideración y confianza posible, pues nombró a su nasi Bernard gobernador del Imperio romano germánico. Jamás hubo en la Historia una época en que la unión de los cristianos y de los judíos fuese más grande, al menos en la cúspide del poder político. La explicación de esa fecunda unión entre ambos personajes se encuentra en la pertenencia de ambos a la familia davídico-carolingia. Pero ¿quién era efectivamente el todopoderoso nasi Bernard de Septimania?.


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El chambelán del palacio imperial tenía sangre carolingia porque su abuela fue Auda Martel, la hermana del rey de los francos Pepin el Breve; pero sobre todo pertenecía a la real casa de David, pues como nasi era el jefe de la rama judía de la familia davídico-carolingia.

En todo caso, hay que tener en cuenta que Arthur J. Zuckerman afirma([14]) que "...como había asegurado el judío Eleazar, la tribu de Judá era una realidad viva, aunque dispersa. Incluso existía una indudable casa real de David  en el reino de los francos, que era la dinastía descendiente de Makhir, cuyo jefe era (su nieto) Bernard de Septimania quien tenía autoridad sobre los judíos e incluso sobre los cristianos...como había sido reconocido por el emperador carolingio en diversos edictos y documentos...".

Bernard de Septimania era poseedor de grandes dominios territoriales, no solo como príncipe de Septimania sino como marqués de la Marca Hispánica, incluso el condado de Barcelona, como duque de Toulouse y como titular de otros títulos menores: Gerona-Besalú, Maguelonne, Uzès, donde residía su esposa Dhuoda, conde de Autun, como heredero de su tío Teodoric (Thierry) y conde de Razès, como puede verse en el siguiente mapa:





En el año 826 tuvo lugar la primera hazaña guerrera importante de Bernard de Septimania, pues defendió y salvó a Barcelona del asedio del emir de Córdoba Abderramán, a pesar de contar solamente con sus tropas, pues los condes Hugo de Tours y Matfrid de Orleans rehusaron prestarle ayuda, como se lo había ordenado el emperador Luis el Piadoso.

Finalmente, en el año 830 se produjo una revuelta de los tres hijos de Luis el Piadoso contra el emperador y contra la reina Judith. Luis no se opuso a sus hijos y, dejando hacer, quedó semicautivo, pues así lo decidió el primogénito Lotario, que empezó a gobernar asociado a sus hermanos. Judith y su hijo Carlos el Calvo fueron recluidos en un convento y en un monasterio, respectivamente. Bernard de Septimania tuvo que escapar huyendo apresuradamente y se refugió en Barcelona, pero a su hermano Heribert de Toulouse le sacaron los ojos y lo desterraron a Italia.

Entonces, el emperador Luis recobró aparentemente su poder, pero estaba siempre rodeado de cortesanos que tenían la confianza de sus hijos y que le sometían a una discreta vigilancia. Por ello, Bernard de Septimania solo detentaba un poder limitado a sus feudos en el sur de Francia.

Posteriormente las luchas fratricidas entre los hijos del emperador y las de estos con su padre se intensificaron, por lo que el poder imperial se fue degradando continuamente en medio de una guerra civil no declarada en la que los partidarios de unos y otros se enfrentaban unas veces y se entendían entre ellos en otras ocasiones, cambiando incluso de bando para salvar la vida.

Para apaciguar la situación, Luis el Piadoso decidió regular su sucesión promulgando la Ordenatio Imperii, cuyas disposiciones principales fueron que Lotario se convertía en emperador asociado y sus hermanos Pepín y Luis se convertían en reyes de Aquitania y de Baviera, respectivamente.

Sin embargo, como Lotario monopolizaba el poder, se alzaron contra él sus hermanos Luis el Germánico y Pepin de Aquitania, apoyados por la reina Judith y su hijo Carlos el Calvo a quienes habían permitido regresar a la corte.

