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martes, 16 de enero de 2018
La inteligencia compartida y la Organización Nacional de Trasplantes
Hoy os hablo del magnífico ejemplo
de inteligencia compartida del que deberíamos sentirnos orgullosos todos
los españoles por la gran labor que hacen. Hablo de la ONT
Foto: iStock.
Después de muchos años de estudiar la inteligencia individual —la que ustedes y yo tenemos—, llegué a una conclusión evidente y en cierto modo decepcionante: es una ficción.
Toda inteligencia se desarrolla en un entorno que la favorece o la
bloquea. En un entorno estúpido —por violencia, envidia, desdén por la
educación y la excelencia, o jaleador de la tosquedad— es difícil y casi
heroico que una inteligencia florezca. “¡Qué difícil es no caer cuando todo cae!", escribió el conmovedor Antonio Machado.
Toda inteligencia se desarrolla en una cultura que le proporciona herramientas mentales para pensar,
más o menos eficientes, y en un momento histórico estimulante o
depresivo. Esto permite evaluar la inteligencia de las sociedades. Hay
comunidades inteligentes y comunidades menos inteligentes. Pueden ser
una familia, un equipo, una empresa, una ciudad, una nación. A cualquier
nivel, aparece el mismo fenómeno. Una comunidad inteligente es aquella
en que un grupo de personas, mayor o menor, que individualmente pueden
no ser extraordinarias, por el hecho de relacionarse, de colaborar, de
trabajar de una manera determinada, produce resultados extraordinarios.
Como a todos nos interesa vivir en sociedades inteligentes, conviene
estudiar su funcionamiento.
Una
comunidad inteligente es aquella en que un grupo de personas es capaz
de producir resultados extraordinarios al trabajar de forma determinada
Con este fin, quiero hoy hablar de un magnífico ejemplo de inteligencia compartida del que deberíamos sentirnos orgullosos: la Organización Española de Trasplantes
(ONT). No tengo ninguna relación con ella, y lo que conozco está al
alcance de todos los lectores, pero me parece un espléndido ejemplo del
que deberíamos aprender, para salir del pantano de impotencia y desánimo
en que vivimos. El caso me interesa por varias razones. En primer
lugar, por su éxito: España, gracias a la ONT, está en el primer puesto del 'ranking' mundial en un tema de extraordinaria complejidad científica, técnica, logística, económica, emocional y ética.
Si
hemos conseguido hacerlo tan bien, hay que preguntarse por qué no lo
hacemos igual de bien en otros asuntos. Conviene por ello reflexionar
sobre las razones de su éxito, para ver si es posible aplicarlas a otros
temas, como la educación, el sistema judicial, las organizaciones que
intentan luchar contra la violencia doméstica o contra las drogas, los
sistemas de innovación, el emprendimiento social, las universidades, la
Administración pública, etc.
España,
gracias a la ONT, está en el primer puesto del 'ranking' mundial en
trasplantes de órganos, un tema de extraordinaria complejidad científica
La ONT ha sido capaz de organizar un complejísimo sistema que debe actuar con rapidez y
eficacia. Para ello, tiene que conseguir la colaboración de muchas
inteligencias individuales: las familias de los donantes, los equipos de
extracción, de transporte, de localización del receptor, los equipos
médicos encargados del trasplante y del posoperatorio.
La donación de órganos
Desde su comienzo, la ONT comprendió que debía cambiar la percepción social acerca de la donación de órganos.
Este es uno de sus más notables éxitos. España es el país con más
porcentaje de donantes. Hace muchos años, conocí a uno de los pioneros
de esas técnicas quirúrgicas, el doctor Gil Vernet. En
aquel momento inicial, había recelos morales y jurídicos sobre los
trasplantes. Hubo, además, que luchar contra un atávico respeto al
cadáver que, lo mismo que disuadía de la incineración, disuadía de la
donación de órganos. El esfuerzo pedagógico de la ONT ha supuesto una
mejora en el nivel ético de nuestra sociedad. Debemos por ello estarles agradecidos.
En un momento en que se considera una evidencia irremediable que las instituciones públicas tengan que ser malas gestoras, la ONT demuestra que no es cierto.
¿Deben
ser los órganos un bien económico?¿Mejoraría la gestión de los
trasplantes si hubiera un mercado libre? Son las eternas dudas
Es
difícil pensar que una organización privada lo hubiera hecho mejor. Lo
que ocurre es que el éxito de una empresa privada está impuesto por una
ley de supervivencia: o lo haces bien o mueres. En cambio, las
instituciones estatales no se rigen por esta ley, porque tienen la vida
asegurada vía Presupuestos, sino por la exigencia ética de hacerlo de la
forma más excelente posible. Y, por desgracia, la exigencia ética es menos fuerte, más incierta, que la lucha contra la competencia. Pero no es necesario que sea así.
El tema de los trasplantes
plantea un problema económico de extraordinario interés. Los
economistas que confían en la omnipotencia del mercado para resolver
todos los problemas se encuentran con un tema incómodo: definir lo que
es un 'bien económico', es decir, aquello que puede entrar en una
relación de compraventa. ¿Deben ser los órganos un bien económico? ¿Mejoraría la gestión de los trasplantes si hubiera un mercado libre?
Tenemos la experiencia de que, cuando en algún lugar se intentó
aumentar las donaciones de sangre pagándolas bien, disminuyeron las
aportaciones. La generosidad —y otras razones que van más allá del puro
interés— impulsa la acción humana, de una manera que la teoría económica
clásica, basada en el 'homo economicus' que solo pretende optimizar
racionalmente sus recursos, no acaba de entender. Por eso hay que
fomentarla.
Una gran directiva
Por último,
cualquier organización necesita una buena dirección para tener éxito.
Confieso mi admiración por las personas que tienen talento para organizar,
supongo que debe de ser por mi absoluta carencia de él. Les contaré una
anécdota biográfica. Desde que era adolescente, admiré profundamente a Herbert A. Simon porque fue uno de los padres de la inteligencia artificial. Pero cuando le dieron el Premio Nobel de Economía sufrí
una decepción, porque no se lo habían dado por los trabajos que yo
valoraba tanto, sino por algo que me parecía vulgar: la organización de
las oficinas. Muchos años después, y con más experiencia, he cambiado de
opinión. Organizar —planificar, dirigir, hacer que las cosas sucedan
con eficiencia— me parece una de las máximas demostraciones de la
inteligencia práctica. Es imposible hablar de la ONT sin mencionar al doctor Matesanz
(a quien no conozco), que la dirigió desde su fundación en 1989. He
leído en Wikipedia que al principio la organización eran él y dos
secretarias. Habría que hacer un monumento a ese trío.
Traeré esta agua a mi molino. En este momento se vuelve a hablar en España del pacto educativo.
Sin duda es necesario, pero una vez conseguido, una vez elaborada una
buena ley, llegará el momento de la puesta en práctica, de hacer real lo
legislado, y para eso hacen falta buenos gestores educativos. No sirve
cualquiera. Desde el BOE a las aulas hay un inmenso territorio, lleno de
pantanos y laberintos. La educación española ha tenido siempre un déficit de gestión
y por eso sus múltiples leyes se han perdido en el camino. El éxito de
la Organización Nacional de Trasplantes nos demuestra que, por muy
complejos que sean, los problemas pueden solucionarse. Es una inyección
de optimismo y una llamada al rigor. Nos preocupa mucho la corrupción
delictiva. A mí me preocupa una corrupción más insidiosa: la ineficiencia.
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