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jueves, 27 de abril de 2017

EL MADRILEÑISMO CORRUPTO

El talante capitalino, soberbio y prepotente, es el que late en el fondo de todos esos escándalos por una forma de ser de y actuar, mirando siempre por encima del hombro

Podemos incorpora la cara de Ignacio González al 'tramabús'. (EFE)

Barcelona, Madrid y Sevilla, eje de la corrupción en España. El estruendo de los escándalos de corrupción en estas tres capitales han levantado hasta los adoquines de las aceras y perfilan un eje de podredumbre que, al final, acaban retratando a un país entero. España es una corrupción de corrupciones, podríamos decir ahora para sobreponerlo al clásico de la ‘nación de naciones’. En cada uno de los escándalos de corrupción de esas tres ciudades quedan perfilados los contornos de la sociedad y de la clase política propios de cada ciudad, de cada región. Y al final de todos ellos, aparece el contorno de España entera.

Cuando surgieron los escándalos de los ERE y de los cursos de formación en la Junta de Andalucía, se le encontró una explicación en la forma de gobernar, la cultura de la subvención que había arraigado en Andalucía y el clientelismo forjado durante la larga hegemonía política del PSOE de Andalucía. Un partido hegemónico en una región en la que la mayoría de la población no consideraba un escándalo esa forma de gobernar, ni la dependencia clientelar, porque, elecciones tras elecciones, volvía a depositar su confianza en el mismo partido. Llegó un momento en que en Andalucía era complicado diferenciar algo distinto al gobierno socialista porque todos parecían alinearse con la hegemonía y su forma de gobernar, sindicatos, patronal, universidades, medios de comunicación, academias, fundaciones… Por eso, cuando llegaron los casos de corrupción, muchos de esos actores acabaron en los juzgados.
Más tarde volvió a suceder lo mismo cuando se destaparon los primeros casos de corrupción en Cataluña; de nuevo, como sucedió en Andalucía, los escándalos del “3%” lo que desenmascararon al conocerse fue la hipocresía de una clase política y de una sociedad que, hasta entonces, se ponía de ejemplo de pulcritud, sentido común y entendimiento para los intereses generales de Cataluña. El famoso oasis catalán, el 'seny' catalán, ofrecido siempre como un concepto, algo más que sentido común; armonía y equilibrio, la justa medida de las cosas en el momento y lugar oportunos”, como se lee en algunas definiciones. Pues bien, al paso de los años los escándalos de corrupción desvelaron que todo aquello no era más que un artificio, casi un silencio compartido, cómplice, que había servido de sustento y colchón de las prácticas corruptas del partido que, como en Andalucía, había gobernado la comunidad durante tres décadas. La entrada en prisión del primogénito de la saga de Pujol es el último símbolo del cieno que, sin verse, alfombraba el oasis.
Es el rasgo diferencial del madrileñismo corrupto, gentes que se saben sentadas en el centro del tablero, donde se se manejan los hilos de España
Lo ocurrido en el Partido Popular de Madrid también tiene que ver con la forma de ser de la clase política madrileña que aparece en los sumarios de las varias operaciones que se siguen en los juzgados por corrupción política. El madrileñismo capitalino, el talante capitalino, soberbio y prepotente, es el que late en el fondo de todos esos escándalos por una forma de ser de y actuar, mirando siempre por encima del hombro, como seres extraordinarios que gobiernan el centro del mundo. Lo describió así, con certeza acidez, el director de El Confidencial, Nacho Cardero, hace unos días: “Empresarios, ejecutivos de banca, presidentes de club de fútbol... Siempre los mismos acompañando a Ignacio González. Se repartían Madrid como los Reyes Católicos se repartieron el Nuevo Mundo”. Ese es el rasgo diferencial del madrileñismo corrupto, gentes que se saben sentadas en el centro del tablero de juego, donde se toman las decisiones, donde se manejan todos los hilos de España.
La corrupción está en los genes de la clase política española y de la propia sociedad española
Lo peor de todo es que, por impactante que sea el momento, lo peor de la corrupción en España es su persistencia histórica. Un ejemplo del propio Madrid. Cuando Carlos Arniches escribió hace un siglo, con sus laísmos y su tono de chupalón madrileño, su obra ‘Los Caciques’, que se estrenó en 1920, dejó escritas algunas frases que ahora podrían interpretarse como premonición de lo que está sucediendo, como profecía de tanta corrupción. Por desgracia no es así; no es profecía sino la constatación de que la corrupción está en los genes de la clase política española y, más allá si quieren, de la propia sociedad española. Por eso, la última frase de la obra es una afirmación que podría repetirse en muchos momentos de la historia de España: “Ah, y que conste que los españoles no podremos gritar con alegría ‘¡Viva España!’ hasta que hayamos matado para siempre a los caciques!”
Hace un par de años, en una de las reposiciones periódicas que se hace de esta obra de teatro, el director Ángel Fernández Montesinos recalcaba la absoluta vigencia del un texto que, frase a frase, va recordando algunos de los episodios que se repiten a menudo en los casos de corrupción. Tan desolador es el paralelismo de la realidad con la farsa cómica de Arniches, que las características principales de la corrupción más reciente pueden encontrarse reflejadas en esa obra. Por ejemplo, el chivatazo a los investigados. Una de las incógnitas más inquietantes del caso Lezo son las advertencias que le hacen a algunos de los imputados sobre las grabaciones y las investigaciones que está llevando a cabo la Policía. ¿Quién es la ‘magistrada amiga’ que desvelaba las instrucciones secretas de sus compañeros? En la obra de Arniches, también existe un chivatazo, y pruebas que se destruyen, que en un tiempo son libros de contabilidad y en otros discos duros de ordenadores. Pasen y lean, la extraordinaria vigencia de ‘Los caciques’ de Madrid, con este breve diálogo de algunas frases de la obra rematado con un despliegue de soberbia castellana que podría suscribirlo más de uno que ahora está en la cárcel.
- ¿Quieren investigarnos?
- Me he enterado de la cosa por una confidencia secreta y me he creído en el deber de avisarte para que os preparéis.
- ¡Ajustarnos las cuentas! ¡Jamás mientras yo viva en este pueblo! Un caballero español y cristiano no tolera semejante bochorno.
- ¡Desconfiar de nosotros!
- No debemos tolerarlo. Somos los nietos de los Comuneros, y el que tiene en su escudo el león rampante de Castilla y seis rodelas en campo de azur, no se deja investigar.
- A un hidalgo español no hay quien le ajuste nada. Al menor recelo, a la más leve sospecha le cruzo la cara.
- Como yo sé que tú llevas los libros de una forma especial, como persona que sabe muy bien lo que se lleva, te aconsejo un procedimiento expeditivo: quema los libros o quema el Ayuntamiento.
- ¿Y si quemáramos las dos cosas?

                                              JAVIER CARABALLO Vía EL CONFIDENCIAL

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