Por otra parte, en lo que afecta directamente a los feudos y honores pertenecientes a Bernard de Septimania, Arthur J. Zuckerman([15]) dice que:

"...se decidió excluir a Septimania del reino de Pepin de Aquitania y encargar a Judith de la dirección de sus asuntos, por lo que Bernard solo dependía del Imperio. Hacia finales del año 831 Bernard fue repuesto, por lo que pudo regresar de su refugio en la Marca Hispánica, y la Dieta de Thionville le exculpó de cualquier cargo contra él. Pero Luis y Judith dudaron de Bernard y no lo repusieron en sus anteriores poderes. El monje Gundowald reemplazó a Bernard como chambelán.

Otros sucesos posteriores llevaron a Bernard a enfrentarse a su emperador. Pepin de Aquitania se reveló contra su padre en 831-832, pero fue obligado a someterse...Entonces Bernard de Septimania fue acusado de infidelidad y privado de todos sus feudos y honores, presumiblemente porque actuó de acuerdo con el rebelde Pepin. También se le quitó el condado de Barcelona. El conde Berenguer lo reemplazó en el marquesado de Septimania. Gaucelm, el hermano de Bernard, fue también desposeído de los condados de Rosellón, Ampurias,...".

Más tarde, a la vista de la evolución negativa de sus asuntos, Bernard se reconcilió amistosamente con su emperador, por lo que recobró el marquesado de Septimania. Además, cuando murió Berenguer, también recuperó el condado de Toulouse, lo que le permitió restaurar la gran Marca que su padre Guillermo había poseído. Ahora Bernard de Septimania era asimismo marqués de Gotia y conde de Barcelona, de Gerona y de Razès, aunque sus dominios eran mucho más extensos, por lo que continuó denominándose marqués de Septimania.

La autoridad real en Aquitania declinaba por la progresiva enfermedad del rey Pepin, que lo llevó a enloquecer y finalmente a morir en el año 838. En cambio el poder de Bernard de Septimania  aumentaba sin cesar dado que solamente estaba sometido a la potestad imperial, pues ya no dependía del rey Pepin.

Sin embargo, tras la muerte de Pepin de Aquitania, el emperador Luis, contra los derechos de su heredero Pepin II, dio la Aquitania a su hijo Carlos el Calvo y lo hizo coronar en Quierzy-sur-Oise.

En 840 falleció el emperador Luis, quien en menos de tres decenios, había conseguido arruinar la unidad imperial de Carlomagno. Entonces Bernard de Septimania se alió con Pepin II, que ejercía de efectivo rey en Aquitania, a pesar de que Carlos el Calvo, el hijo de Luis y de Judith, había recibido Aquitania y Septimania en la partición acordada en Worms, por lo que tanto los aquitanos como Bernard de Septimania se opusieron a ese reparto territorial.  Por ello, el joven Carlos convocó a Bernard para que hiciera la sumisión, pero este no la llevó a cabo teniendo en cuenta su juramento a Pepin, que seguía vigente. Por su parte, Lotario reclamaba soberanía sobre la totalidad del Imperio.

Desde luego, Bernard intentó convencer al joven Pepin II de que se sometiese al rey Carlos, pero no lo consiguió. En fin, Carlos desposeyó a Bernard del condado de Toulouse cuya autoridad transfirió a Effroi (Acfred), quien cayó en una emboscada y perdió Toulouse, que fue recuperada por Bernard de Septimania.

Sin embargo, la postura rebelde de Bernard se hacía cada vez más insostenible. Entonces el rey Carlos el Calvo decidió atacar Toulouse y someter a Bernard por la fuerza. En el sitio de la ciudad fue apresado Bernard, posiblemente cuando acudió al campamento del rey para negociar o hacer la sumisión. En mayo del año 844 el rey Carlos el Calvo ordenó su ejecución, que se llevó a cabo inmediatamente. En esa época a Septimania se la consideraba ya un reino autónomo.

La captura y la muerte del nasi de Francia dejó estupefacta a la comunidad judía que vio en esa ejecución una ruptura de su pacto con los carolingios para la defensa de la frontera sur contra los musulmanes del emirato de Córdoba, por lo que habría que revisar la tradicional política de entendimiento entre los judíos y los francos.

