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jueves, 7 de junio de 2018

FUEGO AMIGO CONTRA FRANCISCO

"Francisco es el Papa elegido por el Espíritu Santo para estos tiempos, así que dejémonos de nostalgia y tratemos de descubrir cuál es el don que el Espíritu quiere regalarnos con él."


Carmen Castiella


Me desconcierta la reticencia, incluso animadversión, que percibo contra el Papa entre personas cuyo punto de vista aprecio. Parece que Francisco les rompe los “esquemas”. A veces, incluso da la impresión de que están esperando o casi deseando que cometa un error de modo que puedan decir: ¡ya os decía yo!

En lugar de siervos indignos que escuchan al Papa, seguros de hacer así la Voluntad del Señor, a veces nos erigimos en “héroes de la ortodoxia” o incluso “dueños de la religión”, juzgando con extrema dureza los errores en los que presuntamente incurre Francisco, haciéndole decir lo que no ha dicho y malinterpretando sus gestos. El Señor confió su Iglesia a Pedro, a pesar de que no pudo velar con Él en su agonía y Le negó tres veces. No obedecemos por sumisión o papolatría, sino por amor al Señor, que obra maravillas en hombres imperfectos.

Francisco es el Papa elegido por el Espíritu Santo para estos tiempos, así que dejémonos de nostalgia y tratemos de descubrir cuál es el don que el Espíritu quiere regalarnos con él. Es evidente que Francisco quiere ser el Pastor que busca a la oveja perdida, pero no por eso deja de amar a cada una de las ovejas de su rebaño, por antipáticas o desconfiadas que se pongan.

Somos servidores de la viña del Señor, no propietarios. Pero a veces nos parecemos demasiado a esos labradores que ni siquiera respetaron al hijo del dueño. Se habían apropiado de la viña, es decir, de la religión, de la ley, del culto y del templo y no soportaban que nadie se atreviera a pedirles cuentas. Ni Dios mismo.

Releo la Exhortación Gaudete et exsultate y me parece magnífica. Bendita crítica a los “sutiles enemigos de la santidad”, el gnosticismo y el pelagianismo, en los que tantos creyentes podemos haber caído. Es una corrección amorosa de Padre, no un reproche amargo.

¿Qué es el pelagianismo? Voluntarismo y lucha ascética con nuestras fuerzas, sin contar con Dios, su ayuda y su gracia. Creer que hacemos las cosas por nosotros mismos: ¡qué ridículos e ilusos somos! Ya nos lo dijo el Señor: "¡Sin Mí no podéis hacer nada!" La santidad, más que hacer, consiste en dejarse hacer. La santidad es Cristo en nosotros. La alternativa no es pelagianismo vs luteranismo sino cristianismo de esfuerzo vs cristianismo movido por la acción del Espíritu y la gratuidad del Amor de Dios. ¿Qué es el gnosticismo? Conocimiento sin amor y sin contar con la gracia. Confiar excesivamente en el propio razonamiento, sin asumir los límites de la razón, perdiendo la ternura y la carne en el camino.

Según el Papa, pelagianismo y gnosticismo son “dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria que dan lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar" (35). Esta actitud, advierte el Papa, se puede encontrar también dentro de la Iglesia. Es "propio de los gnósticos creer que con sus explicaciones ellos pueden hacer perfectamente comprensible toda la fe y todo el Evangelio. Absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan" (39).

 Gaudete et exultate subraya que el conocimiento y la virtud no salvan; salva Cristo. También nos alerta sobre el peligro de pretender domesticar al Espíritu dominando la trascendencia.

 "Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta […] Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia" (41). Francisco recuerda que "nosotros llegamos a comprender muy pobremente la verdad que recibimos del Señor. Con mayor dificultad todavía logramos expresarla. Por ello no podemos pretender que nuestro modo de entenderla nos autorice a ejercer una supervisión estricta de la vida de los demás" (43).

Hay mezquindad y miseria de espíritu entre nosotros. En lugar de disfrutar el baile en la casa del Padre, nos dedicamos al fuego amigo. Hay demasiada ira entre la gente dedicada a las “cosas de Dios”. Demasiadas veces el creyente se parece al hijo mayor… Un hijo que no se siente capaz de ser el hijo pródigo pero sí el hijo prodigio.

En el fondo, es un hijo con mentalidad de esclavo. Ha dedicado su vida a trabajar por la fe en la Casa de su Padre pero no ha sabido disfrutar de su compañía, ni de sus terneros cebados, ni de la música y los cantos. Estaba y está en el mejor lugar posible pero ha perdido la alegría. Por eso, el Papa dice: “Gaudete et exsultate”.

Aunque la parábola no parece tener un final feliz, me gusta imaginar que la grandeza del Padre es tal que el hermano mayor, perdido en la frialdad de su cumplimiento y religiosidad, también se sintió pródigo y fue capaz de “volver”. Se puso su mejor vestido, se perfumó y bebió y bailó hasta el amanecer.

Fuera o no así, de lo que podemos estar seguros es de que el Padre siente enorme ternura por su hijo mayor y por cada una de las personas que entregaron su vida a Dios con el mayor idealismo pero se han amargado en el camino. La misma ternura que probablemente siente el Papa y que le lleva a corregirnos.
  


                                                                 CARMEN CASTIELLA  Vía RELIGIÓN EN LIBERTAD

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