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jueves, 19 de abril de 2018

EL REARME MORAL DE ESPAÑA

Dice Warren Buffett que cuando baja la marea se ve quién nadaba desnudo. Hoy en día observamos el resultado de corrupción de los que nadaban cuando la marea era alta


Bandera española. (Efe)


Hace siete años, en la columna “el suicidio de un financiero corrupto”, exponía un caso que me refirió un amigo sobre un financiero alemán que había estado en la cárcel por un sonado caso de sobornos masivos pagados desde su multinacional. Cuando fue liberado, jugó al golf en su club de toda la vida, y al acudir a comer a su restaurante, al verlo, el resto de comensales se levantó dejando sólo al financiero. Acto seguido éste fue a su casa y se quitó la vida al contemplar el escarnio social al que estaba expuesto. Reflexionaba en ese artículo cómo dos países podrían ser igual de corruptos, pero si la tolerancia moral de la sociedad de uno de los dos hacia la corrupción era menor, entonces un país acabaría mejor que el otro. Me preguntaba si la sociedad española evolucionaría positivamente en este aspecto para mí crítico: “El problema, decía mi amigo, es que la intolerancia que muestra la sociedad alemana ante la corrupción y el soborno no ha impregnado en España, y por lo tanto nuestra gran debilidad no es la corrupción endémica, sino la tolerancia social hacia ésta”.

Es importante diferenciar la corrupción de la percepción de corrupción. Así, según datos de Gallup y las Naciones Unidas, un 81% de los españoles percibe que hay corrupción en el gobierno y en la empresa, comparado con niveles más cercanos al 40% en países del norte de Europa. Esta mayor percepción de corrupción también ha supuesto una caída preocupante en el porcentaje de españoles que confían en el gobierno, hasta niveles del 30%, uno de los niveles más bajos del mundo. De igual forma, el informe de transparencia internacional “Corruption Perception Index”, en el que un cero marcaría la corrupción total y un cien la ausencia de corrupción, España sale con un 58, en el puesto 41 del mundo (de los 176 países analizados) por detrás del nivel que le correspondería por PIB per capita (32), nivel que ocupaba precisamente España antes de la crisis (mostrando de nuevo cómo la corrupción impera cuando no se la percibe, o cuando no se la quiere percibir).


Ignacio de la Torre

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