La defensa de la frontera con los sarracenos españoles y la costa mediterránea era urgente ante la actitud pasiva de los judíos. Para tal fin, el rey Carlos promulgó el mismo 844 un praeceptum en beneficio de los godos hispánicos, para favorecer el establecimiento de éstos en poblaciones autónomas, similar al que habían tenido los judíos. En definitiva, se pretendía que los inmigrantes españoles fuesen reemplazando a los judíos.

Por su parte, los obispos y los clérigos católicos intensificaron y mejoraron sus relaciones con el rey Carlos el Calvo de Francia después de la ejecución de Bernard de Septimania. En la corte real francesa, los contrarios a los judíos se movilizaron para frenar y destruir en lo posible la influencia hebrea en el Imperio carolingio.




6) LA DINASTÍA DE LOS REYES JUDÍOS DE NARBONA

Tras la ejecución de Bernard de Septimania, el tercer nasi de Francia, sus familiares más próximos reaccionaron vigorosamente, pues su hijo mayor Guillermo, que solo tenía 18 años a la muerte de su padre, se unió a las tropas de Pepin II en Aquitania, que causaron pérdidas y daños graves al ejército real, que estaba siendo acosado en varios frentes.

Posteriormente el joven Guillermo llegó a aliarse con el emir Abderramán y, con la ayuda de las tropas musulmanas, reconquistó Ampurias y Barcelona, que estaban en poder de los francos. Finalmente algunos godos lo traicionaron y lo entregaron a los partidarios del rey Carlos, quienes lo ejecutaron en el año 850.

Entonces a los David-Toulouse solo les quedó un miembro masculino superviviente, el hijo pequeño de Bernard de Septimania...que tenía ¡nueve años!. Por ello, en la rama judía de la familia davídico-carolingia fue necesario elegir como nasi de Francia a un adulto pariente próximo suyo que pudiera ejercer el cargo eficazmente. La elección recayó en Salomón, que es celebrado en las canciones de gesta como Bueve Cornebut, quien era el marido de Luitgarde, hija de Fredelon y de Auba (Aldana), una de las hijas que tuvo Makhir-Teodoric. Salomón, conocido como Bernard I, conde de Auvergne, era hijo de Adeleme de Poitiers y fue el padre de Bernard II, conde de Auvergne y también nasi de Francia, el esposo de Ermengarde de Chalons, que le sucedió a su fallecimiento el año 868.

Más tarde, en 872, el último descendiente masculino de la rama judía de los Makhiris, el citado Bernard hijo de Bernard de Septimania, murió en una emboscada que le tendió Bernard de Gotia.

Entonces se acabó esa lucha fratricida con la victoria de los davídico-carolingios de la realeza imperial sobre los davídico-carolingios de la rama judía ortodoxa; es decir, de la rama cristiana gobernante en Francia sobre la avasallada rama judía de esa estirpe davídico-carolingia.

En el mismo año 872, el rey Carlos el Calvo estableció un triunvirato para ayudar a su hijo Luis a gobernar Aquitania. Los territorios y los títulos que poseía el nasi Bernard II en Auvergne, en Autun, en Aquitania y en la Marca Hispánica lo convertían en el  primer magnate del sur de Francia. Tal vez por ello reapareció entonces la denominación de 'reino' de Septimania. Posteriormente, en 876 y 877, Bernard siguiendo las órdenes reales, emprendió una vigorosa campaña al sur de los Pirineos, que terminó felizmente, en junio de 877, con la reconquista de Barcelona y la plena reintegración de la Marca Hispánica al reino de los francos. Bernard, como soberano en la práctica del sur de Francia, estableció el ducado de Aquitania que dio a su hijo y sucesor Guillermo, quien mantuvo una leal relación con el emperador.

Posteriormente, cuando falleció Carlos el Gordo el año 887, se apoderó del reino de los francos una gran anarquía que produjo su desintegración en partes más o menos soberanas de hecho regidas por condes legítimos o usurpadores.

