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martes, 17 de abril de 2018

EL FACTOR E: LA GRAN RESPUESTA

La neurociencia ha estudiado con gran interés lo que llaman funciones ejecutivas del cerebro, muy relacionadas con la capacidad de aprendizaje de los niños y adolescentes


Foto: iStock.


En un momento en que la celeridad de los medios de comunicación nos presenta el incansable oleaje de la actualidad, intento conocer el mar de fondo, las mareas profundas que van a dirigir la historia, lo que se está cociendo en los centros donde se diseña el futuro: laboratorios, grandes universidades, empresas innovadoras. Hace cinco años comencé a hablar del factor E, del que me llegaban cada vez más noticias interesantes. La revista 'Newsweek' tituló en portada que era más importante que el cociente intelectual, la medición de la inteligencia más usada.

El psicólogo Adam Cox, autor de 'No Mind Left Behind', escribe: “El conocimiento del factor E supone una revolución en el modo de educar a niños y adolescentes”. James Heckman, premio Nobel de Economía, tras estudiar los programas educativos que han tenido éxito, detecta la importancia decisiva del factor E. Adele Diamond, de la British Columbia University, ha mostrado la correlación entre el factor E y los resultados escolares. Walter Mischel, de la Columbia University, sostiene que el factor E predice mejor la evolución del alumno a medio y largo plazo que los test de inteligencia. Lo mismo dice Terri Moffit, a partir de los datos del 'Dunedim Multidisciplinary Health and Development Study', que ha seguido a los participantes durante 40 años.

Las 'funciones ejecutivas' del cerebro son las que organizan todas las demás funciones: emocionales, intelectuales o motoras

Según el Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard, su buen desarrollo en la infancia es el puente que une el éxito escolar con el desarrollo social, emocional y moral. El equipo de Roy Baumeister demuestra que la mayor parte de problemas sociales —violencia, drogadicciones, fracasos escolares— procede de una disfunción del factor E. Documentos de los departamentos de Educación de EEUU, Canadá o Reino Unido lo consideran una destreza necesaria para el siglo XXI. Fundaciones como la Bill y Belinda Gates, Raikes, Lumina, McArthur y Spencer están financiando investigaciones.

Pero ¿qué es ese misterioso factor E? 'E' procede de 'executive control'. En los últimos años, la neurociencia ha estudiado con gran interés lo que se llaman 'funciones ejecutivas' del cerebro. Son las que organizan todas las demás funciones intelectuales, emocionales, motoras, para dirigirlas a una meta. El factor E, la capacidad de poder regular el propio comportamiento, transforma todas nuestras operaciones mentales básicas, introduciendo en ellas la posibilidad de crear, de expandirse, de ampliar sus posibilidades, de ser libres. Su funcionamiento deja de estar determinado por el estímulo, por la situación, y pasa a estar dirigido por el proyecto. Podríamos también llamarlo factor voluntad, si este concepto no fuera tan impreciso. Aplica en la práctica la posibilidad que tiene el cerebro humano de rediseñarse a sí mismo. De esa manera, amplía hasta límites que nos parecían imposibles la capacidad de aprendizaje.

Los avances científicos demuestran que el modo de comportarse de los alumnos depende de la forma en que sepan autorregularse

Muchos de los problemas que encontramos en las aulas y fuera de ellas tienen su origen en un mal desarrollo del factor E, de las funciones ejecutivas: trastornos por déficit de atención, impulsividad, poca tolerancia al esfuerzo, dificultad para mantener metas, problemas de aprendizaje, fracasos en la integración social, problemas de adicciones, agresividad, falta de responsabilidad, incapacidad para tomar decisiones, mal uso de la memoria, etc. También una gran parte de las enfermedades mentales deriva de un mal funcionamiento de las funciones ejecutivas. Por eso, el interés por el factor E ha ido creciendo. Como dice Stuart Shanker: “Estamos en medio de una revolución en la teoría y la práctica educativas. Los avances científicos en diversos campos apuntan a una misma conclusión: que el modo de comportarse de un alumno en la escuela puede depender del modo en que sepa autorregularse. Algunos investigadores creen que la autorregulación debería ser considerada como un indicador más importante de los desempeños educativos que el cociente intelectual”.


                                                                    JOSÉ ANTONIO MARINA  Vía EL CONFIDENCIAL

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