En el siglo X el principado judío de Septimania, mientras que la anarquía y la fragmentación se extendían por el reino de los francos, se dividió también en dos grandes condados, el de Toulouse y el de Barcelona, al norte y al sur de los Pirineos, respectivamente, así como en otros pequeños condados que detentaban generalmente los descendientes de la familia davídico-carolingia.

La historia de los principados de Toulouse, Gotia y Rouergue en los años que van desde el 950 al 1053 es muy confusa. En 1053 Gotia, Rouergue, la comarca de Albi y la de Quercy, así como el territorio tolosano se unieron formando un extenso condado de Toulouse. Además, en ese centenar de años comenzaron las primeras persecuciones a los judíos. Por ello, la historia de esos dominios, que son partes desgajadas del poderoso principado de Septimania, cuya capital es Narbona, y que suelen estar gobernados por descendientes de judíos, se va oscureciendo, ocultando, haciéndose clandestina porque los partidarios de la limpieza de sangre la ocultaron. Todavía actualmente es difícil encontrar un libro de historia de Narbona, en el que se mencione a sus reyes judíos y se diga, aunque sea mínimamente, que los judíos davídicos fueron propietarios de una gran parte de la ciudad durante varios siglos.


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 Las postrimerías del principado judío de Septimania han sido descritas escuetamente por Arthur J. Zuckerman quien afirma que, al morir sin herederos masculinos el duque Guillermo de Aquitania se terminó la descendencia directa en la sucesión de los Makhiris en Narbona. Entonces una rama colateral de la familia de Makhir, conocida como los kalonymidos vino a Narbona desde Lucca (Italia) y lideró su comunidad judía, porque en el año 917 el rey Carlos el Simple de Francia invitó al rabino Moisés el Viejo a gobernar Narbona. El nombre de su hijo, En-Kalonymos muestra que su residencia estaba ya en el sur de Francia. A la nueva dinastía de los nasis kalonymidos se los reconoció como los reyes judíos de Narbona y permanecieron allí hasta que el rey Felipe el Hermoso expulsó a los judíos de Francia en el año 1306.


Los kalonymidos eran una rama colateral descendiente de Makhir-Teodoric porque algunos miembros de ese linaje se habían unido matrimonialmente con esposas davídicas vástagos del nasi Makhir de Narbona, al menos las siguientes:

- Susana de Narbona, nieta de Makhir-Teodoric, casada con Meshullam, padre de Ithiel I.
- Miriam de Toulouse, casada con Kalonymos ben Jekuthiel, y
- Raquel de Chalon-sur-Saone, casada con Moisés ben Kalonymos.

En 1997 Aryeh Graboïs([16]) publicó un interesante artículo  que afirma que "la comunidad judía de Narbona fue dirigida durante varios siglos por una dinastía davídica cuya instalación en Narbona fue debida a la concesión, mediante un privilegio de Carlomagno, de la posesión de dominios territoriales, lo que les permitió consolidar su poder sobre la comunidad y mantener una escuela rabínica que gozó en el mundo judío de los siglos XI y XII de una gran fama. Los procesos de feudalización de esta región en el siglo XIII les obligaron a enajenar sus propiedades territoriales lo que conllevó su decadencia, así como la de su escuela rabínica".

Durante esos siglos en Narbona el título de nasi estaba reservado exclusivamente a los davídicos dirigentes de la comunidad judía que eran poseedores de numerosos bienes raíces en la región. Además esos príncipes dirigían la escuela talmúdica de Narbona, lo que añadía una dimensión espiritual a su autoridad. Esa gran autoridad se debía a que los enormes recursos económicos procedentes del inmenso patrimonio familiar de los nasis eran empleados en la financiación de las necesidades públicas, y particularmente en la escuela talmúdica, lo que hacía depender del nasi a sus maestros y a sus alumnos.

Además los nasis también intervenían activamente en la fijación del contenido de los estudios escolares. El ejercicio académico de los nasis en Narbona dio enorme prestigio a su familia davídica, hasta el punto de que cuando en el siglo XIII tuvieron que vender su patrimonio familiar continuaron manteniendo gran prestigio por ser los directores de la escuela talmúdica hasta la expulsión de los judíos de Narbona en 1306 por el rey de Francia cuando desapareció la escuela.


Las juderías de Narbona en la Edad Media
1: La gran judería; 2: Judería de Villeneuve; 3: La pequeña judería; 4: Judería de Belvèze


La historia familiar de los davídicos nasis de Narbona en los últimos tres siglos que residieron en esa ciudad puede agruparse en dos periodos distintos: el primero comprende los siglos XI y XII, mientras que el segundo abarca solo el siglo XIII. Esa diferenciación está motivada por los cambios socioeconómicos del mundo cristiano occidental del que dependían necesariamente. En los siglos XI y XII tuvo Narbona una época culminante y próspera de su comunidad judía, porque entonces estaba vigente el régimen feudal del condado de Toulouse; mientras que en el siglo XIII se registra una creciente pérdida del poder económico del nasi, que conlleva una paralela disminución de su poder en la comunidad judía, y un acusado declive de la escuela talmúdica. Además se produce una decadencia del feudalismo por el crecimiento de la autoridad real francesa y por el desarrollo de la sociedad urbana de Narbona, que se concreta en la creación del consulado local.

Por otra parte, la conquista de Narbona por los cruzados contra los cátaros en 1209 dio lugar a cambios radicales en el régimen feudal de la región, para asimilarlo al existente en el norte de Francia.

La desaparición del régimen alodial fue perjudicial para los propietarios judíos, sobre todo para el nasi y los magnates que tuvieron que malvender sus propiedades rurales, lo que les empobreció y consiguientemente dificultó la financiación de la escuela talmúdica que entró en decadencia, lo que afectó a la secular dominación exclusiva del nasi.

Finalmente la comunidad judía dejó de ser dirigida por el nasi, aunque este mantuvo una autoridad honorífica, y pasó a ser gobernada por un consejo de diez notables o prudentes hominis, título equivalente al hebráico parnassim.

La carta del vizconde Amauri, de 1269, renovó los privilegios de la comunidad judía de Narbona, pero no confirmó la famosa cláusula de 1217 sobre los derechos hereditarios del "rey judío"; pero, en cambio, sí que decía que "los cónsules judíos de Narbona" eran los gobernantes de la comunidad. Además el arzobispo Pierre de Montbrun adoptó idéntica decisión en 1284.

Aunque no se cuestionó la autoridad espiritual de los nasis en el siglo XIII, sí que se registró una pérdida de la primacía de la escuela talmúdica de Narbona en el Languedoc.

Aryeh Graboïs([17]) concluye así su artículo: "Finalmente los nasis, desprovistos de un poder verdadero, se conformaron con mantener su linaje aristocrático con un aparente poder señorial. Su incapacidad para transformar su patrimonio residual en actividades económicas integradas en el mercado urbano fue la causa de su decadencia en el siglo XIII...

...En vísperas de la expulsión de los judíos de Francia en 1306, que puso término a la existencia de su propia dinastía davídica, los nasis gozaban todavía de un prestigio especial, tanto en Narbona, donde continuaban siendo denominados "reyes judíos", como entre las comunidades judías occitanas".

Aryeh Graboïs ha identificado a los sucesivos nasis que gobernaron en Narbona desde 1064 hasta 1306, pertenecientes a la dinastía de los kalonymidos([18]). Son los siguientes:

- Todros, hacia 1064.
- Kalonymos el Grande, de fines del siglo XI a principios del siglo XII.
- Todros, hacia 1130-1150.
- Kalonymos, de antes de 1160 hasta después de 1199.
- Todros, de antes de 1216 hasta antes de 1246.
- Kalonymos Bonmancip, de antes de 1246 hasta después de 1252.
- Astruc-Tauros, de antes de 1256 hasta finales del siglo XIII, y
- Momet-Tauros (Kalonymos), de finales del siglo XIII hasta 1306.


Por último, hay que subrayar que en el sur y en el este de Francia, durante los siglos X a XIII, inclusive, fueron los marqueses de Arlés, de Provenza y de Borgoña, y sobre todo los condes de Toulouse y los nasis de Narbona los que continuaron manteniendo el dominio territorial, los títulos y las propiedades feudales de sus ramas de la poderosa familia de los David-Autun-Touluose; a veces de una forma casi soberana, y en algunos casos a título real y con soberanía, frente a los monarcas carolingios o capetos.

Además, tras la derrota de los cátaros en las dos cruzadas que se lanzaron contra ellos en el siglo XIII los territorios occitanos acabaron integrándose  plenamente en la Francia capeta bajo el dominio de los francos del norte. A partir de entonces se fueron borrando los últimos vestigios del antiguo principado judío de Septimania y de sus soberanos judíos, pues los cronistas reales de la época, que solían ser clérigos, se dedicaron a disimular y a silenciar la existencia de ese Principado que los incomodaba, porque en él se encontraba la explicación de por qué la realeza europea tiene sangre davídica. Entonces esa historia se ocultó cada vez más, y desde finales del siglo XI en adelante, con el fervor militante del cristiano medieval que lo llevó a las cruzadas y a la persecución de los judíos, esta historia oculta se convirtió en un mito y, más todavía, en un tema tabú, sobre todo para los defensores de la limpieza de sangre.



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[1] “A Jews Princedom in Feudal France”.
        Arthur J. Zuckerman.
        Columbian University Press. 1972. Páginas 372 y373. Lo subrayado es obra mía, no del autor.
[2] Obra citada. Páginas 100 y 101.
[3]Según Zuckerman este Addendum o Apéndice al “Libro de la Orden de la Tradición” (Sefer Seder ha Kabbaabah), del que es autor Abraham ibn Dandi, se encuentra solamente en los Manuscritos número 2237 de Adler, que están ahora en el Seminario Teológico Judío de América (su fotocopia puede verse reproducida como Anejo al final del citado libro de Arthur J. Zuckerman, páginas 384 a 386).
[4] Artículo titulado La dynastie des rois juifs de Narbonne, por Aryeh Graboïs, que se encuentra en las páginas 49 a 54 del segundo tomo: "Narbonne au Moyen Age", de la obra en tres volúmenes denominada  Narbonne. Archéology et Histoire. XLV Congreso de la Fédération historique du Languedoc méditerranéen et du Roussillon. Montpellier. 1973.
[5] Obra citada. Página 138 y nota 55 de la misma página.
[6] Obra citada. Página 258.
[7] Artículo citado. Página 52, en su nota de pie de página 23.
[8] Obra citada. Página 245.
[9]  Obra citada. Páginas 79 a 81.
[10]  Historia del pueblo judío. Werner Keller. Ediciones Omega. Páginas 177 y siguientes.
[11]  Obra citada. Páginas 190, 197 y 198.
[12]  Obra citada. Páginas 187 y 188.
[13]  Obra citada. Página 267.
[14] Obra citada. Página 282.
[15] Obra citada. Páginas 271 a 273.
[16] Le "roi juif" de Narbonne. Aryeh Graboïs. Artículo publicado en Annales du Midi volumen 109 (1997). Página 165.
[17] Artículo citado. Página 188.
[18] Artículo citado. Entresacado de sus páginas 165-188.

3 comentarios:

  1. La Dra.doña Beatriz Sánchez-Segura de Busse
    se ha dirigido a mí personalmente y me ha dicho que incluya el siguiente comentario suyo a este artículo mío "El origen judío de las monarquías europeas". Le agradezco muchísimo su cualificado y amable comentario que, gustosamente, transcribo a continuación:

    "Es un hecho sorprendente:
    La presencia por un lado, de lazos sanguíneos entre los cristianos monarcas de Europa y el linaje judío; por el otro lado, la presencia de lazos en el plano doctrinal entre ambas tendencias. Esto es así si consideramos que la identidad europea tiene sus raíces en la corriente judeocristiana. Además, la idea central del cristianismo es su aspiración de ser él el verus Israel (Guy Stroumsa). El resultado es la confluencia no sólo ya de dos linajes entre sí, sino también la del elemento físico con el espiritual, -es decir, la de genealogías y tradiciones espirituales.

    En su impecable trabajo, Joaquín Javaloys saca valientemente a la luz verdades ocultadas durante siglos por partidismos religiosos en un empeño ilusorio por la exclusividad. Por esta razón, este artículo y el libro del mismo nombre, son una valiosa contribución a acercar posiciones opuestas y a hacerlo, desde un afán de mutuo entendimiento basado en la verdad histórica."


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  2. Magnífico trabajo. Gracias.
    Una duda: ¿como sabe q las estatuas de Salomón y David en El Escorial representan q los Reyes Carlos y Felipe descienden de ellos o tienen relación personal? ¿Hay constancia de que las facciones de esas estatuas sean las suyas, o posaron incluso?
    En el siglo Xvi en España había judeofobia, y no creo q ningún genealogista se atreviera a defender que esos Reyes tuvieran sangre judía.
    Se debieron poner esas estatuas como personajes bíblicos en relación con el Templo de Jerusalén quizá para solemnidad San Lorenzo como gran templo del Imperio Español.
    Salud2.

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    1. Muchas gracias a Vd., Sr. Pedro Larrauri, por su constructivo comentario.
      En mi libro "El origen judío de las monarquías europeas", antecedente de este artículo, que fue editado por EDAF, y que se publicó en Madrid el año 2000, contesto a algunas de las observaciones que me hace en su comentario. En ese libro dije que "la presencia de los reyes de Israel o de Judá en un lugar destacado de ciertas principales iglesias cristianas (Notre Dame de París o el templo de El Escorial), fue debida a que los franceses reyes Capetos antes y, posteriormente, los Austrias de España fueron reyes convencidos de que tenían la misión de continuar gobernando al pueblo elegido, que entonces ya era toda la Cristiandad, por lo que existía una continuidad entre los bíblicos reyes israelitas y sus sucesores, los reyes cristianos Capetos y Austrias, al menos como filiación espiritual".
      Algunos historiadores, como Jean Hani (en su libro La realeza sagrada, editado en 1998, por Ediciones Sophia Perennis-José J.de Olañeta. Página 187)afirma que los reyes Capetos de Francia son descendientes del rey David de Israel y por ello "en la fachada de la catedral de Reims, catedral de la coronación de los reyes franceses, están esculpidas simétricamente las escenas del bautismo de Clodoveo, la coronación de David por Samuel y la historia de Salomón. Por lo demás, en casi todas las catedrales francesas existe la galería de reyes, que muestra la ascendencia davídica de los reyes de Francia."
      Por ello, el rey Felipe II de España, que desciende de los Valois reyes de Francia por los duques de Borgoña, antepasados del Austria español, también tiene sangre davídica.
      Además Felipe II era biznieto del rey de Aragón Fernando "el Católico", quien se cree que tenía sangre judía porque la identidad de la madre de Alfonso Enríquez, bisabuelo por parte materna de don Fernando "el Católico", ha estado siempre envuelta en el misterio por los cronistas reales; pero es creencia general que fue doña Paloma, una mujer judía de Guadalcanal (Sevilla).
      Teniendo en cuenta la ascendencia davídica de Felipe II, Juan G. Atienza (en su libro La cara oculta de Felipe II, Ediciones Martínez Roca. Barcelona. 1988. Página 50) dice que ese rey mandó que se colocasen -para presidir el Patio de los Reyes de El Escorial- "...las dos figuras centrales, claramente separadas de las demás, que representan a David, a la izquierda, y a Salomón, a la derecha. Y no parece casualidad que los rasgos de ambos recuerdan, respectivamente, a los del César Carlos y al rey Felipe aún joven...".
      Y esta misma idea la mantiene Mariano F. Urresti (en su libro "Felipe II y el secreto de El Escorial", editado por EDAF en 2007. Página 26), pues se hace una pregunta: ¿por qué David y Salomón son destacados situándose lejos de las dos estatuas de reyes bíblicos que los flanquean (en el patio de los Reyes de El Escorial)?. Y Urresti se contesta en estos términos: "Felipe II ordenó destacar a David y a Salomón, pues tenía intención de que fuesen retrato de su padre y de sí mismo".

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